Versículo destacado

Job 21:7 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" ¿Por qué viven los malvados, llegan a viejos y hasta se hacen poderosos en fuerza? "

Job 21:7

menu_book El versículo en contexto

5 Mírenme y queden asombrados; pónganse la mano sobre la boca.

6 Aun cuando lo recuerdo, tengo miedo, y el temblor se apodera de mi carne.

7 ¿Por qué viven los malvados, llegan a viejos y hasta se hacen poderosos en fuerza?

8 Su descendencia está establecida junto a ellos, a la vista de ellos, y sus hijos, ante sus ojos.

9 Sus casas están a salvo del temor, y la vara de Dios no está sobre ellos.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Los tres amigos de Job habían dedicado mucho tiempo a describir la miseria de los malvados en este mundo. Job responde que es cierto que, en ocasiones, Dios trae juicios impresionantes sobre pecadores notorios, pero no siempre sucede así. De hecho, hay muchos casos en los que personas abiertamente malvadas siguen prosperando durante mucho tiempo, aunque esa prosperidad las endurezca aún más en el pecado.

Primero describe su prosperidad en su mayor esplendor y extensión. Si lo que dicen sus amigos fuera cierto, entonces, como él pregunta, ¿por qué viven los malvados? (Job 21:7). El hecho es evidente, porque lo vemos todos los días. Siguen viviendo y Dios no los corta de repente con su castigo. Los que hablan contra el cielo siguen con vida, y los que levantan la mano contra Dios todavía actúan libremente. No solo sobreviven, sino que viven cómodamente, como se expresa en 1 Samuel 25:6.

También llegan a viejos. Disfrutan del honor, la tranquilidad y las ventajas de una vida larga, suficiente para formar familias y acumular riquezas. Incluso la Escritura habla de un pecador que llega a los cien años (Isaías 65:20). Y eso no es todo. Se hacen poderosos, ascienden a puestos de autoridad y confianza, y no solo aparentan tener importancia, sino que ejercen una influencia real. Vale la pena preguntarse por qué los malvados suelen disfrutar de este éxito externo.

No es porque Dios haya abandonado la tierra, no pueda ver su pecado, lo aborrezca menos o carezca del poder para castigarlo. Es porque la medida de su culpa aún no está completa. Este es el tiempo de la paciencia de Dios, y él usa incluso la prosperidad de ellos para llevar a cabo sus propósitos, mientras esa misma prosperidad los prepara para el juicio. La razón principal es que Dios dejará claro que existe otro mundo, un mundo de recompensa y justicia, y que este mundo no es el lugar final de la retribución.

Después Job describe esta prosperidad como completa y establecida. Sus hijos se multiplican, y ellos tienen la alegría de ver a su familia establecida delante de ellos (Job 21:8). Esto se menciona primero porque produce tanto satisfacción como esperanza para el futuro. También viven tranquilos y en paz (Job 21:9). Zofar había hablado del terror constante de los malvados, pero Job dice que sus casas están protegidas del peligro y aun del temor al peligro. Están tan alejados de los juicios severos de Dios que ni siquiera sienten el aguijón de su disciplina más leve.

También son ricos y tienen éxito con sus bienes. Job da un ejemplo (Job 21:10). Su ganado aumenta y no sufren pérdidas. Ni siquiera una vaca pierde su becerro, de modo que sus riquezas siguen creciendo. Esta clase de bendición fue prometida en Éxodo 23:26 y Deuteronomio 7:14. Además, son alegres y disfrutan de la vida (Job 21:11-12). Mandan a sus hijos a jugar entre los vecinos como un rebaño, en grandes cantidades. Organizan fiestas y reuniones con música, donde los niños bailan. El baile corresponde a los niños, pues todavía no saben maneras mejores de ocupar su tiempo, y su inocencia los protege de gran parte del daño que con frecuencia acompaña a esos placeres.

Tal vez los padres ya no tienen edad para bailar, pero toman el pandero y el arpa. Tocan música, y sus hijos bailan al ritmo de ella. No conocen un dolor que amargue su alegría o silencie sus instrumentos. Algunos también han visto en esto una señal de vanidad, no solo de prosperidad. Aquí no aparece nada parecido al cuidado que Abraham mostró por su casa al enseñarles el camino del Señor (Génesis 18:19). Estos hijos no aparecen orando ni aprendiendo los caminos de Dios, sino bailando, cantando y regocijándose con la música. El placer mundano es la principal fuente de deleite para los pecadores, y por lo general las personas crían a sus hijos de la misma manera en que viven.

Esta prosperidad también continúa sin interrupción (Job 21:13). Pasan todos sus días en riqueza y nunca conocen la necesidad. Viven con alegría y nunca conocen la tristeza. Finalmente, sin advertencia y sin dolor, descienden a la tumba. No hay ataduras en su muerte, ni un sufrimiento prolongado ni una lucha que se extienda por mucho tiempo. Si no hubiera vida después de esta, una muerte rápida parecería la mejor manera de morir. Si la tumba fuera el final del camino, preferiríamos tragarnos de una vez la píldora amarga en lugar de masticarla lentamente.

Luego Job muestra cómo abusan de su prosperidad y se endurecen más en su impiedad (Job 21:14-15). El oro y la plata los vuelven más obstinados, arrogantes y descarados en el mal. Job menciona esto para mostrar lo extraño que es que personas tan malvadas sigan prosperando, especialmente cuando desafían abiertamente a Dios mismo y le dicen en su cara que no les importa. Su prosperidad continúa aun mientras la usan como un arma contra Dios. O quizá lo menciona para disminuir la dificultad del asunto: Dios permite que prosperen, pero esa misma prosperidad los destruye al endurecerlos en el pecado (Proverbios 1:32; Salmo 73:7-9).

Job muestra cuán poco toman en serio a Dios y la religión estos pecadores exitosos, como si tener suficiente de este mundo significara que no necesitan nada más. Rechazan a Dios y desechan todo pensamiento acerca de él. Temen su presencia y le dicen: «Déjanos tranquilos. No queremos que nos moleste la idea de que estamos bajo tu mirada, ni que el temor de ti nos limite». Actúan como si no necesitaran a Dios en absoluto. Han escogido el mundo como su porción y, mientras lo tienen, creen que pueden vivir sin Dios. Los que le dicen a Dios que se aparte algún día lo escucharán decirles lo mismo (Mateo 25:41), y por ahora él los toma en serio.

Tampoco quieren conocer la voluntad de Dios ni el deber que tienen para con él. Dicen: «No queremos conocer tus caminos». Quienes están decididos a no andar en los caminos de Dios suelen evitar aprenderlos, porque ese conocimiento continúa acusándolos de desobediencia (Juan 3:19). También discuten contra Dios y contra la religión (Job 21:15): «¿Qué es el Todopoderoso?». Es sorprendente que los seres humanos puedan hablar con tanta soberbia, y aún más sorprendente que criaturas dotadas de entendimiento puedan hablar con tanta necedad. Los dos grandes vínculos que nos unen a la religión son el deber y el interés propio, y ellos intentan romper ambos.

Se niegan a creer que tienen el deber de ser religiosos. Preguntan: «¿Qué es el Todopoderoso para que le sirvamos?». Esto recuerda al faraón en Egipto, quien dijo: «¿Quién es el Señor para que yo obedezca su voz?» (Éxodo 5:2). Observa con qué ligereza hablan de Dios. Dicen: «¿Qué es el Todopoderoso?», como si fuera apenas un nombre o alguien en quien no necesitan pensar.

También hablan mal de la religión. La llaman «servicio», y con ello se refieren a un servicio duro y agotador. Piensan que basta con mantener cierta paz exterior con Dios. No quieren servirle porque consideran que hacerlo es trabajo y carga. Además, hablan demasiado bien de sí mismos: «¿Para que le sirvamos?». Son ricos y poderosos, así que creen que no deberían responder ante nadie. Actúan como si fueran amos y no súbditos (Jeremías 2:31).

También se niegan a creer que la religión sea para su propio beneficio. Preguntan: «¿Qué ganaremos si oramos a él?». A muchas personas solo les importa lo que pueden obtener, así que desprecian las verdaderas riquezas de la sabiduría porque creen que no ofrecen ninguna recompensa. Dicen: «Es inútil servir a Dios» (Malaquías 3:13-14). En su opinión, la oración no pagará las deudas ni dará una dote para sus hijos. Incluso pueden pensar que una devoción sincera a Dios perjudicaría sus posibilidades de avanzar y les traería pérdidas.

Pero ¿acaso nada merece llamarse ganancia excepto el dinero y el honor público? Si obtenemos el favor de Dios y recibimos bendiciones espirituales y duraderas, no tenemos razón para quejarnos de que la religión nos haya costado demasiado. Si la oración no nos trae ningún beneficio, la culpa es nuestra (Isaías 58:3-4), porque pedimos con malas intenciones (Santiago 4:3). La religión en sí no es vacía. Si nos parece vacía, debemos culparnos por permanecer fuera de ella (Santiago 1:26).

Entonces Job muestra cuán necia es esta actitud y se aparta completamente de ella. «Su bien no está en sus manos» significa que no obtuvieron sus riquezas sin Dios, por lo que son ingratos al despreciarlo. No fue su propia fuerza o poder lo que les dio sus riquezas, así que deberían recordar al Dios que se las concedió. Tampoco pueden conservar lo que tienen sin Dios, por lo que es una insensatez desechar su amistad con él y decirle que se aparte.

Algunos entienden estas palabras de otra manera: su bien está guardado en graneros y bolsas, acumulado, y no en sus manos para hacer el bien con él. Si eso es todo lo que hacen con sus riquezas, ¿de qué les sirven? Por eso Job dice: «¡Lejos de mí el consejo de los malvados!». Quiere decir: «Lejos de mí pensar como ellos, hablar como ellos, actuar como ellos o dejarme guiar por ellos». Sus hijos quizá aprueben sus palabras, aunque su camino sea necio (Salmo 49:13). Pero Job sabe que no debe andar en el consejo de ellos.

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