Versículo destacado
Jeremías 49:28 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Acerca de Cedar y de los reinos de Hazor, a los que Nabucodonosor, rey de Babilonia, atacará, así dice el SEÑOR: Levántense, suban contra Cedar y saqueen a los hombres del oriente. "
Jeremías 49:28
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
26 Por tanto, sus jóvenes caerán en sus calles, y todos los hombres de guerra serán eliminados en aquel día, dice el SEÑOR de los ejércitos.
27 «Encenderé un fuego en la muralla de Damasco, y consumirá los palacios de Ben-adad».
28 Acerca de Cedar y de los reinos de Hazor, a los que Nabucodonosor, rey de Babilonia, atacará, así dice el SEÑOR: Levántense, suban contra Cedar y saqueen a los hombres del oriente.
29 Se llevarán sus tiendas y sus rebaños; tomarán para sí sus cortinas, todos sus utensilios y sus camellos, y les gritarán: “¡Terror por todas partes!”
30 Huyan, aléjense mucho y habiten en lo profundo, habitantes de Hazor —dice el SEÑOR—, porque Nabucodonosor, rey de Babilonia, ha tomado consejo contra ustedes y ha concebido un propósito contra ustedes.
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Estos versículos anuncian la ruina que Nabucodonosor y su ejército traerían sobre el pueblo de Cedar, descendiente de Cedar, hijo de Ismael, que habitaba en parte de Arabia la Pedregosa. También hablan de los pequeños reinos de Hazor que se habían unido a ellos, quizá pueblos que en otro tiempo fueron cananeos. Algunos piensan que provenían del antiguo reino de Hazor, en el norte de Canaán, donde Jabin era rey; pero, después de ser expulsados, se establecieron en los desiertos de Arabia y se unieron a los cedaritas.
Primero podemos observar su forma de vida. Vivían en tiendas, no en ciudades amuralladas. No tenían poblaciones fortificadas, ni puertas ni cerrojos (Jeremías 49:20, Jeremías 49:31). Eran pastores, de modo que sus riquezas no consistían en dinero ni en bienes almacenados, sino en rebaños y camellos. No tenían soldados, porque no se sentían amenazados por invasores. Tampoco tenían comerciantes, porque vivían apartados de otras naciones y estaban satisfechos con lo que les producía su propia tierra.
Sin embargo, a su manera eran verdaderamente ricos. Aunque no tenían comercio ni tesoros acumulados, se les llama una nación rica (Jeremías 49:31). Tenían lo necesario para vivir y estaban satisfechos con ello. Una persona es verdaderamente rica cuando tiene lo suficiente y sabe reconocer cuándo es suficiente. No hace falta buscar la riqueza de reyes o comerciantes para encontrar personas acomodadas. Los pastores que viven en tiendas también pueden ser ricos.
Además, vivían con pocas preocupaciones. Habitaban confiados. Sus riquezas no eran de la clase que despertaba la envidia de otros y, si alguien las deseaba, habría podido vivir tranquilamente como ellos. Por eso no temían a nadie. Quienes viven honestamente y sin hacer daño a los demás a menudo pueden vivir seguros, incluso sin puertas ni cerrojos.
Entonces el rey de Babilonia se volvió contra ellos. Había planeado atacarlos y se había propuesto hacerlo (Jeremías 49:30). Aquel gobernante orgulloso no quería dejar sin conquistar ni siquiera a esos habitantes de tiendas, después de haber tomado tantas ciudades fuertes. Era extraño que un águila tan grande se inclinara para atrapar una presa tan pequeña, pero la ambición codiciosa toma todo lo que encuentra a su alcance. Una persona puede evitar hacer lo malo y aun así sufrir por la violencia de otros. El simple hecho de no causar ofensa no siempre protege a alguien de un Nabucodonosor.
Aun así, aunque Nabucodonosor actuó con maldad, Dios fue justo al ordenarlo. Esos pueblos habían vivido en paz entre sus vecinos, como sucede con muchos, pero aun así eran culpables delante de Dios. Dios envió juicio sobre ellos por sus pecados cuando dijo: «Levántense, suban contra Cedar y saqueen a los hombres del oriente» (Jeremías 49:28). Los caldeos harían esto movidos por la codicia y la ambición, pero Dios usaría sus acciones para corregir a un pueblo ingrato y advertirle a un mundo descuidado que no se sienta demasiado seguro. Les dice a los caldeos: «Levántense, suban contra la nación rica que vive confiada; vayan y atemorizenla» (Jeremías 49:31). Nadie debe pensar que su fuerza es tan grande que no puede ser sacudida.
Este ataque los llenaría de terror y dejaría todo en ruinas. Sus gritos extenderían la alarma por todo el país, y el pánico lo invadiría todo. Clamarían: «¡Hay terror por todas partes!», con lo que expresarían que el enemigo los había rodeado. Ese miedo por sí solo los haría huir, y ninguno tendría valor para resistir. El enemigo sembraría terror a su alrededor, y los sacarían a gritos de sus tiendas (Jeremías 49:29).
Ante la primera alarma, huirían y se esconderían tan lejos como pudieran, viviendo en lugares profundos y remotos, como lo hicieron los edomitas (Jeremías 49:8). Su temor demostraría ser justificado, porque la calamidad les llegaría por todos lados (Jeremías 49:32). No es extraño que haya miedo por todas partes cuando hay enemigos por todas partes.
Sus bienes se convertirían en botín para los caldeos. Los invasores tomarían sus cortinas y utensilios, aunque fueran objetos sencillos y rústicos, y aunque ellos ya tuvieran cosas mejores. Se apoderarían de ellos por pura malicia, solamente para despojarlos. Se llevarían sus tiendas y sus rebaños (Jeremías 49:29), y sus camellos se convertirían en botín para quienes no habían venido por otra cosa (Jeremías 49:32).
No se dice que alguno de ellos fuera asesinado, porque no ofrecieron resistencia, y sus tiendas y rebaños fueron aceptados en lugar de sus vidas. Pero serían expulsados y dispersados. Aunque vivían en los rincones más apartados, lejos del camino y, según creían, lejos del peligro, serían esparcidos a todos los vientos, por cada parte del mundo. La privacidad y el anonimato no siempre protegen a una persona. Muchos que intentan mantenerse alejados del mundo terminan siendo obligados a enfrentarlo por acontecimientos inesperados. Quienes viven tranquilamente pueden acabar compartiendo el mismo destino de quienes viven abiertamente y están expuestos al peligro.
Su tierra también quedaría vacía. Como estaba lejos de las rutas principales y no tenía ciudades ni campos que atrajeran a nuevos habitantes, nadie querría ocupar su lugar. Por eso Hazor se convertiría en una ruina para siempre (Jeremías 49:33). Cuando son removidas personas ocupadas y poderosas, otros suelen apresurarse a ocupar su lugar, porque vivían con grandeza. Pero cuando son desplazadas personas tranquilas y modestas, a nadie le interesa vivir donde ellas vivían, porque llevaban una vida muy sencilla.
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De este capítulo
Jeremías 49:1
"Acerca de los amonitas, así dice el SEÑOR: «¿No tiene Israel hijos? ¿No tiene heredero? ¿Por qué, entonces, el rey de ellos hereda Gad, y su pueblo habita en sus ciudades?»"
Jeremías 49:2
"«Por tanto, vienen días —dice el SEÑOR— en que haré que se oiga la alarma de guerra en Rabá de los amonitas. Se convertirá en un montón desolado, y sus hijas serán quemadas con fuego. Entonces Israel será heredero de quienes fueron sus herederos», dice el SEÑOR."
Jeremías 49:3
"Gime, Hesbón, porque Hai ha sido saqueada. Clamen, hijas de Rabá; vístanse de tela áspera. Laméntense y corran de un lado a otro junto a los cercados, porque el rey de ellos irá al cautiverio, junto con sus sacerdotes y sus príncipes."
Jeremías 49:4
"¿Por qué te glorías en los valles, en tu valle que fluye, hija rebelde, tú que confiabas en tus tesoros y decías: “¿Quién vendrá contra mí?”"
Jeremías 49:5
"Mira, traeré sobre ti terror desde todos los que te rodean —dice el Señor DIOS de los ejércitos—. Cada uno de ustedes será expulsado directamente hacia delante, y nadie recogerá al que ande errante."
Jeremías 49:6
"Pero después haré volver del cautiverio a los hijos de Amón, dice el SEÑOR."
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