Versículo destacado
Jeremías 45:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" La palabra que el profeta Jeremías habló a Baruc hijo de Nerías, cuando este había escrito estas palabras en un libro de boca de Jeremías, en el cuarto año de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, diciendo: "
Jeremías 45:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 La palabra que el profeta Jeremías habló a Baruc hijo de Nerías, cuando este había escrito estas palabras en un libro de boca de Jeremías, en el cuarto año de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, diciendo:
2 Así te dice el SEÑOR, Dios de Israel, oh Baruc:
3 Tú dijiste: ¡Ay de mí ahora! Porque el SEÑOR ha añadido dolor a mi tristeza; me agoté con mi gemido y no encuentro descanso.
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La manera en que Baruc ayudó a escribir las profecías de Jeremías y las leyó en voz alta se explica en el capítulo 36. Allí también nos enteramos de que el rey lo amenazó, ordenó que lo arrestaran y lo obligó a esconderse. Su escape por poco, bajo la protección de Dios, corresponde propiamente a esa historia; pero, como se trata de una persona particular, se incluye aquí cerca del final del libro, así como la carta de Pablo a Filemón aparece después de sus demás cartas.
Baruc quedó profundamente angustiado cuando los hombres del rey lo buscaron y tuvo que esconderse. Clamó: «¡Ay de mí ahora!» (Jeremías 45:3). Era un joven que comenzaba su vida y sinceramente quería servir a Dios y ayudar a Jeremías. Pero cuando llegó el sufrimiento, quiso librarse de él. Era un escriba capacitado y probablemente esperaba recibir reconocimiento y avanzar en su posición. En lugar de eso, fue relegado y quedó expuesto a la prisión o algo peor; aquello fue una gran decepción.
Cuando leyó públicamente el rollo, probablemente esperaba que eso le ganara respeto y le abriera oportunidades. En cambio, le trajo desprecio y vergüenza. Por eso se sintió destrozado y, en esencia, dijo: «Estoy acabado. Caeré en manos de quienes me persiguen. Podrían encarcelarme, ejecutarme o llevarme al destierro. El Señor ha añadido dolor a mi dolor. Después de la tristeza de escribir y leer acerca de la ruina de mi nación, ahora tengo también la tristeza de ser tratado como un criminal por hacer lo correcto». Se sentía demasiado cargado para soportarlo. No podía tranquilizar su mente y no veía ningún alivio por delante.
Baruc era un buen hombre, pero esta era su debilidad. Los creyentes jóvenes a menudo reaccionan así al principio. Son como soldados que todavía no han visto una batalla real, y las dificultades pequeñas al servicio de Dios les parecen muy pesadas. Se desaniman ante la primera señal de problemas, lo cual demuestra que sus fuerzas aún son pocas (Proverbios 24:10), que su fe es débil y que todavía son como niños que lloran por cada golpe o susto.
Incluso algunos de los mejores siervos de Dios se han estremecido cuando aparecieron los problemas. Han sido tentados a esperar lo peor y a cargarse con pensamientos sombríos más de lo debido. Dios toma en cuenta esas quejas y se disgusta por ellas. Baruc debió alegrarse de sufrir por una causa tan buena y junto a una compañía tan buena. En cambio, se angustió por su situación y habló como si Dios lo hubiera tratado con dureza. Habló con enojo, como Moisés en cierta ocasión, cuando habló precipitadamente y pagó muy caro por ello. Dios lleva cuenta de lo que decimos, aun cuando hablamos sin pensar.
Dios corrigió a Baruc por medio de Jeremías. Jeremías estaba preocupado por la angustia de Baruc y no sabía exactamente cómo responderle. No quería reprenderlo, pero sabía que Baruc necesitaba corrección. Entonces Dios le dijo a Jeremías qué debía decir (Jeremías 45:4). Jeremías solo podía ver el aspecto exterior de la queja, pero Dios veía el corazón. El problema provenía de los deseos equivocados de Baruc. Sus expectativas para este mundo habían sido demasiado elevadas, y por eso sus dificultades le resultaban tan intensas.
Las dificultades de este mundo nos perturbarían menos si no nos engañáramos con esperanzas de comodidad y aprobación. Es nuestro fuerte amor por las ventajas presentes lo que nos vuelve impacientes cuando nos las quitan. Dios le mostró a Baruc que, en ese momento, era insensato esperar riquezas u honor en este mundo. La nación era como un barco que se hundía. El desastre venía sobre Judá: una ruina completa y devastadora. Dios estaba derribando lo que había construido y arrancando lo que había plantado: toda la tierra, así como la comunidad y el gobierno judíos. En un momento así, Baruc no debía buscar grandes cosas para sí mismo.
Habría sido como decorar su propio camarote mientras todo el barco se hundía. ¿Podía esperar ascender cuando todos los demás caían, o estar satisfecho cuando los demás no tenían nada? Era incorrecto buscar el beneficio personal por encima del bien de todos, especialmente cuando la nación estaba en peligro. Esto también se aplica a nuestra vida en este mundo. La providencia de Dios está sacudiendo las cosas y despojándolas de todo lo innecesario. Todo aquí es incierto y pasajero, y en este lugar no tenemos una ciudad permanente. Por eso es tan insensato perseguir grandes cosas para nosotros mismos donde nada es seguro y nada permanece.
Dios también animó a Baruc con una promesa de protección. Aunque no sería grande, conservaría la vida. Dios dijo: «Traeré desastre sobre todo ser humano, sobre todas las naciones y sobre personas de toda condición, pero a ti te daré tu vida como botín de guerra» (Jeremías 45:5). La palabra también puede referirse a su alma. Baruc sería llevado de un lugar a otro y con frecuencia estaría en peligro, pero escaparía. Sería salvado, aunque a veces apenas, como algo rescatado del fuego.
La vida misma es una gran misericordia. Debemos considerarla así, porque nos da más tiempo para honrar a Dios aquí y prepararnos para la vida mejor que vendrá. En algunos momentos, especialmente cuando la muerte parece cercana, la vida es un regalo especial que debe llenarnos de gratitud. Mientras la tengamos, no debemos quejarnos si nos decepcionan las grandes cosas que esperábamos. La vida vale más que el alimento.
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De este capítulo
Jeremías 45:2
"Así te dice el SEÑOR, Dios de Israel, oh Baruc:"
Jeremías 45:3
"Tú dijiste: ¡Ay de mí ahora! Porque el SEÑOR ha añadido dolor a mi tristeza; me agoté con mi gemido y no encuentro descanso."
Jeremías 45:4
"Así le dirás: Así dice el SEÑOR: Mira, lo que he edificado lo derribaré, y lo que he plantado lo arrancaré, es decir, toda esta tierra."
Jeremías 45:5
"¿Y buscas grandes cosas para ti? No las busques, porque traeré el mal sobre toda carne, dice el SEÑOR; pero te daré tu vida por botín en todos los lugares adonde vayas."
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