Versículo destacado
Jeremías 40:7 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Cuando todos los capitanes de las tropas que estaban en el campo, ellos y sus hombres, oyeron que el rey de Babilonia había puesto a Gedalías hijo de Ahicam como gobernador en la tierra, y que había puesto bajo su cargo a hombres, mujeres, niños y algunos de los pobres de la tierra que no habían sido llevados cautivos a Babilonia, "
Jeremías 40:7
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
5 Como todavía no había regresado, le dijo: «Regresa también a Gedalías hijo de Ahicam, hijo de Safán, a quien el rey de Babilonia ha puesto como gobernador sobre las ciudades de Judá, y vive con él entre el pueblo; o ve adonde te parezca conveniente ir». Entonces el capitán de la guardia le dio provisiones y una recompensa, y lo dejó ir.
6 Jeremías fue entonces a Gedalías hijo de Ahicam, a Mizpa, y vivió con él entre el pueblo que había quedado en la tierra.
7 Cuando todos los capitanes de las tropas que estaban en el campo, ellos y sus hombres, oyeron que el rey de Babilonia había puesto a Gedalías hijo de Ahicam como gobernador en la tierra, y que había puesto bajo su cargo a hombres, mujeres, niños y algunos de los pobres de la tierra que no habían sido llevados cautivos a Babilonia,
8 fueron a Gedalías, a Mizpa: Ismael hijo de Netanías; Johanán y Jonatán, hijos de Carea; Seraías hijo de Tanhumet; los hijos de Efai el netofatita; y Jezanías hijo de un maacatita, ellos y sus hombres.
9 Gedalías hijo de Ahicam, hijo de Safán, les juró a ellos y a sus hombres: «No teman servir a los caldeos. Vivan en la tierra, sirvan al rey de Babilonia, y les irá bien».
Explora estudios bíblicos guiados
Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor
Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)
Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.
Vista previa de la sesión 1:
Dichosos los humildes
6 min
Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)
Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.
Vista previa de la sesión 1:
El cuidado del Pastor
5 min
Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
Crear cuenta gratisComentario de Bible Guided
Aquí encontramos, en primer lugar, un comienzo esperanzador para el pequeño remanente de Judá que había quedado en su propia tierra. Después de años de temor y sufrimiento, se les daba esperanza de paz y descanso. Jeremías no había anunciado que los judíos tendrían días tan buenos inmediatamente después del cautiverio; sin embargo, la providencia parecía animarlos a esperar eso, y para aquel pueblo arruinado habría sido como recibir vida de entre los muertos.
El primer regalo de misericordia fue este: Gedalías, uno de los suyos, fue puesto como gobernador de la tierra por el rey de Babilonia (Jeremías 40:7). El rey no nombró a uno de sus propios príncipes babilonios, sino a uno de sus hermanos, alguien en quien podían confiar para buscar su bienestar. Gedalías era hijo de Ahicam y nieto de Safán, uno de los hombres principales. Su padre había apoyado a Jeremías frente al pueblo (Jeremías 26:24), y Gedalías parece haber sido un gobernante sabio y amable, bajo cuyo liderazgo los pocos que quedaban podrían haber vivido bien. El rey de Babilonia confió a su cuidado a todos los que habían quedado en el país.
Entonces la gente comenzó a reunirse a su alrededor desde todas partes. Los que habían escapado de los caldeos por la fuerza llegaron y aceptaron tranquilamente el gobierno de Gedalías, por su propia seguridad y por el bien de todos. Varios de esos líderes aparecen mencionados en Jeremías 40:8. Llegaron con sus hombres, siervos y soldados, lo cual fortaleció a la pequeña comunidad. Al rey de Babilonia no le preocupaba que aumentara su número, porque confiaba en Gedalías.
Otros regresaron de las tierras vecinas. Los pobres que habían huido a Moab, Amón y Edom se sintieron impulsados por el amor a su propia tierra a regresar en cuanto supieron que Gedalías gobernaba allí (Jeremías 40:11-12). Una tierra resulta desagradable e insegura cuando no tiene gobierno, y aun quienes la aman no regresan hasta que se restablece el orden. Para aquel pueblo disperso fue un consuelo volver a reunirse en su propia tierra, en lugar de vivir bajo gobernantes extranjeros. Así, aun en medio del juicio, Dios seguía acordándose de la misericordia, aunque permitía que enfrentaran una prueba adicional de obediencia.
El nuevo gobierno quedó establecido mediante un acuerdo, y Gedalías lo confirmó con un juramento solemne (Jeremías 40:9). Probablemente había recibido del rey de Babilonia la autoridad y las instrucciones para hacerles esas promesas. Ellos debían aceptar que los caldeos, es decir, los babilonios, ahora tenían el control legal de la tierra. Gedalías les dijo que no temieran servirles, ni la vergüenza de hacerlo, ni que aquello necesariamente los llevaría a la ruina. Dios los había llevado a esa condición, y no era una deshonra someterse a lo que Dios había dispuesto.
Si les preocupaba tener que tratar directamente con los caldeos, Gedalías se ofrecía a actuar en su nombre. Él permanecería en Mizpa, serviría a los caldeos, atendería sus solicitudes y pagaría el tributo cuando fuera necesario (Jeremías 40:10). De esa manera, todas las relaciones entre ambos pueblos pasarían por él. Como los babilonios confiaban en Gedalías, su propio pueblo también podía confiar en él. Estaba dispuesto a darles esa seguridad mediante un juramento, aunque no les exigió que juraran la misma lealtad hacia él. Si lo hubiera exigido, quizá se habría evitado el problema que vino después. Aun así, la protección conduce naturalmente a la lealtad, incluso sin un juramento.
Al mismo tiempo, se les permitía disfrutar libremente de la tierra. Aunque la tierra estaba bajo el dominio de Babilonia, podían recoger el vino y los frutos del verano y conservarlos para sí mismos (Jeremías 40:10). Debían almacenarlos como se hace en una tierra en paz, esperando vivir del trabajo de sus manos. De hecho, incluso se beneficiarían de lo que otros habían plantado y cultivado. En el versículo siguiente vemos que recogieron mucho vino y frutos del verano, los productos que ya estaban en el campo, pues la cosecha de cereales había terminado cuando cayó Jerusalén (Jeremías 40:12). Gedalías cuidaba de la seguridad pública y les permitía disfrutar de los bienes de la tierra; no parece haberles exigido tributo. Buscaba el bien de muchos, no su propia ganancia.
Pero una nube oscura ya se estaba formando sobre aquel nuevo comienzo. Esta imagen esperanzadora pronto quedaría hecha pedazos. Cuando Dios comienza a juzgar, lleva la obra hasta su cumplimiento. Baalis, rey de los amonitas, sentía un odio especial contra Gedalías y estaba tramando matarlo (Jeremías 40:14). Tal vez lo hacía por malicia contra los judíos como pueblo, o quizá por un resentimiento personal contra Gedalías. Algunos piensan que Baalis podría referirse a la reina madre de los amonitas, quien quizá estaba impulsando aquel plan sangriento. Resulta sorprendente que este pequeño remanente, protegido por el gran rey de Babilonia, todavía pudiera ser destruido por las intrigas de un gobernante tan insignificante. Dichosos los que tienen de su lado al Rey de reyes, porque él puede hacer que los planes astutos se vuelvan contra quienes los traman; y ningún poder terrenal puede protegernos por completo del engaño y la traición.
Baalis utilizó a Ismael hijo de Netanías como instrumento de su malvado plan. Lo animó a asesinar a Gedalías y, para darle una buena oportunidad, le indicó que se presentara entre la gente de Gedalías y le jurara lealtad. Nada podía ser más cruel que el plan mismo ni más vergonzoso que la manera de llevarlo a cabo. La naturaleza humana está profundamente corrompida y degradada cuando puede siquiera imaginar una maldad tan terrible, incluso entre personas que presumen de tener el linaje más noble. Ismael pertenecía a la familia real, y eso pudo hacerle más fácil envidiar y odiar a un gobernante de Judá que no pertenecía al linaje de David, aunque tuviera el espíritu de David.
Johanán, un hombre valiente y decidido, se enteró de la conspiración y se lo comunicó a Gedalías. Parece haber supuesto que Gedalías ya lo sabía, porque las pruebas eran muy claras. Le dio la advertencia en privado y esperaba que eso lo llevara a prestar más atención al peligro (Jeremías 40:15). También se ofreció a actuar de inmediato y matar a Ismael, cuyo mismo nombre habría sonado siniestro para los descendientes de Isaac. «Yo lo mataré. ¿Por qué ha de matarte a ti?». En esto, Johanán mostró más valor y entusiasmo que justicia o buen juicio. Si se pudiera matar a las personas solo para evitar un posible crimen, nadie estaría a salvo, porque la maldad siempre supone lo peor.
Gedalías, como él mismo era un hombre sincero, no quiso creer la advertencia sobre la traición de Ismael. Dijo: «Estás hablando falsamente acerca de Ismael». Con esto mostró más bondad que cautela, más inocencia de paloma que prudencia de serpiente. Los gobernantes se angustian, y angustian a todos los que los rodean, cuando se vuelven desconfiados. La reina Isabel dijo que no creería algo malo acerca de su pueblo, así como una madre no creería algo malo acerca de sus propios hijos. Sin embargo, muchos han sido destruidos por confiar demasiado en la lealtad de quienes los rodeaban.
Cómo puede ayudarte tu IA cristiana
Explora las Escrituras y la vida desde una perspectiva cristiana
Estudio bíblico
Orientación para la vida
Apoyo en la oración
Sabiduría diaria
Haz 3 preguntas gratis cada semana. No necesitas tarjeta de crédito. Ver planes
De este capítulo
Jeremías 40:1
"La palabra que vino a Jeremías de parte del SEÑOR, después que Nabuzaradán, capitán de la guardia, lo dejó ir de Ramá, cuando lo había tomado atado con cadenas entre todos los cautivos de Jerusalén y Judá que eran llevados cautivos a Babilonia."
Jeremías 40:2
"El capitán de la guardia tomó a Jeremías y le dijo: «El SEÑOR tu Dios pronunció este mal contra este lugar»."
Jeremías 40:3
"«Ahora el SEÑOR lo ha traído y ha hecho tal como había dicho, porque ustedes pecaron contra el SEÑOR y no obedecieron su voz; por eso les ha sucedido esto»."
Jeremías 40:4
"«Ahora, mira, hoy te libero de las cadenas que estaban en tu mano. Si te parece bien venir conmigo a Babilonia, ven, y cuidaré bien de ti; pero si te parece mal venir conmigo a Babilonia, no vengas. Mira, toda la tierra está delante de ti; ve adonde te parezca bueno y conveniente ir»."
Jeremías 40:5
"Como todavía no había regresado, le dijo: «Regresa también a Gedalías hijo de Ahicam, hijo de Safán, a quien el rey de Babilonia ha puesto como gobernador sobre las ciudades de Judá, y vive con él entre el pueblo; o ve adonde te parezca conveniente ir». Entonces el capitán de la guardia le dio provisiones y una recompensa, y lo dejó ir."
Jeremías 40:6
"Jeremías fue entonces a Gedalías hijo de Ahicam, a Mizpa, y vivió con él entre el pueblo que había quedado en la tierra."
Oración diaria
Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria
Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.
Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.
Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.