Versículo destacado
Jeremías 12:7 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" He abandonado mi casa, he dejado mi herencia; he entregado a la amada de mi alma en manos de sus enemigos. "
Jeremías 12:7
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
5 Si corriste con los que van a pie y ellos te fatigaron, ¿cómo podrás competir con los caballos? Y si te fatigaron en la tierra de paz en la que confiabas, ¿qué harás en la crecida del Jordán?
6 Porque aun tus hermanos y la casa de tu padre, aun ellos te han tratado con traición; sí, han convocado a una multitud tras de ti. No les creas, aunque te digan palabras agradables.
7 He abandonado mi casa, he dejado mi herencia; he entregado a la amada de mi alma en manos de sus enemigos.
8 Mi herencia es para mí como un león en el bosque; ruge contra mí. Por eso la he odiado.
9 Mi herencia es para mí como un ave moteada; las aves que la rodean están contra ella. Vengan, reúnan a todos los animales del campo; vengan a devorar.
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Aquí se señala al pueblo judío para la ruina. Se muestra a Dios rompiendo con ellos y dejándolos desolados; nunca habrían sido destruidos si no lo hubieran provocado a apartarse de ellos. Es una palabra terrible la de Jeremías 12:7: «He abandonado mi casa», es decir, el templo, que había sido su palacio. Ellos lo habían contaminado y, por eso, lo obligaron a salir de allí. «He dejado mi herencia y ya no cuidaré de ella».
Eran el pueblo en el que Dios se había complacido grandemente y al que había vigilado con cuidado, pero ahora quedaron fuera de su protección. Antes habían sido el pueblo amado de su corazón, precioso ante sus ojos y honrado por encima de todas las demás naciones. Esto hace que su pecado sea aún más grave, porque respondieron con odio al amor; y también hace mayor su sufrimiento, porque se apartaron del favor de quien había sido tan bondadoso con ellos. Además, muestra que Dios fue justo en lo que hizo. Él no había buscado problemas con ellos. Si hubieran actuado con una fidelidad siquiera aceptable, Dios habría sacado lo mejor de ellos, porque eran los amados de su corazón. Pero se comportaron tan mal que los entregó en manos de sus enemigos y los dejó sin protección, como presa fácil para quienes los odiaban.
Pero ¿cuál era el motivo del conflicto de Dios con un pueblo que antes había sido tan querido? La respuesta es que se habían vuelto desenfrenados y corruptos. Primero, se habían hecho como animales de presa, y nadie ama a criaturas así. Las personas se mantienen tan lejos de ellas como pueden. En Jeremías 12:8, Dios dice que su herencia se había vuelto para él como un león del bosque. Sus pecados clamaban por venganza con tanta fuerza como ruge un león. Más aún, clamaban contra Dios por medio de las amenazas y las matanzas que dirigían contra sus profetas, quienes les hablaban en su nombre. Dios consideró que lo dicho y hecho contra los profetas se había dicho y hecho contra él mismo. Ellos blasfemaron su nombre, resistieron su autoridad y desafiaron su justicia. Así que clamaban contra él como un león en el bosque.
Los que habían sido las ovejas del pasto de Dios se habían vuelto salvajes e indomables, como leones del bosque. Por eso Dios los rechazó, porque ¿qué deleite podía encontrar el Dios de amor en un pueblo convertido en leones rugientes y bestias furiosas? Solo merecían ser perseguidos; eran una carga y un tormento para todos los que los rodeaban.
En segundo lugar, se habían vuelto como aves de rapiña y, por eso, ya no eran aptos para la casa de Dios, donde no se permitía ofrecer en sacrificio ni bestias ni aves de presa. Jeremías 12:9 puede entenderse como una referencia a un ave con garras. Siempre se picoteaban y se desgarraban unos a otros, y con sus conflictos antinaturales habían convertido su país en una pelea de gallos. O quizá el versículo significa que eran como un ave moteada, manchada o salpicada con la sangre de su presa.
El derramamiento de sangre inocente fue el pecado de Jerusalén que colmó la medida de su culpa y apresuró su ruina. También provocó que sus vecinos se levantaran contra ella, porque quienes extienden la mano contra todos encontrarán la mano de todos contra ellos, como se ve en Génesis 16:12. Eso es lo que sigue aquí: las aves que la rodean están contra ella. Algunos entienden la imagen de esta manera: un ave de color extraño y poco común atrae la atención de las demás aves. Con frecuencia, el pueblo de Dios parece extraño entre los hijos de este mundo, como alguien a quien todos observan. Pero este pueblo se había hecho diferente por su propia necedad, y ahora se llama y se comisiona a las bestias y a las aves para que se alimenten de él.
Que todas las aves de los alrededores estén contra ella, porque Dios la ha abandonado, y que todas las bestias del campo vengan a devorarla. Los que hicieron presa de otros se convertirán ellos mismos en presa. El hecho de que su destrucción ocurriera por mandato del cielo no hacía que Judá y Jerusalén fueran menos culpables. Al contrario, hacía mucho mayor su sufrimiento. También puede entenderse que las aves y las bestias son llamadas a alimentarse de los cuerpos de los muertos, como en Apocalipsis 19:17-18. La ruina completa de la tierra por medio del ejército caldeo se presenta como algo ya realizado, porque era tan segura y tan cercana.
Dios habla de esto como algo que él había determinado, pero no se complacía en ello, así como tampoco se complace en la muerte de ningún pecador. Observa con qué ternura habla de esta tierra, a pesar de todo su pecado, recordando su pacto y la honra que antes había recibido de ella: «Es mi viña, mi herencia, mi porción preciosa» (Jeremías 12:10). Dios todavía cuida de su iglesia, aun cuando hay mucho mal en ella, y su disciplina es plenamente compatible con el amor que le tiene.
Observa también con cuánta ternura habla de la ruina de la tierra. Los «muchos pastores» son los generales caldeos que tomaron el control del país y lo devoraron con sus ejércitos, tan fácilmente como los pastores y sus rebaños comen la vegetación de un campo abierto. Ellos destruyeron la viña sin considerar su valor ni la autoridad de Dios sobre ella. La pisotearon con gran insolencia y furia, y convirtieron aquella tierra agradable en un desierto desolado. La destrucción fue total: toda la tierra quedó desolada (Jeremías 12:11).
Quedó desolada por la espada de la guerra. Los saqueadores, es decir, los soldados caldeos, atravesaron la llanura y llegaron a todos los lugares altos (Jeremías 12:12). Tomaron las fortalezas naturales y las defensas construidas. La espada devoró desde un extremo de la tierra hasta el otro. Todo lugar quedó expuesto, y el enorme ejército invasor se extendió por cada rincón de aquel país fértil, de modo que ninguna persona tuvo paz. Nadie quedó fuera del sufrimiento ni pudo disfrutar de tranquilidad. Cuando toda la humanidad ha corrompido su conducta, nadie tiene paz. Solo quienes andan por el Espíritu tienen paz.
Finalmente, observa de dónde proviene toda esta miseria. Proviene del desagrado de Dios. Es «la espada del Señor» la que devora (Jeremías 12:12). Mientras el pueblo de Dios permanece cerca de él, la espada de quienes lo protegen es la espada del Señor, como ocurrió con Gedeón. Pero cuando lo han abandonado y él se ha convertido en su enemigo, la espada de sus invasores y destructores se convierte en la espada del Señor, como ocurrió con los caldeos. Todo esto sucede por la ira feroz del Señor (Jeremías 12:13). Su furor encendió este fuego entre ellos y volvió tan feroces a sus enemigos.
¿Y quién puede mantenerse en pie cuando él se enoja? Su pecado había convertido a Dios en su enemigo, especialmente su negativa obstinada a corregir su conducta después de las advertencias anteriores (Jeremías 12:11). La tierra misma se lamenta delante de Dios, como si el país arruinado expresara su queja y se inclinara bajo su mano. Pero el pueblo es tan indiferente y descuidado que ninguno lo toma en serio. No se lamentan delante de Dios y permanecen impasibles ante su desagrado, aun mientras el suelo que pisan da testimonio contra ellos.
Cuando Dios levanta su mano para juzgar y las personas se niegan a reconocerlo, él golpeará y les hará sentirlo (Isaías 26:11).
Observa también lo incapaces que son de protegerse a sí mismos (Jeremías 12:13). Sembraron trigo, es decir, trabajaron arduamente para alcanzar su propia seguridad y esperaron buenos resultados de sus esfuerzos, pero cosecharán espinos. En otras palabras, lo que obtengan solo les causará dolor y problemas. En vez de ayudarse, empeorarán su situación. Se han agotado con su trabajo y sus planes llenos de esperanza, pero todo fracasará. No podrán librarse del problema que ellos mismos provocaron.
Se avergonzarán de sus cosechas, es decir, de haber confiado tanto en sus recursos para la guerra y, especialmente, en su capacidad para pagarla. Muchas veces se considera que el dinero es la fuerza de la guerra, y ellos pensaban que tenían suficiente. Pero se avergonzarán de esa confianza, porque su plata y su oro no los ayudarán el día de la ira del Señor.
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De este capítulo
Jeremías 12:1
"Justo eres tú, SEÑOR, cuando presento mi causa ante ti; sin embargo, déjame hablar contigo acerca de tus juicios. ¿Por qué prospera el camino de los malvados? ¿Por qué son felices todos los que actúan con gran traición?"
Jeremías 12:2
"Tú los plantaste; sí, echaron raíces. Crecen; sí, dan fruto. Tú estás cerca en su boca, pero lejos de sus riñones."
Jeremías 12:3
"Pero tú, SEÑOR, me conoces; me has visto y has probado mi corazón para contigo. Arráncalos como ovejas para el matadero y prepáralos para el día de la matanza."
Jeremías 12:4
"¿Hasta cuándo estará de luto la tierra y se marchitarán las hierbas de todos los campos por la maldad de quienes habitan en ella? Los animales y las aves son consumidos, porque ellos dijeron: «Él no verá nuestro fin»."
Jeremías 12:5
"Si corriste con los que van a pie y ellos te fatigaron, ¿cómo podrás competir con los caballos? Y si te fatigaron en la tierra de paz en la que confiabas, ¿qué harás en la crecida del Jordán?"
Jeremías 12:6
"Porque aun tus hermanos y la casa de tu padre, aun ellos te han tratado con traición; sí, han convocado a una multitud tras de ti. No les creas, aunque te digan palabras agradables."
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