Versículo destacado
Isaías 46:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Bel se inclina, Nebo se encorva; sus ídolos van sobre las bestias y sobre el ganado. Las cargas de ustedes van pesadamente cargadas; son una carga para la bestia fatigada. "
Isaías 46:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Bel se inclina, Nebo se encorva; sus ídolos van sobre las bestias y sobre el ganado. Las cargas de ustedes van pesadamente cargadas; son una carga para la bestia fatigada.
2 Se encorvan y se inclinan juntos; no pudieron librar la carga, sino que ellos mismos fueron llevados al cautiverio.
3 Escúchenme, casa de Jacob y todo el remanente de la casa de Israel, ustedes que han sido sostenidos por mí desde el vientre y llevados desde la matriz:
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Aquí se nos dice, en primer lugar, que los dioses falsos ciertamente les fallarán a quienes confían en ellos cuando más necesiten ayuda, como se muestra en Isaías 46:1-2. Bel y Nebo eran dos ídolos famosos de Babilonia. Algunos piensan que Bel era una forma abreviada de Baal, mientras que otros creen que era Belus, uno de los primeros reyes de Babilonia, que después fue adorado como dios. Algunos también creen que Nebo era un dios falso relacionado con la profecía, ya que su nombre puede significar «profeta». Por eso, quizá estos dos ídolos eran semejantes al Júpiter y al Mercurio de los babilonios, o a Apolo.
Durante mucho tiempo se honró a estos ídolos, y sus adoradores los alababan en sus banquetes por sus victorias, como se ve en Daniel 5:4. También se burlaban de Israel, como si Bel y Nebo fueran más fuertes que el Señor y pudieran mantener al pueblo de Dios en cautiverio. Para que los cautivos no perdieran el ánimo, Dios les dijo lo que sucedería con aquellos ídolos. Cuando Ciro conquistara Babilonia, los ídolos caerían. Los conquistadores solían destruir los dioses de las tierras que tomaban y reemplazarlos con los suyos, como en Isaías 37:19. Ciro haría lo mismo.
Bel y Nebo, que antes habían sido colocados en alto y adornados para parecer imponentes, se inclinarían a los pies de los soldados que saquearan sus templos. Estaban cubiertos de mucho oro y plata, ofrecidos para honrarlos, pero eso solo los convertiría en un botín fácil. Los ídolos serían cargados sobre animales de carga y llevados a Persia junto con el resto del botín. Estaban tan lejos de poder ayudar a sus adoradores que terminarían siendo una carga pesada para animales cansados. Ni siquiera podían ayudarse entre ellos, como dice Isaías 46:2: todos se inclinan y se encorvan juntos. Todos son objetos débiles e inestables, y les había llegado el día de caer.
Sus adoradores tampoco podían salvarlos. No podían rescatar aquella carga de la mano del enemigo, y tanto los ídolos como quienes los adoraban irían juntos al cautiverio. Por eso, el pueblo de Dios no debía temer a ninguno de ellos. Cuando los filisteos capturaron el arca de Dios, esta se convirtió en una carga, no para los animales, sino para los conquistadores, que tuvieron que devolverla. Pero cuando Bel y Nebo fueran llevados al cautiverio, sus adoradores podrían ir con ellos en silencio, porque esos dioses nunca podrían recuperarse por sí mismos.
En segundo lugar, el Dios verdadero nunca les fallará a quienes confían en él. En Isaías 46:3-4 dice: «Escúchenme, casa de Jacob». Israel había visto lo que les sucedió a Bel y a Nebo. Dios no es como esos dioses. Aunque Israel fuera humillado y la casa de Israel quedara reducida a un remanente, su Dios había sido, era y siempre sería su protector fuerte y fiel.
Dios le pide a Israel que reconozca con justicia la bondad que él siempre le ha mostrado. Desde el principio, él formó a Israel como pueblo. Lo creó y le dio su lugar y su vida como nación. Toda persona es lo que Dios hace de ella. Además, Dios los llevó consigo durante todo el camino. Los sostuvo desde el nacimiento y los cargó desde el vientre. Comenzó a hacerles bien desde sus primeros días, cuando todavía eran pocos y extranjeros. Los tomó bajo su cuidado especial y no permitió que nadie les hiciera daño (Salmo 105:12-14). Durante la infancia de la nación, cuando eran indefensos y a menudo tercos, Dios los llevó en los brazos de su poder y de su amor, como sobre alas de águila (Éxodo 19:4; Deuteronomio 32:11). Moisés no podía cargar con ellos como un padre lleva en brazos a un bebé (Números 11:12), pero Dios sí los sostuvo y tuvo paciencia con ellos (Hechos 13:18).
Dios comenzó a hacerles bien desde temprano y continuó haciéndolo. Los había llevado desde el vientre hasta ese mismo día. Lo mismo podemos decir de nosotros: si Dios no nos hubiera sostenido desde el vientre, habríamos perecido al nacer. Hemos estado bajo el cuidado constante de su bondadosa providencia, sostenidos por su poder y guardados en su amor y compasión. La nueva vida que Dios da también es así. Todo lo que ha nacido de Dios en nosotros es sostenido por él; de otro modo, pronto desfallecería. Nuestra vida espiritual es sustentada por su gracia con la misma certeza con que nuestra vida natural es sustentada por su providencia. Los santos han hablado muchas veces de esta manera y se han consolado con esta verdad en sus momentos de mayor aflicción (Salmo 22:9-10; Salmo 71:5-6, 17).
Dios también promete que nunca los abandonará. El que fue el principio de ellos será su fin. El que inició su bienestar lo llevará a su cumplimiento. En Isaías 46:4 dice: «Yo los he llevado desde el nacimiento y los he sostenido desde que eran niños». Incluso en la vejez seguirá siendo el mismo. Cuando sus fuerzas disminuyan, necesitarán ayuda tanto como la necesitaban en la infancia. Israel estaba envejeciendo, y también estaba envejeciendo el pacto que lo unía como pueblo (Hebreos 8:13). Ya comenzaban a verse sus canas (Oseas 7:9), y sus propios pecados habían provocado esa vejez y sus dificultades. Pero Dios no los desecharía entonces. No les fallaría cuando les faltaran las fuerzas. Él seguía siendo su Dios y continuaría llevándolos en los mismos brazos eternos que los habían sostenido en los días de Moisés (Deuteronomio 33:27).
Dios los hizo y todavía le pertenecen. Por eso los sostendrá, tendrá paciencia con sus debilidades y los llevará a través de sus dificultades. Él dice: «Yo mismo los llevaré y los rescataré». Así como una vez los llevó sobre alas de águila para sacarlos de Egipto, ahora los llevaría fuera de Babilonia. Esta promesa hecha al antiguo Israel también se aplica a cada creyente que envejece. Dios ha prometido sostener y consolar a sus siervos fieles aun en la vejez. Dice: «Hasta su vejez»; aun cuando ya no tengan la misma capacidad para trabajar, estén rodeados de debilidad o quienes los cuidan se cansen, él seguirá siendo el mismo Dios que han conocido todo el tiempo. Ellos cambian, pero él no. Él es el Dios que ha prometido ser, el Dios que han descubierto que es y el Dios que desean que sea. Él los llevará, tendrá paciencia con ellos, los sostendrá y finalmente los conducirá sanos y salvos a casa.
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De este capítulo
Isaías 46:2
"Se encorvan y se inclinan juntos; no pudieron librar la carga, sino que ellos mismos fueron llevados al cautiverio."
Isaías 46:3
"Escúchenme, casa de Jacob y todo el remanente de la casa de Israel, ustedes que han sido sostenidos por mí desde el vientre y llevados desde la matriz:"
Isaías 46:4
"Aun hasta la vejez de ustedes, yo soy el mismo; aun hasta que tengan canas, yo los llevaré. Yo los hice y los sostendré; yo mismo los llevaré y los libraré."
Isaías 46:5
"¿A quién me asemejarán, con quién me igualarán y con quién me compararán, para que seamos semejantes?"
Isaías 46:6
"Sacan oro abundantemente de la bolsa, pesan plata en la balanza y contratan a un orfebre; él hace de ello un dios. Se postran y, sí, lo adoran."
Isaías 46:7
"Lo levantan sobre el hombro, lo llevan y lo colocan en su lugar; allí permanece y no se mueve de su sitio. Aunque alguien clame a él, no puede responderle ni salvarlo de su angustia."
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