Versículo destacado

Génesis 48:1 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" Después de estas cosas, sucedió que alguien le dijo a José: Mira, tu padre está enfermo. Entonces tomó consigo a sus dos hijos, Manasés y Efraín. "

Génesis 48:1

menu_book El versículo en contexto

1 Después de estas cosas, sucedió que alguien le dijo a José: Mira, tu padre está enfermo. Entonces tomó consigo a sus dos hijos, Manasés y Efraín.

2 Y alguien le informó a Jacob, diciendo: Mira, tu hijo José viene hacia ti. Israel se fortaleció y se sentó en la cama.

3 Jacob le dijo a José: El Dios Todopoderoso se me apareció en Luz, en la tierra de Canaán, y me bendijo.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Cuando José se enteró de que su padre estaba enfermo, fue a visitarlo, aunque era un hombre de alta posición y estaba ocupado con responsabilidades públicas (Génesis 48:1). Respetar a un padre anciano era un deber que no descuidaría. Visitar a los enfermos es un deber cristiano, especialmente cuando podemos hacerles bien en el cuerpo o en el alma. El lecho de enfermedad suele ser un lugar apropiado tanto para consolar a otros como para aprender nosotros mismos.

José también llevó consigo a sus dos hijos, para que recibieran la bendición de su abuelo y fueran formados por lo que vieran y escucharan. Es bueno acercar a los jóvenes que apenas comienzan su vida a los siervos ancianos de Dios que se acercan al final de la suya. El testimonio de los creyentes que están muriendo acerca de la bondad de Dios y de la dulzura de los caminos de la sabiduría puede animar profundamente a la siguiente generación. Sin duda, Manasés y Efraín nunca olvidarían lo ocurrido aquel día.

Los padres piadosos desean una bendición no solo para ellos, sino también para sus hijos. Anhelan que sus hijos vivan delante de Dios. José había mostrado una bondad especial hacia su padre, por encima de todos sus hermanos, así que tenía razones para esperar de él un favor especial.

Cuando Jacob oyó que su hijo había llegado, reunió todas las fuerzas que tenía para recibirlo bien (Génesis 48:2). Se esforzó cuanto pudo y se sentó en la cama. Las personas enfermas y de edad avanzada deben procurar mantenerse tan animadas y activas como les sea posible, para no desanimarse en medio de las dificultades. Si se fortalecen como lo hizo Jacob, Dios las fortalecerá. Si se esfuerzan y aprovechan las pocas fuerzas que tienen, Dios las ayudará.

Como respuesta al cuidado de José, Jacob adoptó a sus dos hijos. En este acto de adopción sobresalen varias cosas. Primero, Jacob recuerda la promesa que Dios le había hecho, porque su decisión se basa en ella: «Dios me bendijo» (Génesis 48:3), y ahora quería que esa bendición continuara por medio de ellos. Dios le había prometido dos cosas: una familia numerosa y Canaán como herencia (Génesis 48:4). Por eso, cada uno de los hijos de José llegaría a ser una tribu, y cada uno recibiría una porción propia de Canaán, igual que los hijos de Jacob. Jacob los bendijo por fe en lo que Dios le había dicho (Hebreos 11:21). Nosotros debemos hacer lo mismo en nuestras oraciones, tanto por nosotros como por nuestros hijos, teniendo claramente presentes las promesas de Dios.

Jacob también recibió abiertamente a los hijos de José dentro de su propia familia: «Tus hijos son míos» (Génesis 48:5). Para él eran más que nietos; debían ser considerados como sus propios hijos. Aunque habían nacido en Egipto y su padre había estado separado de sus hermanos, Jacob no los trató como si estuvieran excluidos del pueblo del Señor. Los hizo miembros visibles de la familia del pacto. Más adelante explica esto cuando dice: «Que mi nombre sea pronunciado sobre ellos, y también el nombre de mis padres» (Génesis 48:16). En otras palabras, no debían buscar su futuro en el poder y el honor de Egipto, sino en la promesa dada a Abraham. Jacob valoraba esa herencia mucho más, y quería que ellos hicieran lo mismo.

De esta manera, el patriarca anciano enseñó a aquellos jóvenes, que entonces tenían alrededor de veintiún años, a no considerar Egipto como su hogar. No debían unirse a los egipcios, sino elegir su lugar con el pueblo de Dios, tal como Moisés lo haría después ante una prueba semejante (Hebreos 11:24-26). Como esto implicaría negarse a sí mismos, pues en Egipto tenían mucho que ganar, Jacob los animó haciendo que cada uno de ellos fuera cabeza de una tribu. Merecen doble honor quienes, por la gracia de Dios, se apartan de las tentaciones de la riqueza y la posición social para abrazar la fe, aun cuando eso les traiga vergüenza y pobreza. Jacob quería que Efraín y Manasés entendieran que es mejor ocupar un lugar humilde dentro de la iglesia que uno elevado fuera de ella; es mejor llevar el nombre del pobre Jacob que el del rico José.

Jacob también añadió una disposición acerca de los hijos que José pudiera tener después. No serían contados como cabezas de tribus independientes, como Efraín y Manasés, sino que serían incluidos con uno u otro de sus hermanos (Génesis 48:6). Al parecer, José no tuvo más hijos, pero Jacob dio sabiamente esta instrucción para evitar disputas y confusión más adelante. Al hacer planes, es prudente pensar en el futuro y prepararse para lo que pueda suceder, aun cuando no podamos saberlo de antemano. Nuestra prudencia debe actuar junto con la providencia de Dios.

Por último, Jacob menciona la muerte y el entierro de Raquel, la madre de José y la esposa que Jacob amaba profundamente (Génesis 48:7), y recuerda el relato de Génesis 35:19. Cuando nosotros mismos estamos cerca de la muerte, es bueno recordar la muerte de los seres queridos que nos precedieron. Eso ayuda a que la muerte y la tumba nos resulten más familiares. Aquellos que fueron tan queridos para nosotros como nuestra propia vida ahora están muertos y sepultados, y no debemos considerar extraño seguirlos por el mismo camino. La pérdida de un familiar cercano produce un dolor que permanece mucho tiempo, porque un amor profundo en tiempos de alegría suele llevar a un gran sufrimiento en tiempos de pérdida.

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