Versículo destacado
Génesis 47:13 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" No había pan en toda la tierra, porque el hambre era muy intensa; la tierra de Egipto y toda la tierra de Canaán desfallecían a causa del hambre. "
Génesis 47:13
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
11 José estableció a su padre y a sus hermanos, y les dio una propiedad en la tierra de Egipto, en la mejor parte de la tierra, en la tierra de Ramesés, tal como el faraón había ordenado.
12 José alimentó con pan a su padre, a sus hermanos y a toda la casa de su padre, según sus familias.
13 No había pan en toda la tierra, porque el hambre era muy intensa; la tierra de Egipto y toda la tierra de Canaán desfallecían a causa del hambre.
14 José recogió todo el dinero que se encontraba en la tierra de Egipto y en la tierra de Canaán a cambio del grano que compraban, y llevó el dinero a la casa del faraón.
15 Cuando se acabó el dinero en la tierra de Egipto y en la tierra de Canaán, todos los egipcios acudieron a José y le dijeron: «Dénos pan. ¿Por qué hemos de morir en su presencia? El dinero se ha acabado».
Explora estudios bíblicos guiados
Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor
Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)
Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.
Vista previa de la sesión 1:
Dichosos los humildes
6 min
Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)
Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.
Vista previa de la sesión 1:
El cuidado del Pastor
5 min
Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
Crear cuenta gratisComentario de Bible Guided
Ahora que Jacob y su familia estaban atendidos, la historia pasa a mostrar cómo Egipto mismo fue librado de la ruina. Esa preservación también formaba parte del propósito de Dios al elevar a José, porque Dios es Rey sobre las naciones y sobre su pueblo, y provee alimento para todos los seres vivos. José volvió entonces al trabajo que el faraón había puesto en sus manos. Sin duda habría preferido vivir con su padre y sus hermanos en Gosén, la región fértil de Egipto donde se habían establecido, pero su deber no se lo permitía. Después de ver a su padre y comprobar que estaba instalado y seguro, volvió a dedicarse por completo a las responsabilidades de su cargo.
A veces, aun el afecto natural debe ceder ante un trabajo necesario. En ocasiones, padres e hijos tienen que permanecer separados cuando el servicio de Dios o el bien de su generación así lo requiere. En la relación de José con los egipcios, primero vemos la gran angustia a la que el hambre llevó a Egipto y a las tierras vecinas. No había pan, y la gente desfallecía (Génesis 47:13). Estaban cerca de morir (Génesis 47:15, 19). Esto demuestra cuánto dependemos del cuidado de Dios. Si por poco tiempo retuviera su bondad habitual, moriríamos y pereceríamos. Toda nuestra riqueza sería incapaz de mantenernos con vida si el cielo negara la lluvia durante dos o tres años.
También vemos cuánto sufrimos por nuestra propia falta de previsión. Si los egipcios se hubieran preparado durante los siete años de abundancia, como José lo hizo para el faraón, ahora no estarían en semejante dificultad. Pero ignoraron la advertencia sobre el hambre que se acercaba. Vivieron como si el mañana siempre fuera a ser igual que el día presente, y como si el año siguiente trajera todavía más abundancia. Como nadie sabe cuándo llegará el momento de rendir cuentas por sus acciones, la angustia puede ser muy grande cuando llega el tiempo de enfrentar las consecuencias (Eclesiastés 8:6, 7).
Sin embargo, también vemos que desde el principio Dios hizo una distinción entre los egipcios y los israelitas, tal como lo haría después durante las plagas (Éxodo 8:22; 9:4, 26; 10:23). Jacob y su familia, aunque eran extranjeros, recibían alimento de manera abundante y gratuita, mientras los egipcios morían por falta de comida. Como dice la Escritura: «Mis siervos comerán, pero ustedes tendrán hambre» (Isaías 65:13). Feliz es Israel, porque quienes pertenecen a Dios no carecerán de lo que él decida proveerles (Salmo 34:10).
Luego vemos el precio que el pueblo tuvo que pagar por obtener alimento en aquellos tiempos desesperados. Primero entregaron todo el dinero que habían acumulado (Génesis 47:14). El oro y la plata no podían alimentarlos; solo el grano podía hacerlo. De esa manera, todo el dinero del reino llegó al tesoro del faraón. Cuando se les acabó el dinero, entregaron todo su ganado: tanto los animales usados para trabajar, como los caballos y los burros, como los animales destinados a la alimentación, incluidos los rebaños y las manadas (Génesis 47:17). Esto sugiere que es más fácil vivir con pan sin carne que con carne sin pan. Tal vez estuvieron más dispuestos a desprenderse de sus animales porque ya quedaba poco o nada de pasto para alimentarlos. Así, el faraón vio en la vida real lo que antes había visto en un sueño: solamente ganado flaco.
Cuando ya habían vendido sus animales y no podían vivir de sus tierras, fue fácil persuadirlos de que vendieran también sus terrenos. ¿De qué servía una tierra sin semillas para sembrarla ni animales para trabajarla? Así que vendieron sus tierras a cambio de más grano. Cuando ya no les quedó ni la tierra ni ningún otro recurso para subsistir, tuvieron que venderse a sí mismos para poder vivir de su trabajo y conservar sus tierras bajo el dominio de la corona. La necesidad extrema puede llevar a las personas a renunciar a su libertad y a sus bienes, que están entre las cosas más valiosas que poseen, con tal de conservar la vida. La vida es dulce, y muchos preferirían la esclavitud antes que morir de hambre, aunque quizá no escogerían una muerte violenta en un arranque de emoción. Algunos podrían enfrentar valientemente la muerte en medio de la ira, pero no soportarían una muerte por hambre, que a menudo es más terrible (Lamentaciones 4:9).
Aun así, fue una muestra de misericordia para los egipcios que pudieran obtener grano a cualquier precio. Si todos hubieran muerto de hambre, sus tierras habrían podido pasar a la corona, porque no habría quedado ningún heredero. Por eso escogieron el mejor resultado posible en una situación terrible. Entonces José encontró una manera de establecer un acuerdo entre el rey y el pueblo, de modo que el faraón recibiera lo que le correspondía sin que el pueblo quedara completamente arruinado. Mientras durara el hambre, no era necesario negociar por sus tierras. Pero cuando terminó el hambre —pues Dios no permanece enojado para siempre—, José estableció un acuerdo que ambas partes aceptaron. El pueblo conservaría y cultivaría las tierras según la distribución hecha por José, y el faraón proporcionaría las semillas de sus almacenes. A cambio, entregarían a la corona una quinta parte de la cosecha anual como renta fija. Esto se convirtió en una ley permanente (Génesis 47:26).
Era un buen acuerdo, porque recibieron alimento a cambio de sus tierras, cuando de otro modo ellos y sus familias habrían muerto de hambre, y después recuperaron sus tierras bajo condiciones justas. Quienes ocupan cargos públicos merecen un honor especial cuando mantienen un equilibrio justo entre el gobernante y el pueblo, de modo que el poder real no aplaste la libertad ni los bienes de las personas, y que la libertad y los bienes no debiliten la autoridad legítima. Hay seguridad cuando existen muchos consejeros sabios. Si más adelante los egipcios consideraron pesada aquella contribución, debieron recordar cuán justa y bondadosa fue la primera ley. Podían pagar con gusto una quinta parte, considerando que todo lo demás lo habían recibido por misericordia.
José también demostró ser fiel a quien lo había nombrado. No se quedó con el dinero ni usó las tierras para enriquecer a su propia familia. Entregó ambas cosas por completo al servicio del faraón, y por eso no leemos que sus descendientes hayan salido de Egipto más ricos que sus demás hermanos, que eran pobres. Cualquiera que tenga una responsabilidad pública y llegue a enriquecerse debe asegurarse de que no sea a costa de una conciencia limpia, que vale mucho más.
En cuanto al pueblo, José lo trasladó a las ciudades (Génesis 47:21). Los reubicó para mostrar el poder que el faraón tenía sobre ellos y también para que poco a poco olvidaran su derecho sobre las antiguas tierras y aceptaran con mayor facilidad su nueva condición de dependencia. Los escritores judíos dicen que José hizo esto porque los egipcios se habían burlado de sus hermanos por ser extranjeros, y que mediante esta medida todos llegaron, en cierto sentido, a ser extranjeros por igual. Esto demuestra cuánto puede cambiar la situación de un pueblo en poco tiempo y cuán rápidamente Dios puede llevarlo de una condición a otra, después de que se ha acostumbrado a vivir cómodamente. Aunque aquello parecía duro, en ese momento el pueblo lo consideró una gran bondad y agradeció que la situación no fuera peor: «Nos has salvado la vida» (Génesis 47:25). Por eso es razonable que quien salva nuestra vida también sea el dueño de nuestra vida.
«Nos has salvado. Haz con nosotros lo que quieras».
José también hizo una excepción con los sacerdotes. Ellos recibían su sustento a costa del rey, por lo que no tuvieron que vender sus tierras (Génesis 47:22). De la misma manera, las personas deben mostrar lealtad a Dios siendo bondadosas con quienes sirven en la adoración pública y cuidan de los asuntos sagrados. También debemos honrar a Dios teniendo en alta estima a sus ministros por causa de su trabajo.
Cómo puede ayudarte tu IA cristiana
Explora las Escrituras y la vida desde una perspectiva cristiana
Estudio bíblico
Orientación para la vida
Apoyo en la oración
Sabiduría diaria
Haz 3 preguntas gratis cada semana. No necesitas tarjeta de crédito. Ver planes
De este capítulo
Génesis 47:1
"Entonces José fue y se lo informó al faraón. Le dijo: «Mi padre y mis hermanos, con sus rebaños, sus ganados y todo lo que tienen, han venido de la tierra de Canaán; y ahora están en la tierra de Gosén»."
Génesis 47:2
"Tomó a cinco de sus hermanos y los presentó ante el faraón."
Génesis 47:3
"El faraón preguntó a sus hermanos: «¿Cuál es el oficio de ustedes?». Ellos respondieron al faraón: «Tus siervos somos pastores, tanto nosotros como nuestros padres»."
Génesis 47:4
"También dijeron al faraón: «Hemos venido para residir temporalmente en esta tierra, porque tus siervos no tienen pastos para sus rebaños, pues el hambre es intensa en la tierra de Canaán. Por tanto, te rogamos que permitas que tus siervos habiten en la tierra de Gosén»."
Génesis 47:5
"El faraón habló con José y le dijo: «Tu padre y tus hermanos han venido a ti»."
Génesis 47:6
"«La tierra de Egipto está ante ti. Haz que tu padre y tus hermanos habiten en la mejor parte de la tierra; que habiten en la tierra de Gosén. Y si sabes que entre ellos hay hombres capaces, ponlos a cargo de mi ganado»."
Oración diaria
Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria
Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.
Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.
Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.