Versículo destacado
Génesis 31:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Y él oyó las palabras de los hijos de Labán, que decían: «Jacob se ha llevado todo lo que era de nuestro padre, y de lo que era de nuestro padre ha obtenido toda esta riqueza». "
Génesis 31:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Y él oyó las palabras de los hijos de Labán, que decían: «Jacob se ha llevado todo lo que era de nuestro padre, y de lo que era de nuestro padre ha obtenido toda esta riqueza».
2 Y Jacob observó el semblante de Labán y vio que ya no era hacia él como antes.
3 Y el SEÑOR dijo a Jacob: «Regresa a la tierra de tus padres y a tu parentela, y yo estaré contigo».
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Jacob decidió de inmediato dejar el servicio de su tío, llevarse sus posesiones y regresar a Canaán. Tomó esta decisión por una buena razón, bajo la dirección de Dios y con el acuerdo de sus esposas. La familia de Labán se había vuelto hostil hacia él, así que ya no podía quedarse allí con paz ni seguridad.
Los hijos de Labán manifestaron su enojo por medio de lo que dijeron. Parece que hablaron de manera intencional para que Jacob los oyera y se sintiera herido. El capítulo anterior comenzó con Raquel envidiando a Lea, y este comienza con los hijos de Labán envidiando a Jacob. Exageraron mucho el éxito de Jacob al decir que había obtenido toda aquella riqueza. Sin embargo, la riqueza a la que se referían consistía solamente en ovejas, cabras, camellos y asnos. Las riquezas terrenales parecen maravillosas a quienes aman las cosas de este mundo, pero no tienen verdadera gloria en comparación con las riquezas celestiales. Cuando las personas valoran demasiado el dinero, ese error está detrás de la avaricia, la envidia y toda clase de maldad.
También acusaron injustamente a Jacob de haberse llevado lo que pertenecía a su padre. Eso no era cierto, al menos no de la manera en que ellos lo afirmaban. Hablaban injustamente, como suele suceder cuando la envidia gobierna el corazón. Una buena conciencia no siempre protege la reputación de una persona. Uno de los problemas que acompañan al éxito externo es que convierte a la persona en blanco de la envidia. A quien Dios bendice, otros pueden maldecirlo.
Labán mismo dijo poco, pero su rostro ya no mostraba bondad hacia Jacob. Jacob se dio cuenta y no podía ignorarlo. Labán siempre había sido un hombre duro, pero ahora era aún más desagradable que antes. La envidia suele manifestarse en el rostro de una persona; por eso la Escritura habla del ojo maligno (Proverbios 23:6). Las miradas llenas de amargura pueden hacer mucho para destruir la paz y el amor en una familia. El rostro enojado de Labán le hizo perder la mayor bendición que su casa había recibido, y con justa razón.
Jacob también recibió dirección divina. El Señor le dijo: «Regresa, y yo estaré contigo» (Génesis 31:3). Aunque Jacob había sido tratado muy mal allí, no se fue hasta que Dios se lo indicó. Había llegado por mandato del cielo y se quedaría hasta que Dios lo enviara de regreso. Es nuestro deber someternos a la dirección de Dios, tanto cuando salimos como cuando regresamos.
Más adelante, Jacob explicó con mayor detalle esta dirección a sus esposas (Génesis 31:10-13). Les contó acerca de un sueño en el que el ángel de Dios conocía sus pensamientos y le enseñaba lo que estaba sucediendo. Esto no fue cuestión de suerte ni resultado de la astucia de Jacob. Fue la providencia de Dios, porque Dios había visto todo lo que Labán le había hecho y le estaba dando una justa retribución. Las maneras en que Dios hace justicia son más profundas de lo que solemos comprender; por medio de ellas, quienes han sido perjudicados reciben una verdadera recompensa, aunque no siempre lo perciban de inmediato.
El crecimiento de Jacob también estaba relacionado con la promesa de Dios. Dios le dijo: «Yo soy el Dios de Betel», el lugar donde el pacto había sido renovado con él. El éxito terrenal es mucho más dulce cuando podemos reconocer que proviene del amor del pacto, es decir, de que Dios cumple las promesas que hizo a su pueblo. Aun con esta perspectiva esperanzadora de riqueza, Jacob recibió la orden de regresar, porque el mundo no era su hogar. Cuando la vida comienza a favorecernos, debemos recordar que seguimos siendo peregrinos.
Se le ordenó levantarse y regresar, ante todo, al culto que debía rendir en Canaán. Es probable que hubiera descuidado esas obligaciones sagradas mientras vivía con Labán. Los años de servicio habían pasado, y ahora era tiempo de volver al lugar donde había levantado la columna y hecho su voto. Al aumentar la prosperidad, era tiempo de pensar otra vez en el altar y en los sacrificios. También debía regresar a la tierra de sus parientes. Vivía entre familiares en Harán, pero Canaán era la tierra que pertenecía al pueblo del pacto. Quienes heredan Canaán nunca deben pensar que están completamente en casa hasta llegar allí.
Jacob también actuó con el conocimiento y el consentimiento de sus esposas. Llamó a Raquel y a Lea para que se reunieran con él en el campo, donde podía hablar con ellas en privado. Los esposos que aman a sus esposas deben compartir sus planes con ellas. Donde existe verdadero afecto, también debe existir confianza. La esposa sabia ayuda a su esposo a confiar en su corazón (Proverbios 31:11).
Jacob les habló primero de la fidelidad con la que había servido a su padre. Si otros no cumplen con lo que es justo hacia nosotros, todavía podemos hallar consuelo en saber que cumplimos con nuestro deber. Después les explicó lo injustamente que su padre lo había tratado. Labán nunca respetó el acuerdo que había hecho. Cada vez que se establecía el salario de Jacob, Labán lo cambiaba cuando veía que Dios favorecía sus rebaños. Lo hizo una y otra vez, como si pudiera engañar tanto a Jacob como a la providencia de Dios. Las personas que actúan con honestidad no siempre reciben un trato honesto de los demás.
Jacob también les contó cómo Dios lo había protegido y provisto para él a pesar de todo. Dios impidió que Labán le hiciera daño. Quienes permanecen cerca de Dios reciben su protección. Dios también le dio abundancia a Jacob, aunque Labán tenía la intención de arruinarlo. De esta manera, la prosperidad de Jacob vino de Dios, quien quitó el ganado de su padre y se lo dio a Jacob.
Así, el Dios justo recompensó a Jacob por su duro trabajo con las riquezas de Labán. Más adelante hizo algo parecido con los descendientes de Jacob cuando les dio el botín de los egipcios. Dios nunca es injusto, aunque las personas olviden el trabajo y el servicio amoroso de su pueblo, como afirma Hebreos 6:10. La providencia puede hacer que las ganancias honestas resulten de planes que no comenzaron con honestidad. La riqueza del pecador se almacena para el justo (Proverbios 13:22).
Jacob también les dijo a sus esposas que Dios le había ordenado en un sueño regresar a su propia tierra (Génesis 31:13). Lo explicó para que ellas no pensaran que su decisión provenía de la inquietud o del rechazo hacia su país o su familia. Quería que entendieran que estaba actuando en obediencia a su Dios y confiando en él para el futuro.
Sus esposas estuvieron de acuerdo con gusto. También hablaron de su propio dolor, diciendo que su padre no solo las había tratado mal, sino también injustamente (Génesis 31:14-16). Las había tratado como extrañas y no les había mostrado el afecto natural que les correspondía. Jacob veía las riquezas que Dios había trasladado de Labán a él como el pago por su trabajo, mientras que ellas las veían como la parte que les correspondía de la herencia familiar. De ambas maneras, Dios hizo que Labán pagara lo que debía, tanto a su siervo como a sus hijas.
Parece que ellas se habían cansado de la casa de su padre y de su propio pueblo, y que podían dejarlos atrás fácilmente. Debemos aprovechar el trato poco amable que recibimos del mundo. Ese trato debería aflojar nuestro apego a él, hacernos más dispuestos a dejarlo y aumentar nuestro deseo de estar en casa con Dios. También estuvieron dispuestas a irse con su esposo y someterse junto con él a la dirección de Dios: «Haz todo lo que Dios te ha dicho». Las esposas que verdaderamente ayudan a sus esposos nunca se interpondrán cuando Dios los llame a actuar.
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De este capítulo
Génesis 31:2
"Y Jacob observó el semblante de Labán y vio que ya no era hacia él como antes."
Génesis 31:3
"Y el SEÑOR dijo a Jacob: «Regresa a la tierra de tus padres y a tu parentela, y yo estaré contigo»."
Génesis 31:4
"Entonces Jacob mandó llamar a Raquel y a Lea al campo, donde estaba su rebaño,"
Génesis 31:5
"y les dijo: Veo que el semblante de su padre ya no es hacia mí como antes; pero el Dios de mi padre ha estado conmigo."
Génesis 31:6
"Y ustedes saben que he servido a su padre con todas mis fuerzas."
Génesis 31:7
"Su padre me ha engañado y ha cambiado mi salario diez veces; pero Dios no le permitió hacerme daño."
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