Versículo destacado

Esdras 3:1 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" Cuando llegó el séptimo mes, y los hijos de Israel estaban en las ciudades, el pueblo se reunió como un solo hombre en Jerusalén. "

Esdras 3:1

menu_book El versículo en contexto

1 Cuando llegó el séptimo mes, y los hijos de Israel estaban en las ciudades, el pueblo se reunió como un solo hombre en Jerusalén.

2 Entonces se levantaron Jesúa hijo de Josadac, sus hermanos los sacerdotes, Zorobabel hijo de Salatiel y sus hermanos, y construyeron el altar del Dios de Israel para ofrecer sobre él holocaustos, como está escrito en la ley de Moisés, varón de Dios.

3 Colocaron el altar sobre sus bases, porque tenían miedo de los pueblos de aquellas tierras; y ofrecieron sobre él holocaustos al SEÑOR, holocaustos por la mañana y por la tarde.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Aquí se describe la reunión general de los israelitas que habían regresado a Jerusalén en el séptimo mes (Esdras 3:1). Podemos suponer que salieron de Babilonia en la primavera y que necesitaron por lo menos cuatro meses para el viaje, pues eso fue lo que tardaron Esdras y su grupo (Esdras 7:9). Así que pronto llegó el séptimo mes, junto con muchas de las fiestas del Señor. Entonces se reunieron por acuerdo mutuo, no porque algún gobernante se los ordenara, para ir a Jerusalén.

Aunque apenas se habían establecido de nuevo en sus ciudades y tenían mucho trabajo que hacer para sostenerse a sí mismos y a sus familias, aun así acudieron al altar de Dios. Muchas personas insensatamente posponen la adoración hasta que la vida se sienta más estable, pero estos exiliados que habían regresado no hicieron eso. Su fervor por Dios era especialmente fuerte porque acababan de salir de la disciplina del Señor por haberlo descuidado anteriormente. Dejaron a un lado sus negocios en el campo para atender la adoración de Dios y, de manera admirable, todos tenían un mismo sentir en este santo fervor. Pongamos el trabajo de este mundo después de la obra de Dios, y aun el trabajo de este mundo irá mejor.

Los líderes se aseguraron de que hubiera un altar listo para la adoración. Josué y sus compañeros sacerdotes, junto con Zorobabel y los demás líderes, construyeron el altar del Dios de Israel (Esdras 3:2). Probablemente lo construyeron en el mismo lugar donde había estado antes, sobre los mismos cimientos (Esdras 3:3). El obispo Patrick piensa que, antes de que se reconstruyera el templo, se levantó un tabernáculo para la adoración, como en los días de David, no en el monte Moriah, sino en el monte Sion (1 Crónicas 9:23), y que allí se construyó este altar para usarlo mientras se edificaba el templo.

De esto debemos aprender a comenzar con Dios. Cuanto más difícil y apremiante sea nuestra situación, más necesitamos llevar a Dios con nosotros en todos nuestros caminos. Si queremos que su palabra nos guíe, debemos honrarlo con nuestras ofrendas. También debemos hacer lo que podamos en la adoración de Dios cuando todavía no podemos hacer todo lo que quisiéramos. Ellos no podían tener un templo de inmediato, pero no quisieron quedarse sin un altar. Abraham construía un altar dondequiera que iba; y nosotros, dondequiera que estemos, aunque todavía no contemos con toda la ayuda de la predicación o con la Cena del Señor, debemos ofrecer los sacrificios de oración y alabanza. Tenemos un altar que siempre hace santa la ofrenda.

La razón que se da para la prisa con que levantaron el altar fue el temor a los pueblos de la región. Vivían entre enemigos que los aborrecían a ellos y a su religión, y por sí mismos no podían enfrentarlos. Algunos entienden el texto de esta manera: aunque estaban en tal peligro, aun así construyeron el altar. No permitieron que el temor a la gente los apartara de la adoración. Nosotros tampoco debemos dejar que ese temor nos atrape. Otros entienden que, precisamente porque el peligro los rodeaba, levantaron el altar. El sentido es el mismo: el peligro debe impulsarnos a cumplir con nuestro deber. Si tenemos muchos enemigos, es bueno tener a Dios como nuestro amigo y permanecer cerca de él. Nuestros temores deben llevarnos de rodillas. Hasta Saúl pensó que estaría perdido si el enemigo llegaba antes de que él hubiera orado a Dios (1 Samuel 13:12).

También ofrecieron sacrificios sobre el altar. El altar había sido construido para usarse, y ellos comenzaron a usarlo de inmediato. Que nadie que tenga un altar permita que permanezca sin uso. Comenzaron el primer día del séptimo mes (Esdras 3:6). No hay indicios de que tuvieran fuego del cielo para comenzar, como lo tuvieron Moisés y Salomón, pero el fuego común les sirvió, tal como había servido a los patriarcas.

Una vez que comenzaron, mantuvieron la ofrenda quemada diaria, por la mañana y por la tarde (Esdras 3:5; Esdras 3:3). Habían aprendido por medio de una dolorosa experiencia lo que significaba estar sin el consuelo del sacrificio diario, que les daba algo que presentar en sus oraciones cotidianas. Ahora que había sido restaurado, estaban decididos a no permitir que volviera a interrumpirse. El cordero diario señalaba al Cordero de Dios, cuya justicia debe ser nuestra confianza en todas nuestras oraciones.

También celebraron todas las fiestas señaladas del Señor y ofrecieron los sacrificios requeridos para cada una, especialmente la fiesta de los Tabernáculos (Esdras 3:4, 3:5). Después de recibir una misericordia tan grande de parte de Dios, aquella fiesta gozosa era especialmente apropiada. Como estaban comenzando a establecerse en sus propias ciudades, también les recordaba a sus antepasados, que habían vivido en tiendas en el desierto. Esta fiesta tenía además una relación especial con los tiempos del evangelio, como se ve en Zacarías 14:18; y ahora que esos tiempos se acercaban, era apropiado que la fiesta recibiera mayor honra.

Acerca de los servicios de esta fiesta, que duraba siete días y tenía sacrificios especiales para cada día, el texto dice que hicieron lo necesario para cada día; o, según la expresión original, «la palabra de cada día en su día». Esa frase se ha convertido en un dicho común entre quienes están familiarizados con el lenguaje de las Escrituras.

Si la fiesta de los Tabernáculos representaba la vida cristiana, con su desprendimiento del mundo y su gozo en Dios, entonces nos enseña a hacer el trabajo de cada día según lo que ese día requiera. Debemos aprovechar bien el tiempo procurando hacer algo útil cada día. También debemos aprovechar las oportunidades, preparándonos para cumplir con el deber especial del día presente. Todo es hermoso a su debido tiempo. El día diez del mes era el Día de la Expiación, un día solemne y apropiado para una ocasión como aquella. Es muy probable que lo observaran, aunque aquí no se menciona. De hecho, no recuerdo ningún otro lugar del Antiguo Testamento que hable claramente de su celebración, como si bastara con que tuviéramos la ley acerca de esta fiesta en Levítico 16 y la verdad del evangelio a la que señalaba en el Nuevo Testamento, que era su propósito principal.

También ofrecieron las ofrendas voluntarias de cada persona (Esdras 3:5). La ley exigía mucho, pero ellos dieron más. Aunque tenían pocas riquezas para gastar en sacrificios, tenían mucho fervor; y podemos suponer que hicieron sacrificios en sus propias mesas para poder dar generosamente al altar de Dios. Dichosos los que salen de la aflicción con un fervor tan santo.

También se prepararon para construir el templo (Esdras 3:7). Se dedicaron a esto enseguida, porque, mientras hacemos lo que podemos, debemos seguir procurando hacer más y hacerlo mejor. Ahora Tiro y Sidón debían proporcionar trabajadores, como lo habían hecho mucho tiempo atrás, y el Líbano debía proporcionar madera, tal como Ciro había ordenado. Cuando Dios nos llama a cumplir un deber, podemos confiar en que su providencia proveerá lo que necesitemos para realizarlo.

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