Versículo destacado
Ezequiel 48:31 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Las puertas de la ciudad llevarán los nombres de las tribus de Israel. Hacia el norte habrá tres puertas: una puerta de Rubén, una puerta de Judá y una puerta de Leví. "
Ezequiel 48:31
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
29 Esta es la tierra que ustedes repartirán por sorteo como herencia entre las tribus de Israel, y estas serán sus porciones, dice el Señor DIOS.
30 Estas serán las salidas de la ciudad: por el lado norte, cuatro mil quinientas medidas.
31 Las puertas de la ciudad llevarán los nombres de las tribus de Israel. Hacia el norte habrá tres puertas: una puerta de Rubén, una puerta de Judá y una puerta de Leví.
32 Por el lado oriental habrá cuatro mil quinientos y tres puertas: una puerta de José, una puerta de Benjamín y una puerta de Dan.
33 Por el lado sur habrá cuatro mil quinientas medidas y tres puertas: una puerta de Simeón, una puerta de Isacar y una puerta de Zabulón.
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Aquí se presenta una descripción más detallada de la ciudad que habría de construirse como capital de esta tierra gloriosa y como el lugar al que acudirían personas de todas partes para adorar en el santuario cercano. En este pasaje nunca se la llama Jerusalén, ni se llama Canaán a la tierra, aunque se ha dado una descripción tan completa de sus límites. Se dejan atrás los nombres antiguos para mostrar que el orden anterior ha desaparecido y que todo se ha vuelto nuevo.
En cuanto a esta ciudad, primero debemos observar sus límites exteriores y el terreno apartado para su uso y bienestar. A cada lado, el terreno que la rodeaba medía 4,500 unidades, es decir, 18,000 en total (Ezequiel 48:35). Sin embargo, no queda claro qué unidad de medida se quiere decir. El capítulo nunca indica si se trata de cañas, como parece al añadir esa palabra en Ezequiel 48:8, o de codos, como algunos deducen de Ezequiel 45:2 y Ezequiel 47:3.
Me inclino a pensar que, cuando no se mencionan los codos, se refiere a la caña de medir. Aun así, quienes lo entienden como codos no están de acuerdo en si se trata del codo común, de aproximadamente medio metro, o del codo mayor usado para medir terrenos con más facilidad. Algunos dicen que ese codo mayor equivalía a seis codos comunes, mientras que otros consideran que equivalía a unos tres y medio. En ese caso, 1,000 codos serían 1,000 pasos, o aproximadamente una milla inglesa.
Nuestra incertidumbre sobre este asunto es, en sí misma, una indicación de que estas cosas tienen un significado espiritual. El punto principal es que la Sabiduría infinita, es decir, la sabiduría ilimitada de Dios, ha dispuesto la iglesia del evangelio con perfecta justicia y equilibrio. Ahora no podemos verlo todo con claridad, pero lo entenderemos cuando lleguemos al cielo.
En segundo lugar, debemos observar el número de sus puertas. La ciudad tenía doce puertas en total, tres a cada lado, lo cual correspondía bien a su forma cuadrada. Estas doce puertas llevaban los nombres de las doce tribus. Puesto que la ciudad recibiría provisiones de todas las tribus de Israel (Ezequiel 48:19), era apropiado que cada tribu tuviera su propia puerta. Y como aquí se incluye a Leví, Efraín y Manasés se cuentan juntos bajo el nombre de José para que el número siga siendo doce (Ezequiel 48:32).
Al norte estaban las puertas de Rubén, Judá y Leví (Ezequiel 48:31). Al este estaban las de José, Benjamín y Dan (Ezequiel 48:32). Al sur estaban las de Simeón, Isacar y Zabulón (Ezequiel 48:33). Al oeste estaban las de Gad, Aser y Neftalí (Ezequiel 48:34). De la misma manera, la visión de San Juan sobre la nueva Jerusalén, llamada allí la ciudad santa, tiene doce puertas, tres a cada lado, y en ellas están escritos los nombres de las doce tribus de Israel (Apocalipsis 21:12-13).
Esto enseña que hay libre entrada a la iglesia de Cristo, tanto en este mundo como en la gloria, para todos los que vienen por fe desde toda tribu y desde toda dirección. Cristo ha abierto el reino de los cielos para todos los creyentes. Todo el que quiera puede venir y tomar gratuitamente del agua de la vida y del árbol de la vida.
En tercer lugar, debemos observar el nombre dado a esta ciudad. Desde el día en que sea reconstruida conforme a este modelo, ya no se llamará Jerusalén, que significa «visión de paz», sino Jehová Sama, que significa «El Señor está allí» (Ezequiel 48:35). Esto significa, primero, que después del regreso de los cautivos habría señales claras de la presencia de Dios y de su morada entre ellos, tanto en su adoración como en su providencia, es decir, en la manera en que gobierna los acontecimientos. Ya no tendrían que preguntarse, como sus antepasados: «¿Está el Señor entre nosotros o no?». Verían que verdaderamente estaba con ellos.
Aunque enfrentaran muchas dificultades, serían como la zarza que ardía sin consumirse, porque el Señor estaba allí. Pero cuando Dios abandonó su templo y dijo: «Vámonos de aquí», su casa pronto quedó desolada. Una vez que dejó de ser la casa de Dios, no siguió siendo de ellos por mucho tiempo.
Esto también significa que la iglesia del evangelio cuenta con la presencia de Dios. No es la shekiná, la manifestación visible de la gloria de Dios en el Antiguo Testamento, pero sigue siendo una señal segura de su presencia por medio de su Espíritu. Donde el evangelio se predica fielmente, donde sus ordenanzas se practican correctamente y donde Dios es adorado solamente en el nombre de Jesucristo, verdaderamente puede decirse: «El Señor está allí». Él ha prometido: «Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo» (Mateo 28:20).
El Señor está allí en su iglesia para gobernarla, protegerla y defenderla, y para recibir y honrar a quienes lo adoran con sinceridad. Está cerca para escuchar a todos los que lo invocan. Esto debe llevarnos a permanecer cerca de la comunión de los creyentes, porque el Señor está allí; no hay otro lugar donde encontremos algo mejor. También es verdad en la vida de todo cristiano genuino: vive en Dios, y Dios vive en él. Donde existe un principio vivo de la gracia, es decir, la obra salvadora de Dios en el corazón, verdaderamente puede decirse: «El Señor está allí».
Esto también muestra que la gloria y el gozo del cielo dependerán principalmente de una realidad: el Señor está allí. La visión de San Juan sobre ese estado bendito supera a esta en muchos aspectos. Todo allí es de oro, perlas y piedras preciosas; es mucho más grande y resplandeciente, y no necesita del sol. Sin embargo, ambas visiones coinciden en lo principal: la presencia de Dios es el centro del gozo del cielo.
Allí, la felicidad de los santos glorificados consistirá en que Dios mismo estará con ellos (Apocalipsis 21:3), y en que aquel que está sentado en el trono habitará en medio de ellos (Apocalipsis 7:15). Aquí también, la corona de la dicha de esta ciudad santa es que el Señor está allí. Por eso, hagamos todo lo posible por asegurarnos un lugar en esa ciudad, para estar con el Señor para siempre.
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De este capítulo
Ezequiel 48:1
"Estos son los nombres de las tribus. Desde el extremo norte, junto al camino de Hetlón, según se va a Hamat, hasta Hazar-enán, en la frontera de Damasco hacia el norte, junto al límite de Hamat; sus lados serán el oriental y el occidental: una porción para Dan."
Ezequiel 48:2
"Junto a la frontera de Dan, desde el lado oriental hasta el lado occidental, habrá una porción para Aser."
Ezequiel 48:3
"Junto a la frontera de Aser, desde el lado oriental hasta el lado occidental, habrá una porción para Neftalí."
Ezequiel 48:4
"Junto a la frontera de Neftalí, desde el lado oriental hasta el lado occidental, habrá una porción para Manasés."
Ezequiel 48:5
"Junto a la frontera de Manasés, desde el lado oriental hasta el lado occidental, habrá una porción para Efraín."
Ezequiel 48:6
"Junto a la frontera de Efraín, desde el lado oriental hasta el lado occidental, habrá una porción para Rubén."
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