Versículo destacado
Ezequiel 39:23 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Las naciones sabrán que la casa de Israel fue llevada al cautiverio por su iniquidad. Por cuanto actuaron con infidelidad contra mí, oculté mi rostro de ellos y los entregué en manos de sus enemigos; así todos cayeron a espada. "
Ezequiel 39:23
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
21 Pondré mi gloria entre las naciones, y todas las naciones verán el juicio que he ejecutado y la mano que he puesto sobre ellas.
22 Así la casa de Israel sabrá desde aquel día en adelante que yo soy el SEÑOR su Dios.
23 Las naciones sabrán que la casa de Israel fue llevada al cautiverio por su iniquidad. Por cuanto actuaron con infidelidad contra mí, oculté mi rostro de ellos y los entregué en manos de sus enemigos; así todos cayeron a espada.
24 Conforme a su impureza y conforme a sus transgresiones actué contra ellos, y oculté mi rostro de ellos.
25 Por tanto, así dice el Señor DIOS: Ahora haré volver la cautividad de Jacob, tendré misericordia de toda la casa de Israel y seré celoso por mi santo nombre.
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Este es el punto culminante de todo el asunto. No se refiere solamente a las profecías acerca de Gog y Magog, sino también a todas las profecías de este libro sobre el cautiverio de Israel, su restauración y su regreso del cautiverio.
Dios hará que las naciones entiendan el verdadero significado de los sufrimientos de su pueblo. También corregirá la idea equivocada de quienes usaron el sufrimiento de Israel para insultar al Dios de Israel, como si él no hubiera podido protegerlos o no hubiera cumplido su pacto con ellos. Cuando Dios, después de que se arrepintieran y regresaran a él, cambiara su situación y los llevara de vuelta a su tierra, y luego les diera una gran liberación de ataques como el de Gog mientras permanecieran en ese nuevo camino, cualquier observador imparcial comprendería que esos insultos no tenían fundamento. Israel fue llevado al cautiverio, no porque Dios no pudiera protegerlo, sino porque su pecado lo había apartado del favor y la protección de Dios (Ezequiel 39:23, Ezequiel 39:24).
Las naciones aprenderían que la casa de Israel fue llevada al cautiverio por su culpa, una culpa semejante a la que había adoptado de las naciones que la rodeaban, porque había pecado contra Dios. Esa era la verdadera razón por la que Dios ocultó su rostro de ellos y los entregó en manos de sus enemigos. Fue por su impureza y sus pecados. Esto no solo silenciaría los ataques contra Dios, sino que también le daría gran honra. Cuando los sufrimientos del pueblo de Dios terminan y podemos ver cómo concluyen, los entendemos mejor que al principio.
Esto mostraría la gloria de Dios de varias maneras. Primero, Dios castiga el pecado aun en su propio pueblo, porque lo aborrece especialmente en quienes están más cerca de él y son más queridos por él (Amós 3:2). La justicia recibe reconocimiento cuando es imparcial y no muestra favoritismo. Segundo, cuando Dios entrega a su pueblo a la aflicción, lo hace para corregirlo y reformarlo, no para complacer a sus enemigos (Isaías 10:7; Isaías 42:24). Por eso, sus enemigos no deben enorgullecerse. Tercero, apenas el pueblo de Dios se humilla bajo su disciplina, él vuelve a acercarse a ellos con misericordia.
Dios también hará que su propio pueblo vea el gran favor que ha reservado para ellos, aun después de los sufrimientos a los que los sometió (Ezequiel 39:25, Ezequiel 39:26): «Ahora haré volver a los cautivos de Jacob». La razón es que ahora Dios tendrá misericordia de toda la casa de Israel. Lo hará, en primer lugar, porque habrá llegado el momento de defender su propia gloria, dañada por el sufrimiento de ellos: «Ahora seré celoso por mi santo nombre», para que ya no sea insultado. En segundo lugar, lo hará porque ahora ellos se arrepentirán de sus pecados. Habrán cargado con su vergüenza y con todas sus rebeliones.
Cuando los pecadores se arrepienten y reconocen su propia vergüenza, Dios está dispuesto a perdonarlos y honrarlos. Le agrada especialmente cuando esas personas arrepentidas miran en retrospectiva toda su vida y se avergüenzan de los pecados que cometieron mientras vivían seguros en su tierra y nadie los atemorizaba. Deben recordar las misericordias que disfrutaron allí y la protección que Dios les dio, y permitir que esos recuerdos hagan que sus pecados les parezcan aún más graves. Vivían seguros y podrían haber seguido viviendo así si hubieran permanecido fieles. De hecho, pecaron precisamente porque vivían seguros. La seguridad exterior muchas veces conduce al descuido interior, y eso abre la puerta a toda clase de pecado (Salmo 73).
Ahora estarán dispuestos a cargar con la vergüenza de esto y a reconocer que Dios justamente los llevó a una tierra de angustia, donde todos los atemorizan, porque habían pecado contra él en una tierra de paz, donde nadie los atemorizaba. Cuando se humillen bajo circunstancias humillantes, Dios cambiará su cautiverio.
¿Qué ocurrirá después? Cuando Dios los reúna de entre sus enemigos y los lleve de nuevo a su tierra, será alabado por ello: «Seré santificado en ellos ante los ojos de muchas naciones» (Ezequiel 39:27). Así como Dios fue insultado cuando Israel fue avergonzado en el cautiverio, también será honrado en la transformación de su pueblo, cuando vuelva a santificarlo, y en su restauración, cuando vuelva a hacer de él un pueblo feliz y glorioso.
Ellos también recibirán el beneficio de todo esto (Ezequiel 39:28): «Sabrán que yo soy el Señor su Dios». El trato de Dios con su pueblo tiene como propósito su bien, y su gracia acompaña ese trato para enseñarles a reconocerlo como el Señor y su Dios en todas las cosas. Entonces sus obras para con ellos les harán bien. Lo verán como el Señor y su Dios en sus calamidades, al reconocer que él los envió al cautiverio; por eso no solo deben someterse a su voluntad, sino también procurar responder al propósito que él tiene por medio de esas circunstancias. También lo verán como el Señor y su Dios en su consuelo, al reconocer que él los llevó de vuelta a su propia tierra y no dejó a ninguno de ellos entre las naciones.
Por medio de los cambios que atravesamos, si acudimos a Dios en todas las cosas, podemos llegar a conocer mejor sus diferentes atributos y propósitos.
Entonces Dios y su pueblo no volverán a separarse (Ezequiel 39:29). Dios derramará su Espíritu sobre ellos para impedir que se aparten de él y vuelvan a la insensatez, y para mantenerlos firmes en su deber. Ya no volverá a ocultar su rostro de ellos ni dejará de mostrarles su favor, como lo había hecho antes. Nunca dejará de hacerles bien y, para asegurarlo, obrará de tal manera que no se aparten de servirle. La presencia del Espíritu en nosotros es una señal segura de que Dios continuará favoreciéndonos. Ya no ocultará su rostro de aquellos sobre quienes ha derramado su Espíritu. Por eso, cuando oremos pidiendo que Dios nunca nos eche de su presencia, también debemos pedir con la misma intensidad que no nos quite su Santo Espíritu (Salmo 51:11).
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De este capítulo
Ezequiel 39:1
"Por tanto, tú, hijo de hombre, profetiza contra Gog y di: Así dice el Señor DIOS: Mira, yo estoy contra ti, Gog, príncipe principal de Mesec y Tubal."
Ezequiel 39:2
"Te haré volver, dejaré solo la sexta parte de ti, haré que subas desde las regiones del norte y te llevaré sobre los montes de Israel."
Ezequiel 39:3
"Golpearé tu arco para hacerlo caer de tu mano izquierda, y haré que tus flechas caigan de tu mano derecha."
Ezequiel 39:4
"Caerás sobre los montes de Israel, tú, todas tus tropas y el pueblo que está contigo. Te entregaré como alimento a las aves rapaces de toda clase y a las bestias del campo."
Ezequiel 39:5
"Caerás en campo abierto, porque yo lo he dicho, dice el Señor DIOS."
Ezequiel 39:6
"Enviaré fuego sobre Magog y sobre los que habitan confiados en las islas; y sabrán que yo soy el SEÑOR."
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