Versículo destacado
Ezequiel 27:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" La palabra del SEÑOR vino de nuevo a mí, diciendo: "
Ezequiel 27:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 La palabra del SEÑOR vino de nuevo a mí, diciendo:
2 Ahora, tú, hijo de hombre, entona una lamentación por Tiro;
3 y dile a Tiro, que está situado a la entrada del mar y comercia con los pueblos de muchas islas: Así dice el Señor DIOS: Tiro, tú has dicho: Soy de perfecta belleza.
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Aquí se le dice al profeta que entone un lamento por Tiro (Ezequiel 27:2). Tiro todavía era rica y poderosa, y no había señales claras de su ruina. Sin embargo, Ezequiel debía llorar por ella, porque su prosperidad se había convertido en una trampa. Su éxito alimentaba su orgullo y una falsa sensación de seguridad, lo cual haría que su caída fuera aún más dolorosa. Incluso debemos lamentar la situación de quienes viven cómodamente si no están preparados para enfrentar la adversidad.
También debía lamentar a Tiro porque su ruina se acercaba rápidamente. Era segura y estaba cerca. Aunque el profeta la anunciaba y dejaba claro que Dios no tenía la culpa de ella, aun así debía afligirse. Nosotros también debemos lamentar las dificultades de otras naciones, no solo las nuestras, por preocupación por todos los seres humanos. Parte del respeto que les debemos a los demás consiste en afligirnos por su sufrimiento, aun cuando ellos mismos lo hayan provocado por su propia necedad.
Además, al profeta se le dice qué debe declarar y que hable en el nombre del Señor Jehová. Ese nombre no era desconocido en Tiro, y allí llegaría a conocerse todavía más (Ezequiel 26:6). Primero debía reprender a Tiro por su orgullo: «Tiro, tú has dicho: “Yo soy perfecta en hermosura”» (Ezequiel 27:3). La expresión significa «hermosa en todo sentido». Tiro se consideraba completa y admirada en todas partes. A Sion, que posee la hermosura de la santidad, se la llama perfección de hermosura (Salmo 50:2), porque tiene la hermosura del Señor. Pero Tiro, por estar bien construida y enriquecerse mediante el comercio, afirmaba ser perfecta en hermosura.
Es una necedad que las personas mundanas midan su valor por las riquezas, la comodidad y el placer. Piensan que esas cosas las hacen hermosas y, si superan a otros en ellas, creen que son completas. Pero Dios observa ese orgullo vacío y con frecuencia derriba a los orgullosos para humillarlos. Nadie debería considerarse verdaderamente hermoso si no ha sido hecho santo, ni afirmar que posee una hermosura perfecta hasta llegar al cielo.
Tiro también es reprendida por la prosperidad que la volvió orgullosa. En los poemas de lamento es común elogiar a quien ha caído, y eso es lo que el profeta hace aquí. No dice nada acerca de la religión de Tiro, de su bondad o de su preocupación por los afligidos. Habla únicamente de su grandeza, de su comercio y del honor que le rendían los comerciantes de todas partes. Esta descripción de su altura y esplendor hará que el juicio de Dios contra ella se destaque con mayor claridad. Dios mira a los orgullosos y los humilla; derriba a los poderosos y los arroja al polvo (Job 40:12).
Tiro estaba bien ubicada, en la entrada del mar (Ezequiel 27:3). Tenía buenos puertos a ambos lados, a diferencia de las ciudades situadas junto a los ríos, donde los barcos solo pueden llegar por una dirección. Se encontraba en el extremo oriental del mar Mediterráneo, lo que la hacía muy útil para el comercio terrestre por todas las tierras del Levante. Así se convirtió en una ciudad comercial para muchas islas. Al estar entre Grecia y Asia, llegó a ser un gran mercado y punto de encuentro para comerciantes de todas partes. Sus fronteras estaban en el corazón de los mares (Ezequiel 27:4).
Estar rodeada de agua le daba una gran ventaja comercial. Era como una hija predilecta del mar, descansando en su corazón. En muchos sentidos, es una gran ventaja vivir en una isla. El mar es la frontera más antigua; no fue establecida por nuestros padres, sino por el Dios de nuestros padres. No puede moverse como otras fronteras y no es tan fácil de cruzar. Las personas que viven en un lugar así pueden apartarse más fácilmente de las naciones si lo desean, y al mismo tiempo comerciar en el extranjero y mantener contacto con otros pueblos. Quienes vivimos en esta isla debemos reconocer que aquel que fijó los límites de la vida humana fijó los nuestros con sabiduría.
Tiro también estaba hermosamente construida, según el estilo de aquella época. Como ciudad levantada en un lugar elevado, ofrecía una vista espléndida y atraía a los barcos hacia sus puertos (Ezequiel 27:4). Sus constructores la habían embellecido. Habían perfeccionado tanto el arte de la construcción que nada en Tiro parecía tener defecto. Sin embargo, todavía carecía de la hermosura perfecta que el Señor da y dará a su Jerusalén.
Tiro también tenía un puerto lleno de barcos majestuosos. Los constructores navales realizaban su trabajo con tanta excelencia como los constructores de viviendas. Se cree que los tirios estuvieron entre los primeros pueblos en desarrollar la navegación o, al menos, que la perfeccionaron en gran medida, quizá hasta donde podía llegar antes de la invención de la brújula. Hacían las tablas de sus barcos con árboles de ciprés traídos de Senir, una montaña vinculada con Hermón, en la tierra de Israel (Cantar de los Cantares 4:8). Las tablas de ciprés eran lisas y ligeras, aunque no tan duraderas como el roble inglés.
Usaban cedro del Líbano, otra montaña de Israel, para fabricar sus mástiles (Ezequiel 27:5). También usaban roble de Basán (Isaías 2:13) para los remos, así que es probable que sus barcos fueran principalmente galeras impulsadas por remeros. Israel construía pocos barcos para sí mismo, pero le proporcionaba madera a Tiro. De esa manera, una nación utilizaba lo que producía la otra, y ambas se ayudaban mutuamente. Ninguna podía decirle a la otra: «No te necesito».
Tiro estaba tan ansiosa por alcanzar esplendor en la construcción naval que hasta los bancos de los barcos eran de marfil, traído de las costas de Quitim, probablemente Italia o Grecia. Artesanos de los asureos, o asirios, los fabricaban. Querían que los espacios interiores de sus barcos fueran lujosos y majestuosos. También eran extravagantes con las velas: las hacían de lino fino de Egipto y además las bordaban (Ezequiel 27:7). Esto también puede referirse a sus banderas, que servían para mostrar a qué ciudad pertenecían y eran costosas e impresionantes. La palabra puede significar tanto estandarte como vela.
Colgaban en los espacios interiores de sus barcos telas azules y púrpuras, los tejidos y colores más lujosos que podían obtener de las islas con las que comerciaban. Tiro era famosa por su propio tinte púrpura, pero aun así deseaba lo que se traía de lugares más lejanos.
Estos barcos espléndidos contaban con tripulaciones capaces y trabajadoras. Los pilotos y capitanes eran de la misma Tiro, hombres en quienes podían confiar (Ezequiel 27:8). «Tus sabios, Tiro, eran tus pilotos». Pero para los marineros comunes empleaban personas de otros lugares. Los habitantes de Arvad y Sidón eran sus marineros. Sidón era la ciudad vecina y hermana de Tiro, situada a poca distancia. Allí formaban marineros hábiles, y las potencias marítimas deberían apoyar y fomentar ese tipo de capacitación. También enviaban mensajeros a Gebal, en Siria, para conseguir calafateadores, hombres que rellenaban las uniones y grietas de los barcos para que volvieran a ser seguros después de largos viajes.
Para realizar ese trabajo contaban con ancianos y sabios (Ezequiel 27:9). Se necesita más sabiduría y buen juicio para reparar algo que ha quedado en ruinas que para construir algo nuevo. En la vida pública se necesitan ancianos y sabios para reparar los lugares dañados y restaurar caminos seguros para vivir.
Incluso los países vecinos con los que Tiro comerciaba le servían de una manera u otra. Estaban dispuestos a enviar trabajadores para que sirvieran en Tiro, a colocar allí a sus jóvenes como aprendices o a enviarlos a bordo de sus barcos. De esa manera, todos los barcos del mar, junto con sus marineros, estaban listos para transportar las mercancías de Tiro. Quienes pagan buenos salarios siempre tendrán trabajadores disponibles.
La ciudad de Tiro también estaba protegida por una fuerza militar poderosa (Ezequiel 27:10-11). El pueblo de Tiro estaba completamente dedicado al comercio, pero aun así necesitaba un ejército fuerte. Por eso contrataba soldados de otras naciones, hombres especialmente preparados para la guerra, incluso de lugares lejanos como Persia, Lud y Put. Estos hombres llevaban armas cuando era necesario y, en tiempos de paz, colgaban sus escudos en la armería, como si dijeran que la paz reinaba por el momento, pero que estaban listos cuando surgiera el peligro.
Los hombres de Arvad vigilaban las murallas, y los gammaditas ocupaban las torres; eran hombres fuertes, con gran vigor en sus brazos. Algunos han interpretado que los gammaditas eran personas de baja estatura, pero eso es dudoso. Colgaban sus escudos en las murallas, ya fuera dentro de los almacenes de armas o de manera visible sobre los muros de la ciudad, para que nadie se atreviera a acercarse. Esto aumentaba el esplendor exterior de Tiro y hacía completa su hermosura (Ezequiel 27:10-11).
Parte de la gloria de Tiro consistía en que personas de todas las naciones vecinas le servían, excepto el pueblo de Israel, aunque Israel estaba cerca. Israel le proporcionaba madera, pero no encontramos que le suministrara hombres, pues eso habría violado la libertad y la dignidad de la nación judía (2 Crónicas 2:17-18). Tiro también era honrada por contar con una milicia tan bien entrenada y siempre pagada, y con una armería tan excelente como la de la torre de David, donde estaban colgados los escudos (Cantar de los Cantares 4:4).
Vale la pena observar que aquí y en aquel otro pasaje las armerías se describen llenas de escudos y cascos, que son armas defensivas, no de espadas y lanzas, que sirven para atacar. Esto parece enseñar que la fuerza militar de una nación debe usarse para proteger, no para invadir y hacer daño a los vecinos. Debe defender sus propios derechos, no apoderarse de los derechos de otros.
Tiro también tenía una enorme red comercial y conexiones con todo el mundo conocido. Algunas naciones comerciaban con ella en un tipo de producto y otras en otro, según lo que cada país producía o fabricaba. Esta sección se desarrolla ampliamente porque ese comercio era la principal gloria de Tiro y el sustento de todo lo demás. En ningún otro pasaje de la Escritura se mencionan juntas tantas naciones, y algunos piensan que este capítulo arroja luz sobre el primer asentamiento de las naciones después del diluvio (Génesis 10).
Los estudiosos han dedicado mucho esfuerzo a identificar cada lugar y cada pueblo mencionados. Sus propuestas difieren en muchos casos, y todavía hay bastante incertidumbre. Es bueno recordar que esto no es esencial, pues ni siquiera los estudios geográficos modernos explican por completo la geografía antigua. Por eso, no nos detendremos a determinar la identidad de cada comerciante o de cada producto, sino que dejaremos esos detalles a los intérpretes cuidadosos y prestaremos atención únicamente a lo que nos resulta útil.
Primero, es probable que Ezequiel supiera poco por experiencia propia acerca del comercio de Tiro. Era sacerdote, había sido llevado cautivo lejos de Tiro, probablemente cuando todavía era joven, y llevaba once años viviendo en el exilio. Sin embargo, habla de las mercancías de Tiro con tanta claridad como si él mismo hubiera trabajado allí. Esto muestra que hablaba y escribía con la ayuda divina. Es Dios quien declara estas cosas (Ezequiel 27:3).
Segundo, este relato nos recuerda que Dios observa a las personas en su trabajo diario. No se fija únicamente en ellas cuando están adorando, orando y escuchando su palabra, sino también cuando están en mercados, ferias y lugares de comercio, comprando y vendiendo. Esta es una razón poderosa para mantener una conciencia limpia en todos nuestros negocios y recordar que sus ojos siempre están sobre nosotros.
Tercero, vemos la sabiduría y la bondad de Dios como Padre común de toda la humanidad. Él hizo que un país fuera rico en cierto producto y otro en algo diferente, para que cada uno pudiera contribuir a satisfacer las necesidades y brindar bienestar a los demás. Ninguna tierra produce todo lo necesario. La providencia de Dios distribuye sus dones de distintas maneras: algunos los reciben ciertas naciones y ninguno lo recibe todo, para que pueda haber un comercio útil entre los pueblos que Dios hizo de una sola sangre y esparció por toda la tierra (Hechos 17:26). Por eso, cada nación debe darle gracias a Dios por lo que produce su propia tierra, aunque no sea tan rica como otras, porque tiene su lugar en el servicio compartido del mundo.
Cuarto, el comercio y las mercancías son una bendición para la vida humana, especialmente cuando se practican en el temor de Dios y para el bien de los demás, y no únicamente para obtener ganancias personales. La tierra está llena de las riquezas de Dios (Salmo 104:24). Contiene una gran variedad de bienes, tanto los que se recogen de su superficie como los que se extraen de sus profundidades (Ezequiel 27:12). También contiene los frutos de la habilidad y del trabajo arduo de las personas. Mediante el intercambio y el comercio, estos bienes se distribuyen más ampliamente. Lo que sobra se envía fuera, y lo que hace falta se trae de países lejanos. Incluso quienes no son comerciantes tienen motivos para darle gracias a Dios por ellos, porque traen los productos de otras tierras, así como los agricultores nos traen los productos de la nuestra.
Quinto, además de las cosas necesarias para la vida, aquí se mencionan muchos artículos cuyo propósito principal es agradar a la vista o satisfacer la moda y las costumbres. Aun así, Dios permite que las personas los usen y comercien con ellos, e intercambien cosas que les sobran por otras de mucho menor valor real. Entre estos artículos se encuentran los cuernos de marfil y de ébano (Ezequiel 27:15), que podían llevarse como regalo, ponerse a la venta u ofrecerse en intercambio. Algunos piensan que se presentaban a la ciudad o a sus gobernantes para ganarse su favor.
También aparecen las esmeraldas, el coral y el ágata (Ezequiel 27:16), además de piedras preciosas y oro (Ezequiel 27:22). El mundo podría arreglárselas mejor sin estas cosas que sin el hierro y las piedras comunes. También se mencionan especias para el gusto y el aroma, las más selectas de todas (Ezequiel 27:22), como la casia y el cálamo (Ezequiel 27:19). Para la belleza había telas de púrpura, bordados y lino fino (Ezequiel 27:16), vestiduras lujosas para los carros (Ezequiel 27:20), telas azules —por las que Tiro era famosa—, bordados y cofres de ropa fina, atados con cordones costosos y hechos de cedro. El cedro despedía una fragancia agradable y perfumaba las prendas guardadas en esos cofres (Ezequiel 27:24).
Al repasar esta lista de mercancías, podemos reconocer que muchas de esas cosas no son necesarias y que se puede vivir muy bien sin ellas. Judá y la tierra de Israel también comerciaban con Tiro. De ese modo, se les permitía relacionarse con las naciones que los rodeaban. Pero su comercio consistía principalmente en trigo, un alimento útil y necesario: trigo de Minnit y de Pannag, dos lugares de Canaán que, según algunos, eran conocidos por producir el mejor trigo. De hecho, toda la tierra era una tierra de trigo (Deuteronomio 8:8), y tenía el trigo más selecto (Deuteronomio 32:14). Tiro dependía del grano de Israel. También comerciaban con miel, aceite y bálsamo, o resina; todos eran productos útiles, no artículos destinados al orgullo o al lujo.
La tierra que producía estas cosas era la gloria de todas las tierras: la tierra que Dios había apartado para su propio pueblo, no una tierra conocida por sus especias y piedras preciosas. Por eso, el pueblo de Dios debe considerarse bien provisto si tiene el alimento que necesita. Quienes conocen los verdaderos placeres de los hijos de Dios no pondrán el corazón en los placeres de la gente de este mundo ni en las riquezas de los reyes y las provincias. También vemos que la Babilonia del Nuevo Testamento comercia con la misma clase de productos que Tiro (Apocalipsis 18:12-13). Aunque afirma ser santa, en realidad está gobernada por intereses mundanos.
Aunque Tiro era una gran ciudad comercial y ganaba mucho dinero comprando y vendiendo, llevando mercancías de un lugar a otro y enviándolas después a otro destino, tampoco descuidaba la manufactura. Aquí se mencionan los productos que fabricaba por sí misma, y eran muchos (Ezequiel 27:16, 18). Es prudente que una nación fomente el trabajo especializado y la labor honrada, en vez de imponer cargas excesivas a los artesanos. Una nación obtiene mucha riqueza y honor cuando exporta productos hechos por ella misma y, de ese modo, atrae grandes riquezas.
Todo esto hizo que Tiro fuera muy grande y también muy orgullosa. Las naves de Tarsis cantaban de ti en tu mercado (Ezequiel 27:25). Todas las naciones que comerciaban contigo te elogiaban y hablaban bien de ti, porque estabas llena de riquezas y de habitantes, eras hermosa y muy gloriosa en medio de los mares. A quienes llegan a ser muy ricos, con frecuencia se les alaba como personas muy gloriosas, porque la gente mundana considera grandiosas las riquezas (Génesis 31:1).
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De este capítulo
Ezequiel 27:2
"Ahora, tú, hijo de hombre, entona una lamentación por Tiro;"
Ezequiel 27:3
"y dile a Tiro, que está situado a la entrada del mar y comercia con los pueblos de muchas islas: Así dice el Señor DIOS: Tiro, tú has dicho: Soy de perfecta belleza."
Ezequiel 27:4
"Tus fronteras están en medio de los mares; tus constructores han perfeccionado tu belleza."
Ezequiel 27:5
"Hicieron todas las tablas de tus barcos con abetos de Senir; tomaron cedros del Líbano para hacerte mástiles."
Ezequiel 27:6
"Con robles de Basán hicieron tus remos; la compañía de los asuritas hizo tus bancos de marfil, traído de las islas de Quitim."
Ezequiel 27:7
"Lino fino bordado de Egipto era lo que desplegabas como vela; tela azul y púrpura de las islas de Elisá era lo que te cubría."
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