Versículo destacado

Ezequiel 1:4 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" Miré, y vi que un torbellino venía del norte: una gran nube, un fuego que se envolvía a sí mismo y un resplandor a su alrededor. En medio de él, en medio del fuego, había algo como del color del ámbar. "

Ezequiel 1:4

menu_book El versículo en contexto

2 Era el quinto día del mes, en el quinto año del cautiverio del rey Joaquín,

3 la palabra del SEÑOR vino expresamente al sacerdote Ezequiel hijo de Buzí, en la tierra de los caldeos, junto al río Quebar; y allí la mano del SEÑOR estuvo sobre él.

4 Miré, y vi que un torbellino venía del norte: una gran nube, un fuego que se envolvía a sí mismo y un resplandor a su alrededor. En medio de él, en medio del fuego, había algo como del color del ámbar.

5 También de en medio de él salió la semejanza de cuatro seres vivientes. Esta era su apariencia: tenían semejanza de hombre.

6 Cada uno tenía cuatro caras y cada uno tenía cuatro alas.

auto_stories

Explora estudios bíblicos guiados

Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor

Micro-Study 5 días

Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)

Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.

Vista previa de la sesión 1:

Dichosos los humildes

schedule 6 min

Micro-Study 5 días

Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)

Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.

Vista previa de la sesión 1:

El cuidado del Pastor

schedule 5 min

lock_open Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones

person_add Crear cuenta gratis

auto_stories Comentario de Bible Guided

Las visiones de Dios que Ezequiel contempló fueron muy gloriosas e incluyeron más detalles que las visiones dadas a otros profetas. El propósito principal de estas visiones era, en primer lugar, llenar la mente del profeta con pensamientos muy elevados, grandes y honorables acerca del Dios que lo había enviado y le había encomendado su tarea. Vio algo semejante a la gloria del Señor (Ezequiel 1:28), y así pudo comprender que servir a un Dios como ese es un gran honor, pues hasta los ángeles le sirven. También podía servirle con seguridad, porque Dios tiene poder suficiente para sostenerlo en su tarea. Pero si Ezequiel se apartaba de ese servicio, lo hacía bajo su propio riesgo, porque Dios tiene poder para perseguirlo, como lo hizo con Jonás.

A un Dios tan grande se le debe servir con reverencia y santo temor. Al mismo tiempo, Ezequiel podía hablar con confianza acerca de lo que Dios haría, porque Dios tiene poder para hacer que sus palabras se cumplan. En segundo lugar, la visión tenía el propósito de infundir temor en los pecadores que todavía permanecían en Sion y también en quienes ya habían sido llevados a Babilonia. Ellos se sentían seguros y desafiaban abiertamente las advertencias sobre la caída de Jerusalén, como vemos con frecuencia en la profecía de Jeremías y también veremos aquí. Quienes decían: «Tendremos paz, aunque sigamos viviendo en pecado», necesitaban aprender que nuestro Dios es un fuego consumidor y que nadie puede mantenerse delante de él.

Esta visión parece estar claramente relacionada con la destrucción de Jerusalén, como muestra Jeremías 43:3, donde se dice que era la visión que había visto cuando vino a destruir la ciudad, es decir, cuando vino a profetizar su destrucción. En tercer lugar, la visión tenía el propósito de consolar a quienes temían a Dios, temblaban ante su palabra y se humillaban bajo su poderosa mano. Estaban en Babilonia como cautivos, pero debían saber que Dios todavía estaba cerca de ellos. Ya no tenían el santuario como su trono glorioso, pero aún tenían al Dios del santuario.

El doctor Lightfoot observa que ahora la iglesia iba a permanecer plantada durante mucho tiempo en otra tierra, y el Señor mostró su gloria en medio de ella, tal como lo había hecho cuando la formó por primera vez como iglesia en el desierto. Allí se había manifestado desde una nube y fuego, y aquí hizo lo mismo. Desde en medio de los seres vivientes, como desde en medio de los querubines, dio sus mensajes. Esto los honraba aun cuando los babilonios se burlaban de ellos, y también podía fortalecer su esperanza de ser rescatados a su debido tiempo.

Para cumplir estos propósitos, estos versículos presentan la primera parte de la visión: muestran a Dios rodeado y servido por innumerables ángeles, todos sus mensajeros y ministros, que cumplen sus mandatos y escuchan su palabra. Esto demuestra su grandeza, de manera semejante a como un gobernante terrenal es honrado por una guardia espléndida y grandes ejércitos. Tal despliegue hace que sus aliados confíen en él y que sus enemigos le teman.

La introducción de la visión, en Ezequiel 1:4, es majestuosa e impactante. El profeta vio que los cielos se abrían y levantó la mirada, como debía hacerlo, para ver lo que Dios le mostraría. Cuando los cielos se abren, nosotros también debemos mantener abiertos los ojos. Para despejar el camino, un torbellino salió del norte; así apartaría las nieblas de este mundo inferior. Con frecuencia, el buen tiempo llega del norte, y el viento de esa región puede alejar la lluvia. Dios puede usar un torbellino para despejar el cielo y darnos la serenidad que necesitamos para encontrarnos con el cielo.

Sin embargo, este torbellino también venía acompañado de una gran nube. Aunque pensemos que las nubes de este mundo han desaparecido y que podemos ver más allá de ellas, todavía hay una nube alrededor de las realidades celestiales, una nube que viene de lo alto, de modo que no podemos explicarlas por completo debido a la oscuridad que las envuelve. Cristo descendió en una nube, así como después ascendió en una. Algunos entienden este torbellino y esta nube como el ejército caldeo que salió del norte contra Judá, arrasándolo todo como una tormenta. Esto coincide con la primera advertencia de Jeremías: «Del norte se desatará el mal» (Jeremías 1:14). Pero aquí lo entiendo principalmente como la apertura de la visión, no como un sermón sobre el juicio.

Este torbellino llegó a Ezequiel, como el viento llegó a Elías (1 Reyes 19:11), para preparar el camino del Señor y llamar la atención. Todo el que tenga ojos debe ver, y todo el que tenga oídos debe oír.

La visión misma llegó al profeta en una gran nube, que le sirvió como vehículo. El pabellón de Dios y el carro en el que cabalga son la oscuridad y las densas nubes (Salmo 18:11; Salmo 104:3). De esta manera, Dios oculta el resplandor pleno de su trono, para que su brillo no nos abrume, y lo cubre con una nube.

La nube estaba unida al fuego, como en el monte Sinaí, donde Dios estaba presente en una nube espesa y su gloria parecía un fuego devorador (Éxodo 24:16-17). Su primera manifestación a Moisés también fue en una llama de fuego dentro de una zarza. Nuestro Dios es un fuego consumidor. Este era un fuego que se envolvía en sí mismo, como una esfera o una rueda de fuego. Puesto que Dios es su propio origen, su propia autoridad y su propio fin, si se lo compara con el fuego, es como un fuego que se envuelve en sí mismo o, como lo interpretan algunos, un fuego encendido por sí mismo.

El fuego de la gloria de Dios resplandece, pero pronto se repliega, porque él solo nos muestra una parte de sus caminos. Su ira también se manifiesta, pero pronto se repliega, porque la paciencia divina no permite que toda su ira se levante de una vez. Si el fuego no se envolviera en sí mismo, nadie podría mantenerse delante del Señor.

El fuego estaba rodeado de un resplandor. Se envolvía en sí mismo, pero aun así revelaba algo de su interior. No podemos mirar dentro del fuego, y por medio de nuestra búsqueda no podemos conocer completamente a Dios. Sin embargo, sí vemos el resplandor que lo rodea, el reflejo de ese fuego en la nube espesa. Moisés pudo ver la espalda de Dios, pero no su rostro. De la misma manera, recibimos cierta luz acerca de la naturaleza de Dios por medio del resplandor que lo rodea, aunque la nube nos impide verlo plenamente. Nada es más fácil que afirmar que Dios existe, y nada es más difícil que describir cómo es.

Cuando Dios manifiesta su ira como fuego, todavía hay un resplandor a su alrededor. Su santidad y su justicia se manifiestan claramente en el castigo del pecado y de los pecadores. Incluso alrededor del fuego que consume hay un resplandor que los santos glorificados admirarán para siempre.

De este fuego salió el color del ámbar. No se nos dice exactamente qué tenía ese color de ámbar, así que entiendo que describe el conjunto de la visión que apareció ante los ojos de Ezequiel desde el interior del fuego y del resplandor. Antes de fijarse en los detalles, lo primero que notó fue que tenía el color del ámbar, o su apariencia: un color brillante, ardiente y encendido, como el de un carbón al rojo vivo. Los seres vivientes que vio salir del fuego eran serafines, es decir, seres ardientes, porque Dios hace de sus ángeles espíritus y de sus ministros una llama de fuego.

Lo que salió del fuego, resplandeciente como el ámbar, era semejante a cuatro seres vivientes. No eran los seres mismos, pues los ángeles son espíritus y no pueden verse, sino una representación de ellos: el símbolo que Dios escogió para conducir al profeta, y también a nosotros con él, hacia cierta comprensión del mundo de los ángeles. Esto fue una revelación divina, dada para que percibiéramos tanto la grandeza de Dios, quien tiene ángeles como asistentes, como su bondad, ya que los designa para servir a su pueblo.

La representación de estos seres vivientes salió de en medio del fuego porque los ángeles reciben de Dios su existencia y su poder. En sí mismos, y para nosotros, son lo que él decide hacer de ellos, y su gloria no es más que un rayo de la gloria de Dios. Más adelante, Ezequiel explica la visión por sí mismo al decir: «Reconocí que los seres vivientes eran querubines» (Ezequiel 10:20). Querubines es uno de los nombres que la Escritura usa para referirse a los ángeles. A Daniel se le mostró su enorme cantidad: «diez mil veces diez mil» (Daniel 7:10). Pero, aunque son muchos, también son uno en naturaleza y obra, como un ejército compuesto por miles de soldados que, aun así, es llamado un solo cuerpo.

Primero aprendemos acerca de su naturaleza. Son seres vivientes, criaturas de Dios, obra de sus manos. La vida les fue dada; no la poseen por sí mismos, sino que la reciben de aquel que es la fuente de la vida. Así como los seres vivientes de este mundo inferior están por encima de las plantas que adornan la tierra, los ángeles, que son los seres vivientes del mundo celestial, superan al sol, la luna y las estrellas que adornan los cielos. Algunos dicen que el sol es una llama de fuego envuelta en sí misma, pero no es un ser viviente como lo son los ángeles, esas llamas de fuego. Los ángeles son seres vivos en el sentido más pleno. Los seres humanos en la tierra somos criaturas que mueren; morimos día tras día, porque en medio de la vida estamos rodeados por la muerte. Pero los ángeles en el cielo son seres vivientes, verdaderamente vivos y vivos con un buen propósito. Cuando los santos lleguen a ser como los ángeles, ya no morirán (Lucas 20:36).

También aprendemos acerca de su número. Son cuatro, por lo que así aparecen aquí, aunque son incontables. Esto no significa que fueran cuatro ángeles especiales por encima de los demás, como algunos han imaginado al mencionar nombres como Miguel, Gabriel, Rafael y Uriel. El número corresponde a los cuatro rostros que tenían y señala que son enviados hacia los cuatro vientos del cielo (Mateo 24:31). Zacarías los vio como cuatro carros que salían hacia el este, el oeste, el norte y el sur (Zacarías 6:1). Dios tiene mensajeros listos para ir en todas direcciones, porque su reino es universal y alcanza cada parte del mundo.

También aprendemos acerca de sus capacidades: las maneras en que están preparados para servir a su Creador y Señor. Estas capacidades se muestran mediante símbolos, lo cual es apropiado en una visión, ya que las visiones son como parábolas para los ojos. La descripción no pretende darnos una imagen exacta que podamos dibujar, porque eso podría llevar a las personas a adorarlos. En cambio, cada parte muestra que están capacitados para la obra que realizan. El mayor honor que puede recibir cualquier criatura es poder cumplir el propósito para el cual fue creada. Cuanto más dispuestos estamos para toda buena obra, más nos acercamos a la dignidad de los ángeles.

Su apariencia general era semejante a la de un ser humano. Se mostraban principalmente con forma humana. Esto indica, en primer lugar, que estos seres vivientes son racionales e inteligentes, y que tienen el espíritu del ser humano, que es la lámpara del Señor. En segundo lugar, honra la naturaleza humana, que fue hecha un poco menor que los ángeles y ocupa un lugar inmediatamente inferior al de ellos en el orden de los seres. Cuando los seres invisibles del mundo celestial se hacen visibles, aparecen con semejanza humana. En tercer lugar, esto sugiere que se deleitan en los hijos de los seres humanos, así como su Señor se deleita en ellos (Proverbios 8:31), y que sirven a las personas, quienes pueden tener comunión espiritual con ellos por medio de la fe, la esperanza y el amor santo. En cuarto lugar, los ángeles aparecen como hombres porque, en el cumplimiento del tiempo, el Hijo de Dios habría de aparecer con esa semejanza y asumir él mismo esa naturaleza. Su apariencia honra la naturaleza que él habría de tomar.

Cada una tenía también cuatro rostros, orientados en cuatro direcciones. En la visión semejante de Juan, cada una de las cuatro criaturas vivientes tiene uno de estos rostros (Apocalipsis 4:7), pero aquí cada una tiene los cuatro, lo que muestra que comparten las mismas cualidades para el servicio. Entre los ángeles del cielo, así como entre los ángeles de las iglesias, algunos pueden sobresalir en un don y otros en otro; sin embargo, todos sirven para el bien común. Debemos contemplar sus rostros hasta ser transformados, en cierta medida, a esa misma imagen, para hacer la voluntad de Dios como los ángeles la hacen en el cielo.

Las cuatro tenían rostro de hombre, porque aparecían con esa semejanza (Ezequiel 1:5). También tenían rostro de león, de buey y de águila, cada uno fuerte a su manera. El león es el más fuerte entre las fieras, el buey entre los animales domésticos y el águila entre las aves (Ezequiel 1:10). Si Dios los usa para ejecutar juicios contra sus enemigos, son fieros y fuertes como el león y el águila cuando desgarran a su presa. Si los usa para el bien de su pueblo, son fuertes para servir como los bueyes, dispuestos y capacitados para trabajar. En ambos casos, tienen el entendimiento de un hombre. Las fuerzas dispersas que se observan en las criaturas de la tierra están reunidas en los ángeles del cielo.

El rostro de hombre muestra entendimiento, y aun algo más que el entendimiento humano, junto con ternura y bondad. El rostro de león señala fuerza y valentía, pues el león es más poderoso e intimidante que el hombre. El rostro de buey señala diligencia, paciencia y trabajo constante, porque el buey sigue trabajando sin cansarse. El rostro de águila señala rapidez, vista aguda y altura, porque el águila ve a gran distancia y se eleva muy alto. Así, los ángeles, que buscan las cosas de arriba y contemplan profundamente los misterios divinos, llevan el rostro de un águila voladora.

Cada una tenía también cuatro alas (Ezequiel 1:6). En la visión de Isaías aparecían con seis alas, pero aquí con cuatro, porque se las ve sobre el trono y necesitan dos alas para cubrirse el rostro. Los ángeles están provistos de alas para volar rápidamente en las misiones de Dios. Cualquiera que sea la tarea que Dios les encomiende, no pierden tiempo.

La fe y la esperanza son como las alas del alma. Por medio de ellas, el alma se eleva. Los afectos santos y devotos también son sus alas, pues la llevan adelante con fuerza y entusiasmo. Luego el profeta observa varias cosas acerca de las alas de estas criaturas vivientes.

Primero, estaban unidas unas a otras (Ezequiel 1:9, 1:11). No usaban sus alas para pelear, como hacen algunas aves, porque no hay conflicto entre los ángeles. Dios establece una paz perfecta en sus alturas. Sus alas unidas muestran su completa unidad, acuerdo y armonía.

Segundo, sus alas estaban extendidas hacia arriba, abiertas y listas para usarse, no dobladas ni colgando sin fuerza. Cuando un ángel recibe siquiera el indicio más leve de la voluntad de Dios, está listo de inmediato. Nuestras almas apagadas se parecen más al avestruz, que tiene dificultad para levantarse.

Tercero, dos de sus alas cubrían sus cuerpos, los cuerpos espirituales que habían asumido. La ropa que nos cubre puede estorbar el trabajo, pero los ángeles no necesitan otra cobertura que sus propias alas, las cuales también los ayudan. Cubren sus cuerpos de nosotros, para impedir que hagamos preguntas insensatas acerca de ellos. No debemos entrometernos en sus asuntos, pues son maravillosos (Jueces 13:18). También se cubren delante de Dios, enseñándonos que, cuando nos acercamos a Dios, debemos estar vestidos con la justicia de Cristo, para que no quede expuesta la vergüenza de nuestra desnudez.

Sus pies, que incluían las piernas y los muslos, eran pies derechos (Ezequiel 1:7). Permanecían firmes y estables. Ninguna carga de servicio podía hacer que sus piernas se doblaran bajo su peso. La esposa dice de su amado que sus piernas eran como columnas de mármol asentadas sobre bases de oro (Cantares 5:15). De manera semejante, las piernas de los ángeles muestran fuerza y belleza. La planta de sus pies era como la de un becerro, dividida y limpia. Estaban listos para moverse en cualquier dirección. La Septuaginta dice que sus pies tenían alas, porque se movían con tanta rapidez que parecía que volaban. Incluso sus pies brillaban como bronce bruñido. No solo los rostros, sino también los pies de quienes llevan el mensaje de Dios son hermosos (Isaías 52:7). Cada paso que dan los ángeles es glorioso. En la visión de Juan sobre Cristo, sus pies eran semejantes al bronce fino, ardiente como en un horno (Apocalipsis 1:15).

También tenían manos humanas debajo de sus alas, en sus cuatro lados: un brazo y una mano debajo de cada ala (Ezequiel 1:8). Tenían alas para moverse y manos para actuar. Muchas personas son rápidas, pero no verdaderamente activas; están ocupadas en cosas que no logran nada. Tienen alas, pero no manos. Los siervos de Dios, los ángeles, no solo van cuando él los envía y vienen cuando los llama; también hacen lo que él ordena. Sus manos eran como las manos de un hombre, maravillosamente hechas y aptas para servir, guiadas por la razón y el entendimiento. Sus pies semejantes a los de un becerro muestran rapidez, pero sus manos humanas muestran un trabajo cuidadoso y preciso, como los cielos, que son obra de los dedos de Dios. Sus manos estaban debajo de sus alas, ocultas como el resto de sus cuerpos. Esto nos recuerda que los ángeles trabajan de manera secreta e invisible. Al servir a Dios, no debemos esconder nuestras manos por negligencia perezosa; pero también debemos conservar un espíritu humilde y no dejar que nuestra mano izquierda sepa lo que hace la derecha.

También se describe su manera de moverse. Estos seres vivientes están siempre en movimiento. Los ángeles son seres activos. Su felicidad no consiste en permanecer quietos sin hacer nada, sino en mantenerse siempre ocupados en algo útil. Debemos considerarnos verdaderamente bendecidos cuando hacemos el bien, y cuando lo hacemos como los ángeles. Cualquiera que fuera la tarea que emprendían, avanzaban directamente (Ezequiel 1:9, 1:12). Esto muestra, en primer lugar, que buscaban sinceramente la gloria de Dios y tenían un solo propósito en todo lo que hacían. Avanzar en línea recta sugiere una mirada recta, sin motivos ocultos. Si nuestro ojo es bueno, todo nuestro cuerpo estará lleno de luz. Tener un ojo bueno equivale a tener un corazón sincero. En segundo lugar, estaban completamente concentrados en su tarea y trabajaban con mucha atención. Avanzaban en su labor y hacían con todas sus fuerzas lo que tenían que hacer. En tercer lugar, actuaban en armonía. Cada uno cumplía con su trabajo sin cruzarse ni estorbar a los demás. En cuarto lugar, comprendían bien su deber y no necesitaban detenerse ni dudar. Sabían qué hacer y cómo hacerlo. En quinto lugar, eran firmes y constantes. No vacilaban, no se cansaban ni cambiaban de rumbo. Avanzaban en línea recta, que es el camino más corto y permite ahorrar tiempo. Cuando vamos directamente hacia adelante, progresamos. Cuando servimos a Dios con un solo corazón, avanzamos de verdad.

También se dice que no se volvían mientras avanzaban (Ezequiel 1:9, 1:12). Primero, no cometían errores que los obligaran a regresar para corregir su trabajo. Su labor no necesitaba corrección. Segundo, no prestaban atención a las distracciones. No se desviaban hacia nada que estuviera fuera de su tarea. Seguían adelante por su camino.

Iban adonde el Espíritu quería ir (Ezequiel 1:12). Esto puede significar, en primer lugar, que iban adonde su propio espíritu se inclinaba, ya que no tenían cuerpos como los nuestros que los limitaran. Nuestro problema diario es que, aunque el espíritu esté dispuesto, la carne es débil; por eso no siempre podemos hacer el bien que deseamos. Los ángeles y los santos glorificados no sufren esa debilidad. Todo lo que se proponen, lo llevan a cabo. O, más probablemente, significa que iban adonde el Espíritu de Dios quería que fueran. Aunque tenían gran sabiduría propia, se sometían a la dirección y al gobierno de Dios en todo lo que hacían. Adondequiera que la providencia de Dios los necesitara, allí iban, sirviendo a sus propósitos y cumpliendo sus órdenes. Como dice el señor Greenhill, el Espíritu de Dios es el gran agente que pone a los ángeles en acción, y es un honor para ellos dejarse guiar por el Espíritu, y hacerlo con facilidad.

Miren cuán dispuestos y obedientes son estos seres nobles. Adondequiera que va el Espíritu, ellos van de inmediato y con total disposición. Quienes andan por el Espíritu hacen la voluntad de Dios, tal como lo hacen los ángeles.

Corrían y regresaban como un relámpago (Ezequiel 1:14). Esto muestra, en primer lugar, que se movían con gran rapidez, tan rápido como un relámpago. Cualquiera que fuera la tarea que realizaban, la terminaban de inmediato, en un instante. Dichosos los que no tienen cuerpos que los hagan más lentos en el servicio santo. También seremos dichosos cuando recibamos cuerpos espirituales preparados para el servicio espiritual. Satanás cayó como un relámpago para su propia ruina (Lucas 10:18). Los ángeles vuelan como relámpagos al cumplir la obra de su Señor. Gabriel, el ángel que llevó el mensaje de Dios, también voló rápidamente.

En segundo lugar, también se apresuraban a regresar. Corrían para cumplir su tarea y llevar a cabo sus órdenes; después regresaban para informar lo que habían hecho y recibir nuevas instrucciones, a fin de continuar sirviendo. Entraban apresuradamente en el mundo terrenal para hacer allí lo que era necesario, pero, una vez terminada esa labor, regresaban como un relámpago al mundo celestial y a la gozosa presencia de Dios. No deseaban mantenerse alejados de él más tiempo del que su servicio requería. Nosotros también debemos considerar los asuntos de este mundo como algo ajeno a nuestro verdadero hogar. Aunque tengamos que ocuparnos de ellos con rapidez, no debemos instalarnos allí. Nuestra alma debe regresar pronto, como un relámpago, a Dios, quien es nuestro descanso y nuestro centro.

También leemos acerca de la luz mediante la cual el profeta vio a estos seres vivientes, o del espejo en el que los contempló (Ezequiel 1:13). Los vio por la luz que ellos mismos irradiaban, pues su apariencia era como carbones encendidos. Son semejantes a los serafines, o «seres ardientes», lo cual muestra el fervor de su amor por Dios, su celo entusiasta en el servicio de él, su esplendor y el temor que inspiran en los enemigos de Dios. Cuando Dios los usa para pelear sus batallas, son como carbones encendidos (Salmo 18:12), que consumen al enemigo como relámpagos.

También los vio por la luz de las lámparas que se movían entre ellos, y el resplandor de esa luz era intenso. Las obras de Satanás son obras de oscuridad, y él gobierna sobre las tinieblas de este mundo. Pero los ángeles de luz viven en la luz. Aunque a menudo ocultan su obra, muestran sus resultados, porque su trabajo puede permanecer expuesto a la luz. Aun así, los vemos a ellos y lo que hacen solamente a la luz de las lámparas, una luz tenue que se mueve entre ellos. Cuando amanezca y desaparezcan las sombras, veremos con mayor claridad.

Algunos entienden que los carbones encendidos y los relámpagos del fuego son señales de la ira de Dios y de sus juicios contra Judá y Jerusalén por causa de sus pecados; en esos juicios, los ángeles habrían de servir. Más adelante, encontramos carbones encendidos esparcidos sobre la ciudad para destruirla, tomados de entre los querubines (Ezequiel 10:2). Sin embargo, las lámparas también pueden representar la luz de consuelo que resplandece para el pueblo de Dios en medio de la oscuridad de esa aflicción. Si el ministerio de los ángeles es como un fuego consumidor para los enemigos de Dios, para sus propios hijos es como una luz llena de gozo. Por un lado, este fuego es brillante y refrescante; por el otro, del fuego salen nuevos relámpagos para destruir a quienes se oponen a Dios. Los ángeles buenos son nuestros amigos o nuestros enemigos, según sea Dios para nosotros.

IA cristiana que tiene en cuenta tu denominación

Aplica Ezequiel 1:4 a tu vida hoy

Recibe orientación basada en las Escrituras, consciente de tu denominación y personalizada para tu situación.

1 Haz tu pregunta arrow_forward 2 Considera tu tradición arrow_forward 3 Aplica las Escrituras

✓ No necesitas tarjeta de crédito • ✓ 100 % privado • ✓ Obtén 30 créditos gratis para comenzar

Cómo puede ayudarte tu IA cristiana

Explora las Escrituras y la vida desde una perspectiva cristiana

menu_book

Estudio bíblico

psychology

Orientación para la vida

favorite

Apoyo en la oración

lightbulb

Sabiduría diaria

forum Pregúntale a tu IA cristiana — Gratis

Haz 3 preguntas gratis cada semana. No necesitas tarjeta de crédito. Ver planes

De este capítulo

auto_awesome

Oración diaria

Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria

Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.

Gratis. Cancela tu suscripción cuando quieras. Nunca compartimos tu correo electrónico.

Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.

Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.