Versículo destacado
Éxodo 36:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Entonces Bezalel y Aholiab, y todo hombre sabio de corazón en quien el SEÑOR había puesto sabiduría y entendimiento para saber hacer toda clase de obra para el servicio del santuario, trabajaron conforme a todo lo que el SEÑOR había mandado. "
Éxodo 36:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Entonces Bezalel y Aholiab, y todo hombre sabio de corazón en quien el SEÑOR había puesto sabiduría y entendimiento para saber hacer toda clase de obra para el servicio del santuario, trabajaron conforme a todo lo que el SEÑOR había mandado.
2 Moisés llamó a Bezalel y a Aholiab, y a todo hombre sabio de corazón en cuyo corazón el SEÑOR había puesto sabiduría, a todo aquel cuyo corazón lo impulsó a venir a realizar la obra.
3 Ellos recibieron de Moisés toda la ofrenda que los hijos de Israel habían llevado para realizar la obra del servicio del santuario. Y cada mañana le seguían llevando ofrendas voluntarias.
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Los obreros comenzaron sin demora. Tan pronto como Dios les dio las habilidades necesarias para la tarea, se pusieron a trabajar. Esto nos recuerda que los dones que Dios nos confía deben usarse, no guardarse como algo escondido dentro de un paño. ¿Para qué sirven nuestras capacidades, si no es para hacer el bien con ellas?
Comenzaron cuando Moisés los llamó (Éxodo 36:2). Incluso quienes Dios ha preparado para servir y ha dispuesto a hacerlo necesitan un llamado apropiado a la obra. Ese llamado puede llegar de una manera extraordinaria, como en el caso de los profetas y los apóstoles, o de la manera ordinaria, como sucede con los pastores y maestros. Moisés llamó a quienes Dios había llenado de sabiduría para esta tarea, dándoles capacidades que iban más allá de lo que podían hacer por naturaleza, y cuyos corazones habían sido movidos a acudir y trabajar con empeño.
Este es un retrato útil de quienes son llamados a ayudar a edificar la iglesia de Cristo, el tabernáculo del evangelio. La gracia de Dios los hace, en cierta medida, aptos para la obra y dispuestos a realizarla. Al llamar a los ministros, importan dos cosas: la capacidad y la disposición, junto con una firme determinación. Si Dios les ha dado no solo conocimiento, sino también sabiduría, deben presentarse completamente preparados para llevar la obra hasta el final. Quienes desean ayudar a ganar almas deben ser sabios y tener el corazón puesto en la obra misma, no solo en el honor que pueda recibir.
Moisés entregó a los obreros los materiales que el pueblo había ofrecido (Éxodo 36:3). No podían construir un tabernáculo de la nada. Necesitaban materiales con los cuales trabajar, y el pueblo los proporcionó mientras Moisés los ponía en manos de los obreros. De la misma manera, las almas preciosas son los materiales del tabernáculo del evangelio. Están siendo edificadas como una casa espiritual (1 Pedro 2:5). Con ese propósito, deben ofrecerse libremente al Señor para su servicio (Romanos 15:16), y luego ser encomendadas al cuidado de sus ministros, quienes trabajan para formarlas y ayudarlas a crecer en santidad, hasta que todas lleguen a ser un solo cuerpo en la unidad de la fe, un templo santo (Efesios 2:21, Efesios 2:22; Efesios 4:12, Efesios 4:13).
El pueblo seguía llevando ofrendas voluntarias cada mañana (Éxodo 36:3). Nosotros también debemos hacer de esto una práctica diaria: llevar al Señor nuestras ofrendas, incluida la oración, la alabanza y un corazón quebrantado, entregado por completo a él. Esto forma parte de lo que cada día nos pide. Las misericordias de Dios son nuevas cada mañana, y nuestro deber para con él también debería renovarse cada mañana.
Es posible que algunos hayan tardado en dar al principio, pero el entusiasmo de sus vecinos los impulsó y hasta los hizo sentir vergüenza de no actuar. El celo de unos pocos puede animar a muchos. Algunas personas están dispuestas a apoyar una buena obra, aunque no tengan el deseo de dirigirla. Lo mejor es estar dispuesto desde el principio, pero llegar tarde es mejor que no llegar. Otros quizá dieron una vez y después, al recordar con alegría lo que habían ofrecido, dieron más. Estaban tan lejos de arrepentirse de su ofrenda que la duplicaron. En cuanto a la generosidad, debemos dar a siete, y aun a ocho.
Los obreros demostraron honestidad. Después de medir lo que habían hecho y comprobar que los materiales serían suficientes, y que el pueblo todavía seguía trayendo más, acudieron juntos a Moisés y le dijeron que ya no se necesitaban más ofrendas (Éxodo 36:4, Éxodo 36:5). Si hubieran estado buscando su propio beneficio, esta habría sido una oportunidad para enriquecerse con las ofrendas del pueblo. Podrían haber terminado la obra y quedarse con lo que sobrara como una paga adicional a la que les correspondía. Pero eran hombres honestos. No harían algo tan bajo como sacar provecho de las ofrendas entregadas al Señor. Quienes engañan al público cometen una gran injusticia.
No solo estaban dispuestos a rendir cuentas de todo lo que habían recibido; tampoco querían tener más de lo necesario. No querían verse tentados a quedárselo, ni siquiera dar la impresión de que podrían hacerlo. Eran hombres que sabían cuándo era suficiente. El pueblo también era generoso. Incluso después de ver cuánto se había entregado, continuó ofreciendo hasta que Moisés tuvo que detenerlo mediante una orden (Éxodo 36:6, Éxodo 36:7). Eso es poco común. La mayoría necesita que la animen a ser generosa; pocos necesitan que los detengan. Sin embargo, este pueblo sí necesitó que lo hicieran.
Si Moisés hubiera querido enriquecerse, podría haber dejado que siguieran llegando las ofrendas y después tomar lo que sobrara una vez terminada la obra. Pero él también puso el bien público por encima de su beneficio personal, y así dio un buen ejemplo a todos los que tienen una responsabilidad pública. Al pueblo se le ordenó que dejara de llevar ofrendas (Éxodo 36:6), y parecía sentir que aquello era una limitación, porque quería hacer aún más por el tabernáculo. Tal era su celo. Daban todo lo que podían, e incluso más de lo que fácilmente podían permitir, rogando a los encargados de recoger las ofrendas que aceptaran sus donativos (2 Corintios 8:3, 2 Corintios 8:4). Esos eran frutos del primer amor. En nuestros días, la caridad se ha enfriado demasiado como para esperar con frecuencia cosas semejantes.
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De este capítulo
Éxodo 36:2
"Moisés llamó a Bezalel y a Aholiab, y a todo hombre sabio de corazón en cuyo corazón el SEÑOR había puesto sabiduría, a todo aquel cuyo corazón lo impulsó a venir a realizar la obra."
Éxodo 36:3
"Ellos recibieron de Moisés toda la ofrenda que los hijos de Israel habían llevado para realizar la obra del servicio del santuario. Y cada mañana le seguían llevando ofrendas voluntarias."
Éxodo 36:4
"Entonces todos los sabios que realizaban toda la obra del santuario dejaron cada uno la obra que estaban haciendo y vinieron."
Éxodo 36:5
"Y hablaron con Moisés, diciendo: «El pueblo trae mucho más de lo necesario para realizar la obra que el SEÑOR mandó hacer»."
Éxodo 36:6
"Entonces Moisés dio una orden, y se hizo proclamar por todo el campamento: «Que ningún hombre ni mujer haga nada más para la ofrenda del santuario». Así se impidió que el pueblo siguiera llevando."
Éxodo 36:7
"Porque el material que tenían era suficiente para hacer toda la obra, y aun sobraba."
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