Versículo destacado

Éxodo 23:1 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" No propagarás un informe falso; no pondrás tu mano con el malvado para ser testigo injusto. "

Éxodo 23:1

menu_book El versículo en contexto

1 No propagarás un informe falso; no pondrás tu mano con el malvado para ser testigo injusto.

2 No seguirás a una multitud para hacer el mal; tampoco hablarás en una causa para inclinarte tras muchos y torcer el juicio.

3 Tampoco favorecerás al pobre en su causa.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Aquí se presentan algunas advertencias sobre los casos judiciales. No era suficiente que Israel tuviera buenas leyes, mejores que las de cualquier otra nación. También debía asegurarse de que la justicia se aplicara correctamente conforme a esas leyes. Primero, se advierte a los testigos que no lleven a una persona inocente ante los tribunales difundiendo un informe falso ni uniéndose a un caso contra alguien cuya culpabilidad no conocen (Éxodo 23:1). Dar falso testimonio en un caso que puede afectar la vida de una persona reúne la mentira, el perjurio, el odio, el robo y el asesinato, mientras aparenta actuar con imparcialidad. Pocos actos de maldad están tan llenos de perversidad como este.

Esta advertencia también va más allá de los tribunales y alcanza la manera en que hablamos diariamente. Calumniar y hablar mal de alguien a sus espaldas son formas de dar falso testimonio. El buen nombre de una persona está tan expuesto a las opiniones de la gente como su propiedad, e incluso su vida, a la decisión de un juez o un jurado. Por eso, si alguien inventa o difunde deliberadamente una historia falsa acerca de su prójimo, especialmente delante de personas cuyo respeto es importante, peca contra la verdad, la justicia y el amor. Además, hace más difícil que la persona perjudicada pueda limpiar su nombre.

Estas palabras también pueden entenderse como: «No aceptarás un informe falso». A veces quien escucha es tan culpable como quien habla. Una lengua maliciosa causaría mucho menos daño si la gente no le diera apoyo. Quizás no podamos evitar oír informes falsos, pero no debemos recibirlos con agrado. Tampoco debemos disfrutarlos, como quienes se complacen en el mal, ni creerlos mientras haya razones para dudar de ellos. Esa es una manera de amar el buen nombre de nuestro prójimo y de tratar a los demás como quisiéramos que nos trataran.

También se advierte a los jueces que no tuerzan la justicia. No deben dejarse presionar por el poder ni por la mayoría para actuar contra lo que saben que es correcto (Éxodo 23:2). En los tribunales judíos, los casos eran decididos por un grupo de jueces y el veredicto seguía la decisión de la mayoría. Sin embargo, cada juez tenía que votar conforme a la verdad, según lo que hubiera determinado después de examinar el caso con cuidado e imparcialidad, aunque la multitud o los jueces de mayor edad opinaran lo contrario. Por eso los jueces más jóvenes votaban primero: así no eran presionados por los mayores. Los jueces no debían favorecer a ninguna de las partes ni permitir siquiera que la opinión de los otros jueces influyera en ellos.

Este versículo también establece una regla amplia para todos, no solo para los jueces: no sigas a la multitud para hacer el mal. Una costumbre común no se vuelve correcta solo porque muchas personas la practiquen. El camino ancho no es más seguro simplemente porque está lleno de gente. Debemos preguntar qué es correcto, no qué está haciendo la mayoría. Responderemos ante nuestro Señor, no ante nuestros compañeros de servicio, y es una insensatez ir hacia la ruina solo por no hacerlo en soledad.

Los jueces tampoco deben torcer la justicia para favorecer a un pobre, ni siquiera por compasión (versículo 3). Lo correcto debe mantenerse y lo malo debe seguir siendo castigado. La misericordia no es bondadosa cuando sirve para justificar el mal. Si un pobre es culpable de una injusticia, es una falsa bondad dejarlo libre solo porque es pobre (Deuteronomio 1:16-17). No se debe favorecer a los pobres de una manera que oculte sus pecados.

Al mismo tiempo, los jueces no deben torcer la justicia contra un pobre ni permitir que sea perjudicado porque no tiene cómo defenderse. En esos casos, el juez debe actuar como defensor de esa persona, siempre que su causa sea honesta y justa (Éxodo 23:6). Los pobres siguen siendo nuestros pobres, nuestros prójimos y nuestros hermanos. No debemos permitir que sufran solo porque carecen de dinero o de influencia.

Los jueces también deben mantenerse lejos de cualquier acusación falsa o asunto deshonesto (Éxodo 23:7). No basta con decir: «Yo no estoy involucrado». Deben apartarse de ello como de una trampa peligrosa. Nadie querría matar con sus propias manos a una persona inocente y justa; por eso debe mantenerse lejos de cualquier cosa que pudiera terminar de esa manera. Dios no dejará ese mal sin castigo: «No justificaré al malvado». Esto significa que Dios condenará a quien condena injustamente a otros. Incluso los jueces deben recordar que tendrán que responder ante el gran Juez.

Tampoco deben aceptar sobornos (versículo 8). Un juez no solo debe rechazar un regalo que claramente lo empujaría a cometer una injusticia. Ni siquiera debe aceptar regalos, porque estos tienen un poder extraño para cegar a personas que, de otro modo, intentarían hacer lo correcto. Los sobornos pueden apartar silenciosamente a una persona de la verdad y hacerla causar daño aun contra sus propias intenciones.

Tampoco deben oprimir al extranjero o forastero (versículo 9). Aunque los extranjeros no podían heredar tierras en Israel, debían recibir justicia y protección pacífica para lo que les pertenecía. Si sufrían una injusticia, debían ser defendidos, aunque no formaran parte de la nación de Israel. Nuestras propias leyes muestran una imparcialidad semejante, pues un extranjero sometido a juicio, excepto en casos de traición, puede pedir que la mitad del jurado esté compuesta por extranjeros. Es una disposición sabia, para que los forasteros no sean oprimidos.

La razón que se da es la misma que aparece en Éxodo 22:21: «Ustedes fueron extranjeros». Aquí se expresa de una manera conmovedora: ustedes conocen el corazón del extranjero. Saben algo de los temores y las heridas de ser forasteros por haberlo vivido ustedes mismos con dolor. Puesto que han sido librados de esa condición, deberían poder ponerse más fácilmente en el lugar de ellos.

Luego vienen mandatos sobre la bondad hacia el prójimo. Debemos estar dispuestos a hacer todo el bien que podamos cuando surja la necesidad, incluso a personas que nos hayan hecho daño (Éxodo 23:4-5). El mandamiento de amar a nuestros enemigos y hacer el bien a quienes nos odian no solo es nuevo, sino también antiguo (Proverbios 25:21-22). De esto aprendemos que, si debemos mostrar bondad aun a un enemigo, con mayor razón debemos estar dispuestos a mostrarla a un amigo. Aquí se menciona a un enemigo porque es poco probable que una persona actúe mal contra alguien a menos que le guarde un resentimiento especial. Si está mal no evitar que nuestro enemigo sufra una pérdida o un daño, cuánto peor es causarle nosotros mismos ese daño.

Si debemos devolver el ganado de nuestro prójimo cuando se extravía, cuánto más debemos tratar de hacer volver a nuestros prójimos cuando se apartan hacia el pecado, mediante una advertencia y una instrucción sabias; véase Santiago 5:19-20. Y si debemos ayudar a un burro caído a ponerse de pie, cuánto más debemos procurar, mediante el consuelo y el ánimo, levantar el espíritu desalentado y decirles a los temerosos: «Sean fuertes».

Debemos buscar el alivio y el bien de los demás con el mismo cuidado con que buscamos los nuestros (Filipenses 2:4). Si decimos: «Mira, no lo sabíamos», ¿acaso Dios, que examina el corazón, no ve a través de esa excusa? Véase Proverbios 24:11-12.

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