Versículo destacado
Éxodo 19:16 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" En la mañana del tercer día hubo truenos y relámpagos, una nube espesa sobre el monte y un sonido de trompeta sumamente fuerte, de modo que todo el pueblo que estaba en el campamento tembló. "
Éxodo 19:16
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
14 Moisés descendió del monte hasta el pueblo y consagró al pueblo; y ellos lavaron sus ropas.
15 Y dijo al pueblo: «Estén preparados para el tercer día; no se acerquen a sus esposas».
16 En la mañana del tercer día hubo truenos y relámpagos, una nube espesa sobre el monte y un sonido de trompeta sumamente fuerte, de modo que todo el pueblo que estaba en el campamento tembló.
17 Moisés sacó al pueblo del campamento para encontrarse con Dios, y ellos se detuvieron al pie del monte.
18 Todo el monte Sinaí humeaba porque el SEÑOR había descendido sobre él en fuego. Su humo subía como el humo de un horno, y todo el monte temblaba violentamente.
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Por fin llega aquel día inolvidable, aquel día terrible del Señor, el día del juicio, cuando Israel oyó la voz del Señor Dios hablándoles desde el fuego y, aun así, siguió con vida (Deuteronomio 4:33). Nunca hubo un sermón como aquel, ni antes ni después, predicado a la iglesia en el desierto.
El predicador era Dios mismo. El Señor descendió en fuego sobre el monte Sinaí (Éxodo 19:18, 20). La gloriosa presencia del Señor se manifestó delante de todo el pueblo. Resplandeció desde Parán acompañado por decenas de millares de sus santos (Deuteronomio 33:2), es decir, por una gran multitud de ángeles santos, como siempre sucede con la Majestad divina, para honrar el acontecimiento y llevarlo a cabo. Por eso se dice que la ley fue dada por medio de ángeles (Hechos 7:53).
El púlpito, o más bien el trono, era el mismo monte Sinaí. Estaba envuelto en una nube espesa (Éxodo 19:16), cubierto de humo (Éxodo 19:18) y sacudido con gran fuerza. Entonces la tierra tembló delante del Señor y los montes saltaron como carneros (Salmo 114:4, 7). Hasta el Sinaí, áspero y rocoso como era, se derritió delante del Señor Dios de Israel (Jueces 5:5). Los montes lo vieron y temblaron (Habacuc 3:10), y permanecieron como testigos contra un pueblo terco e inmóvil, que no se dejaba conmover por nada.
El pueblo fue reunido al sonido de una trompeta sumamente fuerte (Éxodo 19:16), que seguía sonando cada vez más fuerte (Éxodo 19:19). Esto se hizo por medio del ministerio de los ángeles, pues también leemos acerca de trompetas tocadas por ángeles (Apocalipsis 8:6). El sonido hizo temblar a todo el pueblo, porque conocían su propia culpa y tenían razones para pensar que podía tratarse de una alarma de guerra dirigida contra ellos.
Moisés llevó al pueblo al lugar de encuentro (Éxodo 19:17). El mismo hombre que los había sacado de la esclavitud de Egipto ahora los guiaba para recibir de la boca de Dios su ley. Los líderes públicos son verdaderamente una bendición cuando usan su posición para apoyar la adoración pública de Dios. Moisés guiando a una asamblea en adoración fue tan grande como Moisés dirigiendo un ejército en el campo de batalla.
Las señales iniciales de aquel servicio fueron truenos y relámpagos (Éxodo 19:16). Su propósito era llenar al pueblo de asombro y despertar y concentrar su atención. Si estaban adormecidos, los truenos los despertarían. Si miraban hacia otro lado, los relámpagos harían que volvieran el rostro hacia quien estaba hablando. Los truenos y los relámpagos tienen causas naturales, pero la Escritura nos enseña especialmente a reconocer en ellos el poder de Dios y su majestad aterradora. El trueno es la voz de Dios y el relámpago es el fuego de Dios. Juntos impactan tanto los ojos como los oídos, los sentidos por medio de los cuales recibimos gran parte de lo que conocemos.
A Moisés, siervo de Dios, también se le ordenó mantener el orden y el silencio entre el pueblo. Algunos piensan que fue entonces cuando dijo: «Estoy temblando de miedo» (Hebreos 12:21). Sin embargo, Dios calmó su temor al mostrarle un favor especial y llamarlo a subir hasta la cima del monte (Éxodo 19:20). Eso también puso a prueba la fe y el valor de Moisés. Pero apenas había subido una parte del monte, Dios lo mandó de vuelta para impedir que el pueblo atravesara el límite y subiera a mirar lo que estaba sucediendo (Éxodo 19:21). Incluso los sacerdotes, o los líderes de las familias que servían en representación de sus hogares, debían mantenerse a distancia y actuar con mucho cuidado.
Moisés argumentó que ya no hacía falta otra advertencia, pues se había hecho suficiente para mantener al pueblo alejado (Éxodo 19:23). Pero Dios, que sabía cuán tercos y atrevidos podían ser y conocía lo que había en el corazón de algunos de ellos, lo envió rápidamente de vuelta con esta orden: ni los sacerdotes ni el pueblo debían intentar cruzar el límite y subir hasta el Señor. Solo Moisés y Aarón debían acercarse, los hombres que Dios había escogido para honrar.
Observemos lo que Dios les prohibió hacer: atravesar el límite para mirar fijamente. Ya se les había mostrado suficiente para despertar su conciencia, pero no se les permitía alimentar una curiosidad vana. Podían mirar, pero no debían quedarse contemplando. Algunos quizá querían ver alguna forma visible para hacer una imagen de Dios, y Dios los protegió de eso. No vieron forma alguna (Deuteronomio 4:5). En los asuntos espirituales, no debemos desear saber más de lo que Dios ha decidido revelar. Él nos ha dado todo lo que es bueno para nosotros. El deseo de obtener un conocimiento prohibido arruinó a nuestros primeros padres. Quienes intentan ser más sabios que la Escritura y se abren paso a la fuerza hacia cosas que no han visto necesitan escuchar esta advertencia: no deben atravesar el límite para mirar fijamente.
Observemos también el castigo: si cruzaban el límite, el Señor irrumpiría contra ellos y muchos morirían (Éxodo 19:22-24). Las advertencias y las restricciones de Dios son para nuestro bien. Nos impiden lanzarnos al peligro por nuestra propia insensatez. Es peligroso cruzar los límites que Dios ha establecido y tratar de alcanzar lo que él no ha permitido. Bet-semes y Uza pagaron caro su atrevimiento. Aun cuando se nos invita a acercarnos a Dios, debemos recordar que él está en el cielo y nosotros en la tierra. Por eso debemos acercarnos a él con reverencia y temor piadoso.
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De este capítulo
Éxodo 19:1
"En el tercer mes después de que los hijos de Israel salieron de la tierra de Egipto, ese mismo día llegaron al desierto de Sinaí."
Éxodo 19:2
"Habían partido de Refidim y habían llegado al desierto de Sinaí, donde acamparon; allí Israel acampó frente al monte."
Éxodo 19:3
"Moisés subió hasta Dios, y el SEÑOR lo llamó desde el monte y le dijo: Así dirás a la casa de Jacob y anunciarás a los hijos de Israel:"
Éxodo 19:4
"Ustedes han visto lo que hice a los egipcios, y cómo los llevé sobre alas de águilas y los traje hasta mí."
Éxodo 19:5
"Ahora, pues, si en verdad obedecen mi voz y guardan mi pacto, serán mi tesoro especial por encima de todos los pueblos, porque toda la tierra es mía."
Éxodo 19:6
"Y serán para mí un reino de sacerdotes y una nación santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel."
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