Versículo destacado

Deuteronomio 28:1 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" Y sucederá que, si escuchas atentamente la voz del SEÑOR tu Dios, y cuidas de cumplir todos sus mandamientos que hoy te ordeno, el SEÑOR tu Dios te pondrá en alto sobre todas las naciones de la tierra. "

Deuteronomio 28:1

menu_book El versículo en contexto

1 Y sucederá que, si escuchas atentamente la voz del SEÑOR tu Dios, y cuidas de cumplir todos sus mandamientos que hoy te ordeno, el SEÑOR tu Dios te pondrá en alto sobre todas las naciones de la tierra.

2 Todas estas bendiciones vendrán sobre ti y te alcanzarán, si escuchas la voz del SEÑOR tu Dios.

3 Bendito serás en la ciudad y bendito serás en el campo.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Las bendiciones se mencionan antes que las maldiciones para mostrar dos cosas. Primero, Dios es lento para la ira y pronto para mostrar misericordia. Él ha dicho, e incluso jurado, que prefiere vernos obedecer y vivir antes que pecar y morir. Para Dios es un motivo de alegría bendecir.

Segundo, tanto las promesas como las advertencias tienen el propósito de mantenernos en el cumplimiento de nuestro deber. Sin embargo, es mejor ser atraídos hacia el bien por una esperanza sencilla, propia de un hijo, en el favor de Dios, que ser impulsados por el temor de su ira. La mejor obediencia nace del deleite en la bondad de Dios.

Estas son las condiciones para recibir la bendición prometida. Debían escuchar atentamente la voz de Dios (Deuteronomio 28:1, Deuteronomio 28:2), es decir, oírlo por medio de su palabra y hacer todo lo posible por conocer su voluntad (Deuteronomio 28:13). También debían obedecer y cumplir todos sus mandamientos, pues para obedecer primero hay que prestar atención con cuidado. Debían guardar sus mandamientos (Deuteronomio 28:9) y andar en sus caminos, no solo una vez, sino durante toda la vida.

No debían desviarse ni a la derecha ni a la izquierda, ya fuera hacia la superstición o hacia el pecado abierto. Sobre todo, no debían seguir a otros dioses (Deuteronomio 28:14), porque ese era el pecado que más probablemente cometerían y el que más ofendería a Dios. Si mantenían una verdadera devoción a Dios en sus hogares y como nación, tanto en la práctica externa como en la sinceridad interior, Dios ciertamente los bendeciría.

La bendición prometida aquí consistía en que la providencia de Dios haría prosperar todos sus asuntos externos. Se dice que estas bendiciones los alcanzarían (Deuteronomio 28:2). A veces las personas buenas se sienten indignas y piensan que la bendición no les corresponde, pero aun así la bendición las encontrará. En el juicio final, la bendición alcanzará a los justos, aquellos que dicen: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos?» (Mateo 25:37).

Se mencionan varias áreas específicas. Primero, estarían seguros y vivirían en tranquilidad. La bendición reposaría sobre ellos tanto en la ciudad como en el campo (Deuteronomio 28:3). Ya vivieran en la ciudad o en el campo, ya trabajaran en el comercio o en la agricultura, Dios los protegería del peligro y les daría los beneficios propios de su trabajo. Esta bendición también los acompañaría durante sus viajes, al entrar y al salir (Deuteronomio 28:6). Sus vidas estarían protegidas y su trabajo prosperaría.

Esto nos recuerda cuánto dependemos de Dios a cada momento, tanto para la seguridad como para el bienestar de esta vida. Lo necesitamos en cada paso. Si retira su protección, no estamos seguros. Si retiene su favor, no podemos vivir tranquilos. Pero si nos bendice, dondequiera que vayamos, estaremos bien.

Segundo, sus familias crecerían y prosperarían. «Bendito será el fruto de tu vientre» (Deuteronomio 28:4), y Dios haría que fueran numerosos (Deuteronomio 28:11). Esto cumplía la promesa hecha a Abraham: que sus descendientes serían tan numerosos como las estrellas y que Dios sería su Dios. No podía darse una bendición mayor ni más abundante al fruto de su vientre. Véase Isaías 61:9.

Tercero, serían ricos y tendrían abundancia de las cosas buenas de esta vida. Estos bienes no se les darían solo para que los disfrutaran, sino también para que honraran a Dios con ellos y recibieran ánimo para servirlo con alegría y continuar obedeciéndolo. Serían bendecidos en todo lo que tuvieran afuera, en sus cosechas y en su ganado del campo (Deuteronomio 28:4, Deuteronomio 28:11), especialmente en sus vacas y ovejas, que serían bendecidas por causa de ellos y se convertirían en una bendición para ellos. Para esto, Dios prometió enviar la lluvia a su tiempo, llamada su buen tesoro (Deuteronomio 28:12), porque por medio de este río que viene de Dios la tierra produce fruto (Salmo 65:9). Debemos reconocer que nuestros suministros diarios provienen del buen tesoro de Dios y darle gracias por ellos. Si retiene la lluvia, pronto fracasan tanto las cosechas como el ganado.

También serían bendecidos en lo que tenían dentro, en la canasta y en el almacén (Deuteronomio 28:5), es decir, en sus alimentos almacenados y sus graneros (Deuteronomio 28:8). Cuando los productos fueran llevados a casa, Dios los bendeciría y no soplaría sobre ellos, como a veces lo hace (Hageo 1:6, Hageo 1:9). Dependemos de Dios no solo para las cosechas anuales del campo, sino también para el pan diario que sale de la canasta y del almacén; por eso se nos enseña a pedirlo cada día.

Cuarto, tendrían éxito en todo su trabajo, lo que les produciría un gozo constante. «El SEÑOR mandará la bendición», y solo él puede hacerlo, «sobre ti», no solo en todo lo que tienes, sino también en todo lo que haces, en todo aquello en lo que pongas tu mano (Deuteronomio 28:8). Esto también muestra que, aunque fueran ricos, no debían volverse perezosos. Aún debían encontrar un trabajo útil que hacer, y Dios aprobaría su esfuerzo y bendeciría la obra de sus manos (Deuteronomio 28:12). Es la bendición del SEÑOR sobre la mano diligente la que produce la riqueza y la conserva (Proverbios 10:4, Proverbios 10:22).

Quinto, serían honrados entre sus vecinos (Deuteronomio 28:1). «El SEÑOR tu Dios te pondrá en alto sobre todas las naciones». Ya los había puesto en esa posición al hacerlos entrar en pacto con él (Deuteronomio 26:19). Los haría aún más grandes mediante su prosperidad externa, siempre que no arruinaran ese honor por medio del pecado. Su grandeza entre las naciones se manifestaría de dos maneras: en su riqueza y en su poder.

Su riqueza se describe en Deuteronomio 28:12: prestarían a muchas naciones, pero no tendrían necesidad de pedir prestado. Eso les daría una gran influencia, porque el que pide prestado se convierte en siervo del que presta. También puede referirse al comercio, con más productos saliendo de su tierra que entrando en ella.

Su poder se describe en Deuteronomio 28:13. El SEÑOR los pondría como cabeza y les daría autoridad sobre los pueblos que los rodeaban, de modo que otros acudirían a ellos en busca de dirección, tributo y decisiones en sus disputas. Cada gavilla se inclinaría ante la de ellos, y llegarían a ser tan importantes que los pueblos de la tierra les tendrían respeto (Deuteronomio 28:10); reconocerían su verdadera grandeza y dudarían en convertirlos en enemigos. El crecimiento de la devoción a Dios entre ellos, junto con la bendición de Dios sobre ellos, los haría fuertes e imponentes ante las naciones vecinas, como un ejército con sus estandartes.

Sexto, derrotarían a sus enemigos y prosperarían en todas sus guerras. Si alguien se atrevía a levantarse contra ellos e intentaba oprimirlos o entrar en su territorio, lo haría bajo su propio riesgo. Sin duda caería derrotado delante de ellos (Deuteronomio 28:7). El enemigo podría reunirse desde una sola dirección, completamente preparado para la batalla, pero sería dispersado en todas direcciones y huiría por siete caminos, cada hombre corriendo por su vida.

De esto aprendemos, si tan solo las personas lo creyeran, que la piedad y la devoción a Dios son los mejores aliados de la prosperidad externa. En el Nuevo Testamento, las bendiciones materiales no ocupan tanto espacio en las promesas como en el Antiguo Testamento. Sin embargo, nuestro Señor Jesucristo nos ha dado su palabra, y podemos confiar plenamente en ella: si buscamos primero el reino de Dios y su justicia, todas las demás cosas nos serán dadas en la medida que su perfecta sabiduría lo considere conveniente (Mateo 6:33). ¿Quién podría pedir algo más?

También se promete que la gracia de Dios los convertiría en un pueblo santo, firmemente establecido en santidad (Deuteronomio 28:9). Puesto que los había tomado en pacto consigo, los mantendría dentro de ese pacto. Si usaban los medios que él les había dado para permanecer fieles, les concedería la gracia de mantenerse firmes y no apartarse de él. Dios afirmará en santidad a quienes son sinceros en ella, pues tiene el poder para hacerlo (Romanos 16:25).

El que es santo permanecerá santo. Y a quienes Dios afirma en santidad, también los establece como un pueblo que le pertenece; mientras permanezcamos cerca de Dios, él nunca nos abandonará. Esta firmeza en la devoción también haría firme su reputación (Deuteronomio 28:10). Todos los pueblos de la tierra verían y reconocerían que ellos eran llamados por el nombre del SEÑOR. Es decir, serían conocidos como un pueblo de especial valor y gloria, bajo el cuidado y el favor especiales del gran Dios. Comprenderían que un pueblo llamado por el nombre del SEÑOR es ciertamente el pueblo más feliz de la tierra, aunque sus enemigos tuvieran que admitirlo.

Los que cuentan con el favor del cielo son verdaderamente grandes, y con el tiempo eso se hará evidente. Si no en este mundo, quedará claro en aquel día cuando Cristo confiese delante de los seres humanos y de los ángeles que quienes ahora lo reconocen son aquellos a quienes él se complace en honrar.

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