Versículo destacado
Deuteronomio 11:26 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Miren, hoy pongo delante de ustedes una bendición y una maldición: "
Deuteronomio 11:26
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
24 Todo lugar que pisen las plantas de sus pies será de ustedes. Su territorio se extenderá desde el desierto y el Líbano, desde el río, el río Éufrates, hasta el mar más lejano.
25 Nadie podrá mantenerse en pie delante de ustedes. El SEÑOR su Dios pondrá el miedo y el terror de ustedes sobre toda la tierra que pisen, tal como les ha dicho.
26 Miren, hoy pongo delante de ustedes una bendición y una maldición:
27 la bendición, si obedecen los mandamientos del SEÑOR su Dios que les ordeno hoy;
28 y la maldición, si no obedecen los mandamientos del SEÑOR su Dios, sino que se desvían del camino que les ordeno hoy para ir tras otros dioses que no han conocido.
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Aquí Moisés concluye sus exhortaciones generales a obedecer a Dios. Su manera de enseñar es muy conmovedora y debió haber afirmado para siempre el corazón del pueblo en Dios. Debió dejar en ellos una huella profunda que nunca se borrara.
Resume todas sus razones para obedecer en dos palabras: la bendición y la maldición (Deuteronomio 11:26). Es decir, les señala las recompensas y los castigos expuestos en las promesas y advertencias de Dios. Estos son los grandes apoyos de la ley, porque apelan a los dos movimientos principales del corazón humano: la esperanza y el temor.
Moisés puso delante de ellos la bendición y la maldición de tres maneras. Primero, se las explicó para que pudieran entenderlas. Enumeró lo que correspondía a cada una, para que vieran con claridad cuán buena era la bendición y cuán terrible era la maldición. Segundo, las confirmó para que creyeran en ellas. Por medio de las señales que acompañaron su llamado, demostró que la bendición no era una esperanza falsa ni la maldición una amenaza inventada, sino una declaración real del propósito de Dios para ellos. Tercero, los llamó a escoger cuál recibirían, y al hacerlo los trató con toda justicia.
Así, tanto ellos como nosotros recibimos una explicación clara de las condiciones en las que estamos delante del Dios todopoderoso. Si obedecemos sus leyes, podemos tener la certeza de recibir una bendición (Deuteronomio 11:27). Pero si nos negamos a obedecer, podemos tener la misma certeza de recibir una maldición (Deuteronomio 11:28). Díganles a los justos que, como Dios lo ha dicho y nadie puede anularlo, les irá bien. Pero ¡ay de los malvados! Les irá mal.
Moisés también ordenó que la bendición y la maldición fueran proclamadas pública y solemnemente desde los montes Gerizim y Ebal (Deuteronomio 11:29, 30). Más adelante se dan instrucciones detalladas para esta ceremonia (Deuteronomio 27:11 y siguientes), y su cumplimiento se registra en Josué 8:33 y siguientes. Debía llevarse a cabo tan pronto como entraran en Canaán, para que, al tomar posesión de la tierra, supieran bajo qué condiciones la recibirían y la conservarían.
Moisés describe el lugar donde esto ocurriría, aunque él mismo nunca lo vio. Esta es una de muchas señales de que Dios lo guiaba. Se dice que estaba cerca de la llanura —o las encinas, o los prados— de Moreh, uno de los primeros lugares a los que llegó Abraham en Canaán. Al enviarlos allí para escuchar la bendición y la maldición, Dios les recordó la promesa que había hecho a Abraham precisamente en ese lugar (Génesis 12:6, 7).
La mención de este lugar también fortalecía su fe en la promesa de Dios de que pronto poseerían Canaán. Moisés dice que la ceremonia debía realizarse al otro lado del Jordán (Deuteronomio 11:30), porque podían estar seguros de que cruzarían el Jordán (Deuteronomio 11:31). El mandato de celebrar este servicio en Canaán era en sí mismo una prueba de que llegarían allí. Era como la palabra que Dios le dio a Moisés: «Adorarás a Dios en este monte» (Éxodo 3:12).
Esto también los impulsaba a obedecer, para que escaparan de la maldición y recibieran la bendición. Además de todo lo que ya habían escuchado, pronto oirían la bendición y la maldición proclamadas públicamente. Por eso Moisés les advierte: «Tengan cuidado de poner por obra los estatutos y los decretos», para que en aquella gran ceremonia no se convirtieran en testigos contra sí mismos (Deuteronomio 11:32).
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De este capítulo
Deuteronomio 11:1
"Por tanto, amarás al SEÑOR tu Dios y guardarás siempre su encargo, sus estatutos, sus decretos y sus mandamientos."
Deuteronomio 11:2
"Reconozcan hoy esto, porque no hablo con sus hijos, que no han conocido ni han visto la disciplina del SEÑOR su Dios, su grandeza, su mano poderosa y su brazo extendido,"
Deuteronomio 11:3
"ni sus milagros y sus obras, que hizo en medio de Egipto contra el faraón, rey de Egipto, y contra toda su tierra;"
Deuteronomio 11:4
"y lo que hizo al ejército de Egipto, a sus caballos y a sus carros; cómo hizo que las aguas del mar Rojo los cubrieran mientras ellos los perseguían a ustedes, y cómo el SEÑOR los destruyó hasta el día de hoy;"
Deuteronomio 11:5
"ni lo que hizo con ustedes en el desierto, hasta que llegaron a este lugar;"
Deuteronomio 11:6
"ni lo que hizo con Datán y Abiram, hijos de Eliab, hijo de Rubén: cómo la tierra abrió su boca y se los tragó, junto con sus familias, sus tiendas y todos los bienes que poseían, en medio de todo Israel."
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