Versículo destacado
Zacarías 11:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" ¡Abre, Líbano, tus puertas, y que el fuego consuma tus cedros! "
Zacarías 11:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 ¡Abre, Líbano, tus puertas, y que el fuego consuma tus cedros!
2 ¡Llora, oh pino, porque cayó el cedro, porque aquellos árboles hermosos han quedado destruidos! ¡Giman ustedes, encinas de Basán, porque el bosque espeso ha sido derribado!
3 Los pastores lloran a gritos porque la hermosura de los pastos ha quedado destruida. Se oye el rugido del león porque la espesura del Jordán ha quedado destruida.
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Con un lenguaje oscuro y simbólico, común en las Escrituras cuando hablan de acontecimientos lejanos, Zacarías anuncia la destrucción de Jerusalén y del pueblo y la nación judíos. Más adelante, cuando ese momento se acercó, nuestro Señor Jesucristo habló de esa misma destrucción de manera muy clara y directa.
Primero, Zacarías muestra que se está abriendo el camino para esa destrucción (Zacarías 11:1). «Abre tus puertas, Líbano»; el Líbano no abriría sus puertas para recibir a su verdadero Rey, aquel que vino a los suyos y no fue recibido por su propio pueblo. Ahora sus puertas deben abrirse para dejar entrar la ruina. «Que se abran las puertas del bosque y todas sus entradas, y que entre el fuego para devorar su gloria».
Algunos entienden que aquí el Líbano representa el templo, porque fue construido con madera de cedro del Líbano y sus piedras eran blancas como la nieve de sus montañas. Los romanos lo quemaron y sus soldados forzaron sus puertas. Para apoyar esta interpretación, escritores judíos cuentan que, cuarenta años antes de la destrucción del segundo templo, sus puertas se abrieron por sí solas. Después de esa señal, el rabino Johanan dijo, según registra uno de esos escritores: «Ahora sé que la destrucción del templo está cerca, conforme a la profecía de Zacarías: “Abre tus puertas, Líbano, para que el fuego devore tus cedros”».
Otros entienden que el Líbano representa a Jerusalén, o incluso a toda la tierra de Canaán, ya que el Líbano marcaba la entrada norte de esa tierra. En ese caso, el significado es que todo quedaría expuesto al invasor, y que los cedros, es decir, los hombres grandes y nobles, serían destruidos. Eso debía llenar de temor a quienes estaban debajo de ellos, como dice el versículo 2. Si los cedros han caído, si los líderes fuertes y respetados han sido arruinados, que gima el abeto. ¿Cómo pueden mantenerse en pie los débiles abetos si caen los altos cedros? Si los cedros están ardiendo, es tiempo de que los abetos lamenten, porque la madera de abeto se enciende fácilmente. Que también giman las encinas de Basán, porque el bosque de la vendimia, o la viña fructífera que antes se protegía con especial cuidado, ha sido derribado. Algunos entienden esto como una referencia a los bosques protegidos, como el Líbano, que serían talados.
El punto es claro: cuando los sabios y buenos caen en pecado, o cuando los ricos y poderosos caen en desgracia, eso advierte a quienes están mucho más abajo que ellos que no se sientan seguros.
Segundo, Zacarías describe el lamento que sigue a esta destrucción (Zacarías 11:3). Se oye un grito de angustia. Los que han caído claman con dolor y vergüenza, y quienes ven que su propio turno se acerca claman de miedo. Los grandes hombres, en especial, quedan profundamente confundidos. Los mismos que antes rugían en tiempos de celebración y victoria ahora aúllan aterrorizados, porque están sufriendo más que los demás.
Estos grandes hombres eran pastores por el cargo que ocupaban. Debían proteger al rebaño de Dios, el pueblo puesto bajo su cuidado. Esa era la responsabilidad tanto de los gobernantes como de los sacerdotes. En cambio, actuaron como leones jóvenes. Sus rugidos atemorizaban al rebaño, y al despedazarlo lo convertían en su presa. Es triste cuando quienes supuestamente son pastores de un pueblo actúan hacia él como leones salvajes.
¿Qué les sucede al final? Los pastores aúllan porque su gloria ha desaparecido. Sus pastizales y los rebaños que antes los cubrían, orgullo del campo, han quedado devastados. Los leones jóvenes aúllan porque la majestad del Jordán ha sido destruida. Esa «majestad del Jordán» se refiere a la espesura de vegetación que crecía junto a sus riberas y donde descansaban los leones. Cuando el Jordán se desbordaba y destruía esos matorrales, los leones salían rugiendo (Jeremías 49:19).
La lección es clara: cuando quienes están en el poder usan su autoridad con orgullo y crueldad, y actúan como leones en vez de pastores, el Dios justo derribará su orgullo y quebrará sus fuerzas.
De este capítulo
Zacarías 11:2
"¡Llora, oh pino, porque cayó el cedro, porque aquellos árboles hermosos han quedado destruidos! ¡Giman ustedes, encinas de Basán, porque el bosque espeso ha sido derribado!"
Zacarías 11:3
"Los pastores lloran a gritos porque la hermosura de los pastos ha quedado destruida. Se oye el rugido del león porque la espesura del Jordán ha quedado destruida."
Zacarías 11:4
"Esto me dijo el Señor mi Dios: Cuida las ovejas destinadas al matadero."
Zacarías 11:5
"Los compradores las matan sin sentirse culpables, y los vendedores dicen: “¡Gracias al Señor, ya soy rico!” Ni siquiera sus propios pastores tienen compasión de ellas."
Zacarías 11:6
"Pues, del mismo modo, tampoco yo volveré a tener compasión de la gente que vive en este país, sino que voy a entregar a cada uno en manos de su prójimo y en manos de su rey. Estos destruirán el país, y no salvaré a nadie de sus manos. Yo, el Señor, lo afirmo."
Zacarías 11:7
"Entonces me puse a cuidar las ovejas destinadas al matadero. Lo hice por cuenta de los tratantes. Conseguí dos bastones: a uno lo llamé «Bienestar» y al otro, «Unión»."
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