Versículo destacado
Tito 3:9 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Pero evita las discusiones tontas, las leyendas acerca de los antepasados, las discordias y las peleas por cuestiones de la ley de Moisés. Son cosas inútiles y sin sentido. "
Tito 3:9
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
7 para que, después de hacernos justos por su bondad, tengamos la esperanza de recibir como herencia la vida eterna.
8 Esto es completamente cierto, y quiero que insistas mucho en ello, para que quienes creen en Dios se dediquen a hacer el bien. Estas cosas son buenas y útiles para todos.
9 Pero evita las discusiones tontas, las leyendas acerca de los antepasados, las discordias y las peleas por cuestiones de la ley de Moisés. Son cosas inútiles y sin sentido.
10 Si alguien causa divisiones en la iglesia, llámale la atención una y dos veces; pero, si no te hace caso, expúlsalo de ella,
11 pues debes saber que esa persona se ha pervertido y que su propio pecado la está condenando.
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Este es el quinto y último asunto de la carta: lo que Tito debía evitar al enseñar, cómo debía tratar a un hereje y algunas instrucciones más. Pablo quería que su mensaje quedara claro y completo, especialmente por la situación en Creta y por la presencia de tantos maestros judíos allí. Por eso le dice a Tito qué debía evitar en su enseñanza, en Tito 3:9.
Hay preguntas que deben tratarse, porque nos ayudan a crecer en un conocimiento útil. Pero deben evitarse las cuestiones necias y sin sentido, que no contribuyen a la gloria de Dios ni al bien de las personas. Algunas preguntas pueden parecer sabias, pero en realidad están vacías. Eso ocurría con muchas de las enseñanzas de ciertos maestros judíos y, más adelante, también con las de algunos estudiosos que llenaban su mente de preguntas sin valor para la fe ni para la práctica. Tito debía mantenerse alejado de ellas.
Pablo también menciona las genealogías, es decir, las listas de antepasados y familias. Algunos piensan que se refiere a las genealogías de los dioses falsos de las que hablaban tanto los poetas paganos. Pero es más probable que se refiera a las genealogías que los judíos se empeñaban en estudiar. Había investigaciones apropiadas y útiles sobre este tema, especialmente para comprender cómo se cumplía la Escritura y, en particular, para considerar la descendencia de Cristo, el Mesías. Pero todo lo que solo alimentara el orgullo, como presumir de tener una larga línea familiar, era vano. Más vanas todavía eran las preguntas que algunos maestros judíos seguían planteando después de la venida de Cristo y después de que la antigua división entre familias y tribus había quedado atrás.
También advierte contra las contiendas y las disputas acerca de la ley. Algunos querían que los ritos y ceremonias de Moisés, es decir, las leyes religiosas dadas por medio de Moisés, continuaran en la iglesia, aunque el evangelio y la venida de Cristo ya habían dejado atrás esas disposiciones. Tito no debía respaldar esas ideas, sino evitarlas y oponerse a ellas. Pablo dice que son inútiles y vanas. Esto se aplica tanto a esas disputas acerca de la ley como a las cuestiones necias y las genealogías. Lejos de enseñar piedad y edificar a los creyentes, las obstaculizan. Debilitan la fe cristiana y las buenas obras, perturban la paz de la iglesia y frenan la propagación del evangelio.
Los ministros no solo deben enseñar lo que es bueno y útil. También deben evitar y resistir lo que corrompe la fe y estorba la piedad y las buenas obras. Las personas no deben anhelar opiniones nuevas y llamativas. Deben amar y recibir la enseñanza sana, porque es la que mejor las edifica.
Luego Pablo pasa a explicar lo que Tito debía hacer si surgían herejías, es decir, enseñanzas falsas graves, en la iglesia, en Tito 3:10. A la persona que se aparta de la verdad tal como se encuentra en Cristo Jesús, difunde falsas enseñanzas sobre asuntos importantes y perturba la paz de la iglesia, se le debe rechazar después de haber intentado corregirla debidamente. Primero debe ser advertida una vez y luego otra, para que, si es posible, vuelva al camino correcto y se recupere a ese hermano. Pero si permanece sin cambiar y existe el riesgo de que otros resulten perjudicados, debe ser apartada de la comunión de la iglesia, y los cristianos deben ser advertidos para que la eviten.
Pablo dice que esa persona está pervertida, es decir, se ha apartado del fundamento verdadero, y que peca gravemente, pues ella misma se condena. Quienes no aceptan la corrección, sino que permanecen obstinados en el error y el pecado, ya se están condenando a sí mismos. Se colocan fuera de la iglesia y rechazan su comunión; por eso son culpables por su propia decisión.
Esto muestra cuán grave es la verdadera herejía, y por eso no debe acusarse de ella a nadie a la ligera, aunque todos debemos cuidarnos de ella. Tal persona está «trastornada» o arruinada, como un edificio tan dañado que resulta difícil, si no imposible, repararlo. Pocas veces los verdaderos herejes han regresado a la fe verdadera. El problema a menudo no es simplemente un juicio débil, sino una voluntad obstinada, impulsada por el orgullo, la ambición, la terquedad, la avaricia u otra corrupción semejante. Por eso debemos vigilar cuidadosamente contra esos pecados. Si somos humildes, amamos la verdad y vivimos conforme a ella, Dios nos guardará de destruirnos con el error.
Aun así, quienes caen en un error grave deben ser tratados con paciencia. No hay que darlos por perdidos demasiado pronto. Deben emplearse el tiempo suficiente y los medios apropiados para intentar recuperarlos. La manera de actuar de la iglesia frente a los herejes debe seguir siendo persuasiva y razonable. Hay que advertirles, enseñarles e instruirlos, que es lo que implica la palabra de Pablo. Si permanecen obstinados y rechazan la corrección, la iglesia tiene tanto el derecho como el deber de proteger su pureza apartando a ese miembro corrupto. Esa disciplina puede, con la bendición de Dios, corregir al ofensor. Si no lo hace, por lo menos dejará más clara su culpabilidad ante el juicio.
Luego Pablo añade otras instrucciones en Tito 3:12 y Tito 3:13. Una de ellas es personal: Tito debía estar listo para ir a reunirse con Pablo en Nicópolis, una ciudad de Tracia, cerca de Macedonia, tan pronto como Artemas o Tíquico fueran enviados a Creta para ocupar su lugar y cuidar de las iglesias allí. Pablo no quería que esas iglesias jóvenes y débiles quedaran sin alguien capaz de guiarlas y ayudarlas. Tito no parece haber sido su obispo o pastor permanente, sino más bien un evangelista, pues Pablo podía llamarlo para que dejara la obra en Creta. Sabemos poco acerca de Artemas, pero Tíquico aparece mencionado varias veces con honor. Pablo lo llama hermano amado, ministro fiel y colaborador en el servicio del Señor, así que estaba bien capacitado para esa tarea.
Cuando Pablo le dice a Tito que haga todo lo posible por ir a reunirse con él en Nicópolis, porque había decidido pasar allí el invierno, queda claro que la carta no fue escrita desde Nicópolis. Si así hubiera sido, Pablo habría dicho que había decidido pasar allí el invierno, no que pensaba hacerlo allí.
La otra instrucción personal es que Tito ayudara cuidadosamente a Zenas, el intérprete de la ley, y a Apolos en su viaje, y que se asegurara de que tuvieran todo lo necesario. Esto no era solo una muestra de bondad común, sino un servicio cristiano hecho por respeto a esos hombres y a la obra que realizaban. Probablemente viajaban para predicar el evangelio o servir de alguna otra manera a las iglesias. A Zenas se le llama intérprete de la ley, aunque no es seguro si se trataba de un experto en la ley romana o en la ley de Moisés, o simplemente de alguien cuya profesión había sido la de estudiar la ley. Apolos era un ministro conocido y fiel. Acompañar a hombres como ellos durante parte del viaje y ayudarlos con lo necesario era un servicio santo y útil.
Para animar a los creyentes a hacerlo, Pablo repite lo que ya le había dicho a Tito que enseñara, en Tito 3:8: nuestro pueblo debe aprender a dedicarse a las buenas obras para atender las necesidades urgentes, a fin de que no sean improductivos.
Los cristianos, es decir, quienes han creído en Dios, deben aprender a seguir haciendo buenas obras. Esto incluye apoyar a los ministros en su labor de predicar y extender el evangelio, para que lleguen a ser colaboradores en la verdad (3 Juan 1:5-8). No deben ser improductivos. El cristianismo no es una profesión estéril. Quienes lo profesan deben estar llenos del fruto de justicia producido por medio de Jesucristo, para la gloria y la alabanza de Dios.
No basta con que los creyentes no hagan daño. También deben ser útiles, haciendo el bien además de evitar el mal. Algunos entienden esto como un llamado a dedicarse a un trabajo honrado y perseverar en él, para poder sostenerse a sí mismos y a sus familias y no convertirse en cargas inútiles para la sociedad. No deben pensar que el cristianismo les da derecho a desperdiciar la vida sin hacer nada. Al contrario, les impone el deber de buscar un trabajo honrado y una ocupación legítima, y de ser fieles en ella delante de Dios.
Esto da buen nombre a la fe y beneficia a los demás. Así, los creyentes no serán miembros inútiles de la sociedad ni una carga o un gasto para otros. Más bien, podrán ayudar a quienes tienen necesidad. Deben perseverar en las buenas obras para atender las necesidades urgentes. No deben vivir a costa del trabajo ajeno, sino dar fruto para el bien común.
El apóstol termina con saludos y bendiciones. Aunque quizá no conocía personalmente a algunos de ellos, todos enviaban por medio de Pablo su cariño y sus buenos deseos a Tito. De ese modo mostraban su apoyo a la labor de Tito y lo animaban a seguir adelante. Es un gran consuelo y estímulo saber que otros cristianos nos tienen presentes en su corazón y oran por nosotros.
Saluda a quienes nos aman en la fe, es decir, a nuestros queridos hermanos en Cristo. La santidad, o la semejanza de una persona con Dios, es lo que más une a las personas y fortalece cualquier otro vínculo. «Que la gracia sea con todos ustedes. Amén». Esta bendición final no era solo para Tito, sino también para todos los creyentes que estaban con él. Esto muestra que, aunque la carta lleva el nombre de Tito, también estaba destinada a las iglesias de aquella región y que ellas estaban en el corazón del apóstol mientras escribía.
«Que la gracia esté con todos ustedes» significa el amor y el favor de Dios, junto con las bendiciones que fluyen de ellos, según la necesidad de cada persona, especialmente sus necesidades espirituales, y una conciencia cada vez mayor de esas bendiciones en su interior. Esta es la oración y el deseo del apóstol por ellos. Muestra tanto su afecto como su anhelo por el bien de ellos, y también es una manera de pedirle a Dios que les conceda lo que necesitan. La gracia es lo principal que debemos pedir, tanto para nosotros como para los demás. En una palabra, incluye todo bien. «Amén» cierra la oración con deseo y esperanza; en efecto, expresa: «Que así sea», y así será.
De este capítulo
Tito 3:1
"Recuérdales a los demás que se sometan al gobierno y a las autoridades, que sean obedientes y que siempre estén dispuestos a hacer lo bueno."
Tito 3:2
"Que no hablen mal de nadie, que sean pacíficos y bondadosos, y que se muestren humildes de corazón al tratar con todos."
Tito 3:3
"Porque también nosotros antes éramos insensatos y rebeldes; andábamos perdidos y éramos esclavos de toda clase de deseos y placeres. Vivíamos en la maldad y la envidia, odiados y odiándonos unos a otros."
Tito 3:4
"Pero Dios nuestro Salvador mostró su bondad y su amor por la humanidad,"
Tito 3:5
"y, sin que nosotros hubiéramos hecho nada bueno, nos salvó por pura misericordia, lavándonos y regenerándonos, y dándonos nueva vida por medio del Espíritu Santo."
Tito 3:6
"Pues, por medio de Jesucristo nuestro Salvador, nos dio el Espíritu Santo en abundancia,"
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