Eclesiástico 42:1
En cambio, no debes avergonzarte de estas cosas ni dejar de hacerlas por respeto humano:
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26 versículos | Biblia BibleGuided — Español
En cambio, no debes avergonzarte de estas cosas ni dejar de hacerlas por respeto humano:
de la ley y los mandatos del Altísimo, y de hacer justicia y condenar al culpable;
de hacer cuentas con el socio o el patrón, y de repartir una herencia o propiedad;
de usar balanzas exactas y de no engañar en las pesas y medidas;
de llevar cuentas de lo grande y lo pequeño, y de discutir el precio con el comerciante; de corregir a los hijos con frecuencia y de castigar a un mal esclavo;
de guardar bajo sello a una mujer mala y de cerrar con llave donde hay muchas manos;
de contar el dinero que te hayan confiado y de anotar todo lo que entregues o recibas;
de corregir a los insensatos y a los tontos, y al viejo que se junta con prostitutas. Así serás verdaderamente ilustre y todos te considerarán prudente.
La hija es para el padre un tesoro inseguro; la preocupación por ella le hace perder el sueño. Si es joven, teme que se quede sin casar; si está casada, teme que el marido la repudie.
Si es soltera y aún vive con su padre, teme que la violen y quede embarazada; si está casada y ya vive con su esposo, teme que sea infiel o que resulte estéril.
Hijo mío, vigila mucho a tu hija soltera, para que no te traiga mala fama, habladurías de la ciudad y deshonra entre la gente, ni te haga avergonzar ante la asamblea. En su aposento no debe haber ventana, ni su entrada debe verse desde todas partes.
Que no muestre su belleza a cualquier hombre ni trate íntimamente con otras mujeres.
Porque de la ropa sale la polilla, y de la mujer sale la maldad de la mujer.
Más vale un esposo duro que una mujer complaciente, y una hija temerosa que cualquier deshonra.
Voy a recordar lo que Dios ha hecho y a contar lo que yo mismo he visto. A una orden de Dios, todo fue hecho, y hace todo lo que él quiere.
El sol, al salir, brilla en todas partes; así, la gloria del Señor se revela en todo lo creado.
Ni siquiera los ángeles de Dios son capaces de contar las maravillas del Señor. Dios da fuerza a sus ejércitos del cielo para que se mantengan firmes ante su majestad.
Él sondea el océano y el corazón del hombre, y conoce todos los secretos de ambos. El Altísimo sabe todas las cosas y desde la eternidad ya ve el porvenir.
Él revela el pasado, anuncia el futuro y descubre los secretos más ocultos.
No hay conocimiento que él no tenga; nada se le esconde.
La eficacia de su sabiduría está bien establecida; él es el mismo desde la eternidad. No hay nada que añadirle ni quitarle; no necesita que nadie le dé instrucciones.
¡Qué hermoso es todo lo que él ha hecho, hasta la última chispa de lo que podemos ver!
Todo vive y permanece para siempre, y es guardado para cualquier necesidad.
Todas las cosas son distintas, y no hizo nada inútil.
¡Una tras otra muestran su belleza, y uno no se cansa de contemplar su hermosura!
El texto exhorta a actuar con justicia, llevar cuentas claras, usar medidas exactas y corregir el engaño en las relaciones comerciales y sociales.
La sección sobre la hija refleja las preocupaciones, estructuras familiares y expectativas de honor de una sociedad antigua. Sus afirmaciones deben leerse históricamente y no como una justificación automática de la vigilancia, el control o la desigualdad actuales.
Dios conoce el océano, el corazón humano, el pasado y el futuro; nada se oculta ante su sabiduría ni necesita ser corregido.
Eclesiástico, también llamado Sirácida, pertenece a la literatura sapiencial judía y fue compuesto en el período del Segundo Templo. Este capítulo combina consejos sobre administración, honor familiar y disciplina con una alabanza de la creación. Las referencias a herencias, socios, comerciantes, esclavos y la protección de la reputación familiar corresponden a instituciones y valores del mundo antiguo. En particular, los versículos sobre las hijas expresan una visión patriarcal y temores sociales de ese contexto; no deben separarse de su marco histórico ni usarse para justificar abuso, control coercitivo o inferioridad de las mujeres.
El capítulo tiene dos movimientos principales. Los versículos 1-14 presentan exhortaciones prácticas sobre justicia, dinero, disciplina y honor familiar, con una sección extensa sobre los riesgos que el autor asociaba con la vida de una hija en su sociedad. Los versículos 15-25 cambian a un himno contemplativo: primero describen el conocimiento y la sabiduría de Dios, y luego celebran la belleza, diversidad y permanencia de sus obras. El contraste une la conducta humana con una visión más amplia del orden creado por Dios.
El capítulo presenta a Dios como creador, sabio y plenamente conocedor de lo visible y lo oculto. La creación no aparece como algo inútil o accidental, sino como una realidad diversa que refleja la gloria divina. Al mismo tiempo, la primera parte muestra que la sabiduría bíblica está situada en una sociedad concreta y puede contener normas culturales que requieren discernimiento. La afirmación de que Dios conoce todas las cosas ofrece una visión de su grandeza, pero no autoriza a las personas a invadir la conciencia ajena ni a controlar a otros en nombre de la religión.
El capítulo puede resonar con personas que valoran la honestidad, cargan responsabilidades económicas o encuentran consuelo al contemplar la belleza de la creación. Su segunda mitad puede favorecer una perspectiva de asombro y descanso frente a la sensación de que todo depende del control humano. Sin embargo, los pasajes sobre hijas, honor familiar, vigilancia, castigo y esclavitud pueden despertar vergüenza, miedo o recuerdos de control y abuso. Una lectura cuidadosa reconoce esas reacciones, distingue entre descripción histórica y orientación saludable para el presente, y afirma la dignidad, seguridad y libertad de cada persona.
El capítulo combina enseñanzas sobre integridad práctica con una alabanza de la sabiduría y la belleza de Dios en la creación. También contiene normas familiares antiguas que requieren una lectura histórica y crítica.
Reflejan una sociedad patriarcal preocupada por el honor familiar, el matrimonio, la violencia sexual y la herencia. Describen temores y normas de ese contexto, pero no deben usarse hoy para justificar la vigilancia extrema, el aislamiento o el control de las mujeres.
Afirma que Dios conoce y sostiene su creación, que sus obras son diversas y que nada fue hecho inútilmente. La belleza del mundo puede conducir a la admiración, la gratitud y la humildad ante la sabiduría divina.
No necesariamente. El texto destaca el conocimiento de Dios desde una perspectiva de grandeza y misterio. La relación entre la sabiduría divina y la responsabilidad humana ha sido interpretada de distintas maneras dentro de las tradiciones cristianas.
Invita a practicar la honestidad en el trabajo y en el manejo del dinero, a tratar las relaciones familiares con justicia y a cultivar una mirada agradecida hacia la creación. También pide discernir qué elementos pertenecen al contexto antiguo y cuáles expresan principios más amplios.
Este capítulo reúne responsabilidades, temores familiares y una invitación al asombro. Algunas palabras sobre las hijas y el honor pueden resultar pesadas o dolorosas, especialmente para quienes han vivido control o vergüenza. La contemplación final ofrece un espacio distinto: la vida no está definida solamente por el miedo humano; la creación entera proclama una belleza más grande que nuestras ansiedades.
La composición del capítulo es significativa: comienza con sabiduría práctica, atraviesa normas familiares propias de una sociedad patriarcal y termina con un himno sobre la creación. Conviene distinguir entre el principio de integridad que el texto promueve y las aplicaciones sociales concretas que pertenecen a su contexto. Los versículos 15-25 amplían la perspectiva desde la administración humana hacia el conocimiento y el orden de Dios.
La parte práctica puede traducirse en cuentas transparentes, acuerdos claros y medidas honestas. En el ámbito familiar, el cuidado responsable no equivale a vigilar o controlar; incluye límites seguros, respeto mutuo y trato digno. La sección final recuerda que una vida bien ordenada también necesita pausas para observar, agradecer y reconocer que no todo depende de la gestión humana.
El capítulo conduce de lo cotidiano a lo contemplativo. Las cuentas, las decisiones familiares y la responsabilidad humana encuentran su horizonte en el Dios cuya sabiduría penetra lo visible y lo secreto. Al mirar la diversidad y la belleza de lo creado, el corazón puede pasar del afán de dominar a una postura de reverencia: recibir el mundo como obra que apunta más allá de sí misma.
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