Eclesiástico 36:1
Sálvanos, Dios del universo, y haz que todas las naciones te teman;
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28 versículos | Biblia BibleGuided — Español
Sálvanos, Dios del universo, y haz que todas las naciones te teman;
amenaza al pueblo extranjero para que experimente tu fuerza.
Tú nos castigaste para mostrarles a ellos tu santidad; castígalos también a ellos y muéstranos así tu gloria,
para que reconozcan, como nosotros reconocemos, que no hay Dios fuera de ti.
Renueva tus prodigios, repite tus maravillas y muestra tu gloria y el poder de tu brazo.
Haz que se encienda tu ira, descarga tu enojo, y humilla y dispersa a nuestros enemigos.
Haz que llegue pronto el momento señalado, pues nadie puede pedirte cuentas de lo que haces.
Que el fuego ardiente devore al que escape, y que perezcan los que hacen daño a tu pueblo.
Destroza al jefe de los enemigos, que dice: «No hay nadie igual a mí».
Reúne a todas las tribus de Jacob para que se establezcan en su tierra como antiguamente.
Ten piedad del pueblo que lleva tu nombre, de Israel, a quien escogiste como a un primer hijo.
Ten piedad de tu santa ciudad, de Jerusalén, el lugar donde tú vives.
Llena a Sión de tu majestad; llena tu templo con tu gloria.
Son las primeras cosas que creaste; muéstrate a favor de ellas y haz que se cumplan las profecías dichas en tu nombre.
Da el premio a quienes esperan en ti y demuestra que tus profetas dijeron la verdad.
Escucha las oraciones de tus siervos, conforme al amor que tienes a tu pueblo,
y que se sepa en todos los rincones de la tierra que tú eres Dios del universo.
La garganta puede pasar cualquier alimento, pero unos alimentos son más sabrosos que otros.
El paladar distingue los sabores, y la inteligencia distingue las mentiras.
Una mente malvada causa sufrimientos, pero el hombre fuerte se los devuelve.
La mujer acepta a cualquiera como esposo, pero unas mujeres son más bonitas que otras.
Ver a una mujer bella es un placer; no hay nada más agradable;
y si además es afable en su conversación, su marido no tiene igual entre los hombres.
El que obtiene esposa comienza a hacer fortuna y tiene ayuda, protección y apoyo.
Un viñedo sin cerca es saqueado, y un hombre sin esposa anda de un lugar a otro.
¿Quién confía en una banda de gente armada que va de ciudad en ciudad?
Así es el hombre que no tiene nido, que descansa donde la noche lo sorprende.
La oración clama a Dios en medio de la opresión y le pide que actúe contra quienes amenazan a su pueblo. El lenguaje expresa el deseo de que el mal sea juzgado y de que la justicia divina sea reconocida.
Israel, Jerusalén y Sión aparecen como el pueblo y el lugar asociados con el nombre y la presencia de Dios. La súplica pide restauración, cumplimiento de las profecías y reconocimiento público del Dios del universo.
Así como el paladar distingue los sabores, la inteligencia debe distinguir las mentiras. La sabiduría bíblica presenta el discernimiento como una capacidad necesaria para evaluar personas, palabras y decisiones.
La segunda parte valora la belleza, la afabilidad y la ayuda que puede existir dentro del matrimonio. Sus imágenes reflejan las expectativas sociales y familiares de su época, por lo que deben leerse junto con el respeto a la dignidad y la responsabilidad mutua.
Eclesiástico, también llamado Sirácida, pertenece a la literatura sapiencial judía y fue compuesto en el período del Segundo Templo, antes de la época romana. Este capítulo combina una oración nacional por la restauración de Israel con dichos sobre la vida cotidiana. Las referencias a Jacob, Israel, Jerusalén, Sión, el templo y las profecías reflejan la identidad religiosa y comunitaria de Israel. Las observaciones sobre el matrimonio y la dependencia social corresponden a un mundo antiguo en el que la familia, el hogar y la protección comunitaria tenían un peso central. El lenguaje contra los enemigos forma parte de las oraciones de súplica y juicio presentes en la tradición bíblica; no debe convertirse automáticamente en una justificación de la violencia contra personas o pueblos actuales.
El capítulo tiene dos secciones principales. Los versículos 1-17 forman una oración colectiva dirigida al Dios del universo: comienzan con una petición de salvación y juicio, pasan a la restauración de Israel y Jerusalén, y terminan con una petición de que todas las naciones reconozcan a Dios. Los versículos 18-20 presentan una breve comparación entre el gusto físico y el discernimiento moral. Los versículos 21-27 ofrecen observaciones sapienciales sobre la elección de pareja, la belleza, la afabilidad, la ayuda mutua y la vulnerabilidad de quien vive sin hogar ni apoyo estable.
El capítulo presenta a Dios como soberano sobre las naciones, defensor de su pueblo y fiel a sus promesas. La oración no oculta el dolor causado por la opresión, pero lo coloca ante Dios y pide que su santidad y su justicia sean conocidas. La restauración de Israel se relaciona con la esperanza de que la gloria de Dios alcance a toda la tierra. La sección sapiencial añade que la fe también requiere discernimiento en la vida concreta. Las afirmaciones sobre el matrimonio deben interpretarse desde el conjunto de la dignidad humana y la responsabilidad mutua, no como una negación del valor de las personas solteras ni como una obligación universal de casarse.
El capítulo puede acompañar experiencias de impotencia, duelo comunitario, injusticia y anhelo de seguridad. La primera parte da palabras a la indignación y al deseo de que Dios intervenga, mientras que la segunda valora el discernimiento, la compañía y la estabilidad. También puede despertar tensión por su lenguaje de castigo contra los enemigos, por sus generalizaciones sobre las mujeres y por la manera en que describe la vida sin esposa. Una lectura cuidadosa permite reconocer esas tensiones sin invalidar el dolor que expresa el texto ni usarlo para justificar hostilidad, dependencia o vergüenza.
El capítulo sugiere varias prácticas: nombrar ante Dios la injusticia sin ocultar la rabia; pedir que el deseo de justicia no se convierta en desprecio por otras personas; revisar con honestidad las palabras y promesas que se reciben; buscar relaciones basadas en afabilidad, respeto y apoyo mutuo; y valorar redes de compañía para quienes atraviesan soledad o inestabilidad. También invita a leer los textos antiguos con discernimiento, distinguiendo la esperanza central del capítulo de las formas culturales y bélicas propias de su contexto.
Pide salvación, justicia frente a los enemigos, restauración de Israel y Jerusalén, cumplimiento de las promesas proféticas y reconocimiento universal del Dios del universo.
Es lenguaje de súplica y juicio propio de una comunidad que experimenta amenaza y opresión. Presenta el deseo de justicia ante Dios, pero no autoriza a dirigir violencia contra personas o pueblos actuales.
La comparación con el paladar enseña que la sabiduría incluye evaluar lo que se escucha. El discernimiento ayuda a reconocer engaños, consecuencias dañinas y diferencias entre lo verdadero y lo falso.
No. El texto valora el matrimonio dentro de su contexto social antiguo, pero no presenta el matrimonio como condición del valor, la madurez o la protección de una persona. La dignidad humana no depende del estado civil.
Jerusalén aparece como la ciudad santa vinculada con la presencia de Dios. La oración pide su misericordia, restauración y gloria como parte de la esperanza comunitaria de Israel.
Este capítulo da voz a una comunidad herida que no quiere que su dolor pase desapercibido. Su clamor busca seguridad, justicia y la certeza de que Dios sigue viendo lo que ocurre. También reconoce que la soledad y la falta de un lugar estable pueden pesar profundamente. El texto puede recibirse como una oración honesta, sin negar la rabia, pero dejando que el deseo de justicia permanezca delante de Dios en vez de transformarse en daño contra otras personas.
La composición une una súplica nacional de restauración con proverbios sobre el discernimiento y el matrimonio. Los versículos 1-17 pertenecen al lenguaje litúrgico de una comunidad que interpreta su historia a la luz de la fidelidad de Dios; los versículos 18-27 cambian a observaciones sapienciales sobre la vida diaria. La lectura requiere distinguir entre el mensaje teológico del capítulo y las estructuras sociales antiguas que aparecen en sus imágenes, especialmente en la sección sobre las mujeres y el matrimonio.
La sabiduría práctica del capítulo se concentra en tres hábitos: evaluar con cuidado lo que se escucha, no ignorar los efectos de la maldad y construir vínculos confiables. Sus imágenes sobre el matrimonio destacan el valor del apoyo mutuo, pero una relación sana no se basa en posesión ni dependencia forzada. La estabilidad también puede crecer mediante amistades, familia, comunidad de fe y otras redes responsables de apoyo.
La oración comienza con una necesidad particular y termina mirando hacia todas las naciones: la restauración del pueblo tiene como horizonte que la gloria de Dios sea reconocida en toda la tierra. Así, la esperanza no se reduce a escapar del sufrimiento; apunta a una realidad en la que la verdad, la santidad y la justicia de Dios se hagan visibles. El discernimiento y la vida compartida aparecen como formas concretas de caminar hacia esa esperanza.
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