Eclesiástico 19:1
El que hace eso nunca llegará a ser rico; el que descuida las cosas pequeñas terminará en la ruina.
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28 versículos | Biblia BibleGuided — Español
El que hace eso nunca llegará a ser rico; el que descuida las cosas pequeñas terminará en la ruina.
El vino y las mujeres llevan al libertinaje, y el que anda con prostitutas se vuelve descarado.
Se pudrirá, los gusanos se lo comerán y su descaro será aniquilado.
El que confía a la primera es un espíritu ligero; el que peca se hace daño a sí mismo.
El que disfruta haciendo el mal será condenado.
El que domina su lengua vivirá en paz, y el que odia la murmuración sufrirá poco.
No repitas los chismes y te evitarás perjuicios.
No los cuentes ni de amigos ni de enemigos; no los reveles, a menos que peques por callar.
Si uno de ellos te oye, desconfiará de ti y más tarde te odiará.
Si te cuentan algo, guárdalo hasta la tumba; no te preocupes, que no vas a reventar.
Un imprudente que guarda un secreto sufre más que una mujer de parto.
Como una flecha clavada en la pierna es un secreto en el pecho de un imprudente.
Si te cuentan algo de un amigo, pregúntale; quizá él no haya hecho lo que dicen. Y si lo hizo, hazlo para que no vuelva a hacerlo.
Si te cuentan algo de tu prójimo, pregúntale; quizá no haya dicho lo que le atribuyen. Pero si lo dijo, hazlo para que no vuelva a decirlo.
Pregunta al amigo; con frecuencia es pura calumnia. No creas todo lo que dicen.
A veces uno se equivoca, pero sin querer; ¿quién no ha pecado con la lengua?
Antes de amenazar al prójimo, pregúntale; deja que la ley del Altísimo siga su curso.
Toda la sabiduría consiste en honrar al Señor y cumplir su ley.
Saber mucho de maldad no es sabiduría; seguir el consejo de los pecadores no es sensatez.
Hay una astucia detestable, pero hay tontos que no tienen la culpa.
Más vale ser ignorante y honrar a Dios que ser muy listo y faltar a la ley.
Hay una habilidad consumada, pero injusta, y hay quien actúa torcidamente para que le hagan justicia.
Hay quien anda agachado y triste, pero por dentro está lleno de engaños;
agacha la cabeza y se hace el sordo, pero cuando no lo ven, te saca ventaja,
y si ahora no tiene fuerza para hacerte mal, en la primera ocasión te causará algún perjuicio.
Por la cara se conoce a una persona, y por el aspecto se distingue al sabio.
La manera de vestirse, de reír y de caminar muestra lo que uno es.
El capítulo relaciona la falta de dominio propio con la ruina y el daño personal. El uso responsable de los placeres y de las palabras forma parte de una vida sabia.
La sabiduría evita repetir rumores y trata la información delicada con discreción. El texto también aconseja verificar las acusaciones antes de juzgar o confrontar a alguien.
Saber mucho sobre la maldad o actuar con astucia no equivale a ser sabio. La sabiduría auténtica se expresa en honrar al Señor y cumplir su ley.
Eclesiástico, también llamado Sirácida, pertenece a la literatura sapiencial judía. Fue compuesto en un contexto en el que la formación moral, la vida comunitaria y la fidelidad a la ley del Señor eran esenciales para preservar la identidad y la conducta del pueblo. Este capítulo reúne enseñanzas breves sobre el habla, los secretos, la reputación, el discernimiento y la relación entre sabiduría y obediencia.
El capítulo está formado por varias instrucciones sapienciales relacionadas entre sí. Primero contrasta el exceso y el dominio de la lengua (1-6). Después desarrolla la responsabilidad de guardar secretos, comprobar rumores y evitar acusaciones precipitadas (7-17). Finalmente define la verdadera sabiduría como reverencia al Señor y obediencia a su ley, y concluye con observaciones sobre el engaño y las señales externas del carácter (20-30).
El capítulo enseña que la sabiduría bíblica no consiste solamente en acumular conocimiento, sino en orientar la conducta hacia Dios. Honrar al Señor, cumplir su ley, controlar la lengua y actuar con justicia aparecen como expresiones inseparables de una vida sabia. El texto también presenta el discernimiento como una virtud necesaria: no todo lo que se escucha debe creerse, y las apariencias deben evaluarse con prudencia. Sus advertencias llaman a rechazar la maldad sin convertir la corrección en humillación o juicio impulsivo.
El capítulo aborda asuntos que pueden afectar profundamente el bienestar emocional: impulsividad, vergüenza, rumores, traición de la confianza y conflictos dentro de las relaciones. Su énfasis en moderar las palabras y verificar la información puede favorecer una comunicación más cuidadosa y menos reactiva. A la vez, sus imágenes severas pueden despertar culpa o temor, por lo que conviene leerlas como sabiduría moral que llama a la responsabilidad, no como una definición del valor permanente de una persona.
Este capítulo puede orientar una vida marcada por la pausa y el discernimiento: examinar los hábitos que están causando daño, pensar antes de repetir información, verificar una acusación directamente cuando sea seguro hacerlo y distinguir entre una corrección responsable y una reacción impulsiva. También invita a evaluar la sabiduría no por la astucia o la cantidad de conocimiento, sino por la reverencia al Señor, la obediencia y la manera justa de tratar a los demás.
La sabiduría se demuestra mediante el dominio propio, el cuidado de la lengua, la prudencia con los rumores y una vida orientada a honrar al Señor y cumplir su ley.
Advierte que repetir información puede causar perjuicio, destruir la confianza y alimentar conflictos. Por eso recomienda no creer todo lo que se dice y comprobar los hechos con prudencia.
Porque, según este capítulo, el conocimiento y la astucia no bastan. La verdadera sabiduría incluye reverencia a Dios y una conducta coherente con su voluntad.
Se refiere a tratar con discreción la información confiada y no difundir rumores. No exige ocultar abusos, amenazas ni situaciones de peligro, donde buscar protección y ayuda es lo responsable.
El texto menciona señales externas como parte del discernimiento, pero no autoriza a juzgar a alguien de manera definitiva por su apariencia. La prudencia requiere observar los hechos y evitar conclusiones apresuradas.
Este capítulo reconoce cuánto daño pueden causar las palabras impulsivas, los rumores y la traición de una confianza. También puede despertar vergüenza por decisiones pasadas. Su llamado al dominio propio no tiene que convertirse en desprecio hacia uno mismo: invita a detenerse, reparar el daño cuando sea posible y buscar relaciones donde la verdad se trate con cuidado y misericordia.
La unidad del capítulo está en su comprensión práctica de la sabiduría. El texto no la reduce a información, sino que la vincula con reverencia al Señor, obediencia, dominio de la lengua y discernimiento comunitario. La sección sobre rumores introduce una cautela importante: una acusación debe ser examinada, y la corrección debe buscar la verdad sin adoptar automáticamente la calumnia.
La enseñanza puede traducirse en hábitos concretos: no reenviar información dudosa, confirmar los hechos antes de confrontar, elegir con cuidado a quién se confían asuntos delicados y revisar los patrones que están produciendo pérdidas o conflictos. La meta no es controlar cada detalle de la vida, sino reducir decisiones impulsivas y actuar con mayor responsabilidad.
Eclesiástico 19 presenta la sabiduría como una forma de vida delante de Dios. La reverencia al Señor reorganiza el deseo, la palabra y la relación con los demás. Bajo la superficie de sus advertencias aparece una invitación a vivir con integridad: no dejarse gobernar por el exceso, la astucia o la opinión ajena, sino permitir que la obediencia forme un corazón atento y verdadero.
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