Versículo destacado
Salmos 98:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" ¡Canten al Señor una canción nueva, pues ha hecho maravillas! ¡Ha alcanzado la victoria con su gran poder, con su santo brazo! "
Salmos 98:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 ¡Canten al Señor una canción nueva, pues ha hecho maravillas! ¡Ha alcanzado la victoria con su gran poder, con su santo brazo!
2 El Señor ha anunciado su victoria y ha mostrado su justicia a la vista de las naciones;
3 ha tenido presentes su amor y su lealtad hacia el pueblo de Israel. ¡Hasta el último rincón del mundo ha sido vista la victoria de nuestro Dios!
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Una vez más se nos llama a cantarle al Señor una canción nueva, como en (Salmo 96:1). Canta la mejor canción que tengas: la más noble y excelente. La canción del amor de Cristo es como el Cantar de los Cantares de Salomón, una canción superior a todas las canciones. Una canción de alabanza por el amor redentor es una canción nueva, porque celebra una maravilla que nunca antes había sido cantada. Era un misterio oculto durante largos siglos y generaciones.
Quienes se convierten cantan una canción nueva, muy diferente de la anterior. Su asombro cambia, su alegría cambia y, por eso, también cambia su canción. Si Dios pone en nosotros un corazón nuevo, también pondrá una canción nueva en nuestros labios. En la nueva Jerusalén, la ciudad santa del futuro, se cantarán canciones nuevas para siempre, y nunca envejecerán. Que esta nueva canción alabe a Dios por cuatro cosas.
Primero, alábalo por las maravillas que ha hecho. Él ha hecho cosas maravillosas, como dice (Salmo 98:1). La obra de nuestra salvación por medio de Cristo es una obra maravillosa. Si contemplamos cada etapa de ella, desde el plan de Dios antes del comienzo del tiempo hasta su consumación final y sus efectos permanentes cuando el tiempo llegue a su fin, debemos decir que Dios ha hecho cosas maravillosas. Todo es obra suya, y es maravilloso ante nuestros ojos. Cuanto más se conozca, más será admirado.
Segundo, alábalo por las victorias que ha obtenido. Su diestra y su santo brazo le han dado la victoria. Nuestro Redentor venció cada dificultad que se interponía en el camino de nuestro rescate. Las superó todas y no se desanimó ante la obra ni ante el sufrimiento que tenía por delante. También derrotó a todo enemigo que se oponía a nuestra salvación. Venció a Satanás, lo despojó de su poder y lo expulsó de sus fortalezas. Despojó a los principados y poderes (Colosenses 2:15), arrebató el botín al poderoso (Isaías 49:24) y le dio a la muerte una herida mortal. Obtuvo una victoria completa y evidente, no solo para sí mismo, sino también para nosotros, de modo que por medio de él somos más que vencedores.
Obtuvo esta victoria con su propio poder. No hubo nadie que lo ayudara, nadie que lo sostuviera y nadie que se atreviera a unirse a la obra. Sin embargo, su diestra y su santo brazo, que siempre triunfan porque siempre se emplean en una causa justa, le dieron la victoria y le trajeron salvación. El poder y la fidelidad de Dios, llamados aquí su diestra y su santo brazo, llevaron alivio al Señor Jesús al levantarlo de entre los muertos y exaltarlo a la diestra de Dios. Así lo explica el Dr. Hammond.
Tercero, alábalo por la manera en que ha dado a conocer al mundo la obra de la redención. Lo que ha hecho por nosotros también nos lo ha revelado, y ambas cosas las ha realizado por medio de su Hijo. La revelación del evangelio es el fundamento del reino del evangelio: es la palabra que Dios envió (Hechos 10:36). La apertura del libro sellado debe celebrarse con canciones de alabanza (Apocalipsis 5:8), porque por medio de ella salió a la luz el misterio que había permanecido oculto durante tanto tiempo.
Observa el tema de esta revelación: su salvación y su justicia, como en (Salmo 98:3). Estas dos cosas suelen aparecer unidas, como en (Isaías 61:10), (Isaías 46:13) y (Isaías 51:5-8). La salvación significa el rescate mismo, y la justicia significa la manera en que se llevó a cabo: por medio de la justicia de Cristo. O bien, la salvación puede incluir todos nuestros privilegios del evangelio, mientras que la justicia incluye todos nuestros deberes conforme al evangelio. Ambas cosas se dan a conocer porque Dios las ha unido, y nosotros no debemos separarlas. O la justicia puede referirse a la manera en que somos reconciliados con Dios por medio de Cristo, que el evangelio revela que es por la fe (Romanos 1:17).
Observa también cuán clara es esta revelación. Dios la ha mostrado abiertamente, no mediante las señales y sombras usadas bajo la ley, sino con tanta claridad como si estuviera escrita en un rayo de sol, para que hasta quien corre pueda leerla. Los ministros han sido llamados a proclamarla con toda claridad.
Observa además hasta dónde alcanza esta revelación. Se ha dado a conocer ante las naciones, no solamente ante los judíos. Todos los confines de la tierra han visto la salvación de nuestro Dios, porque la palabra de salvación también fue enviada a los gentiles.
Cuarto, alábalo porque en esta obra ha cumplido las promesas y profecías del Antiguo Testamento. Él se ha acordado de su misericordia y de su verdad para con la casa de Israel, como en (Salmo 98:3). Dios había reservado misericordia para la descendencia de Abraham y les había dado muchas promesas firmes acerca de la bondad que se proponía mostrarles en los días futuros. Al cumplir todas esas promesas, levantó a su Hijo Jesús, no solo como luz para los gentiles, sino también como la gloria de su pueblo Israel. Envió a Cristo primero para bendecirlos. Al enviar a Cristo, se dice que Dios cumplió la misericordia prometida a nuestros padres y se acordó de su santo pacto (Lucas 1:72). Lo hizo teniendo en cuenta ese pacto, no por mérito de ellos.
De este capítulo
Salmos 98:2
"El Señor ha anunciado su victoria y ha mostrado su justicia a la vista de las naciones;"
Salmos 98:3
"ha tenido presentes su amor y su lealtad hacia el pueblo de Israel. ¡Hasta el último rincón del mundo ha sido vista la victoria de nuestro Dios!"
Salmos 98:4
"Canten a Dios con alegría, habitantes de toda la tierra; den rienda suelta a su alegría y cántenle himnos."
Salmos 98:5
"Canten himnos al Señor al son del arpa, al son de los instrumentos de cuerda."
Salmos 98:6
"Canten con alegría ante el Señor, el Rey, al son de los instrumentos de viento."
Salmos 98:7
"Que brame el mar y todo lo que contiene, el mundo y sus habitantes;"
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