Versículo destacado
Salmos 90:12 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
Enséñanos a contar bien nuestros días, para que nuestra mente alcance la sabiduría.
Salmos 90:12
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
11 ¿Quién conoce la violencia de tu enojo? ¿Quién conoce tu furor?
12 Enséñanos a contar bien nuestros días, para que nuestra mente alcance la sabiduría.
13 ¡Señor, vuélvete a nosotros! ¿Cuánto más tardarás? ¡Ten compasión de estos siervos tuyos!
14 Llénanos de tu amor al comenzar el día, y cantaremos con alegría durante toda nuestra vida.
Explora estudios bíblicos guiados
Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor
Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)
Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.
Vista previa de la sesión 1:
Dichosos los humildes
6 min
Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)
Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.
Vista previa de la sesión 1:
El cuidado del Pastor
5 min
Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
Crear cuenta gratisComentario de Bible Guided
Estas son las peticiones de esta oración, basadas en los pensamientos y las confesiones anteriores. Si alguien está sufriendo, que aprenda a orar de esta manera. Aquí se pide por cuatro cosas.
Primero, piden hacer un uso santo de la triste aflicción que están viviendo. Como sus días han sido acortados, oran: «Señor, enséñanos a contar nuestros días» (Salmos 90:12). En otras palabras: «Ayúdanos a ver con claridad cuán pocos son nuestros días y qué poco tiempo tenemos en este mundo». Es sabio contar bien nuestros días, para no calcularlos mal, como aquel hombre que hizo planes para muchos años, cuando esa misma noche le exigirían su alma. Debemos vivir con la conciencia firme de que la vida es corta, incierta y está cerca de la muerte y de la eternidad.
Contar bien nuestros días significa comparar nuestro trabajo con el tiempo que tenemos y dedicarle la atención que merece. Necesitamos esforzarnos con mayor diligencia, porque no tenemos tiempo que desperdiciar. Quienes desean aprender a pensar de esta manera deben pedir la ayuda de Dios. Deben acudir a él y pedirle a su Espíritu que les enseñe, los mueva a reflexionar y les dé entendimiento. Contamos bien nuestros días cuando ese pensamiento conduce nuestro corazón a la verdadera sabiduría, es decir, a una devoción seria a Dios. Vivir en obediencia a Dios es vivir con sabiduría. Esto requiere mucha atención, y reflexionar sobre lo breve de la vida y sobre nuestra partida próxima ayuda enormemente.
Segundo, oran para que Dios aparte de ellos su ira. Aunque la sentencia ya hubiera sido pronunciada y no pudiera revocarse, y aunque tuvieran que morir en el desierto, todavía oran: «Regresa, Señor. Reconcíliate con nosotros y muéstranos que has cambiado tu actitud hacia tus siervos» (Salmos 90:13). Después de una noticia tan dura, piden escuchar un mensaje de paz: «¿Cuánto tiempo permaneceremos bajo tu ira y cuándo veremos alguna señal de que hemos recuperado tu favor? Somos tus siervos, tu pueblo» (Isaías 64:9). «¿Cuándo cambiarás tu trato hacia nosotros?».
Dios respondió esta oración, y lo hizo después de que se arrepintieron (Números 14:39-40). En el capítulo siguiente les dio leyes sobre los sacrificios (Números 15:1 y siguientes), lo cual mostró que había apartado su ira de sus siervos. Si el Señor hubiera querido destruirlos por completo, no les habría dado tales instrucciones.
Tercero, oran por consuelo y alegría al recuperar el favor de Dios, en Salmos 90:14-15. Piden la misericordia de Dios, porque no alegan ningún mérito propio. «Ten misericordia de nosotros, oh Dios» es una oración a la que todos deberíamos estar dispuestos a responder: «Amén». Pidamos misericordia desde temprano, dones oportunos de la bondad divina, para que las tiernas misericordias de Dios lleguen pronto a nosotros, aun desde la mañana de la vida, cuando somos jóvenes y fuertes (Salmos 90:6). Pidamos la verdadera satisfacción y felicidad que solo se encuentran en el favor y la misericordia de Dios (Salmos 4:6-7). Un alma llena de gracia, si tan solo puede conocer la bondad amorosa de Dios, quedará plenamente satisfecha con ella.
Presentan dos razones para apoyar esta petición de misericordia. Primero, la misericordia de Dios sería una fuente permanente de alegría futura. «Sácianos con tu misericordia», oran, «para que no solo tengamos paz interior —algo que no podemos tener mientras estemos bajo tu ira—, sino también para que nos alegremos y nos regocijemos todos nuestros días, aunque tengamos que pasar esos días en el desierto». Quienes hacen de Dios su mayor alegría pueden disfrutar de una alegría plena (1 Juan 1:4), y esa alegría puede permanecer firme aun en esta vida de lágrimas. Si no se alegran todos sus días, es por su propia culpa, porque la misericordia de Dios puede darles gozo en medio de la aflicción, y nada puede quitarles ese gozo.
Segundo, la misericordia de Dios compensaría sus sufrimientos anteriores. «Alégranos conforme a los días en que nos afligiste», oran. «Que nuestros días de alegría en tu favor sean tantos como los días de dolor que vivimos bajo tu disgusto, y que sean tan agradables como oscuros fueron aquellos días». Con frecuencia, el Señor pone una cosa en contraste con otra (Eclesiastés 7:14). «Haz lo mismo con nosotros. Ya hemos bebido por suficiente tiempo la copa del temblor. Ahora pon en nuestras manos la copa de la salvación». El pueblo de Dios considera que el regreso de su bondad amorosa es recompensa suficiente por todos sus sufrimientos.
Cuarto, oran para que Dios continúe su obra entre ellos aun en esas circunstancias. Primero, le piden que haga visible esa obra. «Que tu obra se manifieste a tus siervos», dicen. «Que se vea que has obrado en nosotros para hacernos volver a ti y prepararnos para ti». Los siervos de Dios no pueden trabajar para él a menos que primero él obre en ellos y por medio de ellos, dándoles tanto el deseo como la capacidad de hacer su voluntad. Entonces podemos esperar que las acciones de su providencia se manifiesten a nuestro favor cuando la obra de su gracia sea visible en nosotros. «Que tu obra se manifieste, y que tu gloria se manifieste en ella a nosotros y a quienes vengan después de nosotros».
Cuando oramos por la gracia de Dios, su gloria debe ser nuestro objetivo. También debemos pensar en nuestros hijos, para que ellos experimenten la gloria de Dios obrando en sus vidas y transformándolos poco a poco a su imagen. En esta oración quizá también están distinguiendo entre ellos y sus hijos, como Dios lo había hecho poco antes en su mensaje: «Sus cuerpos caerán en este desierto, pero yo llevaré a sus hijos pequeños a Canaán» (Números 14:31). Así que podrían estar diciendo: «Señor, que tu obra se manifieste en nosotros para reformarnos y darnos un espíritu mejor; y que tu gloria se manifieste en nuestros hijos, al cumplir en ellos la promesa cuyo beneficio nosotros hemos perdido».
Segundo, oran para que Dios los sostenga y los fortalezca al cumplir con su parte. «Que la belleza del Señor nuestro Dios esté sobre nosotros», dicen. Que quede claro que Dios nos favorece. Algunos entienden esto como una oración para que Dios conserve sus ordenanzas entre ellos y les muestre las señales de su presencia. Podemos aplicarlo tanto a la santidad como al consuelo. La santidad es la belleza del Señor nuestro Dios. Que esa belleza se vea en todo lo que decimos y hacemos. Que la gracia de Dios en nosotros y la luz de nuestras buenas obras hagan resplandecer nuestro rostro. Esa es la belleza que él pone sobre nosotros, y verdaderamente son hermosos quienes están adornados de esa manera.
Después, que el consuelo divino llene de alegría nuestro corazón y dé luminosidad a nuestro rostro. Esa también será la belleza del Señor sobre nosotros, como nuestro Dios. «Confirma la obra de nuestras manos sobre nosotros». La obra de Dios en nosotros (Salmos 90:16) no nos libera de esforzarnos al máximo en su servicio ni de ocuparnos en nuestra salvación. Pero, después de haber hecho todo lo que nos corresponde, debemos esperar en Dios para recibir el éxito y pedirle que bendiga nuestro trabajo, para que logremos aquello que procuramos hacer para su gloria.
Somos tan indignos de la ayuda de Dios y, al mismo tiempo, tan incapaces de hacer algo duradero sin ella, que necesitamos pedirla con fervor y seguir pidiéndola. «Sí, confirma la obra de nuestras manos» y, para hacerlo, «confírmanos en ella». En otras palabras, Dios debe afirmar nuestro corazón y fortalecer nuestros esfuerzos si queremos que nuestro trabajo permanezca.
De este capítulo
Salmos 90:1
"Señor, tú has sido nuestro refugio a lo largo de todas las edades."
Salmos 90:2
"Desde antes de que se formaran los montes y existieran la tierra y el mundo, desde los tiempos antiguos hasta los tiempos últimos, tú eres Dios."
Salmos 90:3
"Haces que el hombre vuelva al polvo cuando dices: «Vuelvan al polvo, seres humanos»."
Salmos 90:4
"En verdad, mil años para ti son como el día de ayer, que ya pasó. ¡Son como unas cuantas horas de la noche!"
Salmos 90:5
"Arrastras a los hombres con violencia, como si fueran solo un sueño;"
Salmos 90:6
"son como la hierba, que brota y florece por la mañana, pero por la tarde se marchita y muere."
Oración diaria
Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria
Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.
Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.
Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.