Versículo destacado
Salmos 73:15 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
Si yo hubiera pensado como ellos, habría traicionado a tus hijos.
Salmos 73:15
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
13 ¡De nada me sirve tener limpio el corazón y limpiarme las manos de toda maldad!
14 Pues a todas horas recibo golpes y soy castigado todas las mañanas.
15 Si yo hubiera pensado como ellos, habría traicionado a tus hijos.
16 Traté de comprender esto, pero me resultó muy difícil.
17 Solo cuando entré en el santuario de Dios comprendí a dónde van ellos a parar:
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Ya hemos visto cuán fuertemente el salmista fue tentado a envidiar el éxito de la gente impía. Ahora aprendemos cómo mantuvo el equilibrio y obtuvo la victoria. Primero conservó su respeto por el pueblo de Dios, y eso le impidió expresar los pensamientos equivocados que había estado formando (Salmos 73:15).
Poco a poco estaba ganando esta batalla, y este fue el primer paso. Estaba a punto de decir: «He mantenido puro mi corazón para nada», y sentía que había cierta razón para pensar así. Aun así, se mantuvo callado con esta idea presente: «Si hablo de esa manera, me apartaré de Dios y ofenderé profundamente a las personas que le pertenecen». No permitió que sus pensamientos equivocados se convirtieran en palabras públicas.
Esto nos enseña que pensar de manera equivocada es malo, pero expresar esos pensamientos es todavía peor. Al hablar, damos nuestra aprobación al pensamiento malo, como si estuviéramos de acuerdo con él y lo estuviéramos transmitiendo a otros. Es una buena señal de arrepentimiento que una persona guarde para sí esas ideas malvadas. Si has sido tan insensato como para pensar algo malo, sé lo bastante sabio como para refrenar la lengua y no dejar que vaya más lejos (Proverbios 30:32).
También muestra prudencia, porque hay cosas que deben reconsiderarse antes de expresarlas. Volver a examinar un asunto puede corregir el primer error. No difundió entre otros su conclusión amarga, aunque su corazón atribulado la había sacado de observar la prosperidad de los malvados.
También temía ofender a aquellos a quienes Dios llama sus hijos. En el mundo hay un pueblo que realmente le pertenece: la generación de sus hijos. Ellos lo escuchan y lo aman como a su Padre. Debemos tener mucho cuidado de no decir ni hacer nada que ofenda justificadamente siquiera a uno de estos pequeños (Mateo 18:6), mucho menos a toda la familia de Dios. Nada los ofendería más que escuchar: «He mantenido limpio mi corazón para nada» o «Es inútil servir a Dios». Eso contradice toda su experiencia y su fe. Quien desea la vida de los malvados, en efecto, está abandonando las tiendas de los hijos de Dios.
Después, el salmista pensó en la ruina que les espera a los malvados. Esto también ayudó a debilitar el poder de la tentación. Como no se atrevió a expresar su primer pensamiento, comenzó a preguntarse si realmente era cierto. Intentó comprender esta parte difícil de la providencia, pero le resultaba demasiado dolorosa. La razón humana por sí sola no podía resolverla.
El asunto se aclara solamente cuando entra en el santuario de Dios, es decir, en la adoración, las Escrituras y la oración (Salmos 73:16-17). Allí medita en el carácter de Dios y en lo que él ha revelado para nuestro bien. Consulta las Escrituras y a los sacerdotes que sirven en el santuario. Ora para que Dios le haga entender el asunto. Finalmente comprende el miserable final de los malvados. Incluso en el punto más alto de su éxito, no son verdaderamente dignos de envidia; solo están madurando para la ruina.
Hay muchas cosas importantes que no aprenderemos si no entramos en el santuario de Dios por medio de la Palabra y la oración. El alma tentada debe hacer de ese lugar su refugio. También debemos juzgar a las personas y los acontecimientos a la luz de la revelación de Dios; entonces juzgaremos correctamente. En particular, debemos juzgar por el final. Todo está bien cuando termina bien, y termina bien para siempre. Pero nada está bien cuando termina mal, y termina mal para siempre. Los justos quizá sufran ahora, pero su sufrimiento termina en paz. Los malvados quizá disfruten de prosperidad ahora, pero esa prosperidad termina en destrucción.
La prosperidad de los malvados es breve e incierta. Los lugares elevados donde la providencia los coloca son lugares resbaladizos (Salmos 73:18). No pueden permanecer allí mucho tiempo. Cuando intentan subir más alto, ese mismo esfuerzo puede convertirse en la razón de su caída. Su éxito no tiene una base sólida. No está edificado sobre el favor de Dios ni sobre su promesa.
Sin embargo, su destrucción es segura, repentina y terrible. Esto no puede referirse únicamente a alguna ruina temporal, porque el salmo habla de que pasan sus días en riquezas, y hasta parece que la muerte les llega sin dolor. La expresión «en un momento descienden al sepulcro» suena tan repentina que difícilmente parece contar toda la historia. Por eso, el significado debe extenderse más allá de la muerte, hasta la destrucción eterna, el infierno y la ruina final. Florecen por un tiempo, pero se pierden para siempre.
Su ruina es segura e inevitable. El salmo habla de ella como si ya hubiera ocurrido: han sido derribados. Es tan cierta como si ya hubiera sucedido. También es obra de Dios mismo: «Tú los derribas». Si Dios hace caer a alguien, nadie puede sostenerlo. Esta es una destrucción que viene del Todopoderoso (Joel 1:15), y procede de su juicio poderoso (2 Tesalonicenses 1:9).
Su ruina también es rápida. Su condena no duerme. En un instante son llevados a la desolación (Salmos 73:19). Esto ocurre fácilmente por la mano de Dios, y los sorprenderá tanto a ellos como a todos los que los rodean. Su caída llegará como una sorpresa repentina.
Su ruina es severa y espantosa. Es total y definitiva. Son completamente consumidos por los terrores. Esta es la miseria de los condenados, de los perdidos, porque los terrores del Todopoderoso, a quien hicieron su enemigo, se apoderan de sus conciencias culpables. No pueden protegerse de esos terrores ni soportarlos. Por eso, lo que se consume no es su existencia, sino su felicidad. No queda ningún consuelo ni esperanza. Cuanto más alto fueron levantados por la prosperidad, más dura será su caída cuando sean arrojados a la destrucción y llevados rápidamente a la ruina; la palabra aparece en plural para expresar la plenitud de esa ruina.
Por esa razón, su prosperidad no es algo que debamos envidiar. Es algo que debemos despreciar, y ese es el punto que el salmista demuestra (Salmos 73:20). Así como un sueño desaparece cuando una persona despierta, así, Señor, cuando despiertes —o cuando ellos despierten— despreciarás su imagen, su sombra, y harás que desaparezca. En el día del gran juicio, cuando se levanten de sus tumbas, Dios despreciará su apariencia en su ira, porque se levantarán para vergüenza y desprecio eterno.
Observemos, en primer lugar, lo que realmente es su prosperidad presente. Solo es una imagen, una apariencia falsa, una figura pasajera de este mundo. No es algo real, sino únicamente algo imaginado, y una mente corrompida es la que hace que parezca felicidad. No tiene un valor sólido. Es solo una sombra. No es lo que aparenta ser, ni nos dará lo que esperamos recibir de ella. Es como un sueño. Un sueño puede agradarnos por un momento mientras dormimos, aunque aun así puede perturbar nuestro descanso. Por agradable que parezca, sigue siendo un engaño. Es falso, y cuando despertamos lo descubrimos. Una persona hambrienta puede soñar que está comiendo, pero al despertar todavía tiene el estómago vacío (Isaías 29:8). Nadie se vuelve más rico ni recibe más honra por soñar que posee riquezas u honores. Por eso, nadie tendría razón para envidiar a otra persona por el placer de un sueño.
En segundo lugar, consideremos lo que le espera a esa prosperidad. Dios despertará para juzgar; es decir, se levantará para defender su causa y hacer justicia por los males cometidos contra su pueblo. Esas personas serán despertadas de su sueño de seguridad descuidada, y entonces Dios despreciará su imagen. Mostrará ante todo el mundo cuán poco vale realmente. Entonces los justos se reirán de ellos (Salmos 52:6-7). Dios dejó ver con claridad cuánto despreciaba la falsa imagen del hombre rico cuando le dijo: «¡Necio! Esta misma noche te exigirán la vida» (Lucas 12:19-20). Debemos pensar como Dios piensa, porque su juicio es verdadero. No debemos admirar ni envidiar aquello que él desprecia y seguirá despreciando. Con el tiempo, hará que todo el mundo esté de acuerdo con su perspectiva.
De este capítulo
Salmos 73:1
"¡Qué bueno es Dios con Israel, con los de corazón limpio!"
Salmos 73:2
"Un poco más, y yo habría caído; mis pies casi resbalaron."
Salmos 73:3
"Pues sentí envidia al ver cómo prosperan los orgullosos y malvados."
Salmos 73:4
"A ellos no les preocupa la muerte, pues están llenos de salud;"
Salmos 73:5
"no han sufrido las penas humanas ni han pasado apuros como los demás."
Salmos 73:6
"Por eso, el orgullo es su collar y la violencia es su vestido;"
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