Versículo destacado
Salmos 62:8 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" ¡Pueblo mío, confía siempre en él! ¡Háblenle en oración con toda confianza! ¡Dios es nuestro refugio! "
Salmos 62:8
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
6 Solo él me salva y me protege. No caeré, porque él es mi refugio.
7 De Dios dependen mi salvación y mi honor; él es mi protección y mi refugio.
8 ¡Pueblo mío, confía siempre en él! ¡Háblenle en oración con toda confianza! ¡Dios es nuestro refugio!
9 El hombre es pura ilusión, tanto el pobre como el rico; si los pesaran juntos en una balanza, pesarían menos que nada.
10 No confíen en la violencia; ¡no se endiosen con el pillaje! Si llegan a ser ricos, no pongan su confianza en el dinero.
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Aquí David anima a otros a confiar en Dios y a esperar en él, tal como él mismo lo ha hecho. Quien ha encontrado consuelo en los caminos de Dios naturalmente invitará a otros a caminar también por ellos. En Dios hay suficiente para que todo su pueblo reciba, y no perdemos nada cuando otros comparten con nosotros sus bendiciones.
Aconseja a todos esperar en Dios. Cuando dice «ustedes, pueblo», incluye a todas las personas: todos son bienvenidos a confiar en Dios, porque él es «la esperanza de todos los confines de la tierra» (Salmos 65:5). De manera especial llama al pueblo de Israel, como lo expresa el caldeo, porque ellos estaban comprometidos a confiar en él como su propio Dios.
El consejo es sencillo: confiar en Dios y derramar el corazón delante de él. Confiar en él significa depender completamente de Dios y esperar que haga todo por nosotros conforme a su sabiduría, bondad, poder, promesa, providencia y gracia. Debemos hacerlo en todo momento, convirtiéndolo en nuestro hábito constante: depender de él, y no de nosotros mismos ni de ninguna criatura.
Derramar el corazón delante de Dios significa orar con honestidad y libertad. Esta expresión posiblemente recuerda el acto de derramar las ofrendas líquidas delante del Señor. Cuando confesamos nuestros pecados con un corazón verdaderamente arrepentido, derramamos nuestro corazón delante de Dios (1 Samuel 7:6). En la oración ponemos nuestras dificultades delante de él, expresamos claramente nuestras necesidades y luego nos dejamos en sus manos, sometiendo nuestra voluntad a la suya con paciencia.
David también presenta el motivo para seguir este consejo: Dios es un refugio para nosotros, no solo para él, sino para todos los que corren a él en busca de protección. Sin embargo, nos advierte que no pongamos nuestra confianza en las cosas equivocadas, porque el corazón humano se engaña con facilidad (Jeremías 17:5-9). Quienes realmente confían en Dios confiarán únicamente en él (Salmos 62:1, 5).
En primer lugar, no debemos confiar en las personas de este mundo, porque son como cañas quebradas (Salmos 62:9). Las personas de condición humilde son «vanidad», completamente incapaces de ayudarnos, y las personas de alta posición son «una mentira», es decir, nos fallarán y nos engañarán si nos apoyamos en ellas. Las personas humildes pueden parecer confiables por su número y su fuerza, y las personas importantes pueden parecer confiables por su sabiduría e influencia; pero no es seguro depender de ninguna de ellas.
De las dos, las personas de alta posición son más peligrosas en las que confiar, porque su apariencia externa hace que resulte más tentador depender de ellas. Es menos probable que nos apoyemos en la gente común que en gobernantes, comandantes y otros líderes poderosos. Pero cuando esas personas nos fallan, demuestran ser una mentira. Si las examinamos a la luz de las Escrituras o de la experiencia, se descubre que pesan menos que la vanidad. Su sabiduría, fuerza, buena voluntad y promesas no pueden compararse con Dios, ni siquiera pueden sostenerse delante de él.
En segundo lugar, no debemos confiar en las riquezas de este mundo ni convertirlas en nuestra ciudad fortificada (Salmos 62:10). No debemos confiar en las riquezas obtenidas mediante la opresión, el fraude o la violencia. Muchas riquezas se acumulan por medios injustos, y las Escrituras las llaman «las riquezas de injusticia», es decir, riquezas deshonestas (Lucas 16:9). No debemos pensar que estamos seguros solo porque tenemos mucho o porque estamos en proceso de obtener más. En realidad, eso es engañarnos a nosotros mismos mientras intentamos engañar a otros.
La persona que confía en sus grandes riquezas suele volverse atrevida para hacer el mal, pero al final será un necio (Salmos 52:7; Jeremías 17:11). Nadie debería ser tan insensato como para usar sus riquezas para sostener el pecado, mucho menos su propio pecado. Y como es difícil tener riquezas sin confiar en ellas, debemos cuidarnos incluso cuando aumentan honestamente. No debemos poner en ellas nuestro corazón, medir nuestro valor ni el de los demás por lo que poseen, ni convertirlas en nuestro bien supremo.
Estamos en mayor peligro de hacer esto cuando las riquezas están aumentando. Cuando las tierras de un hombre rico produjeron una cosecha abundante, él se dijo a sí mismo: «Descansa» (Lucas 12:19). Un mundo cómodo y próspero suele ser precisamente el que aleja el corazón de Dios.
Luego David presenta la razón por la que debemos hacer de Dios nuestra confianza: él es infinitamente poderoso, misericordioso y justo (Salmos 62:11-12). David estaba completamente seguro de esto y quería que nosotros también lo estuviéramos. «Dios ha hablado una vez; dos veces he oído esto» significa que Dios lo ha dado a conocer y que David lo ha recibido profundamente.
Dios ha hablado por medio de la razón, que señala al Ser perfecto y a sus obras de creación y providencia. También ha hablado por medio de muchos acontecimientos de la propia vida de David. Ha hablado además por medio de la revelación: mediante sueños y visiones (Job 4:15), mediante su gloriosa aparición en el monte Sinaí, como algunos creen que esta expresión señala especialmente, y mediante la Palabra escrita.
Otra manera de entenderlo es que Dios habló una vez, pero David lo oyó dos veces; es decir, lo escuchó con atención y plenamente, no solo con los oídos, sino también con la mente y el alma. Algunas personas oyen a Dios hablar una y otra vez y aun así se niegan a escucharlo siquiera una vez. Otras lo oyen una sola vez, pero lo escuchan profundamente y con atención (Job 33:14).
¿Cuál es esta verdad que Dios ha hablado y que David ha oído de manera tan completa? Que Dios es infinito en poder. El poder pertenece a Dios. Él es todopoderoso, puede hacer todas las cosas y nada es imposible para él. Todo poder creado procede de Dios, depende de él y es usado por él como quiere. El poder le pertenece, y debemos darle a él todo el mérito.
Esta es una razón firme para confiar en Dios en todo momento y vivir dependiendo constantemente de él, porque puede hacer por nosotros todo aquello que ponemos en sus manos.
Dios también es infinitamente bueno. Aquí el salmista se dirige directamente a Dios, porque quiere darle la gloria de su bondad, que forma parte de su gloria: «También a ti, Señor, te pertenece la misericordia». Dios no solo es el más grande de todos los seres, sino también el mejor. En él se encuentra la misericordia (Salmos 130:4, 7). Él es misericordioso de una manera que solo le pertenece a él. Es el Padre de misericordias (2 Corintios 1:3).
Esto nos da otra razón para confiar en él y responde a nuestras dudas sobre nuestro pecado y nuestra indignidad. Aunque solo merezcamos su ira, todavía podemos esperar todo bien de su misericordia, que se extiende sobre todas sus obras.
Dios nunca ha hecho ni hará mal a ninguna de sus criaturas: «Porque tú pagas a cada uno conforme a su obra». No siempre manifiesta esto abiertamente en el mundo presente, pero lo hará el día en que dé a cada persona lo que le corresponde. Ningún servicio hecho para él quedará sin recompensa, y ninguna ofensa contra él quedará sin castigo, a menos que haya arrepentimiento.
Esto también muestra que el poder y la misericordia le pertenecen. Si Dios no fuera poderoso, algunos pecadores serían demasiado fuertes para ser castigados. Si no fuera misericordioso, algunos actos de servicio serían demasiado pequeños para ser recompensados. Esto muestra especialmente la justicia de Dios cuando juzga los casos de quienes han sido tratados injustamente. Juzgará conforme a la verdad, ayudando a los perjudicados y castigando a quienes los hayan tratado mal (1 Reyes 8:32). Por eso, quienes sufran una injusticia pueden poner su caso en sus manos y confiar en que él los defenderá.
De este capítulo
Salmos 62:1
"Solo en Dios encuentro paz; mi salvación viene de él."
Salmos 62:2
"Solo él me salva y me protege. No caeré, porque él es mi refugio."
Salmos 62:3
"¿Hasta cuándo me atacarán ustedes y tratarán de derribarme, como si fuera una pared que se derrumba o una cerca a punto de caer al suelo?"
Salmos 62:4
"Solo piensan en derribarme; su mayor placer es la mentira. Me alaban con los labios, pero me maldicen con el pensamiento."
Salmos 62:5
"Solo en Dios encuentro paz, pues mi esperanza viene de él."
Salmos 62:6
"Solo él me salva y me protege. No caeré, porque él es mi refugio."
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