Versículo destacado

Salmos 53:1 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" Los necios piensan que no hay Dios. Todos se han pervertido y han hecho cosas malvadas; ¡no hay nadie que haga lo bueno! "

Salmos 53:1

menu_book El versículo en contexto

1 Los necios piensan que no hay Dios. Todos se han pervertido y han hecho cosas malvadas; ¡no hay nadie que haga lo bueno!

2 Desde el cielo, Dios observa a los hombres para ver si hay alguien con entendimiento, alguien que busque a Dios.

3 Pero todos se han desviado; todos por igual se han pervertido. ¡Ya no hay quien haga lo bueno! ¡No hay ni siquiera uno!

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Este salmo ya se ha expuesto anteriormente; por eso aquí solo observaremos brevemente varias cosas acerca del pecado, para que crezcan nuestro dolor por él y nuestro rechazo hacia él.

1. La realidad del pecado. ¿Es verdadera esta acusación? Sí. Dios mismo es el testigo, y su testimonio no puede ser cuestionado. Desde el lugar de su santidad, mira a los hijos de los hombres y ve cuán poco bien hay entre ellos (Salmo 53:2). Todo el pecado de sus corazones y de sus vidas está descubierto delante de él.

2. La culpa del pecado. ¿Hace algún daño? Sí. Es iniquidad; es decir, algo torcido y perverso (Salmo 53:1, Salmo 53:4). Es algo en lo que no hay ningún bien (Salmo 53:1, Salmo 53:3). Es maldad, la peor clase de maldad. El pecado es lo que hace que este mundo sea un lugar tan malo. Pecar es apartarse de Dios (Salmo 53:3).

3. El origen del pecado. ¿Cómo llegan las personas a ser tan malas? Porque no tienen temor de Dios delante de sus ojos. En su corazón dicen: «No hay Dios» que nos llame a cuentas; no hay nadie a quien debamos respetar. Las malas acciones de las personas proceden de creencias equivocadas. Aunque digan que conocen a Dios, sus hechos lo niegan, y sus pensamientos también.

4. La necedad del pecado. Según el juicio de Dios, que siempre es justo, la persona que conserva pensamientos tan corruptos es necia. Los ateos, ya sea por sus creencias o por la manera en que viven, son los mayores necios del mundo. Quienes no buscan a Dios no entienden. Son como animales sin entendimiento, porque lo que distingue principalmente a los seres humanos de los animales no es solo la razón, sino también la capacidad de conocer y adorar a Dios. Quienes practican el mal, digan lo que digan, no tienen verdadero conocimiento. De quienes no conocen a Dios puede decirse verdaderamente que no saben nada (Salmo 53:4).

5. La corrupción del pecado. Los pecadores son corruptos (Salmo 53:1). Su naturaleza está dañada y arruinada; y cuanto más noble es una naturaleza, más vil resulta cuando se tuerce. Esto es cierto incluso en el caso de los ángeles. «Las mejores cosas, cuando se corrompen, se convierten en las peores». Su pecado es detestable. Es detestable para el Dios santo, y también los vuelve detestables a ellos, aunque, aparte de esto, Dios no aborrece nada de lo que ha creado. El pecado hace que las personas sean impuras, completamente impuras. Los pecadores deliberados ofenden ante los ojos del Dios del cielo y de los santos ángeles. Por más respetables y orgullosos que parezcan los pecadores, la maldad es la mayor mancha del mundo.

6. El fruto del pecado. Observa hasta dónde puede llevar finalmente a las personas, incluso a la crueldad. Cuando sus corazones se endurecen por el engaño del pecado, se vuelven crueles con sus hermanos y hermanas, con quienes comparten la misma familia humana. Como los demás no quieren correr con ellos hacia el mismo exceso de pecado, se los comen como si estuvieran comiendo pan. Es como si se hubieran convertido no solo en bestias, sino en bestias de presa. Al mismo tiempo, muestran desprecio por Dios. No lo invocan, y consideran indigno de ellos depender de él.

7. El temor y la vergüenza que acompañan al pecado (Salmo 53:5). Algunos se llenan de un gran temor porque han hecho de Dios su enemigo. Su conciencia culpable los asusta y los llena de horror, aun cuando no parezca haber ningún peligro externo. El malvado huye aunque nadie lo persiga. La razón de este temor es que Dios ya ha esparcido los huesos de quienes acampaban contra su pueblo. No solo ha quebrantado su poder y dispersado sus fuerzas, sino que los ha matado y ha reducido sus cuerpos a huesos secos, como huesos esparcidos a la entrada de un sepulcro (Salmo 141:7). Ese será el destino de quienes ataquen el campamento de los santos y la ciudad amada (Apocalipsis 20:9). Este pensamiento no puede sino infundir temor en quienes devoran al pueblo de Dios. Esto le da a la hija de Sion, es decir, a Jerusalén y al pueblo de Dios, la valentía para avergonzarlos y dejarlos al descubierto, porque Dios los ha despreciado. Podemos reírnos de aquellos de quienes Dios se ríe. No tenemos que temer a los enemigos que Dios considera dignos de desprecio. Si él los desprecia, nosotros también podemos hacerlo.

8. La fe, la esperanza y el poder de los santos en cuanto a la solución de este gran mal (Salmo 53:6). Vendrá un Salvador, una gran salvación: salvación del pecado. ¡Ojalá llegue pronto, porque traerá tiempos gloriosos y llenos de alegría! Aun en los días del Antiguo Testamento hubo personas que esperaron esta redención, pusieron su esperanza en ella, oraron por ella y aguardaron su llegada. A su debido tiempo, Dios salvará a su iglesia del odio pecaminoso de sus enemigos, y eso traerá alegría a Jacob e Israel, que han vivido mucho tiempo en tristeza. Estos rescates ocurrieron muchas veces, y todos ellos apuntaban hacia los triunfos duraderos de la iglesia gloriosa.

Él también salvará a todos los creyentes de sus propios pecados, para que no sean llevados cautivos por ellos. Esa será para ellos una alegría interminable. El Redentor recibió su nombre por esta obra: Jesús, porque «él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mateo 1:21).

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