Versículo destacado

Salmos 46:1 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza; nuestra ayuda en momentos de angustia. "

Salmos 46:1

menu_book El versículo en contexto

1 Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza; nuestra ayuda en momentos de angustia.

2 Por eso no tendremos miedo, aunque se deshaga la tierra, aunque se hundan los montes en el fondo del mar,

3 aunque ruja el mar y se agiten sus olas, aunque tiemblen los montes a causa de su furia.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

El salmista nos enseña mediante su propio ejemplo.

Comienza invitándonos a alegrarnos en Dios, en su relación con nosotros y en su presencia con nosotros, especialmente después de nuevas señales de su ayuda: «Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza» (Salmos 46:1). Hemos comprobado que él es eso, ha prometido serlo y siempre lo será. Si nos persiguen, Dios es nuestro refugio: el lugar al que podemos correr para estar seguros. Si estamos bajo presión, tenemos trabajo que hacer o debemos enfrentar enemigos, Dios es nuestra fuerza. Él nos sostiene bajo nuestras cargas y nos capacita para cada responsabilidad y dificultad.

Si estamos angustiad os, él es la ayuda que necesitamos en todo. Es una ayuda muy presente, una ayuda que podemos encontrar y cuya fidelidad ya hemos comprobado. Está cerca, nunca lejos ni sin saber qué hacer. También es una ayuda adecuada para cada necesidad, sin importar cuál sea la situación. No podríamos pedir un ayudador mejor, y jamás encontraremos uno semejante en ninguna criatura.

Luego, el salmo nos llama a triunfar incluso sobre los peligros más grandes. Como Dios es nuestra fuerza y nuestra ayuda, y tiene plena capacidad para cuidarnos, por eso no tenemos que vivir con miedo. Quienes reverencian a Dios no necesitan temblar ante el poder de la tierra ni del infierno. Cuando Dios está de nuestro lado, nadie puede hacernos un daño definitivo. Vivir sin ese temor es nuestro deber y también nuestro privilegio. Es señal de una conciencia limpia, un corazón sincero y una fe viva en Dios, en su cuidado y en sus promesas.

«No temeremos, aunque la tierra sea removida». Aunque todo lo que parece sólido se derrumbe y fallen los apoyos en los que confiamos, no tenemos que asustarnos. El salmo incluso imagina que la tierra sea tragada, como el suelo que se abrió bajo Coré, cuyos hijos, según algunos, escribieron este salmo. Sin embargo, mientras permanezcamos cerca de Dios y él esté de nuestro lado, no tenemos razón para temer.

El peligro se describe con términos muy fuertes. La tierra puede ser removida y arrojada al mar. Las montañas, las partes más firmes de la tierra, pueden hundirse en las profundidades. El mar puede rugir y enfurecerse, y sus olas pueden sacudir las montañas. Esto representa a reinos y naciones sumidos en confusión, guerras que estallan y gobiernos que cambian una y otra vez. También representa a enemigos poderosos que se unen contra la iglesia y el pueblo de Dios, buscando su ruina y acercándose mucho a lograrla. Aun así, no tenemos que temer, porque todas estas dificultades terminarán bien para la iglesia (Salmos 93:4).

Si la tierra es removida, deben temer quienes han puesto todo su tesoro en la tierra y han entregado a ella su corazón. Pero quienes han acumulado tesoros en el cielo no tienen por qué ser sacudidos. Esperan su mayor felicidad cuando la tierra y todo lo que hay en ella sean consumidos por el fuego. Que se angustien quienes confían en cosas inestables. Quienes son guiados a la roca más alta que ellos tienen un fundamento firme bajo sus pies.

El salmo también nos da una razón poderosa para esta confianza: la iglesia está bien protegida y es preciosa para Dios. Aquí no se trata solamente de una preocupación privada. Se trata de la ciudad de Dios, el lugar santo donde habita el Altísimo. Es el arca de Dios, el centro de su presencia entre su pueblo, lo que hace temblar nuestro corazón. Pero cuando consideramos lo que Dios ha provisto para la seguridad y el consuelo de su iglesia, entendemos por qué nuestro corazón puede permanecer firme y libre de temor.

Hay alegría para la iglesia aun en los tiempos más oscuros: «Hay un río, cuyas corrientes alegran la ciudad de Dios» (Salmos 46:4). Esto probablemente alude a las aguas de Siloé, que corrían suavemente junto a Jerusalén (Isaías 8:6-7). Aunque eran pequeñas, fueron útiles para defender Jerusalén en los días de Ezequías (Isaías 22:10-11). En sentido espiritual, el río es el pacto de gracia y sus corrientes son las promesas de Dios. O bien, el río puede representar al Espíritu de gracia (Juan 7:38-39), cuyos consuelos fluyen como corrientes y alegran la ciudad de Dios. La Palabra de Dios y la adoración que él estableció también son ríos y corrientes que producen alegría en sus santos durante los días oscuros y nublados.

Dios mismo es para su iglesia como un lugar de ríos anchos y corrientes (Isaías 33:21). Las corrientes que alegran la ciudad de Dios no son violentas ni desbordadas, sino tranquilas, como las aguas de Siloé. Los consuelos apacibles que llegan a los creyentes mediante susurros suaves y ocultos, sin exhibición pública, bastan para superar las amenazas estruendosas de un mundo hostil.

La iglesia también tiene estabilidad. Aunque el cielo y la tierra sean sacudidos, «Dios está en medio de ella; no será conmovida» (Salmos 46:5). Dios ha prometido estar de manera especial con su iglesia y ha demostrado tener profundo cuidado de ella. Su honor está ligado a ella; ha establecido su morada entre su pueblo y asumido la responsabilidad de protegerla. Por eso, no será destruida, aunque la tierra sea sacudida. La iglesia sobrevivirá al mundo y estará en bendición cuando el mundo quede en ruinas. Está edificada sobre una roca, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.

Tampoco será profundamente perturbada por el temor a lo que pueda suceder. Si Dios está a nuestro favor y con nosotros, no tenemos que ser sacudidos por los ataques más fuertes que se levanten contra nosotros.

La iglesia también será librada, aunque su peligro sea muy grande. «Dios la ayudará». Por tanto, nadie podrá destruirla. Él la ayudará en sus dificultades para que no se hunda. De hecho, cuanto más sea afligida, más crecerá. También la sacará de la angustia y lo hará temprano, cuando llegue la mañana; es decir, rápidamente y en el momento adecuado, cuando las cosas parezcan más desesperadas y el alivio sea más bienvenido. Esto también puede aplicarse a cada creyente. Si Dios está en nuestro corazón y en medio de nosotros, y su palabra habita abundantemente en nosotros, seremos afirmados y ayudados. Por eso, confiemos y no tengamos miedo. Todo está bien y terminará bien.

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