Versículo destacado
Salmos 35:11 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
Se levantan testigos malvados y me preguntan cosas que yo no sé.
Salmos 35:11
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
9 Entonces me alegraré en el Señor, porque él me habrá salvado.
11 Se levantan testigos malvados y me preguntan cosas que yo no sé.
12 Me han pagado mal por bien, y esto me causa mucha tristeza;
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David acusa aquí a sus enemigos de dos pecados muy perversos, y ambos hacen más fuerte su clamor a Dios: el perjurio y la ingratitud.
Comienza con el perjurio, es decir, con dar falso testimonio bajo juramento (Salmos 35:11). Cuando Saúl quiso que David fuera condenado como traidor, quizá siguió los procedimientos de un juicio legal. Es posible que llamaran a testigos, quienes juraron mentiras acerca de palabras o acciones de traición. David no estaba allí para defenderse; o, si lo estaba, eso no cambió nada, porque Saúl lo declaró culpable de todos modos. David dice que esta fue la peor clase de injusticia, porque se levantaron testigos falsos dispuestos a jurar cualquier cosa. Lo acusaron de hechos que nunca había conocido, cometido ni siquiera imaginado.
Esto muestra cuánto pueden depender el honor, los bienes, la libertad e incluso la vida de personas buenas de la misericordia de gente malvada. La inocencia, por sí sola, no es una defensa contra un juramento falso. También debemos agradecer a Dios que restrinja a los malvados por medio de su conciencia, porque, sin esa limitación, se cometería mucho más daño de esta manera del que vemos ahora. El sufrimiento de David también señalaba de antemano al Hijo de David, Jesucristo, contra quien igualmente se levantaron testigos falsos (Mateo 26:60). Por eso, si alguna vez se nos acusa de algo que no hicimos, no debemos pensar que se trata de algo extraño o excepcional. Así trataron a los profetas, e incluso al mayor de los profetas.
Luego David habla de la ingratitud. Llamar ingrata a una persona es decir algo muy grave acerca de su carácter, y esa era precisamente la actitud de los enemigos de David (Salmos 35:12). Le devolvieron mal por bien. David había servido mucho a su rey, como lo demostraban su arpa, la espada de Goliat y los prepucios de los filisteos; aun así, Saúl quería matarlo, y la tierra dejó de ser un lugar seguro para él. Esto hirió profundamente a David y le robó la paz más que cualquier otra cosa.
También había hecho el bien a ciertas personas que ahora se volvieron contra él con la mayor amargura. Tal vez se trataba del mismo Saúl, a quien David había servido cuando estaba angustiado y deprimido, alejando al espíritu maligno por medio de la oración y no de su arpa. También pudieron ser algunos miembros de la corte, a quienes David había ayudado mientras vivía entre ellos y que después se convirtieron en sus enemigos más crueles. En esto, David era una figura de Cristo, con quien el mundo fue profundamente ingrato (Juan 10:32). Jesús dijo, en esencia: «Les he mostrado muchas buenas obras del Padre; ¿por cuál de ellas quieren apedrearme?».
David también muestra con qué bondad los había tratado cuando sufrían (Salmos 35:13-14). Ellos estaban enfermos, y él se lamentaba por ellos y compartía su dolor. Ni siquiera las casas de los reyes están libres de la enfermedad y la muerte. Esas personas no eran sus familiares cercanos, y él no les debía nada. Su muerte no le habría causado ninguna pérdida y quizá incluso le habría traído algún beneficio. Sin embargo, actuó como si fueran parte de su propia familia, simplemente por compasión y bondad humana. David era un hombre de guerra, fuerte y valiente, pero también podía sentir una profunda compasión. En su corazón había tanto valor como ternura.
Dice que se lamentó como si se tratara de un hermano o de una madre. Esto muestra que es correcto y apropiado afligirse por la enfermedad, el dolor y la muerte de los familiares cercanos. Quienes no lo hacen merecen ser reprendidos por carecer de afecto natural. David también oró por ellos, mostrando no solo bondad humana, sino el corazón de un hombre piadoso. Le importaban sus almas, y buscaba para ellos la misericordia y la gracia de Dios. Las oraciones de alguien que gozaba de tal favor en el cielo tenían valor, aunque ellos no lo supieran ni lo apreciaran.
Además de orar, David se humilló. Ayunó, al menos absteniéndose de los alimentos agradables, y se vistió de cilicio, una señal de dolor y arrepentimiento. Esto mostraba tristeza no solo por el sufrimiento de ellos, sino también por su pecado, pues esa era la vestimenta y la práctica apropiadas de una persona arrepentida. Debemos afligirnos por los pecados de otros, aun cuando ellos mismos no se entristezcan por esos pecados. Su ayuno también hizo más intensa su oración, porque estaba tan concentrado en orar que perdió el apetito y no se tomó tiempo para comer. Aun así, podía decir que su oración volvió a su propio corazón. En otras palabras, tenía el consuelo de saber que había cumplido con su deber y había mostrado amor al prójimo, aunque no pudiera ganarse la amistad de ellos ni cambiarles el corazón. No perdemos nada al hacer el bien a personas ingratas, porque nuestra conciencia seguirá dando testimonio de que hicimos lo correcto.
Pero ellos se comportaron con él de una manera cruel, desvergonzada y peor que la de los animales (Salmos 35:15-16). Se alegraron cuando David estaba en dificultades. Cuando Saúl lo miraba con desagrado, cuando David fue expulsado de la corte y cuando lo perseguían como a un criminal, ellos disfrutaban de la situación. Se alegraban de su sufrimiento y se reunían en sus círculos de bebida para burlarse de su vergüenza. Era una conducta baja y vil. La caída de una persona justa nunca debería convertirse en el chiste de otra.
No se limitaron a reírse. Atacaron su buen nombre y no escatimaron esfuerzos para difundir toda calumnia que su malicia pudiera inventar. También rechinaban los dientes contra él, expresando la ira y el odio más intensos, como si lo hubieran devorado de haber podido. David era el necio de su espectáculo, y sus dificultades se convirtieron en el tema de conversación durante la mesa de aquellos burladores hipócritas. Los borrachos cantaban acerca de él, y probablemente los artistas lo convertían en objeto de sus burlas durante los banquetes y las reuniones. A menudo, las mejores personas han sufrido este tipo de crueldad. Los apóstoles fueron convertidos en un espectáculo para el mundo. A David lo odiaban por ninguna otra razón que porque el pueblo lo favorecía. Incluso una causa justa puede traer aflicción, porque alguien puede ser envidiado simplemente por hacer el bien, y nadie puede mantenerse en pie frente a la envidia (Eclesiastés 4:4; Proverbios 27:4).
De este capítulo
Salmos 35:1
"Señor, oponte a los que se oponen a mí; ataca a los que me atacan."
Salmos 35:2
"Toma tu escudo y ven en mi ayuda;"
Salmos 35:3
"toma tu lanza y haz frente a los que me persiguen; ¡dime que eres tú mi salvador!"
Salmos 35:4
"Huyan avergonzados los que quieren matarme; huyan avergonzados los que quieren hacerme daño;"
Salmos 35:5
"¡sean como paja que se lleva el viento, arrojados por el ángel del Señor!"
Salmos 35:6
"¡Sea su camino oscuro y resbaladizo, mientras los persigue el ángel del Señor!"
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