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Salmos 31:19 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

¡Qué grande es tu bondad para quienes te honran! La guardas como un tesoro y, a la vista de los hombres, la repartes a quienes confían en ti.

Salmos 31:19

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auto_stories Comentario de Bible Guided

En estos versículos, David muestra tres cosas. Primero, da testimonio, con fe, de la bondad de Dios hacia su pueblo en general, en los versículos 19 y 20. Dios es bueno con todos, pero de manera especial con Israel, el pueblo de su pacto. Su bondad es maravillosa y siempre dará motivos para alabarla y admirarla: ¡cuán grande es su bondad, cuán profundos son sus propósitos, cuán ricos sus regalos y cuán libres y abundantes sus bendiciones!

A las mismas personas que otros maldicen con sus calumnias, Dios las bendice con regalos y honra. Quienes participan de esta bondad son los que temen a Dios y confían en él, los que se asombran ante su grandeza y dependen de su gracia. Se dice que esta bondad está reservada para ellos y que Dios la manifiesta en favor de ellos. Hay bondad guardada para ellos en el mundo venidero: una herencia reservada en el cielo (1 Pedro 1:4). También hay bondad que Dios obra para ellos en este mundo, incluso la bondad que forma en su interior.

La bondad de Dios es suficiente tanto para la herencia plena de sus hijos cuando alcancen la madurez como para su cuidado y crecimiento mientras todavía son inmaduros. Hay suficiente en reserva y suficiente para disfrutarla ahora. Esta bondad está guardada en su promesa para todos los que temen a Dios, con la seguridad de que no les faltará ningún bien. Pero Dios también la manifiesta en el cumplimiento concreto de esa promesa para quienes confían en él, se aferran a ella por fe y reciben consuelo de ella.

Si lo que está guardado para nosotros en los tesoros del pacto eterno no se manifiesta en nuestra vida, la culpa es nuestra, porque no creemos. Sin embargo, quienes confían en Dios tienen el consuelo de su bondad en el corazón y también reciben la honra que ella les concede delante de los demás. Esto importa en este mundo, porque para muchas personas el prestigio de la riqueza o de la honra tiene mucho peso. La bondad de Dios hacia su pueblo le da honra y le quita la vergüenza. Entonces, todos los que lo vean sabrán que ese pueblo es el que el Señor ha bendecido (Isaías 61:9).

Segundo, David dice que Dios preserva tanto a las personas como a los animales, pero que de manera especial protege a su propio pueblo, en el versículo 20. «Tú los esconderás». Así como la bondad de Dios está reservada para ellos, también ellos están escondidos y protegidos para recibirla. Los santos son los que Dios mantiene bajo su cuidado.

Aquí vemos el peligro que enfrentan, causado por personas orgullosas y lenguas conflictivas. Los arrogantes los insultan y quieren aplastarlos. Las personas que buscan pleitos provocan enfrentamientos, y cuando las palabras se convierten en una guerra, muchas veces los buenos terminan perjudicados. El orgullo amenaza su libertad, y las discusiones amargas amenazan la verdad. Pero también vemos la defensa que tienen: «Los esconderás en el refugio de tu presencia». La providencia de Dios los protegerá de la malicia de sus enemigos, y él tiene muchas maneras de darles refugio.

Cuando buscaban a Baruc y a Jeremías, el Señor los escondió (Jeremías 36:26). La gracia de Dios también los protegerá del daño de los juicios que vienen sobre otros, porque esos juicios no tendrán poder para herirlos. Estarán escondidos en el día de la ira del Señor, porque esa ira no está dirigida contra ellos. Sus consuelos los mantendrán en paz y con ánimo. Su santuario, donde disfrutan de comunión con él, los protege de las flechas ardientes del temor y de la tentación. Y las moradas de su casa celestial pronto serán, y para siempre serán, su escondite frente a todo peligro y temor.

Tercero, David da gracias por la bondad de Dios hacia él en particular, en los versículos 21 y 22. Después de admirar la bondad de Dios hacia todos los santos, ahora cuenta cuán bueno ha sido Dios con él personalmente. Por fuera había batallas y problemas, pero Dios había preservado su vida de manera maravillosa. Dios le había mostrado un amor extraordinario, dándole pruebas claras de su cuidado y favor, mucho más allá de lo que podía haber esperado.

La misericordia de Dios hacia su pueblo es maravillosa en todo sentido, pero algunos actos de ella sobresalen de manera especial incluso en esta vida. Este fue uno de ellos: Dios mantuvo a David a salvo de la espada de Saúl mientras se escondía en cuevas y bosques, tan seguro como si estuviera en una ciudad fortificada. En Keila, aquella ciudad amurallada, Dios le mostró gran misericordia al usarlo para rescatar a sus habitantes de los filisteos y luego rescatarlo a él de esos mismos hombres cuando querían entregarlo a Saúl (1 Samuel 23:5, 1 Samuel 23:12). Este fue verdaderamente un amor maravilloso, y David responde con alabanza: «Bendito sea el Señor». Los rescates especiales exigen un agradecimiento especial.

Pero por dentro David tenía temores. Aun así, Dios fue mejor con David que sus propios temores, como se ve en el versículo 22. David también recuerda con honestidad su propia debilidad, pues desconfió de Dios. Lo reconoce para su vergüenza. Aunque tenía promesas claras en las cuales confiar y mucha experiencia del cuidado de Dios en tiempos difíciles, permitió que pensamientos amargos acerca de Dios ocuparan su mente. Sintió que Dios lo había apartado de su vista, como si se hubiera alejado por completo y David ya no pudiera esperar de él cuidado ni atención. Temió que un día moriría a manos de Saúl y que sería eliminado mientras Dios observaba. Según algunos, dijo esto durante su huida, lo que muestra cuán difícil era su situación. Saúl lo perseguía de cerca y estaba listo para atraparlo, por lo que la tentación era muy fuerte. La expresión «en mi desesperación» muestra lo perturbada e inestable que estaba su mente, haciendo que la tentación surgiera de repente y fuera difícil de resistir.

Es común hablar mal cuando hablamos demasiado rápido y sin pensar con cuidado. Pero todo lo que digamos equivocadamente en un momento de desesperación debemos arrepentirnos después con calma, especialmente cuando hemos hablado con desconfianza de Dios. Sin embargo, aunque la fe de David falló, la promesa de Dios no falló. Dios siguió escuchando su oración. David menciona su propia incredulidad para hacer que la fidelidad de Dios resplandezca aún más. Su debilidad se convierte en un fondo oscuro que hace que la bondad de Dios se vea todavía más maravillosa.

Cuando desconfiamos de Dios de esa manera, él tendría derecho a tomarnos la palabra y permitir que nuestros temores se cumplieran, como hizo con Israel (Números 14:28; Isaías 66:4). Pero ha tenido compasión de nosotros y nos ha perdonado. Nuestra incredulidad no ha hecho inútiles su promesa ni su gracia, porque él conoce nuestra condición y recuerda que somos débiles.

A partir de esto, David anima a todos los santos, en los versículos 23 y 24. Quiere que pongan su amor en Dios: «Amen al Señor, todos ustedes, sus santos». Quienes tienen el corazón lleno de amor por Dios naturalmente desean que otros también lo amen, porque en su favor no hay razón para temer a ningún rival. Amar a Dios es una marca de los santos, y aun así necesitan ser animados a amarlo más, a amarlo mejor y a demostrar ese amor en la vida real.

Debemos amar a Dios no solo por su bondad, pues él preserva a quienes le son fieles, sino también por su justicia, pues da al orgulloso lo que merece. Él recompensa a quien actúa con arrogancia, incluso a quien, lleno de orgullo, intenta destruir a aquellos a quienes Dios protege.

Algunos entienden esto en un sentido positivo: Dios da una gran recompensa a la persona que hace el bien con nobleza y generosidad, cuya vida, como la de Josafat, está completamente dedicada a los caminos del Señor. Él recompensa a quien hace el bien, pero da una recompensa todavía mayor a quien hace mucho bien.

David quiere que el pueblo de Dios ponga su esperanza en él (Salmo 31:24): «Cobren ánimo y mantengan firme el corazón». En otras palabras, sean cuales sean los problemas o peligros que lleguen, el Dios en quien confían dará fuerza a su corazón por medio de esa confianza. Quienes esperan en Dios tienen buenas razones para ser valientes y mantenerse firmes, porque nada que sea verdaderamente malo puede sucederles al final, y nada que sea verdaderamente bueno para ellos les será negado.

Al cantar estas palabras, debemos animarnos a nosotros mismos y animarnos unos a otros a seguir adelante y permanecer fieles en la vida cristiana, sin importar qué nos amenace ni quién nos desapruebe.

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