Versículo destacado
Salmos 20:6 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
Estoy convencido de que el Señor dará la victoria al rey que ha escogido y de que le responderá desde su santo cielo, dándole grandes victorias con su poder.
Salmos 20:6
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
4 Que cumpla todos tus deseos y realice todos tus planes.
6 Estoy convencido de que el Señor dará la victoria al rey que ha escogido y de que le responderá desde su santo cielo, dándole grandes victorias con su poder.
8 A ellos se les doblan las rodillas y caen, pero nosotros permanecemos firmes y en pie.
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Aquí David mismo se regocija por el bien que recibe mediante las oraciones de las personas piadosas (Salmos 20:6). En efecto, dice: «Ahora sé —yo, que escribí este salmo, lo sé— que el SEÑOR salva a su ungido, porque ha movido a orar por él el corazón del pueblo de Jacob». Es una buena señal para cualquier gobernante y cualquier pueblo que Dios les conceda un espíritu de oración. Si Dios nos guía a buscarlo, lo encontraremos; si nos da esperanza en su palabra, cumplirá esa palabra en nosotros.
David está seguro de que, puesto que tantas personas que pertenecen al cielo están orando por él, Dios lo oirá y le dará una respuesta de paz. Esa respuesta viene de lo alto, desde su santo cielo, del cual el santuario era una figura (Hebreos 9:23), y desde el trono que preparó en el cielo, del cual el propiciatorio era una figura. Pero también produce sus efectos aquí en la tierra. Dios lo oirá con la fuerza salvadora de su mano derecha. En otras palabras, Dios dará una respuesta real a la oración, no por medio de una carta o un mensaje, sino por medio de lo que hace. Sus acciones demostrarán que ha escuchado.
En segundo lugar, el pueblo se regocija en Dios, en su relación cercana con él y en la manera en que se les ha revelado. Así se distingue de quienes viven en el mundo sin Dios. Hay una diferencia clara entre las personas mundanas y las piadosas en aquello en lo que ponen su confianza (Salmos 20:7). Las personas de este mundo confían en la ayuda humana y creen que todo estará bien si esos apoyos están de su lado. Confían en carros y caballos, y mientras más tienen, más seguras se sienten en la guerra. Es posible que David tuviera en mente a los sirios, pues gran parte de su poder dependía de sus carros y jinetes, como se ve en las victorias que obtuvo sobre ellos (2 Samuel 8:4; 2 Samuel 10:18).
Pero Israel dice: «No tenemos carros ni caballos en los cuales confiar, y no los necesitamos. Aunque los tuviéramos, no pondríamos nuestra esperanza en ellos. Recordaremos el nombre del SEÑOR nuestro Dios y dependeremos de él, de nuestra relación con él y de todo lo que conocemos de él por medio de su nombre». Esto incluye todas las maneras en que Dios se ha dado a conocer. Ellos mantendrán esto presente, y cada recordatorio fortalecerá su confianza. Quienes hacen de Dios y de su nombre su motivo de alabanza también pueden hacer de Dios y de su nombre su confianza.
La diferencia también se ve en el resultado de esa confianza, y por ese resultado podemos juzgar cuál elección es sabia (Salmos 20:8). Las cosas se conocen por la manera en que terminan. Los que confiaron en sus carros y caballos fueron derribados y cayeron. Sus caballos y sus carros no los salvaron; más bien, contribuyeron a su derrota y los convirtieron en un botín más fácil y valioso para el vencedor (2 Samuel 8:4). Pero quienes confían en el nombre del SEÑOR nuestro Dios no solo permanecen firmes y conservan su posición; también se levantan, avanzan contra el enemigo y triunfan sobre él.
Confiar en Dios y en su nombre con fe y obediencia es la manera más segura de levantarnos y permanecer firmes. Esa confianza nos sostendrá cuando todas las seguridades humanas fallen para quienes dependen de ellas.
En tercer lugar, terminan su oración por el rey con un clamor de ayuda, un «¡Hosanna!», que significa: «¡Sálvanos ahora, te rogamos, SEÑOR!» (Salmos 20:9). Podemos entenderlo como una oración para que Dios bendiga al rey y le conceda éxito. También puede significar que Dios hiciera del rey una bendición para ellos, de modo que los escuchara cuando clamasen por justicia y misericordia. Quienes desean recibir el bien de sus gobernantes deben orar por ellos de esta manera, porque los gobernantes, como todas las demás criaturas, son solamente lo que Dios hace que sean.
O bien, esto puede señalar al Mesías, ese Rey, el Rey de reyes. Entonces la oración significaría: «Escúchanos cuando clamemos. Ven a nosotros en el tiempo señalado, conforme a la promesa. Tú, el gran mediador que presenta peticiones, recibe nuestras oraciones y llévalas al Padre». Sin embargo, muchos intérpretes entienden el versículo de otra manera al hacer una pausa distinta: «SEÑOR, salva al rey y escúchanos cuando clamemos». De esa forma, el versículo resume todo el salmo y se usa en el libro de oración: «SEÑOR, salva al rey y escúchanos misericordiosamente cuando clamemos a ti».
Al cantar estos versículos, debemos animarnos a confiar en Dios y motivarnos a orar con fervor, como lo exige nuestro deber, por quienes tienen autoridad sobre nosotros. Así podremos vivir bajo su gobierno una vida tranquila y apacible, con toda piedad y honestidad.
De este capítulo
Salmos 20:1
"Que el Señor te escuche cuando estés angustiado; que el Dios mismo de Jacob te proteja."
Salmos 20:2
"Que te envíe auxilio y ayuda desde el santuario de Sión."
Salmos 20:3
"Que recuerde todas tus ofrendas y acepte con agrado tus holocaustos."
Salmos 20:4
"Que cumpla todos tus deseos y realice todos tus planes."
Salmos 20:5
"Así celebraremos tu victoria y levantaremos banderas en el nombre del Dios nuestro. ¡Que el Señor cumpla todas tus peticiones!"
Salmos 20:7
"Unos confían en sus carros de guerra y otros confían en sus caballos; pero nosotros confiamos en el Señor nuestro Dios."
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