Versículo destacado

Salmos 145:1 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

Hablaré de tu grandeza, mi Dios y Rey; bendeciré tu nombre por siempre.

Salmos 145:1

menu_book El versículo en contexto

auto_stories

Explora estudios bíblicos guiados

Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor

Micro-Study 5 días

Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)

Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.

Vista previa de la sesión 1:

Dichosos los humildes

schedule 6 min

Micro-Study 5 días

Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)

Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.

Vista previa de la sesión 1:

El cuidado del Pastor

schedule 5 min

lock_open Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones

person_add Crear cuenta gratis

auto_stories Comentario de Bible Guided

Este salmo lleva el título de salmo de alabanza de David, lo que probablemente significa que él lo escribió y amaba cantarlo con frecuencia. Era un compañero conocido para él dondequiera que fuera. En la primera parte del salmo, David alaba las cualidades gloriosas de Dios. Más adelante, alaba el reino de Dios y la manera en que lo gobierna.

David comienza mostrando quién debe dar gloria a Dios. Sin importar lo que hagan los demás, él mismo se dedicará por completo a alabar a Dios. Se anima a sí mismo a realizar esta buena obra y se entrega plenamente a ella. Para él, es tanto un deber como un motivo de alegría. Dice: «Te exaltaré y bendeciré tu nombre» (Salmos 145:1). Exaltar significa hablar muy bien de alguien. David quiere decir que hablará bien de Dios tal como él se ha dado a conocer, y que procurará despertar esos mismos pensamientos en los demás.

Repite este propósito una y otra vez: «Te bendeciré, alabaré tu nombre» (Salmos 145:2). Esa repetición muestra cuánto ama esta tarea, cuán firmemente ha decidido seguir realizándola y con qué frecuencia la lleva a cabo. También dice: «Hablaré de la honra de tu majestad» (Salmos 145:5) y: «Declararé tu grandeza» (Salmos 145:6). Daría gloria a Dios no solo en la adoración, sino también en las conversaciones cotidianas. Cuando el corazón está lleno de Dios, la boca hablará con reverencia y alabanza en muchas ocasiones. No podría haber un tema mejor que la gloria de Dios: es noble, plena, agradable, útil y está por encima de toda crítica.

David también muestra su decisión de seguir alabando a Dios. Dice: «Cada día te bendeciré». Alabar a Dios debe ser una tarea diaria. No debería pasar ningún día, ni siquiera uno ocupado o triste, sin que lo hagamos. Debemos considerarlo una de nuestras responsabilidades más necesarias y uno de nuestros consuelos más dulces. Dios nos bendice cada día y nos hace bien; por eso tenemos buenas razones para bendecirlo cada día y hablar bien de él.

También se propone continuar alabando a Dios para siempre: «Te bendeciré eternamente y para siempre» (Salmos 145:1, 2). Esto significa, en primer lugar, que tenía la intención de seguir alabando a Dios durante el resto de su vida. En segundo lugar, significa que los salmos que escribió seguirían siendo usados por la iglesia para alabar a Dios a través de las generaciones (2 Crónicas 29:30). En tercer lugar, significa que esperaba alabar a Dios para siempre en la vida venidera. Quienes hacen de la alabanza su tarea constante en la tierra la tendrán como su gozo eterno en el cielo.

David también está seguro de que otros se unirán a él. Cuando declare la grandeza de Dios, otras personas también hablarán de ella (Salmos 145:6). La expresarán abundantemente, como si la derramaran (Salmos 145:7), alabando a Dios con palabras fluidas y llenas de gracia, mejores que cualquier discurso cuidadosamente preparado. El entusiasmo de David animaría a muchos, y así ha sucedido. También espera que la alabanza continúe después de su tiempo: «Una generación alabará tus obras a otra» (Salmos 145:4). La generación mayor contará a la más joven lo que ha visto y oído. Declarará de manera completa y cuidadosa los actos poderosos de Dios (Salmos 78:3). Entonces la generación que está creciendo seguirá su ejemplo. Por eso, la muerte de los adoradores de Dios no disminuirá su adoración. Una nueva generación ocupará su lugar y continuará con esta buena obra, en cierta medida, hasta el fin de los tiempos.

Luego David explica por qué debemos dar gloria a Dios. Debemos declarar que el Señor es grande. Su presencia no tiene límites, su poder no puede ser resistido, su resplandor es demasiado grande para nosotros, su majestad inspira reverencia, su gobierno no tiene fronteras y su autoridad no puede ser cuestionada. No hay duda: el Señor es grande. Y si es grande, merece ser alabado con todo nuestro ser y con toda la reverencia posible. Su grandeza no puede comprenderse por completo, porque supera toda investigación. Nadie puede entender ni explicar plenamente cuán grande es Dios. Esto solo nos da más razones para alabarlo. Cuando no podemos llegar al fondo de sus profundidades mediante la búsqueda, debemos detenernos en su límite y adorar los misterios profundos de Dios (Romanos 11:33).

Dios es grande en su majestad por encima de los cielos, donde ha establecido su gloria. Cuando hablamos de su grandeza, también debemos hablar de la gloriosa honra de su majestad, del esplendor de su majestad (Salmos 145:5). Él brilla con tanta intensidad en el mundo celestial que hasta los ángeles quedan deslumbrados y cubren su rostro delante de él. Sus obras también son maravillosas en este mundo terrenal. El cuidado, la preservación y el gobierno de todas las criaturas muestran que su Creador es muy grande. Por eso, al declarar su grandeza, debemos reconocer las pruebas evidentes de ella y hablar de sus actos poderosos (Salmos 145:4), sus obras maravillosas (Salmos 145:5) y el poder de sus actos temibles (Salmos 145:6). Debemos ver a Dios actuando en todos los acontecimientos de este mundo. Se valen de distintos medios, pero Dios dirige todas las cosas como el gobernante supremo. Él lleva a cabo todo cuanto sucede.

Gran parte de su poder se manifiesta en su providencia, es decir, en su cuidado sabio y su gobierno del mundo. Estos son actos poderosos, imposibles de igualar por la fuerza de cualquier criatura. Allí también se manifiesta gran parte de su justicia. Son actos temibles, que producen reverencia en quienes honran a Dios y terror en los pecadores. Debemos hablar de estas cosas siempre que podamos. Debemos reconocer el dedo, la mano y el brazo de Dios en todas ellas, para maravillarnos de él.

También debemos dar gloria a Dios por su bondad, porque la bondad forma parte de su gloria (Éxodo 33:19). Es aquello que él se deleita en mostrar (Éxodo 34:6, 7), y es por lo que debemos alabarlo. «Proclamarán abundantemente la memoria de tu gran bondad» (Salmos 145:7). La bondad de Dios es una gran bondad. Sus riquezas nunca se agotan ni pueden disminuir, porque él siempre será tan rico en misericordia como lo ha sido desde el principio. Es una bondad digna de ser recordada: debemos mantenerla delante de nosotros y conservarla en la memoria, porque merece ser recordada para siempre.

El recuerdo que conservamos de la bondad de Dios también debe expresarse en palabras. Debemos derramarlo libremente, como quienes están llenos de esa bondad y desean que otros también la conozcan y experimenten. Pero cada vez que hablamos de la gran bondad de Dios, también debemos cantar acerca de su justicia. Él es bondadoso al recompensar a quienes le sirven fielmente, y es justo al castigar a quienes se rebelan contra él. La justicia constante de Dios es tan segura como su bondad interminable, y debemos celebrar ambas cosas juntas (Romanos 11:22).

Hay una fuente de bondad en la naturaleza de Dios (Salmos 145:8). El Señor es bondadoso con quienes le sirven. Está lleno de compasión hacia quienes lo necesitan, es lento para enojarse con quienes lo han ofendido y es rico en misericordia para todos los que lo buscan y la piden. Está dispuesto a dar y dispuesto a perdonar; está más dispuesto que nosotros a que le pidamos e incluso a que nos arrepintamos.

También hay corrientes de bondad en todas las maneras en que Dios gobierna y cuida el mundo, como dice Salmos 145:9. Como es bueno, hace el bien. Es bueno con todos, con todas sus criaturas, desde el ángel más elevado hasta el gusano más pequeño, excepto con los demonios y los pecadores condenados, que se han excluido a sí mismos de su bondad. Sus misericordias compasivas están sobre todas sus obras.

Todas sus obras y todas sus criaturas reciben los beneficios de su cuidado misericordioso y de su bondad. Su misericordia alcanza a todas, y él no aborrece nada de lo que ha hecho. Sin embargo, sus obras de misericordia resplandecen por encima de todas sus demás obras y muestran su gloria con mayor claridad que cualquiera de ellas. En ninguna otra cosa brillará para siempre la gloria de Dios tanto como en el pueblo que ha recibido misericordia, aquellos que fueron escogidos para la gloria. Y por la bondad de Dios, los santos cantarán aleluyas eternos.

IA cristiana que tiene en cuenta tu denominación

Aplica Salmos 145:1 a tu vida hoy

Recibe orientación basada en las Escrituras, consciente de tu denominación y personalizada para tu situación.

1 Haz tu pregunta arrow_forward 2 Considera tu tradición arrow_forward 3 Aplica las Escrituras

No necesitas tarjeta de crédito • Orientación bíblica • 15 créditos gratis para comenzar

De este capítulo

Oración diaria

Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria

Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.

Gratis. Cancela tu suscripción cuando quieras. Nunca compartimos tu correo electrónico.

Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.

Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.