Versículo destacado
Salmos 140:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
Señor, líbrame de los malvados; protégeme de los violentos,
Salmos 140:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Señor, líbrame de los malvados; protégeme de los violentos,
2 de los que traman el mal y provocan peleas a todas horas.
3 Su lengua es aguda, como de serpiente; sus palabras son como veneno de víbora.
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En esto, como también en otros aspectos, David apuntaba hacia Cristo. Sufrió antes de reinar, y fue humillado antes de ser exaltado. Así como muchas personas amaban a David y querían honrarlo, muchas otras lo odiaban, le tenían envidia e intentaban hacerle daño. Eso es lo que vemos en estos versículos.
Primero, David describe a sus enemigos. Los presenta tal como eran: hombres peligrosos y malvados, de quienes no tenía ninguna razón para pensar que Dios aprobaría su conducta. Parece que había un líder principal entre ellos, a quien llama el hombre malvado y el hombre violento (Salmo 140:1, 4). Probablemente se refería a Saúl. La paráfrasis aramea menciona tanto a Doeg como a Ahitofel (Salmo 140:9), pero ellos vivieron en épocas muy distintas. Las personas violentas son personas malvadas.
Había muchos otros aliados de este hombre, y David los trata como verdaderos hijos de la serpiente. Eran muy astutos y planeaban el mal con gran habilidad. Habían puesto en marcha su complot con cuidado, tratando de hacer caer a un hombre bueno al llevarlo a pecar, provocar problemas, arruinar su reputación, destruir su influencia y quitarle la vida (Salmo 140:2, 4). Escondían trampas, tendían redes y colocaban lazos como cazadores, esperando que sus planes permanecieran ocultos hasta que fuera demasiado tarde (Salmo 140:5). Los perseguidores poderosos también han sido muchas veces políticos astutos, lo que los hace aún más peligrosos. Pero el SEÑOR protege a los ingenuos, aun cuando ninguna habilidad humana pueda ayudarlos.
También estaban llenos de odio, eran tan maliciosos como el mismo Satanás. David dice que afilaban su lengua como una serpiente, que lanza su veneno por la boca. Sus palabras eran tan llenas de odio que parecía que debajo de sus labios no había más que veneno de serpiente (Salmo 140:3). Mediante mentiras y malos consejos, buscaban destruir a David, pero lo hacían en secreto, como alguien que es mordido por una serpiente escondida entre la hierba. También intentaban contagiar su malicia a otros, haciéndolos incluso peores que ellos mismos. Una lengua venenosa hace que las personas se parezcan a la serpiente antigua, y el veneno en los labios siempre revela que hay veneno en el corazón.
Además, se habían unido contra él. David dice que muchos de ellos se habían reunido para hacerle la guerra (Salmo 140:2). Quienes no pueden ponerse de acuerdo en ninguna otra cosa a menudo sí pueden ponerse de acuerdo para perseguir a un hombre bueno. Herodes y Pilato pudieron unirse con ese propósito, y al hacerlo actuaron como Satanás, quien no está dividido contra sí mismo, pues todos los demonios estaban de acuerdo bajo el poder de Beelzebú.
También eran orgullosos (Salmo 140:5), estaban llenos de sí mismos y seguros de que triunfarían. En eso también se parecían a Satanás, cuyo gran pecado fue el orgullo y cuya ruina vino por causa del orgullo. El orgullo de los perseguidores puede aterrorizar por un tiempo a los oprimidos, pero también puede animarlos, porque cuanto más arrogantes son los perseguidores, más cerca están de la ruina. El orgullo va antes de la destrucción.
Entonces David le pide a Dios que lo libre de ellos y que no permita que lo devoren: «Señor, líbrame, protégeme y guárdame» (Salmo 140:1, 4). Pide que no tengan éxito en quitarle la vida, arruinar su nombre, destruir su futuro ni impedirle llegar al trono. También pide que Dios lo guarde de hacer lo que ellos hacen, lo que quieren que haga o lo que esperan que haga. Cuanto más malicia vemos en nuestros enemigos, con mayor fervor debemos pedir la protección de Dios. Los creyentes pueden confiar en que están seguros en él y descansar con un corazón tranquilo en esa seguridad. Aquellos a quienes Dios protege están verdaderamente a salvo. Si Dios está a favor de nosotros, ¿quién puede estar contra nosotros?
Luego David se vuelve hacia Dios y, al hacerlo, se eleva por encima de sus perseguidores (Salmo 140:6, 7). Cuando sus enemigos afilaban la lengua contra él, él no afilaba la suya contra ellos. Sus labios estaban llenos de veneno de serpiente, pero los labios de David estaban llenos de gracia. Lo vemos en lo que le dice al SEÑOR, porque allí es donde dirigía la mirada cuando el peligro lo rodeaba. Es un gran consuelo saber que tenemos un Dios al cual acudir.
Primero encontró consuelo en pertenecerle a Dios: «Yo dije: Tú eres mi Dios». Si Dios es mi Dios, entonces también es mi escudo y mi fuerte protector. En tiempos oscuros y peligrosos, es bueno aferrarnos por la fe a nuestra relación con Dios. También encontró consuelo en tener acceso a Dios. No solo había sido llevado al pacto, es decir, a una relación vinculante con Dios, sino también a la comunión con él. Podía hablar con Dios y esperar una respuesta de paz. Por eso podía decir con humilde confianza: «Escucha la voz de mis ruegos, SEÑOR».
También encontró consuelo en la ayuda y la felicidad que tenía en Dios: «SEÑOR Dios» o «Jehová Adonai». Como Jehová, Dios es el que existe por sí mismo y es completamente suficiente; es perfecto y pleno en sí mismo. Como Adonai, es el Amo, gobernante y apoyo de David. Por eso es la fuerza de mi salvación, mi poderoso Salvador y aun mi salvación misma. Toda la esperanza de David descansa en él, y Dios lo es todo para hacerlo feliz y mantenerlo seguro hasta que alcance plenamente esa felicidad.
David también encuentra consuelo en lo que Dios ya había hecho por él: «Tú cubriste mi cabeza en el día de la batalla». Podía decir, como había alegado delante de Saúl, que muchas veces había arriesgado su vida en campo abierto por el bien de su pueblo. Y en esos peligros, Dios lo había protegido de manera extraordinaria. Dios le había dado un casco mejor que el de Goliat para protegerle la cabeza. Así que David razona, en efecto: «Señor, tú me mantuviste a salvo en las batallas contra los filisteos. No permitas ahora que caiga por las conspiraciones secretas de israelitas de corazón engañoso». Dios puede proteger a su pueblo de los complots ocultos tanto como de los ataques abiertos. La misericordia y el poder que nos ha mostrado en un tipo de peligro deben fortalecer nuestra confianza en él frente a otro. Nada puede acortar el alcance de la mano derecha del SEÑOR.
De este capítulo
Salmos 140:2
"de los que traman el mal y provocan peleas a todas horas."
Salmos 140:3
"Su lengua es aguda, como de serpiente; sus palabras son como veneno de víbora."
Salmos 140:4
"Señor, protégeme del poder de los malvados; protégeme de los violentos, de los que hacen planes para que yo caiga."
Salmos 140:5
"Esos orgullosos me han puesto una trampa; me han tendido una red y lazos; me han puesto trampas junto al camino."
Salmos 140:6
"Le he dicho al Señor: Tú eres mi Dios; ¡escucha, pues, mi grito suplicante!"
Salmos 140:7
"Señor, Señor, mi poderoso Salvador, tú proteges mi cabeza en el combate."
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