Versículo destacado
Salmos 138:6 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
Aunque el Señor está en lo alto, se fija en el hombre humilde y reconoce de lejos al orgulloso.
Salmos 138:6
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
4 Todos los reyes del mundo te alabarán cuando escuchen tus promesas.
5 Alabarán al Señor por lo que él ha dispuesto, porque grande es la gloria del Señor.
6 Aunque el Señor está en lo alto, se fija en el hombre humilde y reconoce de lejos al orgulloso.
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David se consuela aquí con tres verdades.
En primer lugar, descansa en el favor de Dios hacia los humildes (Salmos 138:6). El SEÑOR es excelso y no necesita nada de sus criaturas ni obtiene de ellas algún beneficio. Sin embargo, mira con favor a los humildes. Les concede su atención bondadosa y, a su debido tiempo, los honrará, mientras mantiene a los orgullosos a distancia. Conoce a los orgullosos, pero no los aprueba ni los acepta, por mucho que ellos afirmen contar con su favor. El Dr. Hammond considera que esto resume el evangelio que los reyes de la tierra escucharán y recibirán: los pecadores arrepentidos son aceptados por Dios, pero los pecadores obstinados que no se arrepienten son excluidos, como se ve en la parábola del fariseo y el publicano (Lucas 18).
En segundo lugar, David confía en que Dios cuidará de su pueblo afligido y maltratado (Salmos 138:7). Aunque David es un hombre grande y piadoso, espera atravesar dificultades; aun así, conserva la esperanza. Cuando su espíritu esté a punto de desfallecer, Dios lo reanimará y le dará calma y alegría en medio de sus problemas. El consuelo de Dios es suficientemente fuerte para levantarnos aun cuando el temor parezca agotarnos. Dios también lo protegerá y defenderá su causa. Extenderá su mano, no para destruir a los enemigos de David, sino para contener su enojo y ponerle límites. A su debido tiempo, la mano derecha de Dios lo salvará. Así como Dios tiene una mano para detener a sus enemigos, también tiene otra para salvar a su pueblo. Cristo es la mano derecha del SEÑOR, quien salva a todos los que le sirven.
En tercer lugar, David está seguro de que cualquier buena obra que Dios haya comenzado en su pueblo, la llevará a término (Salmos 138:8). El SEÑOR completará lo que concierne a David, especialmente lo que él más necesita. Dios sabe mejor que nosotros qué es verdaderamente importante. Nos preocupamos por muchas cosas que en realidad no nos corresponden, pero Dios sabe lo que de verdad necesitamos (Mateo 6:32) y hará que todo contribuya a nuestro bien. David también está pensando en aquello que él mismo debe considerar más importante: su deber para con Dios y su felicidad en Dios. Si esas son las cosas que más buscamos, entonces Dios ha comenzado una buena obra en nosotros, y quien la comenzó la llevará a término, como dice Pablo (Filipenses 1:6).
David basa esta confianza en la misericordia de Dios, que permanece para siempre. Ya había alabado esa misericordia anteriormente (Salmos 13:6), y por eso ahora puede confiar en ella con mayor seguridad. Si damos a Dios la gloria por su misericordia, también podemos hallar consuelo en ella. Nuestra esperanza de perseverar hasta el final no debe descansar en nuestras propias fuerzas, porque fallarán, sino en la misericordia de Dios, porque ella nunca falla. Es una buena oración decir: «SEÑOR, tu misericordia permanece para siempre; permite que yo sea una prueba duradera de ella».
David también convierte esta confianza en oración. Confiar en Dios no hace innecesaria la oración; hace que la oración sea más firme. Por eso pide: «No abandones la obra de tus propias manos». SEÑOR, yo soy obra de tus manos; no me abandones. Mis preocupaciones también son obra tuya; no dejes de ocuparte de ellas. Todo lo bueno que hay en nosotros es obra de las propias manos de Dios. Él produce en nosotros tanto el querer como el hacer lo que le agrada. Esa obra fracasará si él la deja a un lado. Pero, como la gloria de Dios como SEÑOR está ligada a que termine lo que comienza, podemos orar con fe: «SEÑOR, no la abandones». Él ama a los suyos hasta el fin, y la obra de Dios es perfecta.
De este capítulo
Salmos 138:1
"Te daré gracias, Señor, con todo mi corazón; te cantaré himnos delante de los dioses."
Salmos 138:2
"Me arrodillaré en dirección a tu santo templo para darte gracias por tu amor y tu verdad, pues has puesto tu nombre y tu palabra por encima de todas las cosas."
Salmos 138:3
"Cuando te llamé, me respondiste y aumentaste mis fuerzas."
Salmos 138:4
"Todos los reyes del mundo te alabarán cuando escuchen tus promesas."
Salmos 138:5
"Alabarán al Señor por lo que él ha dispuesto, porque grande es la gloria del Señor."
Salmos 138:7
"Cuando estoy en peligro, tú me mantienes con vida; despliegas tu poder y me salvas de la furia de mis enemigos."
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