Versículo destacado
Salmos 131:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
Señor, mi corazón no es orgulloso ni mis ojos son altaneros; tampoco voy tras cosas grandes y extraordinarias que están fuera de mi alcance.
Salmos 131:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Señor, mi corazón no es orgulloso ni mis ojos son altaneros; tampoco voy tras cosas grandes y extraordinarias que están fuera de mi alcance.
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Aquí encontramos dos motivos de consuelo.
En primer lugar, nos consuela conocer nuestra propia integridad. Esta era la alegría de David. Aunque la gente lo criticaba y enfrentaba muchas tentaciones, su propio corazón podía dar testimonio de que había caminado humildemente con su Dios. No buscaba una posición elevada ni quería hacer una gran exhibición ante el mundo. Si Dios lo hubiera dispuesto así, habría estado contento de pasar todos sus días en los rediles, como al principio.
En cierta ocasión, el hermano de David lo acusó airadamente de orgullo (1 Samuel 17:28), pero la acusación era falsa. Dios, quien examina el corazón, sabía que David no tenía una opinión orgullosa de sí mismo ni de su propio valor: «Señor, mi corazón no es altivo». Los creyentes humildes no piensan de sí mismos tan elevadamente como otros pueden pensar de ellos. No se enamoran de su propia imagen ni se jactan de sus avances o logros. Cuando el amor de Dios gobierna el corazón, desplaza el orgullo egoísta.
Dios también sabía que David no miraba con arrogancia: «Mis ojos no son arrogantes». No miraba con envidia a quienes estaban por encima de él ni despreciaba a quienes estaban por debajo. Por lo general, un corazón orgulloso se manifiesta en un rostro altivo (Proverbios 6:17), mientras que el recaudador de impuestos humilde ni siquiera se atrevía a levantar los ojos. David tampoco se ocupaba de asuntos que estaban por encima de su posición, ni de cosas demasiado grandes o elevadas para él. No perseguía especulaciones que estaban fuera de su alcance ni intentaba ser más sabio de lo que está escrito. Conocer a Dios y cumplir con nuestro deber ya es un aprendizaje suficientemente elevado para nosotros.
Tampoco se involucraba en asuntos demasiado grandes para él. Cuidaba ovejas y nunca se presentó como político. Tampoco actuaba como si fuera un soldado: cuando sus hermanos fueron a la guerra, él se quedó en casa cuidando las ovejas. Es sabio, y será motivo de honra para nosotros, permanecer en el lugar que nos corresponde y no entrometernos en asuntos que no nos pertenecen. Las personas que ocupan posiciones elevadas y quienes tienen mucho conocimiento no deben dedicarse a asuntos demasiado grandes para los seres humanos. Del mismo modo, quienes tienen una posición humilde o capacidades comunes no deben pretender trabajar en áreas que están más allá de ellos. Quienes buscan honores que no les corresponden terminarán en vergüenza.
En segundo lugar, nos consuela estar satisfechos con cualquier condición en la que Dios nos coloque. David dice que había calmado y aquietado su alma, como un niño recién destetado junto a su madre (Salmo 131:2). No había intentado alcanzar el reino con orgullo y, una vez que Dios se lo concedió, no actuó con arrogancia hacia los demás. Tampoco se inquietó tratando de obtener la corona antes del tiempo establecido por Dios. Era humilde como un niño pequeño, dócil y sin intentar alcanzar grandes cosas. Estaba completamente a disposición de Dios, como un niño en los brazos de su madre.
También estaba libre de aferrarse al honor y a las riquezas del mundo, como un niño destetado ya no depende de la leche materna. El corazón desea naturalmente las cosas del mundo, del mismo modo que un bebé desea la leche. Se apega a ellas, llora por ellas y llega a pensar que no puede vivir sin ellas. Pero, por la gracia de Dios, un alma renovada aprende a desprenderse de esas cosas. Las experiencias difíciles que Dios permite en su providencia suelen contribuir a ese desprendimiento. El niño puede mostrarse irritable y descontento por un tiempo, pensando que todo está perdido cuando le quitan el pecho. Pero pronto olvida su tristeza y se adapta a una nueva manera de alimentarse.
De la misma manera, un alma que ha recibido la gracia de Dios aprende a tranquilizarse cuando pierde aquello que amaba o no obtiene lo que esperaba. Aprende a estar satisfecha con Dios y con la gracia de su pacto cuando las cosas creadas le fallan. Cuando nuestra situación no es la que deseábamos, debemos ajustar nuestra manera de pensar a la realidad en la que Dios nos ha colocado. Así encontramos paz en nuestro interior y con quienes nos rodean, como un niño destetado.
A partir de esto, David llama a todo el pueblo de Dios a confiar en el Señor: «Que Israel espere en el Señor, ahora y para siempre» (Salmo 131:3). David podía esperar con paciencia y tranquilidad la corona que Dios le había prometido, pero Israel, que lo amaba, podía sentirse tentado a actuar demasiado pronto para favorecerlo. Por eso también tranquiliza al pueblo y le dice que espere en el Señor, porque a su debido tiempo verían un cambio favorable. Es bueno esperar y aguardar en silencio la salvación del Señor.
De este capítulo
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