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Salmos 111:6 - Significado y aplicación

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Traducción: Biblia BibleGuided — Español

Mostró a su pueblo el poder de sus obras al darle lo que era posesión de los paganos.

Salmos 111:6

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Aquí se nos enseña a dar gloria a Dios por las grandes cosas que ha hecho por su pueblo, especialmente por Israel en tiempos antiguos y también en días posteriores. Él ha mostrado a su pueblo el poder de sus obras (Salmo 111:6), por medio de lo que ha hecho a favor de ellos. Muchas veces ha demostrado su poder todopoderoso, mostrándoles lo que puede hacer y que nada es demasiado difícil para él.

Se mencionan dos cosas para mostrar el poder de sus obras. Primero, está la tierra que Dios les dio a los israelitas en Canaán, la tierra de las naciones, es decir, de los pueblos que vivían allí antes que ellos. Lo hizo en los días de Josué, cuando fueron derrotadas las siete naciones, y nuevamente en los días de David, cuando las naciones vecinas fueron sometidas al dominio de Israel y se convirtieron en súbditas de David. Con esto, Dios mostró su autoridad sobre los reinos, pues los entrega a quien él quiere, y mostró su poder para llevar a cabo lo que se propone. Si Dios hace que la herencia de las naciones se convierta en la herencia de Israel, ¿quién puede cuestionar su propósito o detener su mano?

En segundo lugar, están las muchas liberaciones que realizó a favor de su pueblo cuando, por sus pecados, se habían puesto en manos de sus enemigos (Salmo 111:9). Él envió redención a su pueblo, no solamente en el éxodo de Egipto, sino muchas veces después. Esos rescates apuntaban hacia la gran redención que vendría por medio del Señor Jesús: la redención en Jerusalén que tantos estaban esperando.

También se nos enseña a dar gloria a Dios por la firmeza tanto de su palabra como de sus obras, las cuales nos dan confianza respecto a las grandes cosas que todavía hará. Lo que Dios ha hecho nunca será deshecho. Él mismo no lo deshará, y ni las personas ni los demonios pueden deshacerlo (Salmo 111:7). Las obras de sus manos son verdad y justicia (Salmo 111:8). Esto significa que las realiza con verdad y rectitud. Todo lo que hace está de acuerdo con las normas eternas de justicia y sabiduría, y nada de lo que hace necesita ser corregido o mejorado. Lo que Dios comienza, lo llevará a término. Lo que está bien hecho perdura y no falla bajo presión.

Lo que Dios ha dicho tampoco dejará de estar dicho. Todos sus mandamientos son seguros, rectos y firmes. Sus propósitos, que guían todas sus acciones, se cumplirán por completo. Él ha hablado, ¿y acaso no hará lo que dijo? Por supuesto que sí. Ya sea que ordene que haya luz o tinieblas, sucede tal como él lo dice. Sus mandamientos, que guían nuestra vida, son completamente justos y buenos; por eso no cambian ni deben dejarse de lado. Todas sus promesas y advertencias son ciertas y se cumplirán. La incredulidad humana no puede hacer que ninguna de ellas pierda su poder. Están establecidas, por lo que permanecen para siempre, y la Escritura no puede ser quebrantada. El Dios sabio nunca necesita reconsiderar sus planes ni cambiar sus métodos, ya sea en su ley o en su providencia, es decir, en su gobierno y dirección del mundo. Todo lo que dice y hace está basado en la verdad y la rectitud, y por eso no puede cambiar. La insensatez y la deshonestidad humanas hacen que las personas sean inestables, pero la sabiduría y la verdad perfectas de Dios nunca le permiten retractarse de lo que ha dicho. Él ha ordenado su pacto para siempre. Su pacto, su promesa y acuerdo firme con su pueblo, permanece por su autoridad, y él tiene todo el poder para cumplir tanto sus bendiciones como sus advertencias (Salmo 105:8).

También se nos muestra cómo la fe se establece y se fortalece entre las personas. Puesto que su nombre es santo y digno de reverencia, y puesto que el temor del Señor es el principio de la sabiduría, su alabanza permanece para siempre; es decir, él debe ser alabado para siempre. Todo lo que Dios ha revelado acerca de sí mismo en su palabra y en sus obras muestra su grandeza y nos llama a tener un temor reverente. Su nombre es santo. Su pureza perfecta y su rectitud se manifiestan en todo aquello por medio de lo cual se da a conocer. Como es santo, también debemos reverenciarlo y contemplarlo con asombro. Lo santo es digno de reverencia. Los ángeles contemplan la santidad de Dios cuando cubren sus rostros delante de él, y nada honra más a una persona que hacerla santa. Dios se manifiesta de manera más imponente en sus lugares santos (Salmo 68:35; Levítico 10:3).

La fe también contribuye a la felicidad humana. Debemos alabar a Dios porque reverenciarlo y obedecerlo es tan bueno para nosotros como es nuestro deber. El temor del Señor es el principio de la sabiduría. Es razonable que temamos a Dios, puesto que su nombre es digno de reverencia y su naturaleza es santa. Pero también es bueno para nosotros. Es sabiduría porque nos enseña a hablar y actuar correctamente, en armonía con nosotros mismos y para nuestro propio bien. Es el principio de la sabiduría porque nadie comienza realmente a ser sabio hasta que empieza a temer a Dios. Toda verdadera sabiduría comienza con la verdadera fe y se edifica sobre ella. También puede significar la sabiduría principal, la más elevada y mejor. La mayor sabiduría consiste en adorar a Dios y honrarlo como nuestro Padre y Señor. Quienes viven bajo su santo temor son los que saben vivir bien.

El buen entendimiento pertenece a todos los que cumplen sus mandamientos. Cuando el temor del Señor gobierna el corazón, surge un deseo constante y cuidadoso de guardar sus mandamientos, no solo de hablar de ellos, sino de ponerlos en práctica. Esas personas tienen buen entendimiento. En cierto sentido, son bien consideradas. Dios acepta con bondad su obediencia como prueba de que realmente lo reverencian. Dios y las personas las considerarán sinceras y las aprobarán, aunque no sean perfectas. Lo que se hace con sinceridad será recibido favorablemente. Compárese con Proverbios 3:4.

En otro sentido, tienen buen entendimiento porque comprenden bien. Su obediencia demuestra que realmente entienden. Los más obedientes también son los verdaderamente sabios. Quienes hacen de la ley de Dios su norma y se dejan gobernar por ella en todo comprenden mejor que otros quiénes son y qué les conviene. Una cosa es tener una mente amplia y hablar con conocimiento acerca de los mandamientos de Dios, pero otra muy distinta es tener buen entendimiento y ponerlos realmente en práctica. Además, ese es el camino para comprender cada vez más. El temor del Señor y sus leyes dan a las personas una mente sana y pueden hacerlas sabias para la salvación. Si alguien está dispuesto a hacer la voluntad de Dios, conocerá cada vez con mayor claridad la enseñanza de Cristo (Juan 7:17). El buen resultado pertenece a todos los que hacen estas cosas, tal como se le prometió a Josué si obedecía cuidadosamente la ley.

(Josué 1:8) Entonces prosperarás en tu camino y tendrás buen éxito. Tenemos razones para alabar a Dios, y para alabarlo por siempre, porque ha puesto a las personas en un camino tan bueno hacia la felicidad.

Algunos consideran que las últimas palabras no se refieren al Dios bueno, sino a la persona buena que teme al Señor: «Su alabanza permanece para siempre». Puede que esa alabanza no provenga de las personas, sino de Dios, porque la verdadera alabanza viene de Dios (Romanos 2:29). Esa alabanza dura para siempre, mientras que la alabanza que proviene de las personas se desvanece y desaparece.

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