Versículo destacado
Salmos 108:6 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
Sálvanos con tu poder, para que sean liberados los que amas. ¡Respóndenos!
Salmos 108:6
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
4 Pues tu amor es más grande que los cielos. ¡Tu lealtad alcanza al cielo azul!
5 ¡Dios mío, tú estás por encima del cielo; tu gloria llena toda la tierra!
6 Sálvanos con tu poder, para que sean liberados los que amas. ¡Respóndenos!
7 Dios habló desde su santuario: ¡Con qué alegría dividiré Siquem y repartiré el valle de Sucot!
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Aquí aprendemos tanto a orar como a alabar.
En la oración debemos tener presente el bien de todos y llevar las necesidades de la iglesia de Dios ante el trono de la gracia, como vemos en (Salmos 108:6). La iglesia pertenece al corazón de Dios, así que también debe ser valiosa para nosotros. Debemos orar por su liberación y considerar una respuesta a nuestras propias oraciones el hecho de que Dios ayude a su iglesia, aun cuando demore en concedernos lo que le pedimos para nosotros mismos. «Salva a tu iglesia, y me habrás respondido; con eso tengo todo lo que necesito». Cuando David dice: «Que toda la tierra se llene de la gloria de Dios», sus oraciones han llegado a su plenitud, porque ya no desea nada más (Salmos 72:19-20).
También debemos orar confiando en el poder y la promesa de Dios. Confiamos en su poder cuando pedimos: «Sálvanos con tu mano derecha, que es poderosa para salvar». Y confiamos en su promesa cuando recordamos que «Dios ha hablado en su santidad» por medio de su santa palabra, y que ha jurado por su santidad; por eso podemos alegrarnos (Salmos 108:7). Lo que Dios promete, lo cumplirá, porque su palabra revela tanto su verdad como su poder. La fe viva puede alegrarse por lo que Dios ha dicho aun antes de que suceda, porque para Dios hablar y hacer nunca están separados como lo están en nosotros.
En la oración también debemos hallar consuelo en lo que Dios ya ha asegurado para nosotros, aun antes de poseerlo plenamente. Dios le había prometido a David el corazón de sus súbditos, por lo que David habla de distintas regiones del país como si ya fueran suyas: «Siquem y Sucot, Galaad y Manasés, Efraín y Judá son míos» (Salmos 108:8). De la misma manera, podemos hablar con confianza de lo que Dios prometió al Hijo de David, Jesús. Sin duda Dios le dará las naciones como herencia y los confines de la tierra como posesión, porque ha hablado en su santidad. Tampoco perderá a ninguno de los que le fueron dados y, como David, tendrá el corazón de su pueblo (Juan 6:37).
Dios también le prometió a David la victoria sobre sus enemigos, por eso David habla de Moab, Edom y Filistea como si ya fueran suyos (Salmos 108:9). «Triunfaré sobre Filistea» explica la frase anterior: «Filistea, grita de triunfo por mí», que algunos creen que debería leerse: «Alma mía, triunfa sobre Filistea». De la misma manera, el Salvador resucitado está sentado a la diestra de Dios, completamente seguro de que, a su debido tiempo, todos sus enemigos serán puestos como estrado de sus pies, aunque todavía no todo esté bajo su dominio (Hebreos 2:8).
También debemos permitir que las primeras señales de la misericordia de Dios nos animen a seguir orando y esperando que él termine lo que ha comenzado (Salmos 108:10-11). «¿Quién me llevará a las ciudades fortificadas que aún no han sido conquistadas? ¿Quién me hará dueño de Edom, que todavía no ha sido sometido?». Es posible que esto se haya hablado en el consejo privado de David o en un consejo de guerra, pero él lleva el asunto a la oración y lo deja en manos de Dios: «¿Acaso no lo harás tú, Dios mío? Sí, ciertamente lo harás». Tal vez también habló con especial confianza por causa de la antigua profecía sobre Jacob y Esaú, según la cual el mayor serviría al menor, y por causa de la bendición de Jacob, que lo puso por encima de Esaú (Génesis 27:37).
No debemos desanimarnos en la oración ni alejarnos de Dios, aunque a veces parezca que sus providencias están en nuestra contra. «Aunque nos hayas rechazado, saldrás con nuestros ejércitos» (Salmos 108:11). «Volverás a consolarnos después del tiempo en que nos afligiste». En ocasiones, las circunstancias difíciles tienen el propósito de probar cuán firmes son realmente nuestra fe y nuestra oración. Por eso debemos seguir orando en medio de las dificultades y no cansarnos.
Debemos pedirle ayuda a Dios y renunciar a toda confianza en la fuerza humana (Salmos 108:12). «Señor, ayúdanos en la angustia, haz prosperar nuestros planes y derrota los planes de nuestros enemigos». No está fuera de lugar hablar de la angustia mientras hablamos de la victoria, especialmente cuando eso nos lleva a pedir ayuda del cielo. «Inútil es la ayuda humana» es una súplica poderosa. Significa: «La ayuda humana es verdaderamente inútil; sin tu ayuda estamos perdidos. Lo sabemos, y por eso dependemos de ti y tenemos razones para esperar tu ayuda».
Debemos depender por completo del favor y la gracia de Dios tanto para recibir fuerzas como para alcanzar el éxito en nuestro trabajo y en nuestras batallas (Salmos 108:13). Debemos hacer nuestra parte, pero no podemos hacer nada por nosotros mismos; solo por medio de Dios actuaremos con valentía. El apóstol Pablo expresa lo mismo cuando dice que puede hacer todo lo que importa únicamente por medio de Cristo, quien le da fuerzas (Filipenses 4:13). Y aun después de haber hecho nuestro mejor esfuerzo, no podemos vencer por nuestro propio mérito ni poder. Es Dios mismo quien aplasta a nuestros enemigos; de lo contrario, todo nuestro valor sería insuficiente. Todo lo que hagamos y todo lo que alcancemos debe darle toda la gloria a Dios.
De este capítulo
Salmos 108:1
"Mi corazón está dispuesto, Dios mío, ¡dispuesto a cantarte himnos! Despierta, alma mía;"
Salmos 108:2
"despierten, arpa y salterio; ¡despertaré al nuevo día!"
Salmos 108:3
"Te alabaré con himnos, Señor, en medio de pueblos y naciones."
Salmos 108:4
"Pues tu amor es más grande que los cielos. ¡Tu lealtad alcanza al cielo azul!"
Salmos 108:5
"¡Dios mío, tú estás por encima del cielo; tu gloria llena toda la tierra!"
Salmos 108:7
"Dios habló desde su santuario: ¡Con qué alegría dividiré Siquem y repartiré el valle de Sucot!"
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