Versículo destacado
Salmos 107:33 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
El Señor convierte los ríos y los manantiales en desiertos y tierras secas;
Salmos 107:33
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
31 Den gracias al Señor por su amor, ¡por lo que hace en favor de los hombres!
32 ¡Aclámenlo cuando se reúna el pueblo! ¡Alábenlo en la reunión de ancianos!
33 El Señor convierte los ríos y los manantiales en desiertos y tierras secas;
34 convierte las tierras fértiles en tierras salitrosas, por la maldad de sus habitantes;
35 convierte los desiertos en lagunas y las tierras secas en manantiales;
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El salmista ya ha alabado a Dios por la manera en que trae alivio a quienes están afligidos. Aquí también le da la gloria por los cambios de su providencia, esos giros sorprendentes que Dios a veces produce en los asuntos humanos.
Comienza con ejemplos de esos cambios. La tierra fértil puede volverse estéril, y la tierra estéril puede volverse fértil. Gran parte del bienestar de la vida depende de la tierra donde vivimos. El pecado humano a menudo ha echado a perder la fertilidad del suelo y lo ha vuelto inútil (Salmos 107:33-34). Una tierra regada por ríos puede convertirse en un desierto. Un terreno que antes tenía manantiales puede perder hasta sus corrientes de agua y volverse un suelo seco y arenoso, incapaz de producir algo de valor. Muchas tierras fértiles se convierten en lugares cubiertos de sal, no principalmente por causas naturales, sino por el justo juicio de Dios contra los malvados que viven allí, como ocurrió con el valle de Sodoma. Si la tierra es mala, muchas veces se debe a que la gente es mala. Es justo que el suelo se vuelva improductivo para quienes no dan fruto para Dios, sino que sirven a Baal con su grano y su vino.
Sin embargo, la bondad de Dios también ha sanado muchas veces la tierra estéril y ha convertido un desierto en un lugar de manantiales (Salmos 107:35). Se dice que Canaán, antes famosa por su fertilidad, ahora es un lugar inútil y sin fruto, tal como Moisés lo había anunciado (Deuteronomio 29:23). En cambio, tierras que antes eran desiertos sin cultivar han sido llenadas de cosas buenas. Los asentamientos en Estados Unidos, comparados con las ruinas de muchas tierras que alguna vez fueron famosas en Asia y Europa, pueden ayudarnos a entender esto.
Un segundo ejemplo es que las familias necesitadas son levantadas y enriquecidas, mientras que las familias prósperas son humilladas y decaen. Al observar el mundo, vemos a muchos que han alcanzado una gran prosperidad partiendo de comienzos modestos, con antepasados pobres y desconocidos (Salmos 107:36-38). Dios hace que quienes tenían hambre vivan en tierras fértiles. Allí se establecen, echan raíces y construyen una ciudad para ellos y para sus hijos. Dios pone buenas tierras en sus manos, y ellos edifican sobre ellas. Muchas ciudades comienzan con familias que crecen. Pero la tierra por sí sola no basta. También es necesario preparar un lugar donde vivir, sembrar los campos y plantar viñas (Salmos 107:37), porque hasta un rey depende del campo para su sustento.
Aun los campos fértiles no producirán una cosecha si no se siembran, y no habrá viñas si no se plantan. El trabajo humano debe acompañar la bendición de Dios, y entonces la bendición de Dios corona el trabajo humano. La riqueza del suelo debería animarnos a trabajar con diligencia, porque, por regla general, la mano del diligente, con la bendición de Dios, enriquece (Salmos 107:38). Dios también los bendice para que en poco tiempo se multipliquen considerablemente, y no permite que disminuya su ganado. Así como al principio de la creación, la tierra y las criaturas siguen aumentando por la bendición de Dios (Génesis 1:22). Dependemos de él tanto para el aumento del ganado como para el crecimiento de las cosechas. Si Dios lo permitiera, el ganado disminuiría de muchas maneras, y pronto la gente sufriría las consecuencias.
Pero muchos de los que prosperan de esta manera también caen con la misma rapidez y vuelven a ser humillados (Salmos 107:39). Por medio de circunstancias difíciles, son reducidos y terminan sus días tan abajo como comenzaron, o sus hijos pierden con la misma rapidez lo que ellos ganaron. Dispersan lo que antes habían reunido. La riqueza terrenal es inestable. A menudo, quienes se han llenado de riquezas se vuelven tan descuidados y quedan tan absorbidos por ellas que las pierden antes de darse cuenta de lo que ha sucedido. Por eso la Escritura habla de las riquezas engañosas y de la riqueza de la injusticia. Dios tiene muchas maneras de empobrecer a las personas. Puede hacerlo mediante la opresión, la aflicción y el dolor, como lo hizo cuando humilló a Job.
Otro ejemplo es que quienes ocupan una posición elevada y son grandes ante el mundo son derribados, mientras que quienes son humildes y despreciados son elevados al honor (Salmos 107:40-41). A veces los príncipes son destronados y reducidos a la pobreza. Dios derrama desprecio sobre ellos, incluso delante de las mismas personas que antes los admiraban. A quienes se engrandecen, Dios los humilla. Para hacerlo, puede dejarlos confundidos e incapaces de pensar con claridad. Hace que anden errantes por un desierto donde no hay camino. Frustra los planes con los que esperaban sostener su poder y su gloria, y los lleva a una confusión total, de modo que no saben hacia dónde volverse. Esto también se observa en Job 12:24-25.
Al mismo tiempo, Dios eleva a los pobres a posiciones de honor (Salmos 107:41). Los levanta del polvo y los sienta en un trono de gloria (1 Samuel 2:8; Salmos 113:7-8). Quienes estaban afligidos y pisoteados no solo son librados, sino que son colocados fuera del alcance de sus aflicciones y por encima de sus enemigos. Se les da autoridad sobre quienes antes gobernaban sobre ellos. Su honor aumenta y su posición se afirma por medio de los muchos hijos que Dios les concede. Él hace que sus familias sean numerosas como un rebaño de ovejas, y las ovejas son útiles, sociables, dóciles y pacíficas. El mismo Dios que les envía alimento también les envía bocas que alimentar. Dichoso el hombre que tiene su aljaba llena de flechas, porque no será avergonzado cuando hable con sus enemigos en la puerta (Salmos 127:5). Debemos reconocer a Dios tanto cuando establece las familias como cuando las fortalece.
Por eso, que nadie envidie a un príncipe ni desprecie a una persona pobre, porque Dios tiene muchas maneras de cambiar la condición de ambos.
Estos giros sorprendentes de la providencia son útiles de varias maneras. Consuelan a los justos, que los ven y se alegran (Salmos 107:42). Ellos se deleitan al ver cómo Dios manifiesta su poder y deja claro su gobierno sobre los seres humanos. Para una persona buena es un gran consuelo ver cómo Dios gobierna a las personas, como un alfarero trabaja con el barro, para cumplir sus propios propósitos por medio de ellas. También es un consuelo ver que la virtud humilde es levantada y que la impiedad orgullosa es derribada hasta el polvo; así se hace evidente que verdaderamente hay un Dios que juzga en la tierra.
Estos cambios también silencian a los pecadores. Todo tipo de pecado será detenido. Demuestran la necedad de los ateos y de quienes niegan la providencia de Dios, es decir, su cuidado sabio y su gobierno sobre todas las cosas. Puesto que el ateísmo práctico está en la raíz de todo pecado, esto también silencia al pecado mismo. Cuando los pecadores ven que su castigo corresponde a su pecado y que Dios les quita justamente los dones que ellos usaron mal, no tendrán nada que decir en su defensa. Dios será reconocido como justo y quedará demostrado que él es inocente.
Para mostrar plenamente la bondad de Dios, el salmo dice que quien sea sabio y observe estas cosas, estos distintos actos de la providencia divina, entenderá la misericordia del Señor (Salmos 107:43). Este es un objetivo digno: comprender correctamente la misericordia de Dios. En la vida de fe es muy beneficioso estar convencidos de la bondad de Dios, conocerla por experiencia y sentir su peso en el corazón, de modo que su misericordia permanezca delante de nuestros ojos (Salmos 26:3).
El salmo también señala la manera correcta de alcanzar este objetivo: debemos observar cuidadosamente la providencia de Dios, su gobierno sabio sobre los acontecimientos. Debemos guardar estas cosas en el corazón, prestarles atención y tenerlas presentes (Lucas 2:19). No se trata de una enseñanza pasajera, sino de algo que debemos recordar y meditar.
El salmo termina llamando sabiduría a este tipo de atención. Quien es sabio debe demostrarlo al notar las obras de Dios y hacerse más sabio por medio de ellas. Observar cuidadosamente la manera en que Dios actúa en la vida contribuye mucho a formar a un cristiano maduro.
De este capítulo
Salmos 107:1
"Den gracias al Señor, porque él es bueno y su amor es eterno."
Salmos 107:2
"Díganlo los que el Señor ha salvado, aquellos a quienes salvó del poder del enemigo,"
Salmos 107:3
"aquellos a quienes reunió de entre los países del norte y del sur, del este y del oeste."
Salmos 107:4
"Andaban perdidos por el desierto arenoso, sin encontrar el camino hacia una ciudad donde vivir;"
Salmos 107:5
"tenían hambre y sed; ¡estaban a punto de morir!"
Salmos 107:6
"Pero en su angustia clamaron al Señor, y él los libró de la aflicción."
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