Versículo destacado
Proverbios 8:22 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" El Señor me creó al principio de su obra, antes de que él comenzara a crearlo todo. "
Proverbios 8:22
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
20 Yo voy por el camino recto, por las sendas de la justicia.
21 A los que me aman les doy su parte: lleno sus casas de tesoros.
22 El Señor me creó al principio de su obra, antes de que él comenzara a crearlo todo.
23 Me formó al principio del tiempo, antes de que creara la tierra.
24 Me engendró antes de que existieran los grandes mares, antes de que brotaran los ríos y los manantiales.
Explora estudios bíblicos guiados
Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor
Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)
Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.
Vista previa de la sesión 1:
Dichosos los humildes
6 min
Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)
Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.
Vista previa de la sesión 1:
El cuidado del Pastor
5 min
Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
Crear cuenta gratisComentario de Bible Guided
Está muy claro que aquí habla una persona sabia y divina. No se trata simplemente de una cualidad interior de Dios, porque a la Sabiduría se le atribuyen palabras y acciones personales. Esa persona sabia y divina no puede ser otra que el Hijo de Dios mismo, ya que otras partes de la Escritura dicen lo mismo acerca de él, y la Escritura debe explicar la Escritura.
Si Salomón solo quiso alabar la sabiduría como una de las cualidades de Dios y animar a las personas a buscarla, el Espíritu Santo lo llevó más allá de esa intención. Como sucedió muchas veces con David, sus palabras alcanzan un nivel que solo corresponde al Hijo de Dios. Por eso, estos versículos nos conducen a grandes verdades acerca de Cristo, y toda la revelación de Dios es la revelación de Jesucristo, que Dios le dio. Aquí se nos muestra quién es él dentro del plan eterno de Dios: el Mediador, aquel que une a Dios con las personas.
La mejor explicación de estos versículos se encuentra al comienzo del Evangelio de Juan, especialmente en los primeros cuatro versículos, donde dice: «En el principio ya existía el Verbo». Al contemplar al Hijo de Dios, primero vemos que es una persona y que tiene una existencia distinta. Él es uno con el Padre y tiene la misma naturaleza divina, pero también es una persona en sí mismo. El SEÑOR lo poseía (Proverbios 8:22), fue establecido desde la eternidad (Proverbios 8:23), fue engendrado (Proverbios 8:24, Proverbios 8:25) y estaba junto a Dios (Proverbios 8:30). Él es la imagen exacta del ser del Padre (Hebreos 1:3).
También vemos su eternidad. Fue engendrado por el Padre, pues el SEÑOR lo poseía como su propio Hijo, su Hijo amado, y lo tenía junto a su corazón, una imagen de amor íntimo. Fue engendrado como el unigénito del Padre, y todo esto ocurrió antes de que el mundo comenzara, algo que aquí se enfatiza mucho. El Verbo es eterno y existía antes del mundo y antes de que comenzara el tiempo; por lo tanto, existe desde la eternidad. El SEÑOR lo poseía al principio de su camino, es decir, en sus planes eternos, pues esos planes existían antes que sus obras.
En realidad, ese camino no tuvo comienzo, porque los propósitos de Dios dentro de sí mismo son eternos, igual que él. Sin embargo, Dios nos habla en lenguaje humano. La Sabiduría dice: «Fui establecida desde la eternidad» (Proverbios 8:23). En el consejo eterno de Dios, el Hijo fue designado y honrado como la sabiduría y el poder del Padre, su luz y su vida, y como aquel por medio de quien se realiza todo en la creación y en la redención. Las muchas maneras en que esto se expresa aquí se parecen mucho a las formas en que la Escritura describe la eternidad de Dios, como cuando dice: «Antes de que nacieran los montes» (Salmo 90:2).
Él existía antes que la tierra, que fue hecha al principio, y antes de que fuera creado el ser humano. Por eso, el segundo Adán, Cristo, existía antes que el primer Adán: el primero fue hecho de la tierra, pero el segundo ya existía antes que la tierra y no procede de ella (Juan 3:31). Él estaba antes de que se formara el mar (Proverbios 8:24), antes de que se reunieran las aguas profundas, antes de que surgieran las fuentes y antes de aquel abismo sobre el cual se movía el Espíritu de Dios cuando fue creado el mundo visible (Génesis 1:2).
También estaba antes que los montes, las colinas eternas (Proverbios 8:25). Elifaz le preguntó a Job, para mostrarle lo poco que conocía los planes de Dios: «¿Acaso naciste antes que las colinas?» (Job 15:7). La respuesta era no. Pero antes que las colinas, el Verbo eterno ya había sido engendrado. Él existía antes que las regiones habitadas del mundo, donde las personas trabajan la tierra y disfrutan de sus frutos (versículo 26). Existía antes que los campos de los valles y las llanuras, que los montes protegen como una muralla, y antes que se formara el polvo del mundo en cualquier sentido. Existía antes que el ser humano, hecho del polvo de la tierra y destinado a volver al polvo, aunque es la parte principal del polvo: polvo que recibió vida y fue formado de manera extraordinaria. El Verbo eterno existía antes que el ser humano, porque en él estaba la vida de los seres humanos.
También vemos su participación en la creación del mundo. No solo existía antes que el mundo; estuvo presente cuando fue creado, no como un espectador, sino como el arquitecto. Dios humilló a Job al preguntarle: «¿Dónde estabas tú cuando puse los fundamentos de la tierra? ¿Quién determinó sus dimensiones?» (Job 38:4). ¿Acaso Job era aquel Verbo y aquella Sabiduría eternos que dirigieron esa gran obra? No; Job solo era un hombre de ayer. Pero aquí el Hijo de Dios, aparentemente refiriéndose a ese tipo de desafío, afirma que participó en aquello que Job no podía decir que hubiera presenciado ni realizado: la creación del mundo. Por medio de él Dios hizo el mundo (Efesios 3:9; Hebreos 1:2; Colosenses 1:16).
Cuando Dios dijo: «Que exista la luz» el primer día, y la luz apareció por medio de su palabra, esta Sabiduría eterna era aquel Verbo todopoderoso. «Allí estaba yo», dice, «cuando él preparó los cielos», la fuente de esa luz, cualquiera que sea su significado específico aquí, pero algo real y sustancial. El segundo día, también estuvo activo cuando Dios extendió el cielo, esa inmensa expansión, y lo colocó como un compás sobre las profundidades (Proverbios 8:27), cubriéndolo por todos lados como un dosel o una cortina.
Esto también puede referirse al orden exacto y al plan mediante los cuales Dios formó cada parte del universo, como un constructor que traza su obra con una línea y un compás. Nada de lo que quedó terminado se apartó del plan formado en la mente eterna. Él también participó en la obra del tercer día, cuando se reunieron las aguas sobre los cielos al colocar las nubes arriba, y se juntaron las aguas debajo de los cielos al afirmar las fuentes de las profundidades, que hacen brotar esas aguas (Proverbios 8:28). También mantuvo el mar dentro de sus límites (Proverbios 8:29).
Esto demuestra el honor de la Sabiduría eterna. Por medio de ella, Dios demuestra que es digno de un profundo temor reverente (Jeremías 5:22), pues puso la arena como límite del mar para que la tierra seca permaneciera por encima de las aguas y siguiera siendo habitable. De esta manera estableció los fundamentos de la tierra. ¡Qué apropiado es el Hijo de Dios para ser el Salvador del mundo, puesto que él fue su Creador!
Finalmente, vemos el gran deleite del Padre en él y el deleite del Hijo en el Padre (Proverbios 8:30). «Yo estaba junto a él, como alguien criado a su lado». Así como fue engendrado eternamente por el Padre, también fue criado eternamente junto a él en su consejo. Esto muestra, en primer lugar, el amor infinito del Padre por el Hijo, quien por eso es llamado el Hijo de su amor (Colosenses 1:13). También muestra que ambos tenían un entendimiento compartido y un acuerdo pleno acerca de la obra de redención de la humanidad, que el Hijo llevaría a cabo. Entre ellos existía un consejo de paz (Zacarías 6:13).
Él era el aprendiz del Padre, por decirlo así, instruido desde la eternidad para la obra que realizaría en el tiempo, cuando llegara el momento señalado. En esa obra estuvo bajo el cuidado y el apoyo especial del Padre: «mi siervo, a quien sostengo» (Isaías 42:1). Hizo lo que veía hacer al Padre (Juan 5:19), agradó a su Padre, buscó su gloria y cumplió todo conforme al mandato que había recibido del Padre, como alguien criado junto a él.
Siempre fue el deleite del Padre: «mi escogido, en quien me deleito» (Isaías 43:1), y él también se regocijaba siempre delante del Padre. Esto puede referirse al gozo eterno que las personas de la Trinidad bendita tienen unas en otras, parte de la felicidad propia de la naturaleza de Dios. O puede referirse al placer que el Padre tuvo en la obra del Hijo cuando creó el mundo, pues Dios vio todo lo que el Hijo había hecho y vio que era muy bueno, y eso le agradó. Entonces el Hijo también se regocijó delante del Padre al contemplar la belleza y el orden de toda la creación (Salmo 104:31).
También puede referirse al gozo que ambos tenían el uno en el otro con respecto a la gran obra de redención de la humanidad. El Padre se deleitaba en el Hijo como Mediador, es decir, como aquel que se coloca entre Dios y las personas, y se complacía en lo que el Hijo se propuso hacer (Mateo 3:17). Por eso el Padre lo amó, porque estuvo dispuesto a entregar su vida por las ovejas. Confió en que llevaría a cabo la obra por completo y no retrocedería.
El Hijo también se regocijaba siempre delante del Padre, deleitándose en hacer su voluntad (Salmo 40:8). Permaneció dedicado a su tarea, plenamente satisfecho con ella, y cuando llegó el momento dijo: «Mira, aquí estoy; he venido para hacer tu voluntad, como está escrito acerca de mí en el rollo del libro». Esto muestra la disposición voluntaria con la que aceptó la obra de salvación.
La Sabiduría también tenía un interés lleno de gracia por la humanidad, como vemos en Proverbios 8:31. No se deleitaba tanto en las riquezas y los tesoros escondidos de la tierra como en las regiones habitadas del mundo, porque su deleite estaba con los hijos de los seres humanos. Esto es cierto no solo en cuanto a la creación de la humanidad, cuando Dios dijo con especial agrado: «Hagamos al ser humano» (Génesis 1:26), sino también en cuanto a su redención y salvación. El Hijo de Dios fue designado antes de la creación del mundo para realizar esa gran obra (1 Pedro 1:20).
Un remanente de la humanidad le fue dado, para que por su gracia fuera llevado a su gloria; estos eran aquellos en quienes él se deleitaba. Su iglesia era la parte habitada de la tierra que él había preparado para sí, de modo que el Señor Dios pudiera morar incluso entre quienes se habían rebelado. Se regocijó al mirar hacia el futuro y ver a su descendencia. Aunque conocía todas las dificultades que le esperaban, el servicio y el sufrimiento que habría de soportar, aun así lo contempló con la mayor satisfacción, porque todo terminaría en la gloria de su Padre y en la salvación de aquellos seres humanos que le habían sido dados. Esto nos anima plenamente a acudir a él y confiar en él para recibir todas las bendiciones que su gran obra tenía el propósito de conceder.
De este capítulo
Proverbios 8:1
"La sabiduría clama en voz alta; la inteligencia hace oír su voz."
Proverbios 8:2
"Se para en lo alto de las colinas; se detiene donde se cruzan los caminos,"
Proverbios 8:3
"se hace oír junto a las puertas, a la entrada de la ciudad:"
Proverbios 8:4
"A ustedes, los hombres, van dirigidas estas palabras mías."
Proverbios 8:5
"Jóvenes inexpertos y necios, ¡aprendan a ser prudentes y entendidos!"
Proverbios 8:6
"Presten atención, porque voy a decirles cosas importantes e irreprochables."
Oración diaria
Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria
Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.
Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.
Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.