Versículo destacado
Proverbios 5:15 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Sacia tu sed con el agua que brota de tu propio pozo. "
Proverbios 5:15
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
13 ¡No quise escuchar a mis maestros ni atendí a quienes me instruían,
14 y estuve a punto de llegar al colmo de la desgracia ante toda la comunidad!
15 Sacia tu sed con el agua que brota de tu propio pozo.
16 No derrames el agua de tu manantial ni la desperdicies por la calle.
17 El pozo y el agua son tuyos y de nadie más; ¡no los compartas con extraños!
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Salomón ya ha mostrado la gran maldad del adulterio, la fornicación y toda conducta impura. Ahora presenta remedios contra ellas. Uno de esos remedios es disfrutar de las bendiciones del matrimonio legítimo, que Dios dio para protegernos de la inmoralidad. Debemos usar ese regalo en el momento correcto, para que prevenga el pecado en vez de intentar remediar aquello que debió detener desde el principio.
Nadie debería quejarse de que Dios es poco bondadoso porque prohíbe placeres que deseamos naturalmente. Él, con bondad, ha provisto una manera correcta y legítima de disfrutarlos. No podemos comer de todos los árboles del jardín, pero se nos ha dado uno del que podemos disfrutar libremente. La naturaleza se satisface con eso, pero la lujuria nunca se satisface con nada. Al limitar al hombre a una sola esposa, Dios no le está imponiendo una carga; está protegiendo su verdadero bien.
Salomón insiste con firmeza en este punto. Los placeres permitidos dentro del matrimonio son mucho mejores que los placeres falsos y prohibidos del pecado sexual. Los jóvenes deben casarse y no «arder», es decir, no consumirse de deseo sexual. Deben tener su propia cisterna y su propio pozo, que representan a la esposa de su juventud (Proverbios 5:18). Deben permanecer castos o casarse.
El hombre casado debe deleitarse en su esposa y estar profundamente unido a ella. Debe hacerlo no solo porque ella es la mujer que escogió, sino porque es la esposa que Dios le dio en su providencia. Debe alegrarse en ella porque le pertenece. Que sea bendita tu fuente (Proverbios 5:18). Considérate feliz por tenerla. Reconócela como una bendición, ora por ella cada día y luego regocíjate con ella. Las alegrías que Dios nos da son las que tienen más probabilidades de conservar su dulzura cuando la oración y la bendición de Dios las hacen santas.
Dios no solo permite esto; también nos manda a vivir con alegría nuestras relaciones íntimas. Es especialmente apropiado que el esposo y la esposa se alegren juntos y el uno en el otro. El gozo compartido ayuda a sostener la fidelidad mutua. No solo se da por sentado que el esposo se alegra por su esposa, como el novio por su novia (Isaías 62:5), sino que también se presenta como un deber: «Disfruta de la vida con la mujer que amas todos los días de tu vida» (Eclesiastés 9:9). Las personas pierden los mejores regalos de Dios cuando son animadas y afectuosas con sus amistades fuera del hogar, pero frías y ásperas con su propia familia.
El hombre también debe sentir un tierno afecto por su esposa y amarla profundamente (Proverbios 5:19). Que ella sea para él como una cierva amorosa y una gacela encantadora: tierna y agradable. En el pasado, algunos hombres importantes tenían animales domesticados en sus casas y jugaban con ellos. De la misma manera, el hombre debe encontrar un placer inocente y consuelo en la compañía de su propia esposa. Que ella le sea tan cercana y querida como el corderito del pobre en la parábola de Natán (2 Samuel 12:3). Que eso lo satisfaga en todo momento y que no busque placer en otra parte.
Si el amor de un hombre llega a ser tan fuerte que se vuelve excesivo, que lo sea únicamente por su propia esposa, donde hay menos peligro de traspasar los límites. Esto es como beber agua de la propia cisterna: agua clara, dulce y saludable del propio pozo (Proverbios 5:15). La alegría matrimonial es honorable y segura. Pablo expresa ese mismo cuidado por los derechos matrimoniales en (1 Corintios 7:2-3).
El hombre también debe deleitarse en sus hijos y mirarlos con alegría (Proverbios 5:16-17). Debe verlos como corrientes que fluyen de su propia fuente pura. Se dice que los judíos proceden de las aguas de Judá (Isaías 48:1); de manera semejante, los hijos forman parte del linaje de un hombre. Si permanece unido a su propia esposa, puede esperar hijos que sean suyos de varias maneras buenas.
Tendrá una familia numerosa, como ríos de agua que corren en abundancia. Sus hijos se extenderán hacia otras familias por medio del matrimonio, mientras que los hijos nacidos de la inmoralidad sexual no siguen multiplicándose (Oseas 4:10). También tendrá hijos que verdaderamente sean suyos, mientras que los hijos nacidos de la infidelidad quizá ni siquiera sean suyos, aunque tendrá que cargar con la responsabilidad de ellos. Y tendrá hijos honorables, hijos que le den crédito y que pueda mostrar públicamente sin vergüenza. La virtud de un hombre trae tanto alegría como honor, y por eso se le llama correctamente sabiduría.
Por tanto, debe despreciar la oferta del placer prohibido. Si ya está satisfecho con el amor de una esposa fiel y virtuosa, es insensato dejarse atraer por una mujer extraña (Proverbios 5:20), una prostituta impura, y abrazar el cuerpo de una desconocida. Si conserva algún sentido del honor o de la virtud, incluso la idea debería repugnarle. ¿Por qué sería tan insensato y se haría tanto daño como para preferir el agua sucia, robada y envenenada al agua pura y viva de su propio pozo? Si se escucha a la razón, se obedecerán las leyes de la virtud.
También debe mantener siempre presente la mirada de Dios y permitir que el temor de Dios gobierne su corazón (Proverbios 5:21). Quienes viven en este pecado suelen prometerse que nadie los descubrirá. El adúltero espera hasta el anochecer (Job 24:15). Pero ¿de qué sirve el secreto cuando nada puede ocultarse de Dios? Él lo ve. El Señor observa todos los caminos de una persona, todos sus movimientos, todas sus acciones y todos los pensamientos y planes ocultos de su corazón. Ve lo que se hace en secreto, aun cuando se haya escondido y disfrazado con mucho cuidado. Lo ve claramente, junto con cada causa, circunstancia y resultado.
Dios no observa la conducta humana solo de vez en cuando. Siempre está delante de él y bajo su mirada. ¿Se atrevería alguien a pecar contra Dios mientras está en su presencia y a hacer lo malo bajo su mirada, algo que jamás se atrevería a hacer delante de otra persona? Dios también llamará al pecador a rendir cuentas. No solo ve; también pesa cada paso y lo juzga, como quien pronto juzgará al pecador por sus acciones. Toda obra será evaluada y llevada a juicio (Eclesiastés 12:14). Esa es una razón poderosa para pensar cuidadosamente en el camino de nuestros pies (Proverbios 4:26) y juzgarnos ahora, para no ser juzgados después.
También debemos reconocer la ruina segura de quienes persisten en este pecado. Quienes viven de esta manera suelen prometerse que escaparán del castigo, pero se engañan a sí mismos. Sus propios pecados los alcanzarán (Proverbios 5:22-23). El apóstol lo resume brevemente: «Dios juzgará a los inmorales sexuales y a los adúlteros» (Hebreos 13:4). Este es un pecado del que a los hombres les resulta muy difícil liberarse.
Cuando el pecador envejece y se debilita, sus deseos impuros todavía pueden permanecer fuertes y activos. La memoria suele traer de vuelta los placeres de la juventud, como en Ezequiel 23:19. Así, sus propios pecados se apoderan de él porque se entregó a ellos. Escogió rendirse ante ellos y ahora está atado por las cuerdas de su propio pecado.
El pecado puede llegar a controlar tanto a una persona que esta ya no logra liberarse. En su gran insensatez —¿qué mayor insensatez podría haber que convertirse en esclavo de amos tan crueles?— sigue alejándose cada vez más. La impureza sexual es uno de esos pecados de los que las personas rara vez se recuperan una vez que se han entregado por completo a ellos. Deja sobre ellas un dominio profundo y con frecuencia no logran escapar.
Este también es un pecado del que, si no se abandona, nadie puede escapar de su castigo. Sin duda traerá ruina. Así como sus propios pecados los alcanzan con la vergüenza de la culpa y el reproche presente (Jeremías 7:19), esos mismos pecados también los retendrán para el juicio de Dios. No se necesitan cárceles ni cadenas: ya están sujetos por las cuerdas de sus propios pecados, como los ángeles caídos que, por haberse afirmado en el mal, están reservados en cadenas de oscuridad.
El pecador que ha sido advertido muchas veces, pero sigue rechazando la corrección, finalmente morirá sin instrucción. Ya ha recibido suficiente advertencia general. No recibirá advertencias especiales antes del fin. Morirá sin ver el peligro que tenía delante porque no quiso aceptar la instrucción. En la grandeza de su insensatez, escogió desviarse y, por eso, nunca volverá a encontrar el camino a casa.
Quienes son tan insensatos como para escoger el camino del pecado son justamente abandonados por Dios a seguirlo hasta que los conduzca a la destrucción. Esa es una razón poderosa para que nos cuidemos con firmeza y atención de la atracción del deseo pecaminoso.
De este capítulo
Proverbios 5:1
"Presta atención a mi sabiduría, hijo mío; atiende a mi inteligencia."
Proverbios 5:2
"Así sabrás actuar con discreción y podrás hablar con conocimiento."
Proverbios 5:3
"Pues la mujer ajena habla con dulzura, y su voz es más suave que el aceite;"
Proverbios 5:4
"pero al final es más amarga que el ajenjo y más cortante que una espada de dos filos."
Proverbios 5:5
"Andar con ella conduce a la muerte; sus pasos llevan directamente al sepulcro."
Proverbios 5:6
"A ella no le importa el camino de la vida ni presta atención a lo inseguros que son sus pasos."
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