Versículo destacado
Proverbios 3:7 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" No te creas demasiado sabio; honra al Señor y apártate del mal: "
Proverbios 3:7
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
5 Confía de todo corazón en el Señor y no en tu propia inteligencia.
6 Ten presente al Señor en todo lo que hagas, y él te llevará por el camino recto.
7 No te creas demasiado sabio; honra al Señor y apártate del mal:
8 ¡esa es la mejor medicina para fortalecer tu cuerpo!
9 Honra al Señor con tus riquezas y con los primeros frutos de tus cosechas;
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Aquí encontramos tres exhortaciones, cada una respaldada por una buena razón.
Primero, debemos vivir en una sumisión humilde y dispuesta a Dios y a su gobierno (Proverbios 3:7). “Temer al SEÑOR” significa reconocerlo como nuestro Señor y soberano, permitir que la fe guíe cada aspecto de la vida y someternos a su voluntad. Esta sumisión debe ser humilde: no debemos considerarnos sabios a nuestros propios ojos. Nada es un enemigo mayor de la verdadera fe y del temor de Dios en el corazón que pensar demasiado de nuestra propia sabiduría. Quienes confían en su propio criterio suelen considerar que está por debajo de ellos seguir las instrucciones de Dios.
También debe ser una sumisión obediente: debemos temer al SEÑOR y apartarnos del mal. Debemos tener cuidado de no hacer nada que lo ofenda ni que nos aleje de su cuidado. Temer al SEÑOR y apartarse del mal es verdadera sabiduría y entendimiento (Job 28:28). Quienes viven así son realmente sabios, pero su sabiduría está acompañada de humildad; no se consideran sabios a sus propios ojos.
Como estímulo, el versículo siguiente dice que este modo de vida también es bueno para el cuerpo. Será nutritivo, como salud para el ombligo, y fortalecedor, como vigor para los huesos (Proverbios 3:8). La prudencia, la moderación, la serenidad y el dominio propio que enseña la fe son buenos para el alma y también benefician al cuerpo. Un cuerpo saludable es una gran bendición, y sin él incluso otras cosas buenas de este mundo pierden mucho de su dulzura. La envidia consume los huesos y la tristeza los seca; pero la esperanza y el gozo en Dios son como vigor para ellos.
Segundo, debemos usar bien nuestro dinero y nuestras posesiones, y ese es el camino para que aumenten (Proverbios 3:9-10). El mandato es honrar al SEÑOR con nuestros bienes. Fuimos creados y redimidos para honrar a Dios y darle alabanza y gloria. En ese sentido, todo lo que tenemos le pertenece a él: no solo nuestro cuerpo y nuestro espíritu, sino también nuestras posesiones. Aun las riquezas materiales, por pequeñas que sean, deben usarse para honrarlo; entonces llegan a ser verdaderamente útiles.
Debemos honrar a Dios con nuestros ingresos, con todos nuestros ingresos, y con lo primero y lo mejor de ellos. Cuando aumentan las riquezas, somos tentados a alabarnos a nosotros mismos y a poner el corazón en el mundo; pero cuanto más nos da Dios, más debemos honrarlo. Esto se refiere especialmente a la cosecha de la tierra, pues año tras año vivimos de lo que Dios provee. También debemos darle las primicias de todo, como Abel (Génesis 4:4), tal como lo exigía la ley (Éxodo 23:19) y como lo enseñaron los profetas (Malaquías 3:10). Dios, que es primero y mejor, merece lo primero y lo mejor de todo.
Por eso, debemos poner nuestros bienes materiales al servicio de nuestra fe. Debemos usar lo que tenemos, y la influencia que nos da, para promover la piedad, ayudar a los pobres y hacer obras de misericordia y caridad. La promesa es que este camino también es bueno para nuestro bienestar: nuestros graneros se llenarán de abundancia (Proverbios 3:10). No habla de bolsas ni de armarios, sino de graneros y lagares; esto significa que Dios bendice lo que es útil, no lo que se usa para aparentar. A quienes hacen el bien con lo que tienen se les dará más para que hagan aún más bien. Si ponemos nuestras posesiones al servicio de nuestra fe, descubriremos que nuestra fe también beneficia nuestros asuntos terrenales. La piedad trae promesa para esta vida y ofrece mucho consuelo en ella. Nos equivocamos si pensamos que dar nos llevará a la ruina; dar para honrar a Dios es un medio por el cual Dios nos bendice.
Tercero, debemos comportarnos correctamente cuando enfrentamos la aflicción, el sufrimiento y las dificultades (Proverbios 3:11-12). El apóstol cita este pasaje y dice que nos habla como a hijos, con la autoridad y el amor de un padre (Hebreos 12:5). Vivimos en un mundo lleno de problemas, así que necesitamos instrucción para el sufrimiento. Cuando estamos afligidos, no debemos despreciar la disciplina ni cansarnos de ella.
No debemos despreciar una aflicción, ya sea leve o breve. No debemos tratarla como algo demasiado insignificante para notarlo, ni como si no tuviera ningún propósito. Está mal comportarnos como una piedra o como un estoico, sin sentir nada ante las dificultades y pensando que podemos atravesarlas sin Dios. Tampoco debemos cansarnos de una aflicción, ya sea intensa o prolongada. No debemos desanimarnos, perder el valor ni abandonar la esperanza. No debemos pensar que el problema es peor o más largo de lo que debería ser, ni concluir que la ayuda nunca llegará solo porque todavía no ha llegado.
Nuestro consuelo es que la aflicción es una corrección divina, la disciplina del SEÑOR. Esto es una razón para someternos a ella, pues es insensato luchar contra un Dios cuyo poder no se puede resistir. También es una razón para descansar en él, porque un Dios perfectamente puro no nos hace ningún mal, y un Dios sumamente bueno no busca nuestro daño. Puesto que la aflicción viene de Dios, no debemos despreciarla. Menospreciar al mensajero es ofender a quien lo envió. Y puesto que viene de Dios, tampoco debemos cansarnos de ella, porque él conoce nuestra condición: sabe lo que necesitamos y lo que podemos soportar.
Además, es una corrección paternal. No procede de la justicia castigadora de Dios como juez, sino de su amor sabio como padre. Un padre corrige al hijo que ama, precisamente porque lo ama y quiere que llegue a ser sabio y bueno. Le importa lo que es agradable en su hijo, y corrige aquello que arruinaría esa belleza y disminuiría el gozo que encuentra en él. Por eso Dios dice: “A los que amo, los reprendo y los disciplino” (Apocalipsis 3:19). Este es un gran consuelo para los hijos de Dios en medio de sus dificultades, porque sus aflicciones no contradicen el amor del pacto, sino que proceden de él.
Están tan lejos de causarles un daño verdadero que, por la gracia de Dios que obra en medio de ellas, producen mucho bien y se convierten en un medio bendecido para alcanzar satisfacción y contentamiento.
De este capítulo
Proverbios 3:1
"No olvides mis enseñanzas, hijo mío; guarda mis mandamientos en tu memoria,"
Proverbios 3:2
"y tendrás una vida larga y llena de felicidad."
Proverbios 3:3
"Nunca abandones el amor y la verdad; llévalos contigo como un collar. Grábatelos en la mente,"
Proverbios 3:4
"y tendrás el favor y el aprecio de Dios y de los hombres."
Proverbios 3:5
"Confía de todo corazón en el Señor y no en tu propia inteligencia."
Proverbios 3:6
"Ten presente al Señor en todo lo que hagas, y él te llevará por el camino recto."
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