Versículo destacado
Proverbios 3:13 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Feliz el que encuentra sabiduría, el que obtiene inteligencia; "
Proverbios 3:13
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
11 No rechaces, hijo mío, la corrección del Señor ni te disgustes por sus reprensiones;
12 porque el Señor corrige a quien él ama, como un padre corrige a su hijo favorito.
13 Feliz el que encuentra sabiduría, el que obtiene inteligencia;
14 porque son más provechosas que la plata y producen mayores beneficios que el oro.
15 La sabiduría vale más que las piedras preciosas; ¡ni siquiera las cosas más deseables se pueden comparar con ella!
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Salomón ya nos había exhortado a buscar la sabiduría con empeño (Proverbios 2 y siguientes), y había prometido que los esfuerzos sinceros y constantes tendrían éxito. Pero todavía queda una pregunta práctica: ¿qué obtenemos cuando la encontramos? La esperanza de obtener ganancias impulsa a las personas a trabajar arduamente; por eso ahora muestra cuán grande es la recompensa de la sabiduría. Comienza con esta verdad segura: feliz es la persona que encuentra sabiduría, esa verdadera sabiduría que consiste en conocer y amar a Dios, y vivir plenamente de acuerdo con su verdad, su cuidado y sus mandamientos.
Para encontrar la sabiduría de una manera que produzca felicidad, debemos hacerla verdaderamente nuestra. Después de hallarla, la persona feliz participa personalmente de ella y llega a poseerla de verdad. También extrae entendimiento, como puede significar la expresión; lo recibe de Dios por medio de la oración, porque no lo tiene en sí misma. Además, se esfuerza por obtenerlo, como quien extrae mineral de una mina. Si no llega fácilmente, debemos trabajar con mayor empeño para sacarlo. Seguimos creciendo en sabiduría al usar lo que ya tenemos y convertir cinco talentos en diez. También la empleamos para bien, compartiendo de nuestro almacén como se vierte el vino de un recipiente, y dando a otros lo que les sirve para su instrucción, tanto lo nuevo como lo antiguo.
También debemos invertir en la sabiduría. El texto habla del «comercio de la sabiduría», lo que significa que la sabiduría debe ser nuestra ocupación principal y no una tarea secundaria, como para un comerciante que dedica la mayor parte de su tiempo y pensamiento a su negocio. También significa que debemos estar dispuestos a arriesgarlo todo por ella, como quien invierte su capital en una empresa. La sabiduría es semejante a la perla de gran valor que, una vez encontrada, debe llevarnos con alegría a vender todo para obtenerla (Mateo 13:45-46). Se nos dice que compremos la verdad (Proverbios 23:23), y no se menciona ningún precio, porque debemos estar dispuestos a pagar cualquier costo antes que perderla.
También debemos aferrarnos a la sabiduría como quien aprovecha una buena oferta antes de que desaparezca. Esto significa que debemos aprovechar toda oportunidad de crecer en ella y captar aun sus instrucciones más pequeñas. No basta con acercarnos a la sabiduría una sola vez. Debemos seguir aferrados a ella, conservarla con firmeza y nunca soltarla. Debemos perseverar en sus caminos hasta el final. Algunos entienden la palabra como «sostenerla», es decir, aferrarnos a ella con todas nuestras fuerzas. También debemos hacer lo que podamos para apoyar la vida de fe donde vivimos cuando comience a debilitarse.
La felicidad de quienes encuentran la sabiduría es mayor que las riquezas de este mundo, aunque una persona tuviera toda la riqueza posible. Es un negocio mucho mejor y más provechoso buscar la sabiduría, a Cristo, la gracia y las bendiciones espirituales que buscar plata, oro y rubíes. Supongamos que alguien tuviera abundancia de todas las riquezas del mundo, incluso todo lo que pudiera desear, aunque nadie haya tenido jamás algo así. Aun entonces, esas riquezas no podrían comprar la sabiduría celestial. Serían despreciadas si se ofrecieran como pago, porque la sabiduría no puede comprarse con oro (Job 28:15). Tampoco podrían compensar la pérdida de la sabiduría ni pagar el precio de un alma arruinada por su propia necedad. Ni siquiera harían a una persona tan feliz en este mundo como lo son quienes poseen verdadera sabiduría, aunque no tengan ninguna de esas riquezas. La sabiduría celestial trae y asegura lo que la plata, el oro y los rubíes jamás pueden dar.
Esta felicidad también es real, porque la sabiduría incluye todo lo que las personas consideran bueno en la vida y lo supera. La sabiduría aparece como una reina brillante y generosa que ofrece regalos a todos los que se someten a su gobierno. ¿Es una larga vida una bendición? Sí, y una de las mayores, porque la vida incluye todos los demás bienes; por eso ella la ofrece en su mano derecha. La religión nos da el mejor camino para prolongar la vida y nos da la promesa de Dios acerca de la vida. Aunque nuestros días en la tierra no sean más largos que los de nuestro prójimo, nos asegurará la vida eterna en un mundo mejor.
¿Son las riquezas y la honra bendiciones? Lo son, y ella las da con su mano izquierda. Está dispuesta a recibir con ambos brazos a quienes se someten a ella y a darles con ambas manos. Tendrán las riquezas de este mundo hasta donde la Sabiduría infinita lo considere conveniente, mientras que las verdaderas riquezas, por las cuales las personas son ricas delante de Dios, estarán seguras con ellos. Ninguna honra recibida por nacimiento o por ascenso puede compararse con la honra que acompaña a la religión. Esta hace que la persona justa sea más excelente que su prójimo, le da una posición firme delante de Dios, le gana el respeto de las personas serias y un día hará que quienes ahora viven en la oscuridad brillen como el sol.
¿Es el placer lo que las personas desean más que nada? La verdadera devoción a Dios contiene el mayor placer real. Los caminos de la sabiduría son caminos agradables. Las sendas por las que ella nos guía están llenas de deleite y satisfacción. Ningún disfrute de los sentidos puede compararse con el gozo que las almas llenas de gracia encuentran en la comunión con Dios y en hacer el bien. Debemos caminar por el único camino correcto para llegar a nuestro destino, se sienta agradable o no. Sin embargo, el camino de la religión no solo es correcto, sino también agradable. Es un camino suave, limpio y cubierto de rosas.
Todas sus sendas conducen a la paz. Hay paz no solo al final, sino también a lo largo del camino. Hay paz en la religión como un todo y en cada uno de sus caminos, en cada deber y en cada acto. Un deber no arruina lo que otro endulza, como sucede con frecuencia con las comodidades del mundo. Cada parte de la sabiduría es paz: no solo dulce, sino también segura. Los santos entran en la paz aun antes de llegar al cielo y disfrutan desde ahora de un descanso presente.
La sabiduría también es la felicidad del paraíso (Proverbios 3:18). Ella es un árbol de vida. La gracia verdadera es para el alma lo que el árbol de la vida habría sido para nuestros primeros padres, quienes quedaron excluidos de él porque comieron del árbol prohibido. Es una semilla de inmortalidad y un manantial de agua viva que brota para vida eterna. Es una promesa de la Nueva Jerusalén, donde el árbol de la vida está en el centro (Apocalipsis 22:2; Apocalipsis 2:7). Quienes se alimentan de esta sabiduría celestial no solo serán sanados de toda enfermedad mortal, sino que también encontrarán protección contra la vejez y la muerte. Comerán y vivirán para siempre.
También es una participación en la felicidad de Dios mismo, porque la sabiduría es su gloria y bienaventuranza eternas (Proverbios 3:19-20).
Esto debe hacer que valoremos profundamente la sabiduría y el entendimiento que Dios nos da. Por medio de la sabiduría, el Señor fundó la tierra; por eso está firmemente establecida y no puede ser removida. Nunca dejará de cumplir el propósito para el cual Dios la creó, porque está completamente preparada para ese propósito.
Por medio del entendimiento, también estableció los cielos y ordenó todos sus movimientos de la mejor manera posible. Los cuerpos celestes son enormes, pero no hay defecto en ellos. Son muchos, pero no existe confusión. Se mueven con rapidez, pero no se desgastan. Se abren las profundidades del mar, y brotan las aguas que están debajo del cielo. Las nubes también dejan caer el rocío, las aguas que vienen de lo alto del cielo. Todo esto se realiza por la sabiduría y el conocimiento de Dios.
Feliz, entonces, es la persona que encuentra sabiduría, porque estará plenamente equipada para toda palabra buena y toda obra buena. Cristo es esa Sabiduría, aquel por medio de quien fueron creados los mundos y quien todavía los sostiene. Felices, por tanto, son aquellos a quienes Dios hace que Cristo sea su sabiduría. En él tienen lo necesario para que se cumplan todas las promesas dadas anteriormente, incluyendo larga vida, riquezas y honra. Toda la riqueza del cielo, de la tierra y del mar le pertenece.
De este capítulo
Proverbios 3:1
"No olvides mis enseñanzas, hijo mío; guarda mis mandamientos en tu memoria,"
Proverbios 3:2
"y tendrás una vida larga y llena de felicidad."
Proverbios 3:3
"Nunca abandones el amor y la verdad; llévalos contigo como un collar. Grábatelos en la mente,"
Proverbios 3:4
"y tendrás el favor y el aprecio de Dios y de los hombres."
Proverbios 3:5
"Confía de todo corazón en el Señor y no en tu propia inteligencia."
Proverbios 3:6
"Ten presente al Señor en todo lo que hagas, y él te llevará por el camino recto."
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