Versículo destacado

Proverbios 23:19 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" Presta mucha atención, hijo mío, y aprende; procura seguir el buen camino. "

Proverbios 23:19

menu_book El versículo en contexto

17 No tengas envidia de los pecadores; más bien, honra siempre al Señor;

18 entonces tendrás un buen fin, y tu esperanza jamás será destruida.

19 Presta mucha atención, hijo mío, y aprende; procura seguir el buen camino.

20 No te juntes con los borrachos ni con los que comen demasiado,

21 pues los borrachos y los glotones acaban en la ruina, y los perezosos se visten de harapos.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Este es un buen consejo que los padres pueden darles a sus hijos. Estas palabras buscan enseñarles el camino correcto. Primero, se llama a los jóvenes a escuchar el consejo de sus padres piadosos, no solo la instrucción que aparece aquí, sino toda enseñanza útil: «Hijo mío, escucha y sé sabio» (Proverbios 23:19). Aceptar este consejo es en sí mismo una señal de sabiduría, y ayuda a que una persona se vuelva más sabia. La sabiduría, igual que la fe, viene por el oír.

También se dice: «Escucha a tu padre, que te dio la vida» (Proverbios 23:22). Un padre tiene autoridad sobre su hijo, pero también siente un afecto verdadero por él. Puedes estar seguro de que busca el bien de su hijo. Debemos mostrar respeto a nuestros padres terrenales, quienes nos trajeron al mundo y fueron el medio por el cual recibimos la vida. Mucho más debemos obedecer y someternos al Padre de nuestros espíritus, quien nos creó y nos dio el ser.

La madre también da buena instrucción, tanto por su responsabilidad delante de Dios como por el amor que tiene por su hijo. Por eso, un hijo no debe despreciarla ni despreciar sus consejos cuando ella envejezca. Para entonces, los hijos probablemente ya serán adultos, pero no deben pensar que ya no tienen nada que aprender, ni siquiera de su madre. Más bien, deben respetarla aún más, porque los muchos años le han dado sabiduría. Los jóvenes orgullosos y maleducados pueden burlarse del consejo de una madre anciana y pensar que no necesitan escuchar a una mujer mayor. Pero tendrán mucho de qué responder, porque no solo rechazaron un buen consejo, sino que también despreciaron e hirieron a una buena madre (Proverbios 30:17).

En segundo lugar, el pasaje da una razón para cumplir con este deber: traerá gran alegría a los padres (Proverbios 23:24, 25). Los hijos deben procurar alegrar el corazón de sus buenos padres y seguir haciéndolo cada vez más. Así, sus padres podrán alegrarse profundamente de ellos incluso en la vejez, cuando la vida ha perdido gran parte de sus placeres. Uno de los pocos consuelos que quedan en la vejez es ver que los hijos prosperan, como le sucedió a Barzilai cuando vio que Quimam recibía honra.

Los hijos son una alegría para sus padres cuando son justos y sabios. La justicia es verdadera sabiduría, porque quienes hacen lo correcto también buscan lo que más les conviene. Un hijo es como debe ser cuando es sabio, es decir, está bien instruido y dispuesto a aprender, y cuando es justo, es decir, honesto y bueno. También debe ser justo, sincero y bien intencionado, y sabio, cuidadoso y sensato al gobernarse a sí mismo. Si los hijos son así, especialmente si todos lo son, el padre y la madre se alegrarán. Sentirán que nada de lo que hicieron por ellos fue demasiado. Le darán gracias a Dios por ellos y disfrutarán de su compañía. En particular, la madre que los dio a luz con dolor y los crió con esfuerzo se alegrará, y su sufrimiento le parecerá más que olvidado, porque el resultado es un hombre sabio y bueno que bendice al mundo en el que nació.

En tercer lugar, aparecen algunos mandatos generales de sabiduría y virtud: «Guía tu corazón por el camino» (Proverbios 23:19). Es necesario vigilar el corazón y dirigirlo correctamente. Sus deseos y sentimientos deben enfocarse en lo que es bueno y mantenerse bajo un control constante. Si el corazón es guiado por el camino correcto, los pasos seguirán esa dirección y la conducta de la persona será ordenada.

«Compra la verdad y no la vendas» (Proverbios 23:23). La verdad debe guiar y gobernar el corazón, porque sin verdad no existe verdadera bondad. Las acciones correctas no permanecen sin creencias correctas. Al conocer y creer la verdad, somos guardados del pecado y afirmados en nuestro deber. Por eso debemos comprar la verdad, es decir, estar dispuestos a renunciar a cualquier cosa por obtenerla. No se menciona el precio, porque nunca podremos pagar demasiado por ella. Cualquiera que sea el costo, no lamentaremos haber hecho ese trato.

Cuando gastamos dinero para obtener conocimiento y estamos decididos a no descuidar una causa tan buena, estamos comprando la verdad. Es mejor usar las riquezas para obtener sabiduría que usar la sabiduría para obtener riquezas. Cuando nos esforzamos por buscar la verdad para conocerla y distinguirla del error, estamos comprándola. Las cosas celestiales se conceden a quienes trabajan por alcanzarlas. Si preferimos perder nuestras ventajas terrenales antes que negar o ignorar la verdad, estamos comprándola. La verdad es una perla de tan grande valor que debemos estar dispuestos a dejarlo todo por ella. Debemos estar preparados para perder propiedades, negocios o posición antes que perder la fe y una conciencia limpia.

Pero no debemos vender la verdad. No la cambiemos por placer, honra, riquezas ni por ninguna otra cosa de este mundo. No dejemos de aprenderla, de confesarla ni de someternos a su autoridad para obtener o conservar algún beneficio terrenal. Aferrémonos a la sana enseñanza y nunca la soltemos.

«Dame tu corazón» (Proverbios 23:26). En este llamado, Dios nos habla como a sus hijos: «Hijo mío, hija mía, dame tu corazón». Dios pide el corazón de cada uno de nosotros. Todo lo demás que le demos, si no le entregamos el corazón, no será aceptado. Debemos poner en él nuestro amor. Nuestros pensamientos deben dirigirse con frecuencia a él y estar centrados en él como nuestra meta suprema.

Las intenciones de nuestro corazón deben estar firmemente decididas. Debemos elegir por nosotros mismos dedicarnos al Señor, de manera libre y gozosa. No debemos tratar de dividir el corazón entre Dios y el mundo. Él lo quiere todo o no quiere nada. «Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón». Ante este llamado debemos responder de inmediato: «Padre mío, toma mi corazón tal como está y hazlo como debe ser. Toma posesión de él y establece allí tu trono».

«Deja que tus ojos observen mis caminos». Debemos mantener la mirada en la norma de la Palabra de Dios, en el curso de su providencia y en los buenos ejemplos de su pueblo. Debemos observar estas cosas como un estudiante mira un modelo de escritura, para permanecer en el camino correcto y seguir avanzando por él.

En cuarto lugar, aparecen advertencias específicas contra pecados especialmente destructivos para la semilla de la sabiduría y la gracia en el alma, pues la agotan y la arruinan. Los primeros son la glotonería y la borrachera (Proverbios 23:20, 21). El mundo está lleno de ejemplos y tentaciones relacionados con estos pecados, y los jóvenes deben guardarse de ellos y mantenerse alejados. No seas alguien que bebe demasiado. Se nos permite tomar un poco de vino (1 Timoteo 5:23), pero no mucho, y nunca hasta convertirlo en un hábito. Tampoco seas una persona glotona que come carne en exceso, como los israelitas cuando la desearon con tanta intensidad y clamaron: «¿Quién nos dará carne para comer?». Aunque Pablo tenía libertad para comer carne, decidió que nunca la comería si eso hacía tropezar a su hermano (1 Corintios 8:13). No comas carne en exceso. La falta de dominio propio debe evitarse tanto en la comida como en la bebida.

No seas una persona glotona que siempre desea únicamente lo más abundante, sabroso y delicado. Algunos se complacen, e incluso se sienten orgullosos, de ser demasiado exigentes con su comida, como si «comer bien» fuera señal de distinción. En realidad, eso es una vergüenza para un cristiano, porque convierte el vientre en una especie de dios.

No bebas demasiado ni te juntes con quienes beben mucho o comen en exceso. No apruebes su conducta, porque podrías aprender sus hábitos y caer poco a poco en los mismos pecados. Como mínimo, podrías perder el temor y el rechazo que deberían producirte. Estas personas quieren que estés con ellas, porque quienes viven de manera moralmente desenfrenada suelen querer arrastrar a otros hacia el mismo estilo de vida. Por eso, no les sigas la corriente, pues podrías ponerte en peligro.

Este pecado también es peligroso por el costo que implica. Puede desperdiciar el dinero de una persona y llevarla a la pobreza. Si alguien no se aparta de él ante la ruina que causa en su vida diaria, que muchas veces es lo que más le importa, no sorprende que tampoco se conmueva ante lo que la Palabra de Dios dice sobre el daño que causa a su alma y a su vida eterna. El borracho y el glotón odian que los corrijan, incluso cuando se les advierte que terminarán en la pobreza o aun que terminarán en el infierno.

La borrachera también produce sueño y entorpecimiento. Hace que las personas sean descuidadas en su trabajo, y entonces todo comienza a desmoronarse. De este modo, quienes antes vivían con dignidad terminan vestidos de harapos.

Otro pecado que roba el corazón que debería pertenecerle a Dios es el pecado sexual. El peligro de este pecado es grande. Primero, una vez que las personas quedan atrapadas en él, pocas logran escapar. Es como una zanja profunda o un pozo estrecho del que resulta casi imposible salir. Por eso, la sabiduría nos enseña a mantenernos lejos de él desde el principio. Debemos tener cuidado de no acercarnos siquiera a este pecado, porque es muy difícil retroceder después. La conciencia, que debería guiarnos en el camino de regreso, ya ha sido adormecida por el pecado, y la gracia de Dios se ha perdido.

Segundo, este pecado atrae a las personas y luego las destruye. La mujer adúltera espera como un ladrón. Puede parecer amable, pero está planeando causar el mayor daño: robarles a sus víctimas todo lo valioso y despojarlas de su fuerza y de su honor. Incluso estará al acecho de quienes fueron criados para evitarla, esperando atacarlos cuando estén desprevenidos y ella tenga la ventaja. Nadie debería sentirse jamás fuera de peligro.

Tercero, este pecado contribuye, más que casi cualquier otro, a propagar la maldad y la inmoralidad en una nación. Multiplica el número de quienes quebrantan los mandamientos de Dios. Una sola mujer adúltera puede arruinar muchas almas valiosas y contribuir a corromper a todo un pueblo. También aumenta el número de personas engañosas e infieles. No solo lleva a los esposos a serle infieles a sus esposas y a los siervos a sus amos, sino que incluso hace que algunos que han profesado tener fe renuncien a ella y quebranten su pacto con Dios. Los lugares dedicados al pecado sexual son como casas de peste, y quienes se preocupan por el bienestar público deberían cerrarlos.

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