Versículo destacado

Proverbios 2:1 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" Haz tuyas mis palabras, hijo mío; guarda en tu mente mis mandamientos. "

Proverbios 2:1

menu_book El versículo en contexto

1 Haz tuyas mis palabras, hijo mío; guarda en tu mente mis mandamientos.

2 Presta oído a la sabiduría; entrega tu mente a la inteligencia.

3 Pide con todas tus fuerzas inteligencia y buen juicio;

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Mucho antes, Job preguntó: «¿Dónde se puede hallar la sabiduría?» y «¿De dónde viene el entendimiento?» (Job 28:12, Job 28:20). Dio una respuesta general: «Dios sabe dónde está» (v. 23), pero aquí Salomón va más lejos. Nos dice dónde se encuentra la sabiduría y cómo podemos obtenerla.

Primero, debemos prestar cuidadosa atención a la palabra de Dios, porque es la palabra de sabiduría. Ella puede hacernos sabios para la salvación (Proverbios 2:1, Proverbios 2:2). Debemos estar convencidos de que las palabras de Dios son la fuente y la norma de la sabiduría y del entendimiento. No necesitamos desear una sabiduría mayor que la que ellas pueden darnos. Debemos inclinar nuestro oído hacia ellas y aplicarlas al corazón, como lo haríamos con la sabiduría misma.

También debemos recibir la palabra de Dios con una actitud dispuesta, aceptando tanto los mandamientos como las promesas, sin quejarnos ni discutir. Como Samuel, debemos decir: «Habla, Señor, que tu siervo escucha». Debemos guardar las palabras de Dios dentro de nosotros, como guardaríamos un tesoro de los ladrones. No solo debemos recibir la palabra, sino conservarla y almacenarla en el corazón, para que siempre esté lista para usarla.

Debemos inclinar nuestro oído hacia ella, aprovechando cada oportunidad para escuchar la palabra de Dios y haciéndolo con cuidado y seriedad. Debemos estar atentos y temer que se nos escape. Pero esto, por sí solo, no es suficiente. También debemos aplicarla al corazón; de lo contrario, escuchar nos servirá de muy poco.

Segundo, debemos dedicarnos mucho a la oración (Proverbios 2:3). Debemos clamar por conocimiento como alguien que pide pan en un momento de necesidad. Los deseos débiles no bastan. Debemos ser sinceros y perseverantes, porque conocemos el valor de la sabiduría y nuestra propia necesidad de ella. Como los recién nacidos anhelan la leche pura, debemos desear la enseñanza pura de la palabra (1 Pedro 2:2).

Debemos alzar nuestra voz para pedir entendimiento, mirando al cielo, porque todo don bueno y perfecto viene de lo alto (Santiago 1:17; Job 38:34). Estas palabras también significan que debemos hablar en favor del entendimiento, escogerlo y someter nuestra manera de hablar al gobierno de la sabiduría. Después de entregarle el corazón, también debemos usar la voz para buscarla. Salomón podía señalar este camino como uno comprobado, porque oró pidiendo sabiduría y la recibió.

Tercero, debemos estar dispuestos a esforzarnos mucho para obtenerla (Proverbios 2:4). Debemos buscar la sabiduría como se busca la plata, valorándola mucho más que las riquezas de este mundo. Tenemos que buscarla como los mineros excavan para encontrar mineral, soportando el trabajo duro y el peligro con perseverancia y firme determinación. También podemos pensar en quienes desean enriquecerse: se levantan temprano, se acuestan tarde y remueven todo obstáculo para obtener dinero. De la misma manera, debemos ser diligentes al usar los medios para adquirir conocimiento y seguir esforzándonos por conocer al Señor.

Si usamos estos medios, nuestro trabajo no será en vano. Aprenderemos a vivir en comunión con Dios. «Entonces entenderás lo que significa temer al Señor» (Proverbios 2:5). Esto significa que sabremos cómo adorarlo correctamente, entenderemos el significado de sus ordenanzas y cumpliremos el propósito para el que las dio. Obtendremos el conocimiento de Dios necesario para temerlo como corresponde. Es para nuestro bien conocer a Dios y demostrar ese conocimiento mediante afectos y una adoración apropiados.

También aprenderemos a vivir correctamente con los demás (Proverbios 2:9). Por medio de la palabra de Dios entenderemos la justicia, el derecho y la equidad. Aprenderemos los principios de justicia, amor y trato justo que deben guiar toda la vida. Esto nos preparará para cada relación, tarea y responsabilidad. No solo nos dará una idea correcta de la justicia, sino también un corazón dispuesto a practicarla y a dar a cada persona lo que le corresponde.

Esto nos guiará por todo buen camino, porque la Escritura capacita completamente al siervo de Dios. Quienes conocen mejor su deber también tienen el mejor entendimiento (Salmo 111:10).

Tenemos buenas razones para esperar esta bendición, pero nuestra esperanza debe descansar únicamente en Dios (Proverbios 2:6-8). El Señor es sabio y también da sabiduría. Eso es más de lo que pueden hacer las personas más sabias del mundo, porque solo Dios puede abrir el entendimiento. Toda sabiduría que existe en cualquier criatura es un regalo gratuito de él, y él la da generosamente (Santiago 1:5). Se la ha dado a muchos y todavía la sigue dando; por eso debemos pedírsela.

También ha bendecido al mundo con la revelación de su voluntad. De su boca, por medio de la ley y los profetas, mediante la palabra escrita y por medio de sus ministros, que hablan en su nombre a las personas, vienen el conocimiento y el entendimiento. Si recibimos bien esta verdad, ella nos hace verdaderamente sabios. Es una razón y un estímulo para buscar la sabiduría, pues tenemos las Escrituras para examinarlas y podemos encontrarla allí si la buscamos con cuidado.

Además, Dios ha dispuesto de manera especial que las personas buenas, las que sinceramente desean hacer su voluntad, reciban el conocimiento y el entendimiento que necesitan (Juan 7:17). Que busquen la sabiduría, y la encontrarán. Que la pidan, y se les dará (Proverbios 2:7, Proverbios 2:8). Esta promesa se refiere a los justos, en quienes la imagen de Dios está siendo renovada, y a los íntegros, que son honestos en su trato con Dios y con los demás y se preocupan por cumplir su deber conforme a lo que conocen. Ellos son sus santos, dedicados a honrarlo y apartados para su servicio.

Lo que está reservado para ellos incluye instrucción, satisfacción y protección. Los medios para obtener sabiduría están al alcance de todos, pero la sabiduría verdadera y sólida está reservada para los justos. Está guardada en Cristo, su cabeza, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento, y quien se ha convertido para nosotros en la sabiduría que viene de Dios. El Espíritu que revela la verdad en la palabra también da sabiduría al corazón de quienes han sido santificados. Esta sabiduría es firme, estable y verdaderamente útil.

Algunos entienden el versículo como una referencia a que Dios reserva para los justos bienes duraderos: no solo un conocimiento sólido, sino también una felicidad y un consuelo firmes (Proverbios 8:21). Las riquezas son inciertas, y quienes las poseen quizá solo se imaginan felices. Pero lo que Dios guarda en sus promesas y en el cielo hará que los justos sean verdaderamente, plenamente y para siempre felices.

Incluso quienes viven con integridad pueden enfrentar peligros, como una prueba de su fe. Pero Dios es y será su escudo, de modo que nada de lo que les ocurra les causará un daño verdadero ni los llenará de pensamientos de temor. Están seguros y llegarán a saber que lo están. «No tengas miedo, Abraham; yo soy tu escudo». Es su camino —los senderos de justicia por los que caminan— el que el Señor conoce, reconoce como suyo y cuida.

También se promete la gracia para perseverar hasta el fin. Si dependemos de Dios y le pedimos sabiduría, él nos sostendrá en nuestra integridad. Nos ayudará a permanecer en los caminos de justicia, aun cuando seamos tentados a apartarnos de ellos. Él preserva el camino de sus santos para que no se corrompa, y así los mantiene en ese camino, seguros y sin culpa, hasta llevarlos a su reino celestial. Las garantías que Dios ha dado de su gracia, si las aprovechamos bien, deben impulsarnos y fortalecernos para cumplir nuestro deber. «Ocúpense en su salvación», porque Dios está obrando en ustedes.

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