Versículo destacado
Números 18:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" El Señor le dijo a Aarón: Tú y tus hijos, junto con los demás miembros de la tribu de Leví, a la que perteneces, serán responsables de las faltas que se cometan contra el santuario; pero solamente tú y tus hijos serán responsables de las faltas que ustedes cometan en sus funciones sacerdotales. "
Números 18:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 El Señor le dijo a Aarón: Tú y tus hijos, junto con los demás miembros de la tribu de Leví, a la que perteneces, serán responsables de las faltas que se cometan contra el santuario; pero solamente tú y tus hijos serán responsables de las faltas que ustedes cometan en sus funciones sacerdotales.
2 Pero debes hacer que los demás miembros de la tribu de Leví, a la cual perteneces, te ayuden a ti y a tus hijos en el servicio ante la tienda de la alianza.
3 Ellos estarán a tu servicio y al servicio de la tienda, pero no deberán acercarse a los utensilios del santuario ni al altar; de lo contrario, morirán ellos y ustedes también.
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La conexión entre este capítulo y el anterior se ve con facilidad.
En el capítulo anterior, el pueblo se quejó de lo difícil y peligroso que era acercarse a Dios. Eso debió haberlos sacudido, porque el tabernáculo en medio de ellos, que debía ser motivo de alegría y honor, ahora parecía una fuente de temor y peligro. Aquí Dios responde a esa preocupación por medio de Aarón, mostrando que los sacerdotes se acercarían en nombre del pueblo. Así que, aunque el pueblo tenía que mantenerse a distancia, no perdería su lugar delante de Dios. Su comunión con él continuaría por medio del servicio de los sacerdotes.
Dios también había mostrado recientemente un gran favor a Aarón. Su vara había reverdecido y dado flores, mientras que las varas de los demás líderes permanecieron secas y sin fruto. Para evitar que Aarón se enorgulleciera por esos honores y milagros, Dios le recuerda el peso de su llamado. No debía jactarse de haber sido elevado, sino recibir su cargo con reverencia y santo temor, consciente de cuánto se le había confiado y de lo difícil que sería rendir buenas cuentas. «No seas arrogante; más bien, teme».
Primero, Dios le habla a Aarón del peligro que acompañaba su honor (Números 18:1). Los sacerdotes y los levitas —es decir, Aarón, sus hijos y la familia de su padre— cargarían con la culpa relacionada con el santuario si allí se permitía algo indebido. Si entraban personas ajenas o impuras, y los levitas y los sacerdotes no lograban detenerlas, la responsabilidad recaería sobre ellos. Aunque el pecador que actuara con insolencia muriera por su propio pecado, los guardianes seguirían siendo responsables por no haber cumplido con su deber. En términos más generales, si alguna tarea del santuario se descuidaba, se realizaba en el momento equivocado o se llevaba a cabo de manera incorrecta mientras se trasladaba el tabernáculo, ellos tendrían que responder por ello.
Los sacerdotes también cargarían con la culpa relacionada con el sacerdocio mismo. Si descuidaban alguna parte de su labor o permitían que otros asumieran deberes que solo les correspondían a ellos, serían responsables de esa falla. Cuanto mayor es la confianza depositada en alguien, mayor es el peligro de pecar contra ella. Por eso no debemos envidiar los grandes honores ni buscar puestos importantes, porque una posición elevada trae una gran responsabilidad. Quienes reciben el encargo de cuidar la casa de Dios tendrán mucho de qué responder. Nadie querría asumir el cuidado de las almas si de verdad reflexionara en las cuentas que algún día tendrá que rendir por ellas.
Dios también le dice a Aarón qué correspondía a su cargo. Él y sus hijos debían servir delante del tabernáculo del testimonio (Números 18:2), es decir, delante del lugar santísimo donde estaba el arca, justo afuera del velo, pero dentro de la entrada de la tienda de reunión. Debían cuidar el altar de oro, la mesa y el candelabro, objetos a los que ningún levita podía acercarse. Su labor era servir, no gobernar. No debían enseñorearse del pueblo de Dios, sino servir a Dios y a la congregación. El sacerdocio es un servicio. Si alguien desea el cargo de obispo, desea una buena obra. Los ministros deben recordar que son servidores y, por eso, deben ser humildes, diligentes y fieles.
Los levitas debían ayudar a Aarón y a sus hijos en todo el trabajo del tabernáculo (Números 18:2-4), pero no debían acercarse a los utensilios sagrados ni encargarse de las principales tareas del altar, como quemar la grasa y rociar la sangre. La familia de Aarón era pequeña. A medida que Israel creciera, los sacerdotes no serían suficientes para realizar todo el trabajo; por eso Dios estableció que los levitas fueran unidos a Aarón (Números 18:2, 4). Es posible que aquí haya un juego de palabras con el nombre Leví, que significa «unido». Muchos levitas se habían opuesto recientemente a Aarón, pero ahora Dios prometía que estarían verdaderamente unidos a él en corazón y propósito, y que ya no discutirían con él. Para Aarón, era una buena señal de que Dios lo estaba honrando, pues también estaba inclinando el corazón de otros para que lo apoyaran. Los levitas son llamados un regalo para los sacerdotes (Números 18:6). Es una gran misericordia de Dios cuando nos da personas que pueden ayudarnos en su servicio.
Tanto los sacerdotes como los levitas también debían cuidarse de tratar las cosas santas como si fueran comunes. Los levitas debían vigilar el tabernáculo para que ningún extraño —es decir, nadie a quien se le prohibiera acercarse— entrara en él (Números 18:4). Esa advertencia incluía la pena de muerte (Números 18:7). Los sacerdotes debían proteger el santuario mismo (Números 18:5), enseñar al pueblo y advertirle que permaneciera dentro de los límites establecidos por Dios. No debían permitir que nadie traspasara esos límites, como lo había hecho el grupo de Coré, para que la ira no volviera a caer sobre los israelitas. Prevenir el pecado es la manera de evitar la ira. La ruina causada por el pecado debe advertirnos que en el futuro debemos velar por nosotros mismos y por los demás.
De este capítulo
Números 18:2
"Pero debes hacer que los demás miembros de la tribu de Leví, a la cual perteneces, te ayuden a ti y a tus hijos en el servicio ante la tienda de la alianza."
Números 18:3
"Ellos estarán a tu servicio y al servicio de la tienda, pero no deberán acercarse a los utensilios del santuario ni al altar; de lo contrario, morirán ellos y ustedes también."
Números 18:4
"Deberán acompañarte en el servicio de la tienda del encuentro y en todos los oficios correspondientes. Pero ninguna persona extraña deberá acercarse a ustedes;"
Números 18:5
"ustedes son los encargados del servicio del santuario y del altar. Así no volveré a enojarme con los israelitas."
Números 18:6
"Yo separé a tus hermanos, los levitas, de los demás israelitas para dárselos a ustedes, a fin de que sirvan en los oficios de la tienda del encuentro;"
Números 18:7
"pero solamente tú y tus hijos podrán desempeñar las funciones sacerdotales relacionadas con el altar o realizadas detrás del velo. Este oficio les corresponde a ustedes, pues yo les he dado el derecho de ejercer las funciones sacerdotales. Si alguien que no es sacerdote oficia como tal, será condenado a muerte."
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