Versículo destacado
Nehemías 6:10 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Después fui a casa de Semaías, hijo de Delaías y nieto de Mehetabel, quien se había encerrado en su casa, y me dijo: «Reunámonos en el templo de Dios, dentro del santuario, y cerremos las puertas, porque esta noche piensan venir a matarte». "
Nehemías 6:10
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
8 Entonces le envié una respuesta, diciéndole que no había nada de cierto en aquellos rumores, sino que eran producto de su imaginación.
9 Pues ellos trataban de asustarnos, pensando que nos desanimaríamos y no llevaríamos a cabo la obra; pero yo puse aún mayor empeño.
10 Después fui a casa de Semaías, hijo de Delaías y nieto de Mehetabel, quien se había encerrado en su casa, y me dijo: «Reunámonos en el templo de Dios, dentro del santuario, y cerremos las puertas, porque esta noche piensan venir a matarte».
11 Pero yo le respondí: «Los hombres como yo no huyen ni se meten en el templo para salvar el pellejo. Yo, al menos, no me meteré».
12 Además, me di cuenta de que él no hablaba de parte de Dios, sino que decía todo aquello contra mí porque Sambalat y Tobías lo habían sobornado;
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Los enemigos de los judíos no se detendrían ante nada para apartar a Nehemías de la reconstrucción de la muralla de Jerusalén. Primero intentaron atraerlo fuera de la ciudad, pero fracasaron. Ahora prueban otro plan: asustarlo para que se esconda en el templo y se proteja. Lo querían en cualquier lugar menos en su trabajo y, como veían que era prudente, trataron de llenarlo de miedo.
Aquí vemos hasta dónde llegaron con esta tentación. Su propósito era lograr que Nehemías hiciera algo insensato, para después reírse de él y burlarse de lo que había hecho. Así esperaban dañar su buen nombre y debilitar su influencia (Nehemías 6:13). Esta era obra del diablo, porque Satanás tienta a las personas para acusarlas y las conduce al pecado para avergonzarlas. El mayor daño que los enemigos pueden hacernos es atemorizarnos hasta alejarnos de nuestro deber y empujarnos al pecado.
Usaron a un falso profeta y a una falsa profetisa, personas a quienes habían contratado para convencer a Nehemías de que dejara de trabajar y se protegiera. El falso profeta era Semaías, quien estaba encerrado en su propia casa. Tal vez afirmaba estar apartado para orar y reflexionar, o quizá adoptó esa apariencia para darle a Nehemías un ejemplo que imitara. Nehemías parece haberlo respetado, porque fue a su casa para consultarlo (Nehemías 6:10). También había una profetisa llamada Noadías, que estaba del lado de los enemigos (Nehemías 6:14), recibía dinero de ellos y traicionaba a su propio pueblo.
No está claro si estas personas afirmaban abiertamente: «Esto dice el Señor», como lo hacían los falsos profetas de tiempos anteriores. Aunque no hablaran de esa manera, querían que los demás pensaran que tenían una percepción, sabiduría y previsión especiales. Así, en situaciones difíciles, la gente acudiría a ellos como antes acudía a los verdaderos profetas. Esto debe llevarnos a lamentar la maldad de personas que traicionan la causa de Dios y a su propio país mientras fingen preocuparse por ambos. También muestra el peligro que enfrentan personas buenas como Nehemías, porque las mentiras parecen más convincentes cuando vienen acompañadas de una voz religiosa.
Su advertencia parecía creíble. Le dijeron a Nehemías que los enemigos venían a matarlo y que lo harían de noche. Bien podría haber existido un peligro real, pues ellos lo habrían matado si hubieran tenido la oportunidad. Fingieron preocuparse mucho por su seguridad y lo instaron a esconderse en el templo hasta que pasara el peligro. El templo era un lugar fuerte y santo, donde estaría bajo la protección especial de Dios (Salmo 27:5).
Si Nehemías hubiera cedido, probablemente el pueblo habría dejado de trabajar y habría soltado sus armas. Cada persona habría corrido a salvarse, y entonces los enemigos podrían haber destruido la muralla con muy poco esfuerzo. Por eso, aunque proteger la propia vida es parte de la naturaleza humana, el consejo basado en ese principio no siempre es sabio ni correcto. Una persona puede sentirse tentada a salvar su vida de una manera que destruya su deber.
Nehemías respondió con valentía a esta tentación. De inmediato decidió no ceder (Nehemías 6:11). Razonó que alguien en su posición no debía huir ni abandonar la obra de Dios, ni desalentar a los trabajadores que había reunido y animado. Tampoco debía dejarse gobernar por rumores ni preocuparse demasiado por su propia vida. Él era el gobernador, y muchos estaban pendientes de él, tanto amigos como enemigos. Otro hombre quizá podría huir, pero él no debía hacerlo. Alguien que ocupaba una posición de honor, autoridad y confianza no podía esconderse en el templo cuando el trabajo aún debía continuar, aunque hacerlo le costara la vida. Cuando somos tentados a pecar, debemos recordar quiénes somos y lo que requiere nuestro llamado, para no hacer nada indigno de la posición que Dios nos ha dado. No es apropiado que los reyes actúen de esa manera, oh Lemuel (Proverbios 31:4).
Nehemías tomó una decisión firme: «No entraré». Prefería morir mientras cumplía con su trabajo antes que vivir huyendo cobardemente de él. La valentía santa y la fortaleza de espíritu nos ayudarán, cueste lo que cueste, a no apartarnos nunca de una buena tarea ni a escoger una mala.
Nehemías también comprendió rápidamente de dónde venía aquel consejo (Nehemías 6:12). Entendió que Dios no había enviado a Semaías. No se trataba de una guía divina, ni ordinaria ni especial, sino de una conspiración en su contra. Con el tiempo, la maldad de esos engañadores contratados siempre sale a la luz. Nehemías dijo que temía dos cosas en relación con aquel consejo. Primero, temía asustarse, hacer lo que le proponían y pecar. El pecado debe ser aquello que más temamos, y una de las mejores protecciones contra él es no temer a nada tanto como al pecado mismo. Segundo, temía la vergüenza que aquello le traería, porque sus enemigos se burlarían de él. Además de temer la maldad del pecado, también debemos temer la deshonra que puede causar.
Finalmente, Nehemías le pide humildemente a Dios que trate con ellos conforme a sus obras (Nehemías 6:14): «Dios mío, acuérdate de Tobías y de los demás». Cuando antes habló de su propio servicio, no le exigió a Dios una recompensa, sino que simplemente oró: «Acuérdate de mí, Dios mío» (Nehemías 5:19). Con ese mismo espíritu, tampoco pide un castigo específico para sus enemigos. Deja el asunto en manos de Dios, quien conoce sus corazones y juzga entre la verdad y el mal. Dios tomará en cuenta lo sucedido, juzgará entre ellos y actuará en su propio tiempo y a su manera. Cualquiera que sea el mal que nos hagan, no debemos vengarnos por nuestra cuenta, sino dejar nuestra causa en manos de aquel que juzga con justicia.
De este capítulo
Nehemías 6:1
"Cuando Sambalat, Tobías, Guésem el árabe y nuestros demás enemigos supieron que yo había reconstruido la muralla sin dejar ninguna brecha en ella (aunque todavía me faltaba colocar las puertas en su sitio),"
Nehemías 6:2
"Sambalat y Guésem me enviaron un mensaje para que nos reuniéramos en alguna de las aldeas del valle de Onó. Pero tramaban hacerme daño."
Nehemías 6:3
"Entonces envié mensajeros a decirles que yo estaba ocupado en una obra importante y que no podía ir, pues el trabajo se detendría si yo lo dejaba para ir a verlos."
Nehemías 6:4
"Cuatro veces me enviaron el mismo mensaje, pero mi respuesta fue siempre la misma."
Nehemías 6:5
"Entonces Sambalat, por medio de uno de sus criados, me envió por quinta vez el mismo mensaje en una carta abierta,"
Nehemías 6:6
"que decía: Corre el rumor entre la gente, y Guésem también lo afirma, de que tú y los judíos están planeando una rebelión, y que por eso están reconstruyendo la muralla. Según estos rumores, tú vas a ser su rey,"
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