Mateo 26:1
Cuando Jesús terminó toda su enseñanza, les dijo a sus discípulos:
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74 versículos | Biblia BibleGuided — Español
Cuando Jesús terminó toda su enseñanza, les dijo a sus discípulos:
—Como ustedes saben, dentro de dos días se celebra la fiesta de la Pascua, y el Hijo del hombre será entregado para que lo crucifiquen.
Por aquel tiempo, los jefes de los sacerdotes y los ancianos de los judíos se reunieron en el palacio de Caifás, el sumo sacerdote,
y planearon arrestar a Jesús mediante algún engaño y matarlo.
Pero decían: —No lo hagamos durante la fiesta, para que la gente no se alborote.
Jesús estaba en Betania, en casa de Simón, a quien llamaban el leproso.
Entonces se le acercó una mujer que llevaba un frasco de alabastro lleno de un perfume muy costoso. Mientras Jesús estaba a la mesa, ella derramó el perfume sobre su cabeza.
Cuando los discípulos vieron esto, se enojaron y comenzaron a decir: —¿Por qué se desperdicia esto?
Podría haberse vendido por mucho dinero para ayudar a los pobres.
Jesús lo oyó y les dijo: —¿Por qué molestan a esta mujer? Ella ha hecho una buena obra conmigo.
Porque siempre tendrán a los pobres entre ustedes, pero no siempre me tendrán a mí.
Lo que esta mujer ha hecho al derramar el perfume sobre mi cuerpo es prepararme para mi entierro.
Les aseguro que, en cualquier lugar del mundo donde se anuncie esta buena noticia, también se hablará de lo que hizo esta mujer, y así será recordada.
Entonces uno de los doce discípulos, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los jefes de los sacerdotes
y les dijo: —¿Cuánto quieren darme para que yo les entregue a Jesús? Ellos le pagaron treinta monedas de plata.
Desde entonces, Judas estuvo buscando el momento más oportuno para entregarles a Jesús.
El primer día de la fiesta en que se comía el pan sin levadura, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: —¿Dónde quieres que preparemos para ti la cena de Pascua?
Él les respondió: —Vayan a la ciudad, a casa de Fulano, y díganle: «El Maestro dice: Mi hora está cerca, y voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos».
Los discípulos hicieron lo que Jesús les había ordenado y prepararon la cena de Pascua.
Al llegar la noche, Jesús estaba a la mesa con los doce discípulos.
Mientras comían, les dijo: —Les aseguro que uno de ustedes va a traicionarme.
Ellos se entristecieron mucho y comenzaron a preguntarle uno tras otro: —Señor, ¿acaso seré yo?
Jesús les respondió: —Uno que moja el pan conmigo en el mismo plato va a traicionarme.
El Hijo del hombre ha de recorrer el camino que señalan las Escrituras; pero ¡ay de aquel que lo traiciona! Habría sido mejor para él no haber nacido.
Entonces Judas, el que lo estaba traicionando, le preguntó: —Maestro, ¿acaso seré yo? —Tú lo has dicho —respondió Jesús.
Mientras comían, Jesús tomó el pan en sus manos y, después de dar gracias a Dios, lo partió y se lo dio a los discípulos, diciendo: —Tomen y coman; esto es mi cuerpo.
Luego tomó una copa en sus manos y, después de dar gracias a Dios, se la dio a ellos, diciendo: —Beban todos ustedes de esta copa,
porque esto es mi sangre, con la que se confirma la alianza, sangre derramada en favor de muchos para el perdón de sus pecados.
Pero les digo que no volveré a beber de este producto de la vid hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en el reino de mi Padre.
Después de cantar los salmos, salieron hacia el Monte de los Olivos.
Entonces Jesús les dijo: —Todos ustedes perderán su fe en mí esta noche. Así lo dicen las Escrituras: «Mataré al pastor, y las ovejas se dispersarán».
Pero después de que yo resucite, volveré a reunirlos en Galilea.
Pedro le respondió: —Aunque todos pierdan su fe en ti, yo no la perderé.
Jesús le dijo: —Te aseguro que esta misma noche, antes de que cante el gallo, me negarás tres veces.
Pedro afirmó: —Aunque tenga que morir contigo, no te negaré. Todos los discípulos dijeron lo mismo.
Luego Jesús fue con sus discípulos a un lugar llamado Getsemaní y les dijo: —Siéntense aquí mientras yo voy allí a orar.
Se llevó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, y comenzó a sentirse profundamente triste y angustiado.
Les dijo: —Siento en mi alma una tristeza de muerte. Quédense aquí y permanezcan despiertos conmigo.
Enseguida Jesús avanzó un poco más, se inclinó hasta tocar el suelo con la frente y oró diciendo: «Padre mío, si es posible, líbrame de este trago amargo; pero que no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú».
Luego regresó adonde estaban los discípulos y los encontró dormidos. Le dijo a Pedro: —¿Ni siquiera pudieron ustedes permanecer despiertos conmigo durante una hora?
Permanezcan despiertos y oren para que no caigan en tentación. Ustedes tienen buena voluntad, pero son débiles.
Por segunda vez se alejó y oró así: «Padre mío, si no es posible evitar que yo sufra esta prueba, que se haga tu voluntad».
Cuando regresó, encontró otra vez dormidos a los discípulos, porque los ojos se les cerraban de sueño.
Los dejó y volvió a orar por tercera vez, repitiendo las mismas palabras.
Entonces regresó adonde estaban los discípulos y les dijo: —¿Todavía siguen durmiendo y descansando? Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre será entregado en manos de los pecadores.
Levántense, vámonos; ya se acerca el que me traiciona.
Jesús todavía estaba hablando cuando llegó Judas, uno de los doce discípulos, acompañado de mucha gente armada con espadas y palos. Venían de parte de los jefes de los sacerdotes y de los ancianos del pueblo.
Judas, el traidor, les había dado una contraseña, diciéndoles: «Al que yo bese, ese es; arréstenlo».
Así que se acercó a Jesús y dijo: —¡Buenas noches, Maestro! Y lo besó.
Jesús le respondió: —Amigo, adelante con tus planes. Entonces los otros se acercaron, echaron mano a Jesús y lo arrestaron.
Jesús anuncia que será entregado y muestra que su arresto y sufrimiento no escapan al propósito revelado en las Escrituras. Su obediencia se expresa plenamente en Getsemaní.
La mujer de Betania ofrece a Jesús un perfume costoso. Él interpreta su acto como una obra buena y promete que será recordado dondequiera que se anuncie la buena noticia.
Durante la cena de Pascua, Jesús relaciona el pan y la copa con su cuerpo y su sangre, derramada en favor de muchos para el perdón de los pecados.
Los discípulos duermen, huyen y niegan conocer a Jesús, mientras él enfrenta la angustia, ora y continúa fiel a su llamado.
El capítulo se desarrolla durante la Pascua, una de las principales fiestas judías, cuando Jerusalén recibía a numerosos peregrinos para recordar la liberación de Israel de Egipto. Los jefes de los sacerdotes y los ancianos se reúnen en la casa de Caifás, el sumo sacerdote, y buscan una manera de arrestar a Jesús sin provocar una reacción popular. La cena de Pascua, el Monte de los Olivos, Getsemaní y el patio del sumo sacerdote forman el escenario de las últimas horas antes del juicio. La referencia a treinta monedas de plata evoca el valor de una compensación en la legislación de Israel y subraya la gravedad simbólica de la traición de Judas.
El capítulo avanza desde el anuncio de la muerte de Jesús hasta su entrega y condena. Primero presenta el complot de los líderes y la unción en Betania (1-16). Luego relata la preparación y celebración de la Pascua, incluida la identificación del traidor y las palabras sobre el pan y la copa (17-30). La predicción de la dispersión de los discípulos conduce a la oración en Getsemaní (31-46). Después vienen el arresto y el rechazo de la violencia (47-56), el interrogatorio ante el sumo sacerdote y la declaración de Jesús sobre su identidad (57-68), y finalmente las tres negaciones de Pedro, que cierran el capítulo con su llanto amargo (69-75).
Mateo 26 presenta la pasión de Jesús como un acto de obediencia dentro del propósito de Dios y como el camino hacia la nueva alianza. La copa se vincula con la sangre derramada para el perdón de los pecados, mientras que la oración de Getsemaní muestra la verdadera angustia de Jesús y su entrega confiada a la voluntad del Padre. El capítulo también revela la seriedad del pecado humano mediante la traición, la violencia, la injusticia y la negación, pero deja abierta la posibilidad de arrepentimiento y restauración. La fidelidad de Jesús contrasta con la inestabilidad de sus seguidores y sostiene la esperanza de que el fracaso humano no tiene la última palabra.
El capítulo contiene escenas de tristeza profunda, ansiedad, traición, presión grupal, violencia, humillación, injusticia y culpa. Presenta a Jesús expresando una angustia intensa sin ocultarla, buscando compañía y orando repetidamente. También muestra que las personas pueden reaccionar de maneras contradictorias bajo presión: prometer fidelidad, quedarse dormidas, huir o negar una relación importante. La experiencia de Pedro puede resonar con quienes cargan vergüenza por decisiones tomadas en momentos de miedo, pero el texto no trivializa el daño ni convierte el sufrimiento en una explicación simple. La oración y la comunidad aparecen como elementos significativos, sin sustituir el apoyo pastoral, clínico o de emergencia cuando sea necesario.
Mateo 26 invita a practicar una honestidad reverente acerca del miedo, el cansancio y la tristeza, sin confundir vulnerabilidad con falta de fe. También llama a distinguir entre una acción generosa y una crítica apresurada, a rechazar la violencia como respuesta automática y a reconocer la propia fragilidad antes de hacer promesas impulsivas. En relaciones marcadas por traición o presión, conviene buscar apoyo seguro y actuar con verdad y prudencia. El capítulo anima a valorar la memoria de la fidelidad de Jesús y a responder a los propios fracasos con arrepentimiento sincero, responsabilidad y esperanza, en lugar de quedar definidos por la vergüenza.
La mujer derrama un perfume muy costoso sobre Jesús como una obra de amor y honra. Jesús interpreta el acto como una preparación para su entierro y afirma que será recordado junto con el anuncio de la buena noticia.
Jesús identifica el pan con su cuerpo y la copa con su sangre, derramada en favor de muchos para el perdón de los pecados. Estas palabras fundamentan la celebración cristiana de la Cena del Señor, aunque las distintas tradiciones cristianas explican su significado de maneras diversas.
La oración muestra tanto la intensidad real de su sufrimiento como su obediencia confiada al Padre. Jesús expresa su deseo de ser librado del sufrimiento, pero se entrega a la voluntad de Dios.
La negación muestra la distancia entre las promesas humanas y la conducta bajo presión. También presenta el dolor de reconocer el propio fracaso. El relato no termina con una justificación de Pedro, sino con su llanto, que prepara el camino para considerar el arrepentimiento y la restauración.
Jesús ordena guardar la espada y rechaza la idea de que su misión deba defenderse por la fuerza. Su arresto ocurre dentro del cumplimiento de las Escrituras, no mediante una rebelión armada.
Mateo 26 se acerca al dolor sin maquillarlo: Jesús tiembla de tristeza, pide compañía y encuentra a sus amigos dormidos; después es traicionado, abandonado y negado. Pedro también queda frente a la amargura de haber hecho aquello que aseguró que nunca haría. El capítulo reconoce que el miedo puede desordenar las palabras y las decisiones, pero no presenta el fracaso como la identidad definitiva de una persona. En medio de una noche muy oscura, la fidelidad de Jesús permanece.
La narración une varios hilos teológicos: la Pascua, la nueva alianza, el cumplimiento de las Escrituras y la identidad mesiánica de Jesús. La cena interpreta anticipadamente su muerte, mientras Getsemaní muestra que la obediencia no elimina la angustia humana. El juicio ante Caifás se caracteriza por la búsqueda de testimonios contra Jesús y culmina cuando él responde afirmativamente a la pregunta sobre el Mesías y el Hijo de Dios. Mateo contrasta cuidadosamente la constancia de Jesús con la inestabilidad de los discípulos.
Este capítulo pone en evidencia los efectos prácticos de actuar bajo presión. Las promesas exageradas de los discípulos no los preparan para la crisis; tampoco la violencia del momento resuelve la situación. En contraste, Jesús mantiene claridad sobre su propósito, pone límites a la respuesta armada y enfrenta la realidad sin recurrir al engaño. La escena también invita a valorar los actos generosos sin medirlos únicamente por su costo y a responder a los propios errores con honestidad, responsabilidad y pasos concretos de reparación cuando corresponda.
En Mateo 26, la voluntad del Padre no aparece como una idea distante, sino como un camino atravesado con lágrimas, silencio y entrega. Jesús recibe la copa sin negar el peso de lo que contiene, y la relaciona con una alianza que alcanza el perdón. La dispersión de las ovejas no cancela la promesa de reunirlas nuevamente. Así, el capítulo contempla el misterio de una fidelidad que permanece cuando la fidelidad humana se quiebra y orienta la mirada hacia el reino venidero.
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