Versículo destacado
Mateo 2:9 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Después de recibir estas indicaciones del rey, los sabios se fueron. La estrella que habían visto aparecer iba delante de ellos, hasta que finalmente se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño. "
Mateo 2:9
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
7 Entonces Herodes llamó en secreto a los sabios y averiguó por medio de ellos el momento exacto en que había aparecido la estrella.
8 Luego los envió a Belén y les dijo: —Vayan allá y averigüen todo lo que puedan acerca de ese niño. Cuando lo encuentren, avísenme, para que yo también vaya a rendirle homenaje.
9 Después de recibir estas indicaciones del rey, los sabios se fueron. La estrella que habían visto aparecer iba delante de ellos, hasta que finalmente se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño.
10 Cuando los sabios vieron la estrella, se llenaron de alegría.
11 Luego entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre. Se arrodillaron y le rindieron homenaje. Después abrieron sus cofres y le ofrecieron oro, incienso y mirra.
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Aquí vemos la visita humilde de los sabios al Rey recién nacido de los judíos y el honor que le rindieron. Desde Jerusalén fueron a Belén, decididos a seguir buscando hasta encontrarlo. Sorprende que fueran solos. Nadie de la corte, de los líderes religiosos ni de la ciudad se unió a ellos, ni siquiera por cortesía común o simple curiosidad.
La reina de Sabá y estos sabios del oriente se levantarán en el juicio contra la gente de aquel tiempo y también contra la de este tiempo, y la condenarán. Ellos vinieron desde un país lejano para adorar a Cristo, mientras que los judíos, que eran su propio pueblo, ni siquiera quisieron recorrer una corta distancia para recibirlo. A estos sabios pudo haberlos desanimado encontrar tan desatendido en su propia tierra al que buscaban. Tal vez pensaron: «¿Hemos venido desde tan lejos para honrar al Rey de los judíos, y los mismos judíos muestran tan poco respeto por él y por nosotros?».
Sin embargo, siguieron adelante. Nosotros también debemos seguir a Cristo, aunque tengamos que hacerlo solos. Pase lo que pase con los demás, debemos servir al Señor. Si ellos no quieren ir al cielo con nosotros, no debemos ir al infierno con ellos.
Observemos ahora cómo encontraron a Cristo por medio de la misma estrella que habían visto en su propio país (Mateo 2:9, 10). Primero, veamos con cuánta bondad Dios los guió. Cuando la estrella apareció por primera vez, les indicó dónde preguntar por ese Rey. Luego desapareció, y tuvieron que valerse de los medios habituales para buscarlo. No debemos esperar ayuda extraordinaria cuando contamos con medios ordinarios.
Habían llegado tan lejos como podían. Estaban en el camino a Belén, pero Belén era un pueblo lleno de gente. ¿Cómo lo encontrarían allí? Estaban desconcertados, pero no habían perdido la fe. Creían que el Dios que los había llevado hasta allí por medio de su palabra no los abandonaría en ese lugar. Y no los abandonó. La estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos.
Si avanzamos todo lo que podamos por el camino del deber, Dios nos guiará y nos dará fuerzas para hacer lo que no podemos hacer por nosotros mismos. Levántate y sigue adelante, y el Señor estará contigo. La ayuda llega a quienes actúan, no a quienes permanecen sentados sin hacer nada. La estrella los había dejado durante mucho tiempo, pero ahora había regresado. Quienes siguen a Dios en la oscuridad descubrirán que él ha guardado luz para ellos. Israel fue guiado por una columna de fuego hacia la tierra prometida, y los sabios fueron guiados por una estrella hacia la Simiente prometida, quien es él mismo la brillante Estrella de la mañana (Apocalipsis 22:16).
Dios prefiere hacer algo nuevo antes que dejar perdidos a quienes lo buscan con fidelidad. Esta estrella era una señal de la presencia de Dios con ellos, porque Dios es luz y va delante de su pueblo para guiarlo. Si buscamos a Dios por fe en todos nuestros caminos, podemos reconocernos bajo su cuidado. Él nos guía con su mirada (Salmo 32:8) y nos dice: «Este es el camino; caminen por él». También hay una estrella de la mañana que sale en el corazón de quienes buscan a Cristo (2 Pedro 1:19).
Veamos ahora con qué alegría siguieron la dirección de Dios (Mateo 2:10). Cuando vieron la estrella, se llenaron de una alegría muy grande. Ahora sabían que no habían sido engañados y que su largo viaje no había sido en vano. Cuando por fin llega aquello que tanto se esperaba, es como un árbol de vida. Ahora estaban seguros de que Dios estaba con ellos, y nada llena el alma de una alegría más profunda que las señales de su presencia y su favor.
También pudieron sonreír al pensar en los judíos de Jerusalén, que quizá se habían burlado de ellos como si estuvieran siguiendo una misión absurda. Los vigilantes no pueden decirle a la novia dónde está su amado, pero poco después ella sigue adelante y lo encuentra (Cantares 3:3-4). Debemos esperar poco de las personas y mucho de Dios.
¡Qué torrente de alegría sintieron estos sabios al ver la estrella! Solo quienes, después de una noche larga y dolorosa de tentación, y bajo un espíritu de esclavitud, finalmente reciben el Espíritu de adopción que da testimonio a su espíritu de que son hijos de Dios, pueden comprenderla plenamente. Eso es luz que sale de las tinieblas y vida que surge de la muerte. Ahora tenían motivos para esperar ver pronto al Cristo del Señor, el Sol de justicia, porque habían visto la Estrella de la mañana.
Debemos alegrarnos por cualquier cosa que nos muestre el camino hacia Cristo. La estrella fue enviada para encontrarse con los sabios y guiarlos hasta la presencia del Rey. Por medio de esta guía, como si fuera un maestro de ceremonias, fueron conducidos para presentarse ante él. Así Dios cumple su promesa de salir al encuentro de quienes se alegran de hacer lo correcto (Isaías 64:5), y ellos cumplen su mandato. Que se alegren los corazones de quienes buscan al Señor (Salmo 105:3). A veces Dios les da a los creyentes jóvenes señales especiales de su amor para animarlos al comenzar la difícil vida de seguirlo.
Segundo, veamos cómo se acercaron a él cuando lo encontraron (Mateo 2:11). Podemos imaginar que esperaban encontrar a ese niño real honrado en su propio hogar, aunque la nación lo hubiera ignorado. Por eso debió sorprenderlos encontrar una casa humilde en lugar de un palacio, y a su pobre madre como toda su corte. «¿Es este el Salvador del mundo? ¿Es este el Rey de los judíos, sí, y el Príncipe de los reyes de la tierra?». Sí, este es aquel que, aunque era rico, se hizo pobre por causa de nosotros.
Aun así, estos sabios fueron lo bastante sabios para ver más allá de la pobreza exterior. En ese niño despreciado vieron la gloria del único Hijo del Padre. No se sintieron engañados ni decepcionados al encontrarlo. Después de hallar al Rey, primero se entregaron a él y luego le ofrecieron sus regalos.
Primero, se entregaron a él. Se postraron y lo adoraron. No leemos que le dieran ese honor a Herodes, aunque él tenía esplendor real. Se lo dieron a este niño, no solamente como rey —algo que también habría sido apropiado en el caso de Herodes—, sino como Dios. Todo el que ha encontrado a Cristo se postra delante de él. Lo adora y se entrega a él. Él es tu Señor; adóralo.
La verdadera sabiduría de los más sabios, y la prueba de que realmente conocen a Cristo y entienden lo que más les conviene, consiste en convertirse en adoradores humildes y fieles del Señor Jesús.
Segundo, le entregaron sus regalos. En los países del oriente, las personas solían llevar regalos cuando rendían homenaje a sus reyes. De esta manera se habla del tributo de los reyes de Sabá a Cristo: «Traerán regalos y le ofrecerán presentes» (Salmo 72:10). Véase también Isaías 60:6.
Nosotros también debemos entregarnos por completo a Jesucristo. Y si verdaderamente nos rendimos a él, no estaremos renuentes a renunciar a lo más preciado para él y por causa de él. Nuestros regalos no son aceptables a menos que primero nos entreguemos a él como sacrificios vivos. Dios aceptó primero a Abel y después su ofrenda.
Los regalos que llevaron fueron oro, incienso y mirra, es decir, dinero y bienes de valor. La providencia de Dios les dio a José y a María un alivio oportuno en medio de su pobreza. Esos regalos provenían de la tierra de los sabios, y lo que Dios nos da debemos usarlo para honrarlo.
Algunos piensan que estos regalos también tenían un significado. Ofrecieron oro para honrarlo como rey, dándole tributo, como lo que pertenece al César. Ofrecieron incienso para honrarlo como Dios, ya que el incienso se usaba en la adoración. Ofrecieron mirra para señalarlo como un hombre que moriría, porque la mirra se usaba para sepultar a los muertos.
Después de presentar sus regalos, se fueron, como dice Mateo 2:12. Herodes les había dicho que regresaran para informarle lo que habían encontrado, y probablemente lo habrían hecho si Dios no los hubiera detenido. Ellos no se daban cuenta de que estaban siendo utilizados en un plan malvado. Las personas que tienen buenas intenciones suelen estar demasiado dispuestas a pensar bien de los demás y no pueden imaginar cuán malo es realmente el mundo. Pero el Señor sabe rescatar de la tentación a quienes viven piadosamente.
No se nos dice que los sabios le prometieran regresar a Herodes. Y aunque lo hubieran hecho, solo habría sido «si Dios lo permite». Dios no lo permitió y protegió al niño Jesús para que Herodes no le hiciera daño. También protegió a los sabios para que no se convirtieran, sin querer, en cómplices de aquella maldad. Fueron advertidos por Dios mediante un mensaje divino, es decir, por medio de una revelación especial o una respuesta del cielo. Algunos piensan que esto significa que ellos pidieron dirección a Dios y que esta fue su respuesta.
Esto nos enseña que quienes actúan con cuidado, temen el pecado y sus trampas, y buscan la dirección de Dios pueden esperar que él los guíe por el camino correcto. Se les advirtió que no regresaran a Herodes ni a Jerusalén. Esos lugares no tenían derecho a recibir informes acerca de Cristo, pues sus habitantes podían haber ido a verlo por sí mismos, pero no quisieron hacerlo. Así que regresaron a su propio país por otro camino, listos para contarles la noticia a sus compatriotas.
Es sorprendente que nunca volvamos a oír hablar de ellos, y que ni ellos ni sus familias aparezcan después en el templo para honrar a aquel que habían adorado en la cuna. Aun así, la guía que recibieron durante su regreso debió fortalecer su fe en este Niño, que es el Señor del cielo.
De este capítulo
Mateo 2:1
"Jesús nació en Belén, un pueblo de la región de Judea, cuando Herodes era rey del país. Por aquel tiempo llegaron a Jerusalén unos sabios del Oriente que estudiaban las estrellas,"
Mateo 2:2
"y preguntaron: —¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque vimos aparecer su estrella y hemos venido a adorarlo."
Mateo 2:3
"Cuando el rey Herodes oyó esto, se inquietó mucho, y lo mismo les ocurrió a todos los habitantes de Jerusalén."
Mateo 2:4
"El rey mandó llamar a todos los jefes de los sacerdotes y a los maestros de la ley, y les preguntó dónde debía nacer el Mesías."
Mateo 2:5
"Ellos le respondieron: —En Belén de Judea, porque así lo escribió el profeta:"
Mateo 2:6
"«En cuanto a ti, Belén, de la tierra de Judá, no eres la más pequeña entre las principales ciudades de esa tierra, porque de ti saldrá un gobernante que guiará a mi pueblo Israel»."
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